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Las luces aquí abajo eran demasiado brillantes, demasiado artificiales y demasiado reales a la vez, obligando a Shiloh a percibir todo con perfecta claridad. Tuvo que cerrar los ojos por un momento, dejando que Maisy le guiase hacia adelante. Eso le ayudó.

"¿Me podrías decir dónde está IJ Isle, otra vez?"

"Probablemente en el       en la sala de descanso."

Shiloh parpadeó lentamente mientras la miraba. "… ¿El qué?"

"En el      ," repitió Laraskë, pacientemente.

Mierda. Puso su pulgar derecho entre el dedo medio y el anular, luego entre el índice y el dedo medio, y luego cerro el puño. Lenguaje de Señas Estadounidense, N-T-S. "No Tiene Sentido".

Su cara se ablandó y chasqueó la lengua en señal de simpatía. "Otro más, ¿eh? Supongo que puedes hacer una cita con el memeticista después de que terminemos con lo de hoy."

Este tipo de cosas no habían sucedido desde hacía rato, pero Shiloh supuso que era sólo cuestión de tiempo hasta que algo más fuera tragado por el lodo memético de lenta curación que ocupa parte de su cerebro. Al principio, habían sido conceptos amplios y extensos, inalcanzables en su totalidad; una semana había perdido la capacidad de leer, otra había tenido que respirar manualmente, hasta que que le devolvieron la capacidad a través de algo que llamaron "terapia de asociación conceptual". Últimamente, había tenido suerte y sólo había perdido palabras. Podía vivir con eso, y podía recuperar lo que había perdido después de una hora o algo de establecer conexiones entre cosas que parecían no estar relacionadas, hasta que todo encajaba.

Aún así, fue un poco aterrador. Un agujero en el mundo donde una palabra debería estar le robó el habla, dejándole con los viejos hábitos, aunque sólo hubiese sido por un momento.

"Déjame ir a ver", murmuró Shiloh, sin darse cuenta. Lo mencionaría en la terapia o algo así.

El Investigador Junior Isle estaba, de hecho, en la sala de descanso, sentado en algo que Shiloh no podía comprender conceptualmente. Isle era visto principalmente como una molestia; estaba comiendo perpetuamente algún tipo de comida chatarra, nunca parecía salir de la sala de descanso o hacer algún trabajo, nadie parecía estar seguro de para quién trabajaba, y nadie le veía irse a casa. Sin embargo, Shiloh sentía que tenían una extraña alianza, una experiencia compartida sobre una extraña relación con sus géneros y aparentemente también tener algo muy malo con su cerebro. Trató de confirmar esa conexión diciéndole a Isle hola cada mañana.

Shiloh asintió en señal de saludo. Isle asintió detrás de un largo velo de pelo teñido, mirando por encima de la bandeja de bocadillos de queso en sus rodillas.

A pesar de todo, seguía siendo un maldito bicho raro.

De vuelta en su puesto de trabajo; Shiloh no era lo suficientemente importante como para tener su propia oficina, como Laraskë. El espacio alrededor de su terminal apenas estaba decorado, con un colorido cojín en la silla de oficina, un cactus de una sola flor, una nota adhesiva que decía LA CONTRASEÑA ES EL AÑO Y MODELO DEL COCHE DE MAMÁ, y otra que ponía RECUERDA: ENVÍA LOS DOCUMENTOS SCP AL TIPO DE LA ASRI PRIMERO pegada al monitor como los únicos detalles realmente distintivos.

Al principio se había resentido con el trabajo, con inquietud, agobio y cansancio al mismo tiempo, sentía frustración por haberse dejado hundir de alguna manera en un trabajo servil de transcripción, observación y documentación. Cuanto más tiempo pasaba, sin embargo, más se hundía en el papel como un colchón gastado y familiar. Las tareas que le asignaban eran repetitivas, fáciles para distraerse y difíciles de estropear, y el ligero jazz que le permitían poner en los diminutos altavoces de la terminal —otro "acomodamiento"— hacía que el tiempo pasara más rápido.

