Un Cangrejo Perdido En Cuba
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CUBA, 1961

Era una hermosa mañana en un bosque. En el lugar se escuchaban helicópteros sobrevolando la entrada de una mina. A kilómetros de distancia de lo que estaba a punto de ocurrir, un pequeño cangrejo azul se estaba acercando.

—¡Recórcholis, voy a llegar tarde! Tenía tanto miedo de lo que fuera a ocurrir en esta misión que me puse hablar con un pequeño pez, espero que no haya tardado mucho. ¿Acaso esas maquinas voladoras son amigos de mis amigos? —Mientras se lamentaba su tardía, el suelo empezaría a temblar y escucharse sonidos de chirridos. Tras varios minutos, un derrumbe haría eco en toda la zona.

—Ah, las maquinas voladores ya se están yendo. Supongo que sí he llegado muy tarde pero al fin y al cabo no me necesitaban. Ya sé, voy a ir a la playa a ver si me están esperando ahí con el bote. ¡Voy a volver a ver a mis amigos! —Emocionado por regresar a su hogar, se dirigió al punto de encuentro acordado.

—Si no me equivoco, me dijeron que me vendrían a buscar… ¿Aquí? —Dijo asombrado, no había absolutamente nadie esperándolo ahí.

—Esto es… ¿raro? Oh, ya entiendo. ¡Están jugando a las escondidas! Me tuvieron que haber avisado, soy el mejor jugando a las escondidas. —El cangrejo estaba muy feliz. Tras salvarse de una posible misión suicida finalmente se le presentaba la oportunidad de relajarse y jugar. Se puso a buscar debajo de las piedras y arbustos durante horas hasta que no pudo más.

—¡Chicos ya pueden salir! Me rindo, no soy tan bueno como dije. ¿Hola, hay alguien ahí? —Al ver que no hubo respuesta alguna se empezó a preocupar, preguntándose donde estaban sus amigos.

—No hay nadie aquí… ¡Quizás llegaron tarde! Eso es, hubo un retraso porque estaban preparando una fiesta de bienvenida y… ¡no había pastel! Así que tuvieron que ir a comprar y por eso no están aquí. Solo me toca esperarlos entonces. —Se acostó en la arena y observó el atardecer, agotado tras jugar a las escondidas solo.

3 DÍAS DESPUÉS.

—¡O-Ok Cangre! Tranquilo, tranquilo. Te vendrán a buscar… ¿verdad? Quizás se habrán equivocado al decirme en qué lugar había que encontrarnos. ¡Quizás ellos piensan que yo no llegué! Tengo una idea, investigaré en el bosque. —Recogió pequeñas piedras del suelo para ir marcando un camino de regreso a la playa en caso de que algo malo fuera a ocurrir. Valientemente se adentraría al bosque, en busca de ayuda.

—Esto me da miedo… ¡pero no hay tiempo para ser cobardes!

Caminó curiosamente, tocando hojas que cayeron de los arboles por los temblores y charlando con insectos que consideró interesantes. Se adentró más y más, dejando las piedras en el suelo para poder marcar un camino. De repente chocó con una bestia peluda con apariencia de un roedor gigante con pelaje color rojizo a la que le caía saliva de la boca.

—¡Hola! ¿Es usted de por aquí? Estoy buscando a mis amigos. ¿Me podría ayudar a encontrarlos?

El cangrejo caminó amigablemente alrededor de la bestia saludando con su pinza. La bestia rápidamente intentaría morderlo pero el cangrejo lo esquivaría.

—¡Oiga! Discúlpeme pero eso no fue nada cortés de su parte. ¿Quizás necesite de mi ayuda con algo—Antes de que siquiera pudiera terminar, sería interrumpido por otro ataque, esquivándolo por pocos centímetros. El cangrejo empezaría a correr, asustado por los intentos de ataque mientras que la bestia iría tras él.

