Lazos que Unen

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Phineas se miró en el espejo del baño.

¿Dónde se han ido los años, abuelo? pensó para sí mismo.

Su cabeza calva reflejaba las luces del baño. Las venas eran ligeramente visibles bajo su pálida piel. Su larga barba blanca contrastaba fuertemente con su camisa de vestir negra, debajo, una corbata roja brillante, la única cosa colorida en su persona. Como el hombre del interior, la ropa estaba visiblemente gastada, cubierta en dos décadas de confusión. Phineas dio un pesado suspiro. Su ceño se convirtió en una sonrisa y se dirigió a la puerta, un ligero zumbido mecánico llenaba el silencio con cada paso.

Phineas salió del baño y entró en el taller cercano. Una fiesta estaba en pleno apogeo y se esperaba que hiciera aparición.



Phineas se abrió paso lentamente por el comedor abarrotado antes de volver a su asiento en una mesa vacía, con una botella de cerveza recién abierta en su mano izquierda. Observó a los diversos aficionados a la bebida socializar a su alrededor. La mayoría de la multitud consistía en empleados, clientes o amigos personales de Vincent Anderson. Unos pocos representantes de Marshall, Carter, & Dark también estaban presentes, su atuendo de negocios parecía fuera de lugar entre los trajes casuales de la mayoría del personal de Anderson.

Phineas tomó un largo sorbo de su cerveza y miró al otro lado de la habitación. Una pancarta que decía “¡10.000 VENDIDOS!” se extendía por la pared del fondo. Cerró los ojos y suspiró.

“¿Alguien está siendo un aguafiestas?”, preguntó una voz burbujeante. Phineas abrió los ojos al ver a una mujer de mediana edad, baja, con pelo castaño hasta los hombros y ojos azules débiles. Llevaba un vestido de girasoles y sonrió cálidamente cuando se sentó frente a él. “Es tanto tu día como el nuestro. Deberías estar extasiado.”

“Creo que se quitó su capacidad de sentir alegría cuando se puso esa última prótesis”, dijo un joven alto y delgado que se sentó a su lado. Sus ojos estaban ligeramente oscurecidos detrás de una mata de pelo rubio rizado, pero las gruesas gafas que llevaba seguían siendo tan claras como el día. Cuando no hablaba, sus labios parecían estar permanentemente levantados con una sonrisa. “Aun así, bromas a aparte, eres el hombre del momento. La Serie Gyrfalcon nunca hubiera funcionado sin ti. Esta fiesta también podría ser por ti.”

“Buenas tardes, Medea, Jason”. Phineas levantó las cejas en modo humorístico. “Siempre es agradable ver al dúo dinámico. Pero no gastéis vuestros elogios en mí. Vosotros dos fuisteis los que finalmente lograsteis que las malditas cosas funcionaran. Ahora es vuestro bebé. Yo sólo soy el viejo tonto que no dejaba de estropearlo.”

“Siempre tan modesto”, dijo Medea con una pequeña risa. “Tienes que empezar a aceptar el crédito, Phineas. De todos nosotros, tú eres el que ha volcado todo su ser en esta empresa. Estaríamos hundidos sin ti.”

Phineas respondió con un pequeño encogimiento de hombros.

“Si me disculpáis” dijo cuando se puso de pie y comenzó a caminar. Cruzó la habitación y entró en el pasillo. Jason le siguió rápidamente.

“Eh tío,” dijo mientras se colocaba frente a Phineas “todo lo que mi madre intentaba hacer era hacerte un cumplido. Lo menos que podías hacer era no ser un idiota monumental al respecto.”

Phineas agarró rápidamente al chico por el brazo y lo acercó. Jason dejó escapar un pequeño jadeo por sorpresa.

“Sé sobre ese pequeño proyecto de los Nankeen en el que estabas trabajando con Isaac, y sobre Ian, y cómo lo perdiste por culpa de la Fundación”, susurró Phineas al oído de Jason. “Ahora, sugiero que si no quieres que le diga a Anderson que vuelvas por donde viniste, espero que los dos me deis algo de espacio hoy. No estoy de humor para dar palmaditas a nadie, especialmente a mí mismo, en la espalda. ¿He sido claro?”