Era algo, Shiloh se recordó, mientras estaba ante la terminal. Tenía suerte de que aún se le considerara necesario.

SCiPNET - BIENVENIDO
Verificando Sistema:

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Init audit/keylogger.ADMIN:

[ OK ]


Init auth:

[ OK ]


Por favor ingrese sus credenciales:
USUARIO: shoffman2@@fundacion.scip
CONTRASEÑA: maisy1983porsiacasoteamo_

Apretó la tecla Enter.

Cerró sus ojos mientras respiraba hondo.

Credenciales confirmadas.

En su mente, contó treinta segundos.

INVESTIGADOR DE NIVEL 2 SHILOH A. HOFFMAN

Maisy puso su cabeza en su regazo, tratando de consolarle como si hubiera sido entrenada para ello.

Por favor, prepárese para el despliegue de un agente memético durmiente Berryman-Langford para confirmar su identidad.

Esperó seis segundos y medio más. Solo por si acaso.

Si ha introducido estas credenciales por error, pulse la tecla X ahora.

Seis segundos y medio.

Si no lo hace, se enviarán guardias a su ubicación después de que su inconsciencia sea confirmada.

Alguien que había estado allí dijo que sus ojos se habían puesto en blanco, como una caricatura. Que había vomitado, pero que su reflejo nauseoso no se había activado, y que se había atragantado, ahogándose en el vómito.

lo que no debe ser conocido no será conocido nunca jamás hasta el fin de los tiempos

Fue un poco estúpido, en retrospectiva. Aunque apropiado para su cobardía. Todo por una maldita imagen.

ASEGURAR
CONTENER
PROTEGER


Recordó haber entrado en la sala de conferencias para la orientación de Mu-4, y casi tropezó con un escritorio, todavía sin acostumbrarse a su nueva prótesis.

Nadie se le había quedado mirando —no eran malditos estudiantes de secundaria— pero el silencio fue repentino, pesado y tangible. Shiloh había pasado los siguientes veinte minutos o así de la la conferencia intentando sumirse en su asiento, mirando, pero sin comprender, tratando de olvidar y recordar simultáneamente.

Alzó la cabeza cuando alguien comenzó a repartir vendas para los ojos.

"—autorización insuficiente, lo cual va para aquellos que están en su primera asignación— la subunidad Tau, es decir, ustedes. Para los que ya tengan autorización, estoy a punto de mostrarles algo que pueden encontrar difícil de ver directamente. Voy a pedirles que lo vean directamente. Estará claro el por qué en un momento."

Shiloh parpadeó incrédulo. No le dieron una venda. Los guardias en las puertas estaban armados hasta los dientes. ¿Qué demonios?

Después de que todos los que habían recibido una venda la tuvieran bien puesta, la diapositiva hizo click y y mostró — oh, vaya, ouch. Shiloh consiguió morderse la lengua, pero hubo algunos jadeos y gemidos por parte de sus compañeros de audiencia; mirar aquello le había provocado una punzada de dolor directamente entre los ojos, directo hasta la parte posterior de la cabeza. Sin embargo, de alguna manera, no se atrevía a apartar la vista.

"Que no cunda el pánico". El hombre del podio tenía un irritante aire de superioridad. "Ese dolor que sentís ahora es natural, siempre y cuando disminuya con el tiempo como es debido. En este momento, están siendo inoculados contra los agentes meméticos asesinos Berryman-Langford de Nivel 3, los cuales utilizamos para mantener la seguridad de nuestra intranet. Es como recibir una inyección, sólo que en el cerebro. Por favor, mantengan su atención en esa imagen de ahí arriba".

Era un poco hipnotizante, en realidad. Remolinos sobre remolinos sobre remolinos de color, envolviendo sus nervios ópticos. Su boca tenía un sabor metálico y artificial.

"¿Todos lo han visto bien? Ahora pasamos a la siguiente fase de la inoculación. Hay tres fases". Antes de que pudiera parpadear, la siguiente diapositiva estaba allí, y con ella un dolor agudo similar detrás de sus ojos. "Los que tengan los ojos vendados pueden quitarse las vendas ahora, si quieren empezar a convulsionarse, por supuesto". Soltó una carcajada aguda. Shiloh no sabía porqué se suponía que eso era divertido.

