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Ese día no fue mi culpa, el gringuito cabrón llamó a mi vieja piruja, me encabroné.

Terminé en la cárcel, me echaron 10 años disque por intento de matar

Mi hermano se petatió a los pocos días y me dejó su dinero, Mara quería sacarme del bote con eso, pero le dije que mejor se fuera con Jessy, nuestra niña a vivir con su abuela, si salía de todos modos no íbamos a tener nada para comer.

Pero la cagué… y gacho, ni recuerdo bien que fue, pero terminé a guamazos con otros presos, varios terminaron muertos, los que apenas vivimos nos dijeron que no saldríamos de la cárcel nunca, me había portado bien, no daba problemas, aquella ocasión tampoco fue mi culpa, pero en mi país las cárceles están corruptas.

No me atrevía a decirle a mi vieja lo que pasó, me daba miedo no volver a verlas.

Cuando vi al hombre ese, pensé que era doctor, luego, a mí y varios presos nos trasladaron de prisión, no me dejaron ni avisarle a mi Mara, yo no sabía on’taba esa nueva cárcel ni nos querían decir, pero sí nos dijeron que solo tendríamos que pasar un mes y nos dejarían salir. No aguantaba la felicidad, me dije que debía portarme bien para que no me la hicieran de a pedo.

Esa cárcel es lo más extraño que he visto en mi jodida vida.

Al principio pensé que nos habían llevado a un manicomio por las paredes blancas y limpias y los muchos doctores en batas que se veían casi todo el tiempo, pensé que me encarcelarían en un cuarto de colchones, pero me hacían dormir en un cuartito sin ventanas, más bien no había ventanas en toda la cárcel, pero no me agüité, solo quería salir y ver a mi hija.

Había muchos carceleros por todas partes y siempre que salíamos en grupo con los doctores nos iban rodeando, para que no tratáramos de escapar, pensé que nos llevaban para limpiar o para cuidar a los enfermos, pero no había gente enferma en ningún lado, solo nos ponían a hacer un montón de burradas y ya: acérquense a tal cosa, tóquenla así, caminen por este pasillo y no se detengan hasta que les digamos. Cosas así y luego nos hacían un montón de preguntas, conmigo siempre se me quedaban viendo raro cuando les contestaba, trataba de no decirles mentiras, pero a veces me ponían a hacer las cosas otra vez, hasta que les inventaba cualquier chingadera y me dejaban tranquilo.

A veces no dormíamos, o hacíamos las mismas cosas en el mismo lugar por varios días, veía como algunos compañeros dejaban de ir en nuestro grupo, pero no sabía por qué, los doctorcitos no nos decían. Solo pensaba en mi Mara y mi Jessy, no me dejaban verlas, pero solo tenía que esperar unas semanas más

Cuando se terminó el mes habíamos menos de la mitad del grupo con el que comencé. No me dejaron salir, me llevaron junto con los de mi primer grupo a un cuarto y nos dieron echaron gases en la cara, y luego nos regresaron a nuestros cuartos, como si nada.

Estaba molesto, pero trataba de portarme bien

Pero cuando me di cuenta ya llevaba casi 3 meses y no me dejaban salir, no sabía nada de mi vieja y no me decían por qué me seguían dejando aquí. Lo más peor era que los pocos de mi grupo seguían como idiotas cada mes escuchando que nos dejaban ir en un mes, estaba harto de oír sus mentiras.

Pero las cosas se pusieron más feas, nos metían con personas raras y mounstros que a veces parecían personas, era difícil sobrevivir, las preguntan se ponían peores, sentía que querían matarnos para no dejarnos salir.

Una tarde mientras comíamos, sonó una alarma y una voz comenzó a hablar por todos lados diciendo algo sobre una de esas cosas, supongo que se había escapado y era peligrosa. En lugar de dejarnos ir a nuestros cuartitos nos llevaron como a una bodega donde había muchos pasillos y nos dieron algunas pistolas, supuse que nos querían como carnada. Uno de los compañeros me dijo “ya solo faltaba una semana”. No entendía por qué lo decía, él y yo llevábamos más de 4 meses en esa cárcel. Creo que no se acordaba.

Vimos un cocodrilo enorme, más grande que un microbús, corriendo hacia nosotros, comenzaron a dispararle, parecía herido, pero no dejaba de correr hacía nosotros y podía oírlo gritar con voz humana, mientras mataba a todos. Nunca había sentido tanto miedo como cuando lo vi abrir su hocico hacia mí, mientras rezaba todo lo que podía y pensaba que no quería morir. Esa cosa me tragó de un bocado.

Al despertar no veía bien, pero los oía gritar como locos, había un montón de soldados apuntándome y el cocodrilo estaba tirado, retorciéndose, pero vivo, pensé que los soldados iban a sacarme de ahí ahora que habían matado al cocodrilo, yo no podía levantarme, solo sentí como me movieron entre varios, sin dejar de apuntarme y me encerraron en este cuarto. Aquí, donde ya llevo casi 2 años.

Tratan de hablar conmigo, pero yo no les hago caso, sé que ya no me dejarán salir; volví a cargarla.

Pero puedo verlos a todos, en todos lados, dicen un montón de mierda sobre mí, me siguen llamando por un número, pero no el mismo que cuando me dejaban salir por los corredores. He aprendido a ver hacia afuera, y por fin he podido ver a mi Mara y mi Jessy, no me ven, ni me oyen, pero sé que están bien.

Nunca me ha molestado que me llamaran “mexicano” aunque no lo soy, ni que me llamaran “prieto” o “chaparro”, los apodos nunca me habían molestado, pero me caga… odio oírlo… me encabrona que crean que soy marciano, trataré de escaparme, sé que ahora soy capaz. Me iré lejos con mi familia y nunca nadie me volverá a llamar verde.

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