Phineas liberó el brazo del joven y vio como Jason dio unos pasos atrás.

“Cristalino…”

Jason regresó al comedor sin decir nada más. Phineas se sentó en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Levantó su cerveza en un brindis simulado.

Por el gilipollas monumental, pensó para sí mismo, y tomó otro sorbo.



Phineas miró hacia arriba cuando oyó pasos. Un hombre de mediana edad con piel oscura se acercó, su cara estaba permanentemente moldeada con una expresión de preocupación. Llevaba una botella de cerveza en la mano y le hizo un pequeño guiño a Phineas. Detrás de él iba un joven de unos veinte años. Su piel tenía el mismo tono que la del primer hombre, y su cabeza estaba afeitada.

“Pensé que te estarías quedando un poco vacío en estos momentos”, dijo el hombre de mediana edad mientras le entregaba la botella a Phineas. El viejo se rió y quitó la chapa de la botella con la mano izquierda.

“Gracias, Jeffery.” Phineas tomó un largo sorbo. “¿Cómo va todo? ¿Disfrutando de la diversión?”

“Realmente no es lo mío”, suspiró Jeffery.

“¿Qué tal tú, Miles?” Phineas miró hacia el joven.

“Es sólo un montón de empleados adulando a los ricos y exitosos”. El joven se encogió de hombros. “No es mi pasatiempo favorito, tampoco.”

“Supongo que podríamos empezar nuestro propio club”, Phineas rió y tomó otro sorbo de su cerveza.

“Miles, me gustaría hablar un rato a solas con Phineas, ¿te importa?” preguntó Jeffery. Miles asintió con la cabeza y se dirigió de nuevo al comedor. Jeffery vio al joven irse antes de volver a Phineas.

“Siempre he apreciado que le llames Miles. Isaac insiste en llamarlo Saker-00.”

“Bueno, a todos los efectos él es Miles.”

“Para que conste, le dije a Anderson que esta fiesta no era la mejor idea”, dijo Jeffery. “Pero insistió en que ahora tenemos una reputación que mantener, y que este evento sería la oportunidad perfecta para subir la apuesta con los inversores.”

“A Anderson le encanta causar un espectáculo”, suspiró Phineas. “Sin embargo, aprecio el intento. Gracias.”

“Cuando quieras.” Jeffery comenzó a abrirse camino hacia la puerta del comedor. “¿Vas a volver a entrar pronto?”

Phineas asintió lentamente.

“En un rato. Déjame terminar esta última cerveza.”

Jeffery sonrió brevemente y se dirigió de nuevo al bullicio de la fiesta.



Phineas acababa de terminar la segunda cerveza cuando oyó abrirse de nuevo las puertas del comedor. Mirando, vio a un hombre musculoso con un traje de negocios acercándose. El hombre tenía el pelo bien peinado hacia atrás, y un leve olor a aftershave parecía seguirlo a donde iba. Phineas puso los ojos en blanco.

“¿A qué debo el placer, Isaac? No hay nadie aquí para que puedas charlar.”

“Que gracioso”, respondió Isaac. “Anderson te busca. Está a punto de hacer su gran anuncio.”

“¿Necesita que hables por él?”

“Deja de dar tanto por culo y ven conmigo”, dijo Isaac tajante. “Anderson no quiere empezar sin su mejor amigo y compañero, y tú deberías querer estar ahí. La serie Taita fue tu diseño después de todo. Un poco de socialización no te matará.”

“Podría socializar con los representantes de MC&D”, murmuró Phineas en voz baja. Luego suspiró y se puso de pie. Isaac lo siguió mientras los dos entraban en el comedor.



La habitación se calmó mientras Phineas se dirigía lentamente hacia el frente. Esperándole, junto a un gran objeto oscurecido por una sábana, estaba Anderson. Su compañero llevaba una camisa de vestir azul, con un chaleco plateado y pantalones a juego. La máscara de teatro de comedia clásica plateada brillaba con las luces del comedor. Finalmente, Phineas ocupó su lugar al lado de Anderson.

