Una Buena Taza De Té
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por Doc slash

Una joven se despierta algo mareada entre la tierra, su fedora estaba algo sucia, con unas manchas rojas y su traje ni hablar, lleno de tierra y manchado totalmente. Ella tropezaba a cada paso que daba, su mente le jugaba una mala pasada y no lograba recordar muy bien que había pasado. Se recordaba en una casa encerrada buscando una ventana para salir ¿O era una salida de emergencias? ¿Tal vez había hecho un hueco en la pared…? Bueno, por lo menos sabía que ya no estaba en ese lugar. Su mente podía visualizar aún algo parecido a un monstruo que la seguía dentro de su misma casa, tal vez por eso se había ido de allí. No, ella sabía que hubo algo peor, así que el no recordar probablemente fuera algo bueno en ese momento.

Nuestra pequeña Nadie intentaba avanzar lo más rápido sin un lugar a donde ir. Su respiración agitada no la ayudaba a orientarse para nada y solo la hacía sentirse más perdida entre el espeso bosque. No quería ni siquiera intentar recordar que le había pasado, así que volver por dónde vino no era una opción y había muchos caminos por tomar, la elección era algo compleja… un ruido empezó a sonar a lo lejos, mientras la joven con el corazón en las manos iba siguiendo el sonido lentamente. Entre más se acercaba al lugar del que provenía el ruido más se daba cuenta de que ese sin sentido que apenas podía oír era realmente algo ligeramente similar a música, aunque contenía una mezcla extraña de ritmos de distintas canciones terminando en algo sin mucha lógica.

Mientras la joven Nadie intentaba descifrar lo que fuera que le trataban de decir esos extraños ritmos con letras aún más raras, terminaría llegando, casi sin darse cuenta a un pequeño lugar libre de árboles, plantas o tierra. Algo más bien totalmente plano, aunque para nada vacío. Dentro de esa pequeña área se encontraba una mesa rectangular totalmente llena de comidas muy variadas, desde manzanas, naranjas, y cualquier fruta imaginable, hasta el plato más exótico que se pueda imaginar. La mesa realmente no estaba ordenada y todas las comidas se encontraban tiradas por ahí buscando ser devoradas por los comensales. Ah, sí, tantos comensales, de tan variadas formas y tamaños. Nadie giro su cabeza y se quitó el sombrero, mientras observaba el extraño festín si creer lo que pasaba.

La mayoría eran solo seres de apariencia animal que se acercaban en búsqueda de comida y luego huían rápidamente sin dejar rastro. Aunque los 8 principales eran los que se encontraban sentados en las sillas de mármol que se encontraban alrededor de la mesa. Cada uno de ellos disfrutaba de un pastel que estaba en el centro de la mesa, elevándose hasta un lugar donde los ojos de la joven no alcanzaban a ver. Extrañamente no degustaban ningún otro tipo de alimento ni bebida, solamente se mantenían degustando del pastel, mientras dejaban el resto de las comidas a los animales que se acercaban, pero había algo que ningún ser en la mesa o fuera de ella tocaba; y eso era el té. La bebida estaba servida y lista para ser consumida, pero ninguna de las personas sentadas la tomaba, mientras que los animales simplemente la evitaban.

Nadie se sentó en la única silla libre mientras observaba a las personas sentadas junto a ella. En los 3 puestos más cercanos se encontraban unos hermanos. Ellos se mantenían en posición recta y cuando buscaban algo para comer, solo lo hacían desaparecer entre sus manos, sin siquiera fijarse en que tomaban.

Algo más lejos se encontraban 2 hombres que estaban discutiendo, casi hasta los golpes. Uno de ellos era un hombre de apariencia algo vieja, con pelo rubio y un bigote chevron. Él vestía un traje púrpura con detalles en amarillo, lleno de botones y bolsillos y como toque final incluía un sombrero de copa con una gran W en el centro. La persona al otro costado de la mesa, con la cual estaba discutiendo tenía una apariencia algo más joven, como de unos 40 años, o al menos esa edad le estimaba la joven que los veía a ambos con curiosidad. Él se veía como un maestro de ceremonias de los años 60, usando un bigote revolucionario y un bombín negro. Mientras que el circense le lanzaba monos y pequeños payasos al juguetero, este otro contraatacaba usando carritos de madera y kits de ciencia.

Hasta el otro costado de la mesa, muy lejos de nuestra chica se alcanzaban a ver 2 chicos, uno de piel blanca y larga cabellera, aún más pálida que su piel, portaba un martillo que se notaba no había usado en mucho tiempo. El muchacho estaba observando su pastel, como si buscara una explicación por parte de este, lo consumía con una cara de vacío e incertidumbre que no lo dejaba ni moverse correctamente. El otro joven tenía el pelo un poco más corto y estaba cubierto con una capucha de carne que le tapaba gran parte del rostro, todo su cuerpo parecía ser una clase de vestido con un gran ojo en el centro. Este hombre no se podía mover, así que el carnoso y Gran Karcista se tenía que conformar con observar su pedazo de pastel sin poder intervenir ni nada, solo siendo un impotente espectador.

