Jack Tramiel es un hombre de aspecto bastante cómico. Bajito, rechoncho y robusto, su cara se asemeja a lo que obtendrías al estirar pedazos de humano sobre una bola de boliche deforme. Caminar junto a él requiere enlentecer tu paso o arriesgarse a que se enfurezca. Una furia hirviente que comienza en la base de su cuello, las venas rojizas marcándosele a través de la piel a medida que le sube hasta el tope de la coronilla y hace que su cara aplastada se vuelva roja como un tomate.
Jack Tramiel es un hombre de negocios despiadado. Por debajo de su trono en Tecnologías Tramel reposan los cuerpos apilados de muchos hombrecillos. Algunos de ellos fueron llevados a la quiebra por los ridículos precios que Jack ofrece. Conquistar a sus rivales es la manera en la que Jack se divierte.
Jack Tramiel es un sobreviviente. No se podía perder el tiempo creciendo en la Polonia ocupada por Alemania. La familia Tramiel fue enviada a un gueto y de ahí, a Auschwitz. Encontrándose cara a cara con el infame Dr. Mengele, Jack terminó trabajando en un campo de trabajo esclavo Nazi. Con los ojos como platos cada noche, Jack no podía dejar de pensar en la muerte de su padre: un doctor Nazi administrando una inyección de gasolina directamente en sus venas.
Hoy en día, Tramiel se halla tap, tap, tap golpeteando un lápiz numero dos roto sobre una mesa de caoba. Todos los demás en la oficina están fuera celebrando el Día de la Independencia pero tomarse un día libre por unos fuegos artificiales solo es una excusa para gastar valioso tiempo en la compañía. Tiempo que podría ser invertido pensando o tap, tap, tap golpeteando el lapicito.
El corazón de Jack late despacio, pero justo debajo, en sus entrañas, se retuerce y brota un nudo ardiente. Han pasado tres meses desde que Commodore, una compañía que había estado liderando por sí mismo desde 1953, lo expulsó. Aparentemente, hacer que Commodore produjera una serie de productos estrella y la computadora más vendida de todos los tiempos no era suficiente como para agradecerle.
Ahora ya ni mencionaban su nombre.
Cobrar su venganza es en lo único que Jack podía pensar. Destruyendo y castigando a cualquiera que haya estado lo más remotamente involucrado en haberlo traicionado. Es este corrosivo deseo el que casi hace que Jack no se percate de que su teléfono había estado sonando por vaya Dios a saber cuánto.
Colocar el plástico frío sobre su oreja alivia la roja tez de la cara de Jack.
"Habla Jack. Diga."
"Sí, saludos, estaba llamando de parte de Comunicaciones Warner. Se nos ha hecho saber que su compañía podría estar interesada en oportunidades de inversión. Nuestros activos en Atari Inc. podrían ser adecuados para este proyecto. Incluso estaríamos dispuestos a quedarnos solo con las divisiones de hardware y de máquinas. ¿Es eso algo que le interesaría, señor Tramiel?“
"Los videojuegos están muertos. Vayan a buscar otro bobalicón que les funcione de nigromante."
Jack ya puede saborear otra oportunidad para reventar un teléfono. Otra pila de plástico destrozado significaría superar un récord personal.
La llamada de Warner lo había distraído lo suficiente como para bajar su furia en ebullición a un desagrado a fuego lento. El planear ocupa un montón de concentración y energía. Pensar en aplastar a sus enemigos es más importante que andar olfateando lo que sea ese olor que se cuela desde el otro lado de la puerta.
Es así, al menos, hasta que a Jack se le ocurre abrirla. Al abrirse a un lado, una ráfaga de humo ácido entra con fuerza por la apertura que alguna vez dio a la sala ejecutiva. Tosiendo y avanzando a los trompicones, agitando sus puños a ciegas avanza Jack. El hecho de que acabara conectando con una mandíbula fue tan sorprendente para él como lo fue para su colega.
"¡Carajo! Ten mas cuidado, ¿quieres? Vengo en paz, vengo en paz” exclama una voz a chillidos, abriéndose paso adolorida a través de la humareda.
"¿Donde mierda hay un extinguidor?” Jack avanza a ciegas, gruñendo y a los puñetazos. “Llama al departamento de bomberos, ¡para hace cinco minutos atrás! Si no lo hiciste, te cobraré por cada cosa que se queme."
La silueta de un hombre emerge a medida que el humo se disipa, agitando los hombros con una leve risita. “Jackie, Jackie, tranquilo. No nos encontramos en tu lugar, papá. Esta es mi casa, y estoy aquí para hacerte una oferta que no podrás rechazar."
"Pues me niego de todos modos, entonces.” Achicando los ojos, Jack logra distinguir una cabeza con forma de rata flotando entre las curvas del humo. Sonriendo su sonrisa de dientes torcidos, el familiar rostro de Nolan Bushnell se abre paso hacia él.
"Sígueme papá. Tengo algo que quizá quieras ver.”
Jack, frunciendo el ceño, sigue en su lugar. “Tráelo aquí o llévame de vuelta. No jugaré tus juegos.”
La cabeza de Nolan está ahora tan cerca que se podía ver un fluido color rojo óxido goteándole del cuello cortado. “Como tú quieras papá. Entremos en tu cabeza."
"Por supuesto que no, ni te me acerques."
"¡Jaja! ¡Por supuesto! Estás enojado con Commodore por haberse cagado en tu vida entera."
"¡Oh! ¿No te dirán Sherlock Holmes, idiota? ¿Dónde está la salida?” Abalanzándose hacia adelante, el empujón que Jack le da a la cabeza sin cuerpo la envía de vuelta a la oscuridad. Pero contrarrestando su temeraria carrera, el suelo bajo sus pies tira de él hasta detenerlo.
La voz de Nolan lo llama desde la oscuridad, el arrullar de una paloma subrayando su tono suave. “¡Jackie, papá, pa-pá! ¡Hey! Dame una chance para aclararte cualquier mierda. Vengo a tí con esta deliciosa oferta. Busco un comprador. Podrías conseguir una base tecnológica por unos pocos centavos, reconocimiento de marca, junto a un beneficio adicional que sería todo el poder oculto que el dinero pueda comprar.”
"Dices pura mierda."
"Jackie, hablemos en serio, estás hablando con una cabeza flotante."
"Dime Jackie una vez más y serás mucho menos que eso.”
La condensación de la respiración caliente que Nolan exhala entre risitas humedece el cuello de Jack. “Te ayudaremos, Jack. ¿Sabes cuánto poder se puede conseguir al combinar una racha de cocaína de veinticuatro horas con la sangre de una cabra y todo lo que la historia olvidó sobre los Mayas? El infierno es el horno que le da combustible a un motor de odio, y puede ser todo tuyo. Un pacto con el diablo siempre es mejor cuando el Príncipe de las Tinieblas paga en efectivo.”
"Déjame ir, y lo pensaré.”
Desenrollándose al instante de sus piernas, la liberación del suelo permitió que Jack se diera vuelta. A un par de centímetros de los ojos de la cabeza de Nolan, se para sin pestañear.
"Si haremos esto, va a ser a mi manera. ¿Entiendes?”
Dándose la vuelta para limpiar sus lentes, Jack empieza a sonreír.
"Mi hijo vendrá por aquí en un rato, así que más te vale ordenar este desastre.”
Nolan intenta aclarar lo que le quedaba de su garganta. “Bueno, agh, argh, ehm. Así que, papá, ya sabes, ¿las viejas costumbres no mueren?"
"Bueno, solo por el tiempo que me tarde en comenzar a hacer rodar cabezas."
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