—¡Me quiere comer! Espera, no hay nada que temer. ¡Tiembla villano, el agente Cangrejo Azulado te detendrá con sus poderes! —Empezó a tararear mientras escapaba de la bestia, esperando que sus poderes hagan acto de aparición. Nada sucedió durante 30 segundos hasta que un ruido de un globo desinflándose provendría de las pinzas del cangrejo.

—¡Ay mamá! Como no he comido en días, mis poderes no funcionan. Todo esto fue parte del plan del villano para derrotarme. ¡Que ingenio malvado! —Corrió velozmente evitando a la bestia, logrando a ver un pequeño agujero en un árbol cercando. Entraría rápidamente esquivando un último ataque.

—¡Ja, ja! Parece que la villanía tiene su costo. Desde aquí no me puedes alcanzar y eso significa que has perdido. Estaría encantado de perdonarte y tener una fiesta de té, pero parece que hoy no se podrá. Así que nos vemos luego, chau chau.

La bestia rugió ferozmente mientras arañaba el árbol, pero no hubo resultado alguno. Derrotada, se marcharía del lugar. El cangrejo se acostó en el suelo y se durmió felizmente, pensando de que había derrotado a un villano y que él era un héroe.

Se despertó tras 2 horas de sueño. Se aseguró de que la bestia se había ido para siempre y decidió irse a buscar seres humanos. Caminó durante 20 minutos hasta que se encontró un pequeño pueblo, emocionadamente se adentró esperando a encontrar una manera de llegar hacia sus amigos.

—Hm… ¿Cuál casa parece la más amigable para entrar? Ya sé… ¡esa la blanca! —Él cerraba y abría sus pinzas haciendo un sonido de crack mientras se acercaba al hogar, se asomaría por la ventana, pudiendo observar a una anciana durmiendo en el sofá.

—Pobre señora, no la quiero despertar pero tengo mucha hambre. ¡Allí voy! —Utilizando una ventana que alguien dejó abierta, lograría entrar en el hogar. Después de explorar la casa, se daría cuenta que había múltiples fotos de una chica joven completamente sola en una playa, tras esa pequeña distracción se acercaría a la anciana, tocando suavemente su mano.

—¡Señora, señora! Despiértese, necesito su ayuda.—La anciana no se movía. El cangrejo asumió de que se encontraba en un sueño muy profundo.

—¡Señora! ¿Me escucha? ¡Quizás mi baile de la amistad pueda decirme algo! —Empezó a mover sus pinzas de izquierda a derecha ilusión, hasta que de repente se detuvo como si hubiese visto a un fantasma.

— ¿Señora? No siento nada, ni el mínimo sentimiento… No, no, no, no. ¡Está muerta!

Aterrado daría decenas vueltas, pensando en qué hacer. Él tenía mucha hambre, pero comer de un cadáver era algo terrible. Tenía que elegir rápido, sobrevivir y convertirse en un monstruo o morir y enfrentarse a lo que pase después de la muerte.

—Discúlpeme, pero no quiero terminar como usted, tengo mucha hambre, Dios perdóname. —Sus pinzas no pararían de temblar mientras él se acercaba hacia la anciana. Utilizaría su pinza izquierda para tomar un pedazo de piel y arrancarlo, sangre brotaría y le salpicaría en la boca. Se pondría a gritar como un pequeño niño asustado mientras su pinza succionaba a través de un pequeño orificio el pequeño pedazo de piel que arrancó.

—V-Veamos el lado positivo. Seguro que ella me dejaría hacerlo esto si estuviera viva, no soy un cangrejo malo, no soy un cangrejo malo… —Siguió arrancando pedazos de piel mientras su voz se rompía hasta que todo el brazo se quedara con los músculos expuestos. Se iría en silencio asegurándose de que nadie lo vea.

—Nunca más. No vuelvo a esta isla del mal nunca más. Que hagan lo que quieran conmigo, pero yo no vuelvo nunca más. —Se repitió a sí mismo durante todo el camino hacia la casa.

—Si no me vienen a buscar, yo me voy solo hasta que me encuentren. ¿Quizás los otros lugareños me puedan dar indicaciones? —Nadó lo más profundo que pudo, encontrando a otro similar a él pero de color rojo.