"Las tres imágenes serán necesarias. Si tienen curiosidad por saber cómo funcionan exactamente, pregúntenle a alguien de Memética, pero actualmente los puntos de sus psiques que dicen 'sobredosis de cortisol' cuando ven un Berryman-Langford están siendo reprogramados para asociar esos mismos desencadenantes con un estímulo completamente distinto. Concretamente, el sabor de la vainilla".

Shiloh se lamió los labios. Ahí estaba, ligeramente dulce y alcohólico. Todo esto empezaba a ser abrumador.

"Hemos elegido ese desencadenante para que sea obvio para ustedes que la inoculación está funcionando. Sin embargo, no todas sus inoculaciones serán tan obvias. Sólo intenten mantenerlo todo en orden". Sonaba como una especie de magia, demasiado displicente para algo que se suponía debía ser mortal, pero supuso que ya se debería haber acostumbrado. Se incorporó y se recordó que debía concentrarse.

La diapositiva volvió a hacer click, y el dolor se disparó, luego se estabilizó en algo parecido a una migraña tolerable. "Échenle un ojo a eso durante un minuto o así, y estarán totalmente inoculados". Vainilla, rica pero artificial, se sentía pegajosa en su boca. Dolor, sordo y dominante. ¿Ya se había acabado? ¿Estaría a salvo ahora?

Su mirada se desvió, luego volvió. Otra picadura detrás de sus ojos, perforando su cráneo. ¿El tipo había dicho que era normal que el dolor siguiera siendo intenso? No lo podía recordar. El espacio donde solía estar su pierna le dolía de nuevo.

En ese momento, Shiloh decidió no molestar a nadie al respecto.

Se volvió a tropezar con su escritorio al salir.

Cuatro semanas más tarde, el Agente Hoffman del Mu-4 ("Depuradores"), subunidad λ, recibió su primera misión de alto nivel. En realidad, toda la subunidad la recibió, pero no habían congeniado bien; a pesar de trabajar con la electrónica, Mu-4 seguía haciendo ejercicios de campo. Shiloh no podía participar en ellos ni física ni contractualmente, lo que le situaba a una distancia incómoda y lamentable respecto a todos los demás.

Aun así, la transición no había sido del todo mala. En el Sitio-15 había conocido a Laraskë, y aunque no trabajaban a la par directamente, Shiloh recordaba haberla visto rascarle detrás de las orejas a
Josie mientras ésta frotaba su cara por todo el monitor. Ella le había mirado y sonreído, de forma real y cálida, y no con lástima, y entonces pensó que tal vez era posible que sus superiores fueran amables.

Todo el asunto había sido casi teatralmente secreto. Ni siquiera le habían dado la autorización para saber el número del skip, sólo sabía que tenía que intentar descifrar un sistema especialmente resistente, que además era volátil y propenso a autoborrarse. Para entonces, Shiloh había llegado a disfrutar de la programación, a encontrar consuelo en el modo en que los ordenadores funcionaban siguiendo siempre reglas sencillas, y cómo nunca decían nada que no quisieran decir.

Credenciales confirmadas.

Aquella mañana estaba feliz, en su asiento frente a las terminales seguras del Sitio-15. Con entusiasmo, incluso.

Bienvenido, AGENTE HOFFMAN.

Todo había sido tan normal.

Por favor ingrese un comando.

Sólo una puta imagen rutinaria que te mata si la miras.

[shoffman2@@fundacion.scip]$ cd /scipnet/dm/mu4/lambda

Tal vez era una especie de castigo kármico, su cobardía que había sido enterrada bajo un exterior descarado siendo forzada a salir a la luz.

[shoffman2@@fundacion.scip]$ ls -l
-rw-r----- 1 jroger6 mu4 5067 Ene 11 1998 19980111_MU4.scit

Tal vez fue culpa de este jodido trabajo.

