Un Manifiesto Más Genial
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“¡Que se joda El Crítico!”

Ruiz caminó a paso rítmico en un pasillo monocromático, sosteniendo una grabadora Betamax abollada en su mano.

“Ese imbécil viene a mi casa, comienza a criticar el puto papel tapiz, no señor, no señor, la alfombra no combina con las cortinas, señor, váyase cagando leches de mi casa, SEÑOR. Damas y caballeros y, qué se yo, animales hiperinteligentes, o aliens o la mierda que sean ustedes, hemos cometido un error. Este hombre es un puto maniático, y no lo digo en el buen sentido de la palabra.”

Ruiz comenzó a subir por su escalera de Penrose.

“Hemos llegado a ser, de alguna manera, una institución por y para nosotros mismos, y esto es un gran, UN GRAN maldito error. Cada vez que uno de ustedes, putos imbéciles, hace un graffiti memético, el tipo se derrumba sobre aquellos de nosotros que estamos tratando de decir algo. Los más estúpidos entre ustedes han estado comenzando a cometer errores infantiles. Ahora El Hombre conoce nuestro nombre. Somos un sombrero viejo, nos hemos vuelto displicentes, somos jodidamente sosos. La gente mira nuestras creaciones y suspiran. A nadie le importa una mierda sobre nosotros, porque estamos haciendo porquerías que no tienen sentido.”

Ruiz saltó entre un par de espejos y entró en caída libre.

“Así que voy a seguir adelante y hacer algo un poco… radical. Que se joda lo espontáneo, que se joda el dadaísmo, que se jodan. Ya dejó de ser cool, y por eso ya nadie habla de nosotros. Solíamos existir para impactar, para desafiar, para agarrar a El Hombre de los putos cojones y bajárselos por la garganta. Ahora sólo estamos rematando la misma mierda de siempre. El Juguetero tiene más creatividad en el dedo meñique del pie izquierdo que todos ustedes puestos juntos, y es tiempo de remediar eso. Estoy enviándoles esto a todos. He aquí nuestro manifiesto.”

Ruiz aterrizó en una piscina de bolas gigante.

“Número Uno. Que se jodan los críticos. Más específicamente, que se joda El Crítico. El Crítico no es Nadie. Todo aquel que añada un ‘El’ al comienzo de sus nombres es pretencioso en todas las formas negativas. Distánciense de esos idiotas, déjenlos que se peleen sobre sus restos de ‘creatividad’ reciclada de inodoro. Hagan arte para ustedes, porque, créanme, si hacen arte adaptado para los críticos entonces ustedes son sus perras, no las suyas propias. Así que quítense la verga de El Crítico de sus bocas. Comiencen a chupar su propia verga de una vez.”

Ruiz tomó un Cubo de Rubik y empezó a juguetear con él.

“Número Dos. Que se joda El Hombre. Así es como solía ser, antes que ocurriera el fenómeno ‘hahaha lol demasiado aleatorio XD’. Aquí va un jodido consejo, y sólo es un consejo, sólo para que vean cómo tienen sus putos sesos ahora: si Nadie entiende su arte, entonces no vale una mierda.”

Ruiz coloca el trozo de papel de vuelta en la Luna.

“Número Tres. Jódanse. Ustedes son lo que nos hizo irnos de la ciudad como una broma de mal gusto, lo que nos estrelló contra el suelo, y sólo se sientan en círculos fumando su hierba o lo que sea y se preguntan por qué Nadie ‘ya sabes, nos entiende, hombre’. Eso es porque a ustedes no les queda claro. Somos todos demasiado, completa y profundamente derivativos. Refritos de refritos. ¿Cuánto habrá que esperar hasta que uno de nosotros haga algo original de una vez por todas?”

Ruiz transmigró ungulateralmente en medio de caóticas multitudes inorgánicas.

“Estoy haciendo un llamado al renacimiento. Hago un llamado al cambio. Convoco a todos a dejar de actuar como si fueran geniales sólo por reordenar las reglas de la realidad. Hago un llamado a que dejen de inundarnos con sus porquerías absurdas. Hago un llamamiento a la pizza en diez minutos o le devolvemos su dinero. Los congrego para que se sienten y observen todo lo que han hecho, y se pregunten si realmente se sienten orgullosos de ello. Estoy llamando a que se den cuenta que no lo están. Les reúno para que dejen de hacer las cosas que estaban haciendo antes. Los convoco para que nos hagan geniales otra vez.”

Ruiz colgó el teléfono hecho de tripas de cucaracha.

“Dejen de hacer cosas porque pueden, absténganse de realizar cosas porque quieren hacerlas como todos, dejen de crear cosas porque ya lo han visto y quieren hacerlo de nuevo, dejen de hacer cosas que no son suyas, dejen de elaborar cosas que no son geniales. Porque esta mierda no es genial, es infantil, es jodidamente estúpida. ¿Quieren saber porqué aún no somos geniales? Es porque ‘somos’ nos incluye a todos, y tristemente, ustedes son parte de ese nosotros. Y ustedes no son geniales.”

Ruiz sonrió a la grabadora de Betamax.

“Aún.”