—¡Señor! Disculpe, señor. Me quiero ir de esta isla pero necesito indicaciones. ¿Usted sabrá donde queda una especie de cubo gris lleno de gente vestida de doctores? —Los dos se miraron fijamente, en silencio.

—¿Hola? ¿Me puede oír? No otra vez por favor.—El otro cangrejo le picaría el ojo.

—¡Oiga, eso no fue muy agradable! Hoy ha sido un pésimo día, por favor solo deme indicaciones. —El cangrejo lo volvería a picar.

—¡Pare, por favor! Me está haciendo daño… ¿Para qué lo intento? Me voy, que tenga un buen día. —Se iría nadando del lugar muy molesto.

—Todo el mundo en esta isla son malvados y la isla me quiere convertir en uno. No lo permitiré mientras aún me llame Cangre Crabvich, alias el Agente Cangrejo Azulado, pero necesito un plan.—Se pondría a nadar hasta encontrar una piedra lo suficientemente elevada para poder sentarse sobre ella y reflexionar.

—Recuerda lo que te enseñaron, Cangre. Como era… ¿Norte, Sur, Este y Oeste? ¡Piensa, Cangre, piensa! A dónde irías si estuvieras perdido… De tin marín de do pingüé, úcara, mácara, títere fue…—Apuntaría a varias direcciones mientras cantaba.

—Yo no fui, fue Teté, pégale, pégale que ella fue. ¡Listo! Espero que eso sea Norte. —Exclamó felizmente, empezaría a nadar hacia el Oeste sin saber que esa era la dirección equivocada.

2006

El cangrejo estuvo bajo el mar durante cuarenta y cinco años, constantemente perdiéndose de su ruta original. Asustado de que pasara algo similar a lo de la anciana o a lo de la bestia, aprendió a alimentarse a base de algas y a como esquivar a los depredadores en caso de que sus poderes fallen. Aunque ya había superado emocionalmente lo ocurrido de la isla, aun se sintió culpable por lo que ocurrió. Finalmente tras tantos años, lograría ver tierra firme.

—¡Si, si, tierra a la vista! La verdad, el mar no estuvo nada mal, aunque extrañaré a mis amigos los pequeños caballitos. Que raro, ahora que lo pienso siempre desaparecían. Da lo mismo, tengo que avanzar.

Al tocar la arena de la playa tras muchos años, se sintió renovado. Caminó alrededor del lugar, encontrándose una pequeña gorra tirada en la arena que tenía estampada las palabras "Mar de Tuyú"

—¿Mar de Tuyú? Hm, me pregunto quién será ese tal Tuyú. Quizás esta gorra ha de ser de él.

Una niña rubia a lo lejos vendría corriendo hacia el escondite del cangrejo.

—¡Mami, mami! ¡Mira, un cangrejo tiene mi gorra!—Exclamó felizmente. El cangrejo empezó a mover sus pinzas de izquierda a derecha durante un rato, se subió lentamente a su cabeza. La niña observaba en shock.

—¡Hola! Pensé que eras hombre, Tuyú. Perdón, aquí está tu gorra. ¿Quieres ser mi amiga? —Después de 3 segundos de silencio, la niña le arrebató la gorra al cangrejo, lo pateó y se fue del lugar tan rápido como podía mientras lloraba.

—Ouch. Creo que quizás ella no era Tuyú. —Dijo confundido. Se preguntaba que había sucedido, ninguna niña lo había pateado antes y menos cuando él actuaba de manera amigable como siempre.

—Quizás… ¿A las personas de ahora ya no les agrado? ¿Se nota mucho que he estado en el mar por Dios sabe cuanto? ¿Perdí el toque? —Tras reflexionarlo durante un par de minutos, llegó a la conclusión de que quizás ya era tiempo de colgar las pinzas de la amistad hasta que sepa que tiene que hacer para agradarle a la gente del nuevo presente.