[shoffman2@@fundacion.scip]$ xdg-open 19980111_MU4.scit
La información sobre SCP-████ está clasificada bajo NIVEL 3: SECRETO.

¿Pero alguien se merecía esto?

Al continuar, consiente ser expuesto a un agente memético letal.

Se merecía—

LA LUNA NEGRA AÚLLA PARA SACRIFICARSE POR LA MANADA

  se i s

 s    e gu n d o s

 y   m  e  d i o

d     esga rrand    o s u c e rebelo occipital temporal parietal
s u conscie ncia viviseccio nada e inyec tada co n cien mil con ceptos hostiles estu diados como una ra ta de labora torio que se retuer ce echando espuma por la boca

ideas enterr adas en id eas enterradas en ideas enterradas en ideas enterradas en ideas enterradas en absolutamente nada en absoluto en un agujero en el suelo en su en su cráneo en el en sus dientes en V. planifolia en

neuronas asfixiadas por concepciones erróneas escupiendo vísceras en la corteza prefrontal y agarrándose a miembros inexistentes disolviendo tibias y peronés

lenguas forzadas en la garganta abriendo la base del cuello y desviando la comprensión en goteos de líquido cefalorraquídeo

una danza enfermizamente lenta con la realidad en espiral hacia la aniquilación mutua como una pelea de perros como un solvente como un bisturí de la pierna al cerebro

¿por qué mierda no he muerto?

¿Por qué mierda no he muerto?

Era lo único que podía captar cuando volvió en sí. Nada se sentía sólido, ni su entorno, ni su cuerpo, ni su propia mente. Debería haber muerto. ¿Por qué no morí? No podía recordar lo que había sucedido — pensándolo bien, no podía recordar nada en absoluto, ni siquiera podía recordar su propio nombre. Pero no importaba, porque un solo pensamiento estaba allí, persistente, claro como el día. Se aferró a él desesperadamente, un punto de apoyo firme en la realidad. Debería haber muerto. Debería haber muerto. ¿Qué mierda pasó?

De repente, respirar resultaba agotador, algo que tenía que recordar para seguir haciendo. Todo se sentía demasiado pesado, borroso en los bordes, difícil de captar. Sus brazos se sentían pesados y la habitación era demasiado brillante y nada tenía sentido.

Trató de sentarse, de decir algo. Nada de eso funcionó. Un pánico sordo se apoderó de su mente y trató de moverse de nuevo; una sensación consistente con un espasmo de todo el cuerpo recorrió sus nervios, pero todo lo que ocurrió fue un perezoso movimiento de su mano derecha, seis segundos y medio después. Sus párpados parecían cortinas de plomo, demasiado pesados para mantenerlos abiertos, y por un momento tuvo la seguridad de que se había precipitado, de que estaba muriendo, que ya había muerto y esto era lo que venía después.

Alguien a quien no reconoció se le acercó, y al principio creyó que había perdido la audición. Al cabo de otro momento —seis segundos y medio, para ser exactos— se dio cuenta de que podía oír con total claridad a la mujer vestida con la ropa de quirófano que le estaba hablando, pero las palabras se perdían en algún lugar de su cerebro, sin llegar a la parte que analizaba el idioma. Era como un idioma extranjero que reconocía por el sonido, pero que no podía traducir, y sin embargo sabía que era un inglés claro, pero no podía entenderlo, nada tenía sentido, nada funcionaba. En un último intento de comunicación, trató de formar una frase por su cuenta, pero no pudo ni siquiera llegar a poner las palabras en orden hasta que todo se desmoronó en su cabeza, y entonces sus nervios finalmente se despertaron y comenzó a entrar en pánico.

En su estado de frenesí, de alguna manera terminó en el suelo. Algo —no estaba seguro de qué— se sentía magullado, y por primera vez registró la sangre alrededor de sus orejas, seca y escamosa. Sabía que eso era malo, pero no el motivo. La persona se acercó, una inquietante amalgama de humanidad incomprensible, y siguió hablando y haciendo expresiones faciales que no podía relacionar con un significado.

