Un reloj de oro y las gracias
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Fundación Reebot Parte 1

La misma sala de espera, el pequeño y sofocante cuarto pequeño y seco que ya tanto conocía. Con el paso de los años los muebles fueron cambiando, el ladrillo cubierto con madera y después con agradable tela. Aire acondicionado para que uno entrará fresco a ver a los jefes.

Pero el cuadro, el maldito cuadro llevaba ahí tanto tiempo y seguramente se quedaría ahí durante muchísimo más.

Sin los lentes grandes apenas podía distinguir que ahí había un cuadro, pero no importaba, a lo largo de los años lo había visto tantas veces que ya lo conocía perfectamente. La imagen de un infierno con gente torturada por diablillos de cuernos y largas colas. ¿Por qué pusieron eso ahí? La antesala de los grandes jefes y un cuadro del infierno que te espera cuando entres.

Cuarenta años haciéndose la misma pregunta.

No era así en la URSS, en la vieja unidad de expiación de guerra. Viajando por casi todo el mundo, viviendo entre Moscú, Alemania y Argentina cazando brujos nazis y sus científicos locos. O poco después, en la unidad Severevskaia, cuando encontramos a esa vieja bruja en los bosques que comía niños y parecía una araña.

Reprimió un escalofrió al recordar aquellas cosas.

Allá, cuando de verdad lo echabas a perder, un comisario te pedía tu arma y te ordenaba que corrieras. Lo siguiente que escuchabas era un solo tiro y varios días después había que entrenar al nuevo. Aquí, en los siempre suaves estados unidos, te hacen escribir mil reportes, llenar un camión de papelería, citas con lo loqueros, te buscaban drogas y luego te regañan y le ponen un sello a tu carpeta.

Como cuando pasó lo de Omega 15.

Dios, pobres muchachos.

Pero los buenos tiempos, lo que no cambiaría jamás por nada, fue el Beta 23. Los tres vaqueros buscando pistas de cosas que no deberían existir. A Marshall le encantaba jugar a los “hombres de negro”. Fingir mucho poder, interrogar a los testigos, “sugerirles” que jamás vieron nada, amenazar con una nueva visita si no lo hacían así. La mayoría de las veces funcionaba, y si no; entonces se volvía la especialidad de Carter. Romper narices, secuestros ligeros, entrar por la noche a una casa con armas grandes y advertir que la próxima vez no sería tan amable.

Y tras de ellos el hombre del traje, yo, que nunca hablaba y parecía ignorarlo todo cuando el realidad miraba a todos lados buscando alguna pista de lo que estábamos rastreando. Eran buenos policías londinenses y los entrené bien para volverlos buenos agentes.

Qué lástima que hayan elegido aquel camino y maldito seas Carter, todavía te recuerdo cada vez que hace frio y la bala en la cadera me duele como el demonio.

Y como chiste final le dejaron mi nombre a su estúpida sociedad.

-¿Agente Dark? –le habló una joven, la que fue a buscarlo al hogar de retiro. Una bonita jovencita, pero con cicatrices de hombre, cortadas en las manos, seguramente por herramientas. Una quemadura en el rostro que ya comenzaba a sanar, al parecer por algún químico y las pecas que se marcan cuando no te pones bien la máscara de soldador. No eran las heridas de un agente de campo, sino de un mecánico en un taller.

-Ya no soy el agente Dark – respondió el anciano con una sonrisa. – Sus registros tienen treinta años de atraso.

Esto apenó a la joven.

-Disculpe, yo… -rebuscando entre sus papeles sin encontrar lo que buscaba – Ya lo espera el comando.

-Vamos entonces.

Una vez más a ver a los O-5, cielos que era preferible enfrentarse otra vez a la lagartija gigante que a esto. Mientras le empujaban la silla de ruedas, sin escuchar otra cosa que su pesada respiración con el tanque de oxígeno, tuvo tiempo para preguntarse qué sería tan malo para hacer regresar a un hombre de 85 años que, ya tres atrás, había dejado la fundación.