—Ok, quedarme callado suena un poco drástico. Pero cuando sentí las vibras de la niña, escuché palabras extrañas como Barbies… ¿Quién es Barbie? Bueno, pero no todo es soledad. Aun tengo mi querida amiga la arena. ¡Vamos a crear unos nuevos amigos!—Se puso a esculpir emocionadamente con arena durante treinta minutos hasta terminar 3 esculturas que se parecían a cangrejos.

—¡Ajá! Sabía que no estaba solo después de todo. Un gusto en conocerte Agustín, Francisco, Federico y Tomás… No, no me gustan esos nombres. Mejor Juan, Gastón, Pedro y Pepito. Si… ¡encantados en conocerlos chicos! —El cangrejo se quedó solo charlando con esculturas de arenas durante un par de años. Hasta que lo fueron a buscar sus amigos, pero esta vez eran muy distintos.

2011

—¡Abuelito, que gusto verte! Dime. ¿Cómo has estado desde la última vez que te fuiste? —Saludó con su pinza dentro de una playa artificial a un hombre adulto quien le faltaba su brazo izquierdo.

—Hola, SCP-ES-264. He venido para hacerte un par de preguntas.

—Claro, pero solo las responderé si me haces un pequeño favor. ¿Qué tal si me dejas hacerte 2 preguntas bien cortitas? No tomará mucho tiempo, por favor…

—De acuerdo, si usted promete cooperar.

—¡Si, si! Gracias. ¿Cuál es tu verdadero nombre? Abuelito es un lindo apodo pero quiero saber como realmente te llamas.

El señor le dio una breve mirada a una pequeña ventana oculta en la habitación.

—Mi nombre es Carlos Carpincci.

El cangrejo daría cientos de vueltas alrededor del señor con felicidad, por fin tenía un nombre que no fuera "clasificado", "restringido", un grito o una patada.

—Ok, Karloz, un gusto en conocer tu verdadero nombre.

—Es Carlos, no Karloz.

—Si, lo que dije, Kharrlos. ¿Por qué tienes un solo brazo? El resto de personas que he conocido tienen dos.

—Digamos que es algo que ocurrió por mi culpa. De acuerdo, SCP-ES-264. Ya he cumplido con tu petición, ahora pasemos a lo acordado.

—Gracias, gracias, muchas gracias. Responderé todo lo que quieras.

Carlos sacó de su bolsillo un mapa y lo agitó con su único brazo hasta que se pudiera observar bien.

—¿Podría usted identificar algún país?

—Hm… Bueno, solo conozco este lugar. —El cangrejo apuntó con su pinza a Cuba en el mapa.

—¿Usted sabe como se llama ese país?

—Si la memoria no me falla, se llama Cuba. Pero realmente no me gusta hablar de ese lugar. ¿Podemos cambiar de tema?

—¿Acaso usted ha estado ahí anteriormente?

—Una vez estuve ahí en una misión de espionaje en un lugar debajo de la tierra. ¡Ahí es donde me oficializaron como el Agente Cangrejo Azulado! Me habían mandado a buscar a un anciano o algo así… No me acuerdo bien.

—¿Quién lo envío a Cuba?

—Me enviaron ustedes. ¡Obviamente ustedes siempre pudieron confiar en el Agente Cangrejo Azulado! —El cangrejo movió sus pinzas de arriba a abajo, imitando golpes de karate.

—¿Dice que usted fue enviado por personal de la instalación a Cuba?

—Si. Se tardaron un poco en volver y tuve que ir nadando, me tomó un ratito pero al final me encontraron una vez más. ¡Los poderes de la amistad triunfan!

—¿Usted fue enviado a algún otro lugar?

—No, solo Cuba. Pero por favor cambiemos de tema, no me gusta mucho hablar de ese lugar malvado.

Carlos se dio la vuelta y rápidamente se dirigiría hacia la salida, cerrando la puerta.

—Gracias por su cooperación, SCP-ES-264.

—Eso fue corto. ¡Chao Kharrloz!

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