Un Espectáculo para M.C.&D. Ltd.
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El espectáculo de la cena provisto por Marshall, Carter and Dark Ltd. había sido sorprendentemente corriente ésa tarde. La maga, aunque habilidosa y bonita, no había realizado otra cosa que las usuales ilusiones de distracción que podrían verse en cualquier otro lado. La trapecista, que era también bastante bien parecida y llevaba puesto un traje que no dejaba mucho a la imaginación, hizo poco más que girar sobre su aro en varias posiciones y lucir seductora. Hubo muy poco de lo que muchos consideraban el sabor típico de M.C.&D.

La cortina se cerró sobre el escenario cuando la trapecista finalizó su acto y se reverenció ante el público. Aplausos de cortesía sonaron entre la audiencia, junto con unos pocos, apenas audibles, suspiros de decepción. Cuando la cortina volvió a abrirse, el aro había sido reemplazado con un par de correas blancas similares a listones. Un hombre de la complexión de un bailarín de ballet con los brazos y los pies desnudos se aproximó a las correas, listo para actuar.

Comenzó a sonar música. Era una melodía pacífica, ligera y animosa. El acróbata se suspendió sobre las correas y comenzó su acto. Al principio, pareció que la presentación sería tan ordinaria como las demás. El acróbata envolvió las correas en torno a sí como las rayas en un bastón de caramelo. Se colgó de cabeza, giró en círculos, y se mantuvo paralelo al sueño mientras se sostenía sobre las correas sólo con sus manos. Contorsionó su cuerpo en formas grotescas que sólo podían ser logradas con la ayuda de las correas. Realizó una voltereta hacia arriba, envolviendo los listones en espiral sobre sus brazos. La audiencia se mantuvo en silencio durante todos éstos movimientos.

El trapecista se envolvió a sí mismo de forma asimétrica. Una correa en espiral sobre su pierna, mientras la otra envolvía estrechamente su bíceps izquierdo. Hubo un giro, un corte repentino, y una nota disonante en la música. El trapecista ahora estaba colgando de cabeza de su pierna envuelta mientras la otra correa colgaba, envuelta en torno a nada. Su mano derecha aún se aferraba a ella, pero su brazo estaba cercenado donde la correa lo había envuelto antes.

No había sangre, y el trapecista continuó escalando y retorciéndose en las correas, imperturbable. El brazo cortado escaló también, envolviéndose en la correa y alternando entre sostenerse con la mano y con el codo. No había herida en el extremo del brazo, sólo un área en blanco donde hueso, tendón y otros tejidos habrían sido visibles.

El acto ahora parecía ser una extraña clase de acrobacias en pareja; un hombre con un solo brazo y un brazo solo, ambos realizando trucos. Algunas veces los trucos fueron individuales, y otras fueron en pareja, resultando en suspensiones y balances que debieron ser imposibles. El brazo ayudó al acróbata a realizar otra envoltura con la correa, ésta vez en torno a sus dos piernas. El trapecista se balanceó como una tabla por pocos segundos mientras el brazo cercenado se mantuvo en línea recta por encima de él.

Hubo otro giro, otra nota violenta, un corte, y el acróbata colgaba de nuevo de una sola pierna. Su pierna derecha había sido cercenada esta vez, y se unió a la presentación como una entidad separada. Menos de un minuto después, su brazo derecho también se unió al acto.

La música fue en crescendo mientras los miembros cercenados, todos moviéndose a su propia voluntad, ayudaron al trapecista a colocarse en la posición para lo que sería un último truco. Su única pierna restante se envolvió en la correa en un espiral de bastón de caramelo, mientras sus brazos cercenados envolvieron la otra correa en torno a su nuca, colocándole en un balance horizontal. Entonces, una de sus manos pasó la correa sobre su garganta rápidamente, atrapando su cuello.

El cuerpo de nuevo colgaba del revés, suspendido por la envoltura en torno a su pierna izquierda. La cabeza rodó por el piso. Estaba tan limpiamente cortada como los tres miembros que ya no estaban unidos al torso suspendido. La cabeza dejó de rodar y encaró a la audiencia de ricos y poderosos. La música aún sonaba, pero el espectáculo casi había acabado.

Mientras la audiencia permanecía en perturbado silencio, la maga de antes entró al escenario. Miró el cuerpo colgante, los miembros mutilados, y la cabeza. Su expresión, más que horrorizada, parecía perpleja. La maga dirigió su mirada a la cabeza cercenada del trapecista, que le devolvió el gesto con una sonrisa avergonzada. Moviendo la cabeza de un lado a otro, la maga comenzó a recolectar sus partes. Una por una, las volvió a colocar en el cuerpo, envolviendo una sección de las correas en torno a cada coyuntura. El trapecista movió cada una de sus partes reunidas en su suspensión, manteniéndose en alto con fuerza hasta que estuvo completo de nuevo. Finalmente, rodó por las correas hasta el piso, se puso de pie junto a la maga, e hizo una reverencia.

La audiencia aplaudió con estruendo.

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