Las Ejecuciones del Doctor Bright
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Bright sabía que había salido mal cuando los camiones se posicionaron a cada lado de su van. "حزب الخلافة" estaba pintado con spray en los lados. Sabía que estaba en muchos problemas cuando vio que los hombres en las bancas de los camiones le estaban apuntando rifles. Apretó los dientes, pero desacelero mientras una camioneta se ponía delante de él. Pensó en detenerse y tratar de escapárseles de esa manera, pero había un cuarto viniendo por detrás, dejándolos atrapados.

“¿Podemos salir peleando?” preguntó Brunwick. El fornido biólogo sostuvo el rifle casi como si supiera que estaba haciendo.

“No a menos que te acabes de volver a prueba de balas,” dijo Bright. Volteo hacía sus seis pasajeros.

“Okay, estamos atrapados. No se por quién aún. Si es el gobierno, estarán molestos, pero probablemente nos mantengan el tiempo suficiente como para que la Fundación intente sacarnos."

Advani estaba con su celular, haciéndole saber a su contacto que los habían comprometido. Llevaba una escopeta, pues él y Bright eran las personas menos sospechosas en su grupo. Especialmente Bright, llevando un cuerpo egipcio.

"¿Qué si son terroristas?" preguntó Sandler. Sus cejas pobladas habían alcanzada a la línea del cabello de un hombre más joven.

"Lo son," dijo Jacobs. Era el más experimentado de los dos agentes en el vehículo. "Si estos fueran del gobierno, tendrían vehículos blindados. Habrían hecho una muestra de fuerza. No nos encerrarían así."

"¿Estaremos bien?" pregunto López. La joven investigadora parecía apenas fuera de la adolescencia.

Bright casi dijo no, ciertamente no lo estarían, pero algo en su cara le hizo ir por la mentira tranquilizante.

"Probablemente solo están interesados en el rescate," dijo Bright. "Probablemente no saben quiénes somos. Probablemente sea mala suerte. Vieron a unos occidentales y quieren hacer una escena. Nos mantenemos calmados, y esperamos a que alguien venga por nosotros. Todos pongan abajo sus armas. Si es posible siquiera, encontrare una forma de sacarnos de esta.” De hecho tenía un plan a medio formar en su cabeza, pero dependía de que tan avariciosos fueran sus captores y que tan perceptivos sean. Era una pena que no pudiera hablar más árabe.

Los camiones los guiaron fuera del camino principal y al sureste. A unas cuantas millas, los camiones pararon y saltaron fuera hombres con rifles. Entraron a la fuerza, gritando en árabe, agarrándolos, sacándolos y golpeándolos mientras los tiraban al suelo. Bright los dejo, sabiendo mejor que pelear. Escucho a Brunwick tratar de golpear a uno de los guardias y escucho el tiro, haciendo una mueca. Podía escuchar a López y a Sandler gritando. Jacobs y Advani no dijeron una palabra.

Los registraron cuidadosamente, les quitaron sus teléfonos. Incluso la baliza escondida en su zapato fue encontrada y aplastada. Eso hacia las cosas un poco más complicadas. Había estado esperando un rescate rápido. Ahora la Fundación tardaría un poco más.

Pusieron bolsas sobre sus cabezas y les amarraron las manos tras sus espaldas mientras los metían en uno de los camiones. Había escuchado a Brunwick quejándose, así que aparentemente no lo habían matado aún. Extrañamente nadie toco el amuleto.

“¡No te mueves!” uno de ellos grito en su oído. “¿Tu entiendes? Tu mueves ¡yo disparo a ti!”

Ocasionalmente, uno de los otros se movería, y los escucharía chillar cuando los corrigieran. Él se quedó quieto. Tenía mucha experiencia en estar cautivo. Incluso reconocía algunas de las técnicas que sus guardias estaban utilizando para intimidarlos. Le ayudaba, un poco. No mucho.

Los empujaron del camión y los llevaron al interior de un edificio. Olía a ganado adentro. Los tiraron y escucharon a la puerta cerrarse.

"Esta-" comenzó Advani, pero Bright lo callo.

"اسكت!" grito un hombre. "عندي كلاشنكوف!"

Bright no sabía mucho árabe, pero entendió "kalashnikov" suficientemente bien.

Después de unas horas llego un hombre y les quito las capuchas. Llevaba un atuendo militar con una espada colgándole al lado. Una pañoleta le cubría la cara. Varios otros hombres estaban detrás apuntándoles Aks-47 al grupo. Uno estaba operando una cámara. "Son prisioneros de Hezb Alkhalifah. Sabemos de su Fundación. Le escupen en la cara a Alá."

Hijo de perra, pensó Bright. Alguien los vendió. Se preguntaba quién.