-Profesor Vladimir Golubev –habló uno de aquellos hombres a lo que no se les distinguía el rostro. Siempre cubiertos, siempre escondiéndose.

-Ya ni siquiera recordaba que alguna vez me llamaba así… Obtuve un doctorado en el 72, dos años después de que me retiraron de campo. Desde entonces me convertí en “Doctor”. ¿Nadie aquí tiene un expediente con menos de treinta años?

Los hombres ocultos se miraron los unos a los otros, al parecer confusos y tomaron otra carpeta.

-¿Doctor “Sotkra”?

-Fue un chiste entre los compañeros, mi tesis hablaba de la relación entre los diálogos platónicos y los agentes miméticos y peligros cognitivos. Dijeron: “Vamos a llamarlo Sócrates, pero en ruso. Debe sonar así como Sotkra” Los odie mucho por eso.

-¿Miembro fundador de la División GRU “P” de la unión soviética. Jefe de la unidad móvil Beta 23, director del ya desaparecido Sitio-25?

-Acepto que eso ultimó no me hizo digno de una medalla.

-Hubo problemas con un agente informático en nuestros registros –habló otro, imposible saber quién de entre ellos. –Se han perdido muchos datos. Pero a pesar de eso, existen muy pocos registros de su estadía en el equipo soviético. Ni mencionar el tiempo antes.

-¿Estamos aquí para hablar de mi pasado?

-Por más que le parezca extraño, doctor, así es. ¿Cuál fue su primera experiencia con elementos del ámbito “fuera de lo normal”? Para cuando se fundó la GRU “P” usted ya se dedicaba al estudio paranormal desde su puesto en la KGB. Así que necesito que recuerde. Recuerde todo lo que pueda.

Le parecía todo tan extraño, por qué el gran comando le preguntaba eso. Historias que él se había cansado de contarles a sus compañeros a lo largo de todos esos años en la división soviética y después en la Fundación. Historias que todo el mundo conocía. Ya había contado todas sus memorias.

Todas menos una.

-Yo tenía poco más de diez años, mi pueblo se encontraba demasiado cerca de la frontera con Polonia. Para los nazis, nosotros no eramos diferentes y nos llevaron de la misma manera. Los rusos no íbamos a las cámaras de gas, nosotros éramos “prisioneros políticos”. Nos llevaron a un lugar extraño, trabajamos arreglando el lugar. Había pocos guardias.

El anciano se estaba alterando al recordar todo aquello y la joven de antes le ofreció un vaso de agua que tomó con avidez. Aunque hubiera preferido que fuera vodka, o whisky.

-Continúe, doctor.

-Me… a veces llegaban enfermeras y nos sacaban sangre, bolsas como para transfusiones. Parecíamos un ganado de sangre. Y de vez en cuando tomaban a uno de nosotros y se lo llevaban al almacén principal, donde todos tenían prohibido entrar, hasta los guardias. Y lo único que oíamos eran gritos, terribles gritos. No sabíamos lo que pasaba, hasta el día en que fue mi turno.

Todos estaban mirándolo, no les veía el rostro pero sabían que lo miraban. Se sentía como un patético anciano, casi llorando ante los fantasma de sus recuerdos ante un grupo de hombres poderosos. ¿Así se divertía el O-5? ¿Ridiculizando a los antiguos y retirados jefes de áreas? Después de un reloj de oro con el símbolo de la fundación y una ceremonia sencilla, para lo único que servía era para ser un bufón del comando.

-Siga por favor, doctor Goluveb.

-Había sangre por todos lados, el olor era horripilante. Cráneos humanos círculos en el suelo y las paredes llenos de símbolos extraños. Ellos usaban capuchas rojas y negras, rezaban y cantaban de una manera que me dio tanto miedo. Me ataron en el centro del cirulo en el suelo. Mataron una cabra y me bañaron con sus viseras mientras yo lloraba con todas mis fuerzas. Por Dios que solo era un niño, que la virgen me bendiga que tenía yo tanto miedo.

Nuevamente un silencio.