El último comensal en la mesa y el único que veía de frente a la joven Nadie era un hombre de entre 50-60 años, con un aspecto cansado y una vista perdida en el horizonte, aunque tenía una larga sonrisa de oreja a oreja que se notaba muy poco natural. Desde su abrigo se notaban la inmensa cantidad de brazos que él poseía, cada uno sosteniendo una comida distinta, pero, solo 2 de sus brazos estaban realmente cerca de su rostro y él los veía con curiosidad, un té y un pastel, o al menos eso hacía antes de notar la presencia de la chica que estaba en frente suyo. El hombre se pararía en su silla muy emocionado y saltaría por la cabeza de las otras personas sentadas en la mesa hasta llegar a Nadie.

—Por fin llegas, pensé que no ibas a venir, veamos la hora… —El hombre daría una pequeña vuelta buscando su reloj entre uno de sus brazos— ah, esta mente mía, no es nada, mi error, volvamos desde el inicio. Llegas justo a tiempo, chiquilla. Ya empezábamos la celebración.

—Eh… ¿Celebración?

—Claro, claro, la más grande del año, querida.

—No entiendo ¿Qué están celebrando?
La chica podría sus brazos en la mesa y apoyaría el mentón en la mano.

—Pues, nosotros… —Algo confundido, el hombre pasó sus ojos por las demás personas de la mesa, cómo buscando una respuesta— Sí, sí, eso era, celebramos que tú estés aquí con nosotros—dijo soltando una risita.

—¿Yo?—dijo mientras se movía hacia atrás con rapidez

La joven no sabía que pensar y empezó a sentir una molesta sensación en su garganta. Ya de por sí ese lugar era extraño, pero que la quisieran ahí para ¿Celebrarla? Ya le parecía demasiado.

—Talvez usted se esté confundiendo de persona, yo no quiero estar aquí.
Al hablar, Nadie se iba levantando lentamente de su asiento.

La chica sintió como un brazo la volvió a traer de vuelta a su silla.

—Mi niña, pero si tú fuiste la que recorrió todo el camino hasta aquí, ahora tienes que disfrutar de la comida. Es de muy, muy malosa educación no recibir la comida de un anfitrión.
El hombre hala parte del pastel y una taza de té, mientras pone estas 2 comidas en frente de Nadie

—Antes de aceptar, por favor, dígame ¿Quién es usted? También es de mala educación no presentarse sus invitados.
La joven miraba hacia los lados, pidiendo ayuda a un lugar que jamás le iba a responder.

La chica esperaba poder entender más que estaba pasando con lo que le dijera el hombre. Ella movía sus manos con incertidumbre de lo que iba a pasar. Su corazón iba a salir por su boca en ese momento, no quería seguir ahí. Aunque sabía que eso era mejor a estar en su Casa.

—Cierto, cierto —diría el hombre mientras chocaba su mano con su cabeza— no me he presentado. Disculpe la mala educación, es que no recibo visitas desde hace un tiempo. Yo soy el Administrador.

Las voces de los otros comensales hablarían en coro; "El Administrador de la fiesta de té"—cada uno sin excepción dijo esto con un tono más grave de lo usual.

—Justo lo que dicen mis compañeros, yo ordeno todo por aquí, desde la comida, hasta el mantel, de eso me encargo yo. Le doy la bienvenida a los nuevos que llegan a la fiesta y les doy su comida.
El Administrador volvería a mirar directamente a Nadie y le acercaría la comida mientras caía recostado en la mesa

—Y bueno, ¿Cuál quieres? ¿Pastel o té?—dijo girando un poco su cabeza a la izquierda y abriendo los ojos.

—Eh, no lo sé.
Viendo hacia los dos alimentos y dudando el siquiera moverse.

—Ja Ja Ja, que tonta. No lo sabe.
Él miraría de vuelta a todas las personas.

Un fuerte sonido llenaría todo el lugar y la mesa se teñiría de negro. Los 3 ciegos hermanos consumirían todo, dejando solo el té, el pastel y al Administrador frente a Nadie. El cachete de Nadie estaría con un tono rosa, y ella se tomaría la cara con dolor.

—¡¿Por qué me golpeaste?!
La joven Nadie estaba roja y sus ojos lagrimeaban cuando intento devolverle el golpe a un Administrador que solo dio un salto hacia atrás evitándola.

— Ji, lo siento. Es algo que hago algunas veces, me deberás disculpar. Lo que pasa es que la respuesta debe ser tomada ahora, mi niña.
El Administrador movería la cabeza de un lado a otro, cómo si tarareara una canción, y con sus manos le acercaría otra vez el pastel y el té a la muchacha.

—El t…—La chica hizo una pausa, ella sabía que el té la sacaría de allí y la haría dejar de sufrir por lo que le hubiera pasado antes… Pero el pastel, el dulce pastel, ese la mantendría aún con todo lo ocurrido, lo feliz, lo triste ¿Pero podría separarse de eso? ¿Quería alejarse de lo que la hizo feliz, aunque ahora le hacía mal? No. Ella quería salir, pero no podía dejar el pastel atrás, le sería imposible, no podría vivir sabiendo que dejo morir en su memoria ese pastel.

—Dame el pastel, por favor
Ella daría su última mirada al té, alejándolo con algo de tristeza.

—Disfrútalo, querida niña.

El Administrador desapareció en la oscuridad dejando todo otra vez normal, la misma mesa, solo que esta vez estaba totalmente vacía, sin ningún comensal ni alimento. Bueno, había alguien todavía sentado ahí, la pequeña Nadie, aún estaba sentada degustando el pastel.

—Rico pastel, te quiero pastel, no me dejes, pastel.
Diría mientras soltaba una pequeña lágrima.

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