El Cortador y el Escultor se sentaron y vieron el vídeo.

“¿Cómo hizo para construir eso? ¿Él está.. Cómo es que está en la luna? ¿Como diablos HACE esas cosas?”

“No me gusta.”

“Por supuesto que no te gusta, sientes envidia por no haber esculpido esas cosas primero.”

“No, digo, no me gusta lo que está tratando de hacer. Parece desorientado. Intenta separarnos.”

“De vuelta a los días donde no había un ‘nosotros’. Simplemente hacíamos lo que queríamos.”

“Es mejor ahora. Estamos trabajando para lograr un objetivo. Estamos haciendo Realidad Artística.”

“Sí, pero… qué se yo. Ya no es como antes. Soy ‘El Cortador’, todo lo que hago es recortar revistas, o recontextualizar cosas viejas. No soy como el resto de ustedes. No puedo hacer lo que quiero. No puedo crear, sólo modifico. Y es por los malditos nombres.”

“Tú lo quisiste.”

“¡Si, pero no por el resto de mi vida! Duchamp tiene razón, somos todos ‘El Lo-Que-Sea’, y ya estoy harto de esto! ¡Quiero poner mi nombre real en mi trabajo!”

“Ja, ‘Duchamp’. No se merece ese pseudónimo.”

“¿No?”

El Cortador se levantó y caminó hasta la cocina.

“¿Quieres algo? Voy a pedir una pizza.”

“Si, pídeme una vegetariana. Como sea, sólo está… ah. Mejor, pide una amante de la carne. Necesito algo de carne ahora.”

“Claro, no hay problema.”

“Da igual, él simplemente… no es genial. Quiero decir, ¿Betamax? ¿Cuál es la razón de usarlos, más allá de sólo ser oscuro? Tú eres la única persona que conozco que posee un reproductor para esas cosas. Quizá somos los únicos que estamos viendo esto.”

El Cortador terminó de hacer su pedido, y se sentó junto a El Escultor de nuevo.

“Sé que El Crítico tiene unas diez de estas. Él me dio la mía. Se va a cabrear.”

“Oh claro, ya debe estar cabreado. Estará pidiendo la cabeza de Duchamp en una bandeja.”

“¿Por qué?”

“Él está criticándonos, y está criticando la crítica de El Crítico.”

“Bueno, todos somos críticos. ¿Qué te hace pensar que la gente va a prestarle atención?”

“Es llamativo. Está contrarrestando nuestra revolución contracultural, está robándola, está malversando la fuente y está llevando nuestro nombre a un viaje de lujo por el barro. Está cabreándome mucho. Ni siquiera creo que el vídeo sea un exploit. Se está riendo de nosotros. Es un vídeo normal de cosas imposibles, nos está diciendo que el uso de exploits es una completa estupidez.”

“Los exploits no son lo mío, colega. Todo lo que hago es recortar cosas, ¿recuerdas?”

“Sí, sí. Esa fue tu decisión.”

“Fue es la palabra adecuada. Creo que ya he tenido suficiente con todo eso.”

“A la mierda.”

El Escultor se dirigió al reproductor, quitó fervorosamente la cinta, la puso contra la luz, tratando de sentir la sensación de lo no-existente en su borde biselado.

“Te tiene pillado, colega, esta cosa es un exploit, después de todo, es –"

“No lo es. Yo… yo ya estoy harto de esto. He estado harto desde hace un tiempo. No he estado haciendo nada de mi cosecha, y la única razón por la que me he quedado por aquí era ustedes.. Pero… no te lo tomes a mal, colega, sólo… quiero hacer algo diferente. ¿Recuerdas tu primera obra? Esa cosa extraña hecha de hormigón armado, ¿cómo la llamabas?”

Uścisk. La recuerdo.”

“A la gente le encantó esa mierda. Podrías haberle puesto tu nombre. ¿Qué fue lo último que hiciste? Lo único por lo que me recuerda la gente es por enviarles recortes de periódicos por correo. Estamos estancados.”

Ruiz abrió la puerta.

“Aquí tienen. Una Hawaiana, una amante de la carne, ¿está todo bien, caballeros? Por favor, den una propina generosa.”

El Escultor y El Cortador miraron a Ruiz Duchamp, luciendo un uniforme de repartidor hecho jirones, quien continuaba ofreciendo el par de cajas. El Cortador rompió el silencio.

"…a la mierda, como sea. Aquí hay veinte pavos. Guarda el cambio."

"Gracias. ¡Disfruten su pizza!"

El Escultor se volvió hacia El Cortador mientras Duchamp volvía a la puerta de entrada.

"¿Pero qué diablos te pasa?"

"Eh, tengo hambre, y nos ha traído nuestra pizza. No es un bastardo, no vamos a terminar envenenados o algo por el estilo. Si hubiera querido matarnos, el vídeo lo habría hecho. Somos plastilina en sus manos, y él lo sabe. Él lleva las riendas aquí. Vas a odiarme por decir esto, pero… él es más genial que nosotros."

"Tú… lo que sea. Sólo dame mi maldita carne."

"Aquí está."

"…esta es una vegetariana."

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