-Y todo fue peor cuando la sangre en uno de los muros comenzó a brillar, todos callaron antes de que el muro se volviera un circulo negro, como la entrada a un abismo… un negro total. Y de ahí saliera esa cosa. Un demonio.

-Descríbalo.

-Era tan alto como un hombre, tal vez un poco más, de grandes garras con piernas de caballo y brazos de gárgola. Pero era negro, no oscuro o pintado, negro completamente. Como oscuridad amasada en forma de bestia. Algo terrible, algo escapado de una pesadilla. Y en lugar de atacarme a mí, se fue encima de aquellos hombres y sus soldados. Se escuchaban disparos pero no le hacían daño. Lo vi arrancar brazos a los hombres con total facilidad, abrirlos en canal y arrancarles las tripas… sacarle el corazón a las personas sin necesidad de abrirlas, solo… fue horrible, fue la cosa más terrible y horripilante que viví en toda mi vida.

Un largo minuto pasó en el lugar mientras el anciano lloraba, de un gesto, una de aquellas figuras ocultas le ordenó a la joven mujer encargarse. Y ella se acercó para tranquilizar al anciano mientras los demás miraban y se intercambiaban algunas miradas. Hasta que el hombre se tranquilizó y secándose las lágrimas volvió a mirar a los miembros del consejo.

-¿Qué pasó después, doctor?

-Una… una pareja, un hombre y una mujer llegaron de pronto. Atacaron a esa cosa con pistolas mientras no dejaban de rezar. Tal vez eran sacerdotes, no lo sé. Me soltaron, la mujer mientras el hombre luchaba contra esa cosa. Y me llevaron del lugar, corrimos toda la noche hasta que encontramos al ejército ruso. Las cosas son muy confusas.

-¿Dijeron algo?

El anciano batallaba para recordar.

-Fue hace casi setenta años, señor. No sé…

-Hágalo Doctor, le garantizó que esto tiene toda la importancia.

-El… el hombre me dijo… “Soy de la Fundación SCP, vengo a salvarte” por eso, años después, cuando escuche de la fundación, pedí la transferencia. Y decían “Tiene que sobrevivir”. Tal vez porque era yo solo un niño en ese entonces.

-¿Esta consiente, Doctor, de que el nombre SCP se regularizó hasta a década de los cincuentas?Muchos años después del accidente del que hablamos.

-Bueno, tal vez solo soy un viejo tonto. Tal vez he tenido demasiado tiempo para recordar esto y confundo cosas.

-La mujer –ahora una voz femenina desde la mesa principal — ¿Cómo era ella?

-No lo recuerdo bien…

-¡HAGA UN ESFUERZO!

El viejo reaccionó asustado y después cerró los ojos. Concentrándose en sus recuerdos.

-El hombre… era joven, definitivamente era ruso, pero hablaba con un acento muy raro. Y la mujer… ni rusa ni alemana. Bajita, delgada… castaña y la marca en la cara de una quemadura que comenzaba a sanar.

Abrió los ojos de repente para mirar a la agente que llevaba todo el rato a su lado. Quien a su vez escuchaba las cosas con un gesto de incredulidad con el rostro. Definitivamente era ella. ¿De qué estaba hablando el viejo?

Los ojos de aquel hombre se abrieron tanto, batallando por decir algo, tal vez quería gritar, tal vez escapar. El terror en sus ojos era indescriptible. Tanto así que de pronto comenzó a jadear y después se llevó ambas manos al pecho. Por un instante la agente no supo que hacer, hasta que reaccionó de pronto y les gritó a los demás.

-¡Llamen a un médico!

Antes de acercarse a tratar de ayudarlo. Seguro que el hombre traía píldoras para el corazón, en alguna parte debía de tenerlas como su abuelo. El bolsillo del pecho, su abuelo siempre las guardaba ahí cuando todavía vivía. Siempre cerca para cuando le ocurriera algo así.

-¡Aquí O5-1, necesito un equipo médico en la sala A inmediatamente, prioridad máxima! –gritó al teléfono uno de aquellos hombres antes de colgar y después ordenarle a ella. –Tiene que mantenerlo vivo a toda costa.

