Un Sueño Muy Real
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¡¡No, no lo hagas!!

Las voces resonaban en su cabeza. Pero él sabía que era bueno lo que hacía. Ella sólo podía ver el suelo despegarse de sus pies…


Él caminaba por el pasadizo de pradera y baldosas; el pollito mayor iba a dormir y la gallina negra despertaba. A lo lejos, los cubo-hogares, chozas en estado decadente, Daniel iba a ellas sin más, como si supiera lo que hacía.

Baldosas pintadas… baldosas pintadas; una mancha rubí en cada una de ellas, más y más grandes la huella carmesí mientras más cerca se encontraba de la choza. Un pueblo muerto, hechas de barro eran las casas. Un estupor, la oveja de metano reinaba en el cielo mientras más cerca estaba de la choza. Una única alma andaba y venia por los soplidos del cielo. Daniel, él abrió la puerta, ¿puerta? La tabla mal puesta de esa choza. Era un alma en pena.

Era un lugar de caña, donde una inmundicia de sujetos podría reinar. La embriaguez en forma de dos hombres se presento al frente de Daniel, sentados, hurgando con su boca los picos de botellas, buscando más alcohol, vaciándolas.

Daniel suspiró, había encontrado lo que buscaba: personas. Caminó hacia estos, la madera del piso rechinaba, los sentidos de Daniel se enfriaban por el aire del lugar, ¿luces de neón? ¿Olor a fresas? ¿Joyas como decoraciones? ¿Alfombra de animales exóticos? Por fuera era una choza, pero adentro, era opulencia en su éxtasis. Y él llegó, y les preguntó mientras tragaba el brebaje de la boca:

Buenos días muchachos, me pueden decir, ¿dónde estoy?

Nuevamente los picos pegaron contra sus bocas. Una voz de nada respondió:

¿Por qué tendríamos que decírtelo? Tú ya deberías de saberlo, es más, si quiera deberías estar aquí, vete, ¡VETE YA!

Daniel vio como dos peces cayeron fuera del agua, fuera de sus sillas.

La opulencia desapareció. El sol había encarnado en el lugar. La preocupación del agente subió al preguntarse qué era lo que dijeron los hombres.

¡Daniel! ¡¡Daniel!!, sé que me escuchas, deja a ese hombre, lucha contra eso, que no te controle.

Manos, de todos colores, de cualquier raza o no-raza mientras escuchaba los gritos de ayuda. El lugar ahora era el alma una mente retorcida. Su mano se deslizó por sus bolsillos.

¿¡Quién eres!? ¿¡Qué es lo que quieres!?

Daniel gritaba, las manos subían del piso, del cielo, de la derecha, la izquierda, hasta del mismo Daniel. Una de las manos se retiró, Daniel la había hecho retroceder, tomó acero, una incisión, la amputó con su navaja. No-sangre caía sobre él.

¡¡¡Daniel!!! sé que me escuchas, lucha, lucha todo lo que puedas.

Daniel se desesperaba. Una por una, las manos empezaban a caer. Cada incisión lanzaba líquido morado, y el agente fue salpicado. La nariz recibió el golpe.

¿Qué es esto? Huele… hierro… sangre.

La mente del agente Daniel se despejó, llegó en sí y vio a los caídos. La no-sangre ahora era sangre y las manos lo dejaron de sostener. Entonces, él recapacitó.

La cabeza rodando por los pasillos, decapitada, la navaja… Los hombres, dos estúpidos embriagados de saber… El calor de las balas en su pecho… Las manos sosteniéndolo… Una mano en el piso, aun moviéndose y sus compañeros dándole ayuda. Pálido, estoico, y un grito salió de él.

¡Dios! ¿¡Qué he hecho!?

Las manos estaban nuevamente encima de él, pero esta vez como amigas, llevándolo a la medicatura del sitio.


Bueno chicos, recuerden colocarse la debida protección, no queremos que este meme llegue a entrar en sus sistemas.

El hombre de bata estaba a punto de empezar el experimento. Una voz resonó.

¿Por qué?

¿Por qué, chico? No querrás que balas entren por tu pecho, y mucho menos que tengamos que darte rehabilitación, porque te va a doler hasta el culo al saber que tendrás que seguir en este trabajo, ¿o sí?

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