wowwee veh i matate
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“Por culpa de tu exhibición han muerto tres personas.”

“Firmaron exenciones.”

“Tengo gente atosigándome ahora mismo.”

“Todos firmaron exenciones. Ellos saben a lo que venían aquí, son adultos responsables.”

La última exhibición de Ruiz Duchamp era, en su opinión, su obra maestra. Una instalación que le había llevado cinco meses en total construir, ‘wowwee veh i matate’ era su homenaje a la estupidez. Había bailado al son del Hombre para liberarse de responsabilidades, y aún así éste le estaba machacando. Era ridículo.

“Están exigiendo que te deshagas de la viruela.”

Una de las partes más populares de ‘wowwee’ era ‘apunialat kon eztaz agujaz’. Era simplemente una caja abierta que contenía jeringas con muestras de las enfermedades más virulentas y los venenos más tóxicos en la historia de la humanidad. Así fue como una de las personas murió, luego de inyectarse una dosis letal de todo.

“No voy a comprometer la integridad de la pieza para acomodarla a imbéciles.”

“Tendrás que hacerlo. Y las sierras tendrán que irse también.”

Las piezas más ruidosas del salón, ‘korta tuz d2 n sierraz no. 1-5’, eran simplemente sierras circulares de acero al carbono de alta rotación. Habían sido pintadas en colores primarios brillantes, pero más allá de eso, eran perfectamente normales, y podían cortar una mano con facilidad. Los críticos las habían empleado a sabiendas para cortar dos manos.

“El sentido mismo de la obra es poner a la gente ante peligros que puedan evitar con facilidad, pero que son muy reales. Si recontextualizas cualquiera de sus partes, pierde todo su valor.”

“No me basta.”

“Estás marchando al redoblar de tambores de El Hombre.”

“Estoy intentando salvar las vidas de la gente.”

“Estás intentando salvar a idiotas que se cortan los dedos en sierras.”

“¡EL NOMBRE DE LA PIEZA LES DICE QUE LO HAGAN!”

“¡Diablos!, al menos no llamé a nada ‘arrójate de un puente’. Qué catástrofe habría podido ser eso.”

Cada pieza en la exhibición estaba diseñada para matar o, al menos, herir gravemente. El único miedo que tenía Ruiz era que alguien particularmente idiota las usara para matar o, al menos, herir gravemente a otra persona. Afortunadamente, esto aún no había ocurrido.

“Ya hemos quitado el C4 por ti.”

“¡¿Qué?! ¡Pero si nadie ha usado siquiera el ‘preziona l boton pa fuegoz hartifcialez’, esto es del todo puritano!”

“La seguridad es lo primero. No puedes tener mierdas como estas en mi galería.”

“Estás arruinando la perspectiva. Lo has visto antes.”

“El trabajo será recontextualizado, y la policía ya no me estará respirando en la nuca. Necesitarás hacer todo más seguro o deberás largarte de aquí. Lo lamento, y sabes que me encanta la pieza, pero la gente es demasiado estúpida para ella.”

“ESE. ES. EL PROPÓSITO. DE LA OBRA. Si eres demasiado estúpido como para saber que no debes sentarte en una silla eléctrica y tirar de la palanca, es tu puta culpa. Su sangre es mi lienzo.”

“Lo sé, Lo entiendo. Pero llévatela a otra parte. Lo siento.”

Ruiz estaba decepcionado. Caminó hacia su habitación favorita, pasando por la caja de píldoras de cianuro que decía ‘Obligatoria, Tome Una, Por Favor’. Pasó por las guillotinas accionadas por cuenta atrás. Observó pasivamente el ‘akí jguea c/eztoz kuchilloz’. Había una pieza que había estado guardando para un evento de decepción en particular. Cerró la esclusa, y respiró lentamente. Todos eran unos putos idiotas. Nadie lo pillaba. Nadie lo pillaba DE VERDAD. Mientras giraba la llave, el nitrógeno líquido se roció a través de su cuero cabelludo y su carne. Sus últimos pensamientos eran que eso no importaba. Al menos él lo pillaba. Él sí que lo pillaba. Y era todo lo que él necesitaba.

‘toma 1 dchua para cr cul’

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