Le sujetó por el cuello y luego le clavó una jeringa en el pliegue del codo. Con esa acción, algo hizo click en su mente, una pizca de familiaridad: Estaba en la sala médica, ahora la reconocía. De alguna manera, había metido la pata otra vez.

El aturdimiento de la droga se extendió como una niebla y su cuerpo volvió a quedar inerte, los músculos dejaron de responder. Su boca no quiso cooperar con las señales instintivas que enviaba su cerebro, pero mientras su visión se nublaba, hizo tres últimos intentos inútiles de producir el habla.

¿Oliveira?

¿Mamá?

Lo siento.

Cuando se despertó, quién sabe cuántas horas o días después, su nariz sangraba. Tenía un poco de aturdimiento, pero también era un poco más capaz de mantener el mundo en orden; su visión era más clara y los nombres de los objetos le venían a la mente con más facilidad. El entorno era estéril y frío, pero más familiar de lo que le hubiera gustado.

Todavía no sabía quién era. Había un peso familiar en su bolsillo trasero al que se aferraba en busca de la respuesta, de manera más innata que nada.

Sus placas de identificación tintineaban agradablemente en sus manos.

NOMBRE: HOFFMAN, SHILOH ANDREW
NACIMIENTO: 23/09/1973
SEXO: N/A
DESIGNACIÓN: MU-4-λ-6
SANGRE: A POS

Shiloh sonrió débilmente, dándole vueltas al nombre en su cabeza, reacostumbrándose. Shiloh, Shiloh, Shiloh. Su nombre era un consuelo en ese momento, un manto de familiaridad en el que podía envolverse.

Al leer de nuevo las etiquetas, sintió que otro recuerdo salía a la superficie.

SEXO: N/A

Había luchado por esas dos letras, gastando horas de papeleo y negociaciones, en la época en que había tenido más influencia. Semanas de reafirmar su identidad, sólo por dos pequeñas letras de reconocimiento. Sin embargo, era bueno tener un recuerdo tangible de ello, algo que pudiera tener en sus manos. Era parte de quienes luchaban, ¿no? Siempre había luchado.

Los pedazos estaban empezando a volver. Bajo una bata de hospital mal ajustada, Shiloh seguía llevando el mismo traje que había llevado antes, salpicado de trozos de vómito seco. Antes… Cerró los ojos e intentó ordenar sus pensamientos. Recordar era una tarea exigente ahora, pero retrocedió trabajosamente el reloj hasta antes de despertar, la orientación, la inoculación, la asignación, la terminal—

Seis segundos y medio después, se enderezó y se encorvó, cubriéndose la boca, sintiendo de repente que iba a vomitar de nuevo. La sangre le manchó la cara con aquel acto, y su lengua tenía un gusto metálico. ¿Era eso? ¿El agente asesino? Pero la inoculación—

Al parecer, lucía con tanto pánico como lo sentía. Una enfermera se apresuró a acercarse, y Shiloh sacudió la cabeza con fuerza, negándose a dejarse drogar de nuevo. Ya había perdido bastante la consciencia.

¿Cómo— pero las palabras no salieron. La boca de Shiloh seguía sin cooperar con su cerebro. Su agarre se tensó sobre las placas de identificación mientras apretaba los dientes, afirmando con su mirada que tenía la suficiente lucidez y consciencia como para merecer una explicación.

Seis segundos y medio.

Seis segundos y medio de exposición a un Berryman-Langford había causado un tipo de daño cerebral que rara vez se veía, del que rara vez se sobrevivía y que no se comprendía bien. Shiloh no iba a morir por ello — al parecer ya había superado esa fase, por lo menos. La inoculación no había fallado completamente. Sin embargo, eso era lo único concreto que todos parecían saber al respecto; las respuestas a las preguntas tácitas de ¿es permanente? y ¿se puede arreglar? eran sonrisas tensas y respuestas diplomáticas, cuidadosamente redactadas, vacías.

De alguna manera, después de suficientes gestos de ansiedad, Shiloh consiguió transmitir su incapacidad para recordar cómo hablar, y recibió compasión en forma de una hoja laminada con el Alfabeto LSE. Lo recordaba vagamente del entrenamiento de Epsilon-11, y se consideró con fortuna al no haber olvidado también cómo leer. Ahora que no estaba Oliveira, no había nadie que le llevara de la mano.