"Tú, el del collar. Eres el Doctor Bright. Lo sabemos todo sobre ti." El hombre se acercó para tocar el amuleto, pero sus manos estaban cubiertas por guantes de cuero. "Este eres tú. Esta es tu alma. Eres una abominación. Le mostraremos al mundo que estamos en contra de estas cosas."

Uno de los hombres tomo un cuchillo y le cortó la oreja a Bright. El apretó sus dientes.

"¿Era el cuerpo de un musulmán el que llevas, kéfir? ¿A quién le robaste la vida? ¡Eres un ghoul!" grito el hombre con una pañoleta.

"Ensáñate," dijo el, y se arrepintió inmediatamente. Esto no era una película de acción.
El cuchillo entro por su ojo, y no vio más.


Despertó más tarde, desorientado. Podía darse cuenta que estaba en otro cuerpo. ¿Los habían rescatado? No, sus manos seguían atadas. Su rodilla tenía un ardor agudo.

Se movió a una posición semi-sentada. Estaba en un cuerpo grande, podía darse cuenta de eso. Fuerte. Miro alrededor, y vio a Jacobs, Sandler, Advani y López. Se dio cuenta. Miro hacia abajo para ver el marco de Brunwick. Esos hijos de perra.

“Brunwick?” susurro Sandler.

Bright negó con la cabeza. La cabeza de Brunwick

Sandler empezó a llorar. Bright no se había dado cuenta de que eran así de cercanos. Una parte cínica de su mente se preguntó si el hombre solo estaba asustado de que a el mismo le fuera a pasar.

Miro hacia donde lo habían ejecutado. El cuerpo ya no estaba, pero la sangre seguía acumulada en el suelo de tierra. Parecían estar solos.

"¿Cómo vamos a salir de esta?" preguntó López.

"No lo sé," dijo Bright. "Déjame pensar."

La baliza no estaba. Los terroristas sabían quién era, sabían lo que hacía el amuleto. No había manera de decir cuando vendría la Fundación.

No le tenía miedo a morir. Incluso si intentaran destruir el amuleto, era poco probable que lograran una tarea que el no había logrado con el mejor equipo.

Sin embargo, no quería ver a ninguno más de su equipo morir. Necesitaba encontrar una manera de salir de esto. De alguna manera.

No durmió en toda la noche. Seguía tratando de inventar un plan. Si tan solo la Fundación se apresurara y los rescatara.

En la mañana, vinieron por el de nuevo. De nuevo, el hombre con la pañoleta vino, y de nuevo pusieron la cámara. Lo pusieron de pie, su rodilla casi cediendo debajo de él, antes de que lo movieran a su posición.

“De nuevo, tenemos al kafir Doctor Bright. Él vive porque ese amuleto roba la vida de otros, lo pone en su cuerpo. Le dejamos robar la vida de su amigo. Su propio amigo ¡Al que le roba la vida! Ahora debe morir de nuevo.”

El cuchillo bajo, esta vez hacia su garganta, pero estaba listo. Brunwick no era nada sino fuerte. Se lanzó con su rodilla buena, tratando de tocar al guardia con su collar.

Solo tuvo un momento de la visión confusa del hombre antes de que sonaran los disparos, y murió de nuevo, dos veces.


Despertó, y esta vez vio a Advani, Sandler, y López. Jacobs, entonces. Diez pequeños indios pensó.

Lo habían atado más seguramente, ya en la posición donde lo habían ejecutado dos veces.

Amordazado, también. Podía sentir la sangre pegajosa en su pantalón, el olor a sangre empezando a apestar. No se iban a arriesgar esta vez.

Los otros lo miraban con pena, revulsión y miedo. Debieron ver la cara de Jacobs volverse inexpresiva de repente e iluminarse con una inteligencia ajena. Debieron habérselo visto pasar a Brunwick, en ese caso. Vieron sus propios futuros. Debe ser una cosa saber que le pasaba a Clases-D anónimos, y otra vérselo a pasar a alguien que conocías.

"No se preocupen," les dijo Advani a los otros. "Saldremos de esto de alguna manera." Aunque todos sabían que estaba mintiendo.

Trató de dormir, pero el cuerpo de Jacobs seguía lleno de adrenalina. Miró hacia la pared, al piso de tierra, cualquier cosa para evitar mirar a su equipo.

Casi estaba ansioso de que el hombre de a pañoleta abriera la puerta para acabar con esto.

"Una vez más, tenemos al kéfir Doctor Bright. Él vive porque ese amuleto roba la vida de otros, lo pone en su cuerpo. Le dejamos robar la vida de su amigo. Su propio amigo ¡Al que le roba la vida! Ahora debe morir de nuevo."

Era el mismo discurso de antes. Bright se dio cuenta de que probablemente no iban a publicar su muerte en el cuerpo de Brunwick. No se vería tan bien verlo luchar.

Esta vez el cuchillo trazo una línea a través de su cabeza. Unos dedos se enterraron en los cabellos crispados de Jacobs y crudamente jalaron su cuero cabelludo. Bright grito en la mordaza.