Si claro, como si fuera tan sencillo.

Pero ahí estaban las perlas de color ámbar, con una debajo de la lengua para que se disolviera rápidamente entonces todo estaría bien. Y afortunadamente así fue, pues en cuanto se la dio, el hombre pudo calmarse y comenzó a respirar con más normalidad. Para cuando llegó el equipo medicó se encargaron de estabilizarlo un poco más y dejarlo en condiciones de seguir hablando con los líderes.

Pero no se retiraron muy lejos.

-Me voy a ahorrar los detalles Doctor “Sotkra” pero la situación es la siguiente. El equipo especial Nu-1 nos envió un reporte sobre una posible anomalía temporal investigada anteriormente por Rho-5, los “Puntada del tiempo”. Una anomalía temporal en áreas rusas que incluye un objeto recuperado de un antiguó SCP, ahora neutralizado.

Mostro una fotografía de un hierro oxidado, tal vez una pistola, muy antigua.

-Esta arma se encontró en el lugar del antiguó SCP y las técnicas de reconstrucción muestran que es una Desert Eagle de fabricación americana posterior al año 2010. Un arma que justo ahora se encuentra custodiada en la armería principal del Sitio-17. La persona que lo salvó cuando era usted un niño, fue una versión adulta de usted mismo.

-Pero yo jamás viaje en el tiempo, no tuve contacto con SCP de clase temporal.

-No doctor, no lo hizo, jamás lo hizo y eso cambió el tiempo. Usted no se rescató a sí mismo y eso está provocando el estrés de tejido temporal. Usted es una paradoja viviente de clase Keter que amenaza con destruir toda nuestra realidad. Los matemáticos de la fundación advierten de que si usted muere se crearía una paradoja con una capacidad de destrucción total.

-Pero soy un viejo, tengo cáncer, voy a morir muy pronto. Aun si me enviaran no soy ese hombre, no podría luchar contra esa cosa. Y no hay nada que pueda hacer el viaje. ¿Es que el mundo está condenado?

-La agente Vlanck se encuentra aquí para eso. Debido a cierto accidente desafortunado donde ella estuvo implicada, tenemos la posibilidad de realizar el viaje solo de ida, viajar al pasado y modificar un punto. Ella debe estar a cargo del manejo del viaje por lo que lo acompañará. Con respecto a lo demás… -pensó mucho sus palabras y miró a sus compañeros antes de continuar. – Dado lo especial de la situación decidimos autorizar el uso de “ciertos” objetos de condiciones clasificadas para hacer que usted se recupere lo suficiente para llevar a cabo la misión. Créame Doctor, volverá a ser el hombre que recuerda, después los enviaremos a los dos para que salven a ese niño.

-¿Y el regreso?

-Envejeciendo.

-¿Qué pasara con ella?

-La agente, bueno, ella está ya legalmente Muerta en Acción. Y es hacer esto, o algo que le va a gustar a ella mucho menos. Pero basta de charla, debe someterse a tratamiento mientras la ingeniero prepara los SCP necesarios. Y recuerde señorita, usted va a realizar ese viaje, quiera o no, y conoce el precio de volver a desobedecer.

Ella asintió levemente sin mirarlos ni decir más, antes de tomar la silla de ruedas y comenzar a empujarla.

-¡Espere! –la detuvo el viejo - ¿Cómo saben que fui yo? ¿No hay peligro de que nos estemos equivocando?

-Encontramos sus restos, doctor, usted morirá salvando a su versión más joven. Ahora váyase, y manténgase vivo hasta entonces.

Y por alguna razón el anciano no sentía miedo, de todos modos el cáncer ya lo había sentenciado a muerte desde un mes atrás. Lo que sentía era esa olvidad euforia de salir a cazar un SCP. El deseo de entrar en acción. Aunque, después de tres años de vacaciones era el momento de regresar al deber, de morir salvando al mundo… sonaba bastante bien.

Mientras aquel conocido como O5-1 miraba una mas de aquellas fotos, de un gastadísimo reloj de oro con un grabado.

Sotkra

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