Shiloh se hizo rápidamente dependiente de esa hoja; pasó otra semana y media antes de que empezara a recordar cómo formar palabras, y durante ese tiempo una marcha desconcertantemente familiar de personas con batas de laboratorio y portapapeles le hacían incesantes preguntas. ¿Cuáles son sus síntomas? ¿Recuerda algo antes o durante el incidente? ¿Estaba usted totalmente concentrado en el procedimiento de inoculación? Por lo general, le llevaba horas. A veces faltaban palabras en las preguntas, trozos que su cerebro no había curado lo suficiente como para comprender, y ante ellos Shiloh se limitaba a sacudir la cabeza y verlos marcar "NTS", de "No Tuvo Sentido", en los formularios de evaluación. Al final, aprendió el acrónimo para ahorrarles la molestia.

Tiempo de reacción atrofiado, conciencia espacial limitada, afasia, reducción de las habilidades motoras gruesas, retraso cognitivo, pérdida de memoria, confusión, aturdimiento y "disociación conceptual", lo que sea que eso significase, era la lista oficial de síntomas. Era un caso de estudio — un milagro, técnicamente. Shiloh no sabía si apreciarlo especialmente. Pedazos de la imagen todavía parpadeaban detrás de sus párpados cada vez que cerraba los ojos, grabada en sus retinas, llevando consigo un dolor de cabeza pulsante y una vaga sensación de pérdida.

Durante esa primera semana, Laraskë había ido a visitarle al ala médica varias veces. Era extraño —apenas se conocían—, pero llegó a ser el punto culminante de su recuperación. Era la única que parecía entender que, bajo todos los pitidos de los monitores y los intentos de hablar, Shiloh estaba de una pieza, con lucidez, y era un ser humano. Tuvieron largas conversaciones, casi siempre unilaterales, sobre la familia, el trabajo, los seis gatos de Laraskë. Una vez, Josie la siguió a pesar de las protestas de los asistentes médicos, y el extraño medio gato se acurrucó en su pecho y se quedó dormido.

Unos minutos más tarde, Shiloh había logrado su primera frase desde que se había despertado, vacilante y lenta. No podía recordar exactamente qué era, pero de todos modos no había sido tan importante.

Su conciencia se hizo más y más fácil de manejar a medida que pasaba el tiempo, y para cuando pasaron dos semanas, Shiloh casi se sentía normal. Las visitas de extraños con portapapeles volvieron a aparecer entonces; cada formulario parecía una forma diplomática de preguntar no podemos deshacernos de ti, ¿qué se supone que debemos hacer contigo?.

La mayoría de ellos recibían asentimientos lánguidos y firmas sin sentido. Sospechaban que la niebla mental en la que estaba sumida Shiloh era algo con lo que iba a tener que aprender a vivir.

Sin embargo, un formulario les hizo reflexionar. En realidad, no había prestado atención a la jerga legal hasta que la palabra "responsabilidad" atravesó la niebla de su cabeza, y le vino a la mente algo que Laraskë había dicho: Van a hacer que sea tu culpa. Se apoyó en una de las máquinas más robustas, dio una larga calada a un cigarrillo corto y miró a Shiloh a los ojos. He visto cómo ocurre. Te atrapan cuando no estás poniendo atención. No les dejes, ¿me oyes? No has hecho una mierda.

"… ¿Perdón? …" La voz de Shiloh salió vacilante, insegura.

El hombre que estaba junto a la cama parecía sorprendido, tirando de su corbata. Lo reconoció vagamente, conocía su cara, pero nada más. "Sólo necesito que— firme este reconocimiento de mala conducta durante la inoculación, muy estándar, todo lo que hace es renunciar a su—"

“No, gracias.”

La expresión tensa y educada del hombre se marchitó de un modo extrañamente satisfactorio, como si se tirara de un solo hilo y se viera cómo se deshace todo el jersey. "Señor—"

"Agente", corrigió Shiloh gentilmente.