Se tomaron su tiempo con él. Al final, estaba rogándoles silenciosamente que lo terminaran.


Despertó de nuevo. Era mucho más tarde. Estaba atado y amordazado de nuevo, en posición. Miro alrededor, vio a Sandler y López. Ahora se daba cuenta de que había un patrón en sus elecciones. Primero el gran Brunswick, luego los guardias, Jacobs y Advani. Después seria Sandler, y luego la bonita y joven López. Querrían ir aumentando. Escalar la “elección” de tomar sus cuerpos. Habían tomado a los hombres “reales”, luego sería el inofensivo anciano y finalmente la jovencita.

Sandler parecía quebrado. López ya no se veía asustada. Se veía enojada. Enojada con los terroristas, enojada con él. Podría estar proyectando eso último. Ciertamente él estaba bastante enojado consigo mismo.

Su ojo se vio atraído por algo cercano. Algo estaba dibujado en la tierra. Era tenue y se veía atroz, pero apenas alcanzaba a leerlo. “VIENE AYUDA. RESISTAN”

Tendría que ser fresco, o los terroristas lo habían aplastado en la tierra.

Su corazón —el corazón de Advani —salto a su garganta. Si pudiera retrasarlos. Aún podría sacar a Sandler y López de allí. A López seguramente. Solo un poco más.

Pero la puerta se estaba abriendo de nuevo. Ahí venia el líder de los terroristas, viniendo con sus lacayos. Bright endureció su mente. Tenía que dejarlos trabajar. Mientras más tiempo viviera, las mejores probabilidades para su rescate.

"¡El ghoul Doctor Bright ha tomado a otro de sus amigos! No se preocupa por nadie más que el mismo. ¡Pero ahora sufre! Haremos que se arrepienta de cada segundo que esté vivo ¡Y después lo destruiremos en el nombre de Ala!" Ondeo teatralmente hacia la cámara.

Uno de los hombres tomo una cubeta y se la aventó. Tuvo arcadas cuando se dio cuenta de que era excremento. Mierda de cerdo, pensó. ¿Dónde demonios encontraron cerdos en Egipto? ¿No los habían matado a todos durante la epidemia de la Gripe Porcina?

El otro hombre tomo un cuchillo y empezó a hacer pequeños cortes en su cara. Nada terriblemente doloroso, pero dejaba que la mierda de cerdo se metiera en las heridas. No era que esperaba vivir lo suficiente como para que una infección sea una preocupación, pero era humillante. Lo cual era, por supuesto, el punto.

“Lo profanamos como su alma impura profana los cuerpos de otros. ¡Juramos yihad sin fin contra los kéfires de la Fundación!” Con eso el hombre saco su espada y la puso en alto.

No, no, no pensó Bright. ¡Se supone que me tortures! ¡Así no es como se supone que tendría que ir!

Mientras que la espada comenzaba su arco, se conforto con el pensamiento de que López, al menos, lo lograría.


El rescate vino varias horas después de la espada. Los terroristas justo los habían dejado solos por la noche cuando llego el equipo de rescate. Ni siquiera fue una batalla. Había terminado en minutos.

Bright fue desatado, escoltado hacia el helicóptero de evacuación y cargado. En el camino de regreso, uno de los agentes explico como la Insurgencia del Caos le había dado a Hezb Alkhalifah inteligencia sobre ellos, incluida la ubicación de la van. Como habían obtenido la información y porque lo hicieron exactamente, aún era desconocido- La teoría principal era que tenía la intención de mantener a la Fundación y— los terroristas—ocupados mientras aseguraban un activo de alto valor y escapaban.

Mientras llegaban a una instalación segura, y eran escoltados a una sala de informe, se sentó entro los dos pasajeros restantes del van.

“Bueno, eso pudo haber ido mejor,” dijo Claudia. “Perdón. Conseguí ayuda tan rápido como pude.” Un cigarro parecía flotar en mitad del aire.

“lo hiciste bien” dijo Bright. “Solo deseo…”

“Lo sé, Doctor,” dijo Sandler. “Yo también esperaba que ella lo hubiera logrado también.”

“Es solo que no lo entiendo,” dijo Bright. “Todos los demás que escogieron, hubo un incremento. Primero el gran Brunwick, después Jacobs, después Advani. Ella debió haber sido la última.”

“No lo entiendes” dijo Claudia. “Cultura diferente. Para nosotros, seguro, la jovencita habría sido el final. Pero, para ellos…”

Bright miro a Sandler, a su cabeza casi calva e hileras de cabello blanco, y luego las evidentemente manos jóvenes que llevaba. “Por supuesto. El anciano”

“Lo siento,” dijo Sandler. “desearía que hubiera sido de la otra forma.”

Había una ejecución final para el Doctor Bright esa noche. Sus controladores trataron de salvarlo, pero él había sido demasiado rápido.

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