“El, um…, hombre del momento ha llegado”, Anderson se rió. El público se rió de la misma manera. “Como ya sabéis, esta pequeña fiesta es para celebrar la venta de nuestra prótesis número 10.000 de la serie Gyrfalcon. Este, um…, hito no habría sido posible sin los meses de dedicación de este hombre.”

La multitud estalló en aplausos. Phineas frunció un poco el ceño y luego se volvió hacia Anderson. Su viejo amigo puso una mano en su hombro y calmó a la audiencia.

“Pero, um…, además de tan maravilloso logro, hoy nos complace anunciar la finalización de un nuevo prototipo. El droide de seguridad de Anderson Robotics serie Taita. Esta nueva línea es el bebé de Phineas, y se convertirá fácilmente en nuestro nuevo producto más vendido.”

La multitud comenzó a aplaudir una vez más cuando Anderson le dio a Phineas una esquina de la sábana.

“¿Harías los honores, amigo mío?”

Phineas asintió con la cabeza, suspirando mientras se giraba para mirar a la multitud, con la esquina de la sábana en la mano.

“Antes de revelar la serie Taita, hay algo que me gustaría decir”. La multitud se calmó instantáneamente para escuchar sus palabras.

“La mayoría de ustedes, que han trabajado conmigo, saben que no doy discursos a menudo. No es mi cosa favorita, supongo. Sin embargo, hay algo que he querido decir desde hace mucho tiempo. Todos ustedes, cerdos codiciosos, pueden besarme el culo. Especialmente los de MC&D. Y especialmente Skitter y esa chupa-almas Lana Fuentes.”

Con un movimiento fluido, Phineas metió la mano en su bolsillo y sacó un globo de una sustancia viscosa azul neón, arrojándolo sin esfuerzo al objeto cubierto por la sábana. El droide que estaba debajo dejó escapar un horrible lamento de muerte y se desmoronó hasta oxidarse. La multitud se quedó en silencio mientras Phineas hacía una reverencia.

“Que tengan una buena fiesta”, dijo con una sonrisa, y salió furioso del comedor.


Phineas se detuvo en la cima del edificio de oficinas de Anderson Robotics, sus ojos miraban el atardecer de Portland mientras daba una larga calada a un cigarrillo. El sonido de una puerta abriéndose detrás de él indicaba que ya no estaba solo.

“Hoy, um…, has hecho el ridículo, Phineas”, dijo Anderson al acercarse. Phineas miró por encima de su hombro. La máscara de Anderson había cambiado de la comedia a la tragedia.

“Quizás lo hice”, dijo Phineas encogiéndose de hombros. “Pero finalmente pude decir lo que realmente quería decir.”

Anderson se paró al lado de su amigo y miró la puesta de sol. Phineas le ofreció un cigarrillo. Anderson aceptó vacilante, y lentamente se quitó la máscara. En lugar de ojos, tenía lo que parecían ser dos pequeños lentes de cámara que brillaban con una tenue luz verde. En lugar de una nariz, tenía una rejilla triangular que ocasionalmente silbaba con el paso del aire. Anderson encendió el cigarrillo y dio varias caladas cortas.

“Entonces, um…, ¿se suponía que todo eso era tu noticia de hace dos semanas?”

“Más o menos. Tendré mi oficina limpia para el lunes.”

“No puedes aceptar el hecho de que ahora tenemos éxito, ¿verdad?” Anderson continuó preguntando. “Tienes que ser el desvalido, ¿eh? Sólo, um…, te está afectando el hecho de que podrías ser, um…, El Hombre ahora.”

“El éxito es una forma divertida de ver cómo se puede convertir una pequeña tienda de tecnología en lo que es poco menos que una célula terrorista”, respondió Phineas. “Especialmente si se considera que nuestra compañía no sólo se dedica regularmente al espionaje, sino que ha catapultado a todo un sector de la población hacia una carrera armamentista para convertirse en el mayor y mejor ciborg. Y la verdadera guinda del pastel es que estamos haciendo todo eso con el dinero de MC&D.”

“¿¡Quién eres tú para juzgar a alguien por mejorarse, hipócrita!?” Gritó Anderson. “¿Cómo es posible que tengas una pierna sobre la que erguirte?”