Apretó los labios formando una fina línea y se ajustó las gafas. "Espero que entienda la incómoda posición en la que me está poniendo".

Shiloh consideró su respuesta. Podía sentir la creciente impaciencia del hombre, y la reconoció mentalmente, pero no hizo ningún esfuerzo por apelar a ella. "Necesito abordar esto con la cabeza despejada". Una pausa; seis segundos y medio para evaluar su reacción. "Me gustaría tener más tiempo para recuperarme antes de tomar una decisión". Su tono era educado, casi manso, pero no le temblaba la voz.

Otro silencio, en el que pasó acomodando cuidadosamente las palabras en su cabeza hasta tener seguridad sobre su orden y significado. Sin querer, interrumpió lo que decía el hombre. Intencionadamente, siguió hablando.

"Quiero presentar una solicitud de indemnización. Si es posible, quiero estudiar la posibilidad de conseguir un animal de servicio". Shiloh hablaba lenta y deliberadamente, con un núcleo de certeza bajo su cortesía.

El hombre esbozó una sonrisa tensa que ocultaba pobremente una amplia gama de emociones fuertes, guardó el formulario en su carpeta, asintió secamente y se fue.

Shiloh se permitió respirar.


Consciencia confirmada.

Exhaló, de forma repentina y contundente, y se lanzó hacia delante, casi golpeando la cabeza contra la pantalla. Joder. Mierda. Supéralo.

Bienvenido, INVESTIGADOR HOFFMAN.

Maisy gimoteó y frotó nerviosamente su pierna intacta. ¿Cuánto tiempo llevaba sin respirar?

Por favor ingrese un comando._

"E-estoy bien, Mae". Era una perra inteligente. Shiloh no recordaba que la hubieran entrenado para saber cuándo estaba teniendo recuerdos. "Estoy bien. Buena chica".

Esto se estaba volviendo un poco agotador, si lo decía con sinceridad. Había solucionado toda la carga burocrática que se le había impuesto hacía unos meses, pero aún le pesaba; todas esas miradas lastimeras, todas esas preguntas invasivas bajo la pretensión de simpatía. A veces tenía la sensación de que ese escrutinio no había cesado nunca. En algún lugar profundo e innato, sabía que había un peso extra sobre sus hombros, la metafórica Espada de Damocles colocada sobre su cuello y lista para cortarle la garganta en el momento en que dejara de ser útil.

Sin embargo, no fue tan dramático. En realidad, Shiloh sólo quería que le dejaran en paz. Ya se había hartado de que le estudiaran y de tener que reivindicarse como ser humano.

Seis segundos y medio después de que ella le hablase, Shiloh percibió a la Dra. Laraskë detrás, hablándole directamente.

"… Lo siento, ¿que me decías?"

"Tenemos una nueva misión". Laraskë se pasó una mano por el pelo. No hizo absolutamente nada para domar el nido de ratas que llevaba por pelo. "Destacamento estacionario, en realidad. Es una especie de nuevo skip de vigilancia basado en la web, y tú y yo tenemos que entenderlo". Una pausa. Sacó un cigarrillo del bolsillo. "Bueno, tú y yo, y unas seis personas más".

Shiloh parpadeó. "¿Cuál es el número?"

El humo flotaba en el aire, espeso y cargado. "Cincuenta y cuatro cero tres."

Suspiró y por un momento se recostó en su silla. Era la primera misión real que tenía en meses y, por un lado, agradecía el cambio de ritmo, pero por otro, se trataba de la Fundación. ¿Quién sabía en qué se iba a meter Shiloh?

Entonces, se apoyó en el escritorio y cerró los ojos, esperando durante seis segundos y medio a que su cabeza se pusiera a la altura de su cuerpo. Se puso en pie de manera lenta y firme, con Maisy a su lado, poniéndole atención. Laraskë sonrió y le devolvió la sonrisa.

Lo que sea que fuese, podía trabajar con ello. Shiloh era parte de quienes luchaban. Siempre había luchado.


segunda mitad de dos
muchas gracias por leer
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