Phineas dejó caer su cigarrillo y lo aplastó con la suela de su zapato, volviéndose hacia su amigo.

“Tienes razón”, dijo con una sonrisa melancólica. “Yo también soy culpable. Intenté con todas mis fuerzas cortar la cabeza de la hidra, pero siempre había dos más en su lugar. Simplemente era más fácil seguir adelante con las cosas. Pero ya no. Renuncio.”

Phineas comenzó a moverse hacia las escaleras, deteniéndose cuando tres unidades Peregrine emergieron delante de él, cada uno blandiendo una pistola de alto calibre.

“¿Así que así es como va a ser, entonces?” Preguntó Phineas, dándose la vuelta para enfrentarse a su amigo.

“Eres, um…, más que bienvenido a quedarte”, respondió Anderson. “De hecho, insisto. Por favor, no te vayas, Phineas. No me dejes solo.”

“No lo hagas, Vince. Simplemente, déjame irme.”

“Yo, um…, sé de hecho que, si dejas esta compañía, vas a dedicarte a poner trabas y obstruir de cualquier manera nuestras operaciones. Por favor, no te vayas.”

“¡Esto no es para lo que me subí a bordo en el 94, tío!” Phineas sacudió su cabeza.

“Lo sé, ¿vale? Vaya si nos hemos vendido alguna vez…”, dijo Anderson con una risa triste. Luego se puso la máscara en la cabeza y tiró la colilla. Asintió a los droides con la cabeza.

Los droides abrieron fuego al unísono. Al mismo tiempo, Phineas aplaudió, enviando una onda sónica a través del techo. Las balas entrantes se dispersaron. Los Peregrine y Anderson fueron arrojados hacia atrás, golpeando el hormigón como si fueran juguetes desechados. Sin perder tiempo, Phineas se giró en el acto, lanzando un amplio arco de la sustancia azul neón a las unidades Peregrine. Los tres droides lloraron y se retorcieron de dolor en el suelo antes de desintegrarse en montones de óxido.

El viejo comenzó a correr hacia el borde del edificio, girando brevemente la cabeza para ver a Anderson corriendo detrás de él. La mano derecha de Anderson estaba extendida, con los dedos índice y anular apuntando como si fueran un arma. Phineas inmediatamente saltó a un lado. Un rayo le pasó por delante, golpeando el hormigón del lado más alejado del tejado con un fuerte golpe. El rayo continuó pasando por delante del anciano mientras se acercaba a la cornisa del edificio. Con un gran salto, saltó por encima del lateral, pero no antes de que un último rayo le impactara en el pecho. Phineas entonces cayó cuatro pisos hasta la calle.

Anderson dio un pesado suspiro al acercarse a la cornisa del edificio. Miró hacia el aparcamiento de abajo. Phineas yacía destrozado en el pequeño cráter que creó al aterrizar. Su brazo y piernas izquierdos se arqueaban con espasmos mientras gritaba de dolor. Su mano derecha metió la mano en su bolsillo y sacó una gran cantidad de sustancia viscosa negra, golpeándola rápidamente contra el pavimento bajo él. Anderson levantó rápidamente su mano y disparó un último rayo, pero sin éxito. Phineas se desvaneció en la sustancia negra, y se fue. El rayo golpeó inofensivamente el pavimento de abajo.

“Nos vemos, viejo amigo”, susurró Anderson. Luego se dio la vuelta y volvió a entrar.


La Agente Sasha Merlo estaba sentada sola en su oficina en el Sitio-64. Tomó un largo sorbo de café rancio, y, en silencio, se apartó un mechón de su pelo moreno de los ojos mientras leía la última serie de informes del DM Gamma-13. Como de costumbre, todas sus pistas actuales se habían convertido en callejones sin salida. Dejó escapar un fuerte suspiro. No sabía qué le diría al Director Holman esta vez.

Bzzzzzzzt

El sonido de su móvil recibiendo un mensaje, rompiendo tantas horas de silencio, casi la hicieron caer de su silla. Perezosamente abrió el mensaje de texto, con el ceño fruncido ya que no había ningún remitente. El mensaje en sí mismo sólo contenía una única frase.

Se cómo podéis cogerle.


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