SCP-6500
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SCP-6500-7.jpg

De algo a nada


—Así que eso es lo que hay dentro del Anciano, —se dijo a sí mismo.

Tony Márquez sintió un frío intenso al mirar a través de la ventana con forma humana y hacia el negro aterciopelado del espacio, interrumpido en su centro por la inmensa estructura de piedra del Templo, flotando, o tal vez a la deriva, con su propia quietud impenetrable evocando un frío que iba más allá de la mera piel y encontraba un rincón lúgubre del corazón de Tony para instalarse y arraigarse. Ningún escalofrío podía deshacerse de él. El propio agujero estaba desplegado, con los brazos y las piernas extendidas directamente hacia fuera, y la cabeza inclinada hacia atrás, como si el Anciano hubiera pasado sus últimos momentos mirando hacia arriba y pidiendo perdón a Dios.

Sin embargo, Tony sabía que no era así. En resumen, "ventana con forma humana" era un término inadecuado, y aunque no podía argumentar cuán anciana era esa cosa, Humano era un término muy generoso.

No estaba molesto por ver que se había muerto.

—Supongo que es una buena despedida para el viejo rompe-fémures, —dijo Tony señalando el (a sus ojos) arcaico instrumento que estaba detrás de él a su derecha, negándose a apartar la vista de ese Templo.

—Mhmm, —el Dr. Arceo asintió distraídamente, tratando de escuchar a uno de los asistentes con voz baja del oficial supervisor.

Tony obedeció instintivamente cuando alguien le agarró por el hombro y le hizo darse la vuelta. Comenzaron a introducir una especie de dispositivo en un bolsillo de la parte delantera de su chaleco de combate, que pronto reconoció como un transmisor. Tony lanzó una pregunta por un lado de su boca:

—¿Así que otra vez eres mi ángel de la guarda?

Parecía que Logan Arceo estaba demasiado ocupado para responder, así que Tony le formuló la misma pregunta a un hombre al que había considerado un "tramoyista".

—Hola, amigo. —El tipo levantó la vista y miró a Tony a los ojos. Tony señaló el transmisor—. ¿Arceo va a estar al otro lado de esta línea?

El tipo parpadeó un par de veces.

—Uhh, no sé, —dijo, antes de dar media vuelta y caminar en la dirección contraria, hacia otro grupo de personas con portapapeles y bolígrafos que parecían estar más en el lado de las cosas tecnológicas.

Tony resopló. Nadie nunca sabía cómo hablar con los Clase-D. Deberían dar clases sobre eso, pensó Tony. Entonces se le ocurrió que tal clase podría existir, de hecho, y simplemente terminar después de responder a la pregunta: "No se hace".

Eso le hizo sonreír.

—Me parece justo, —murmuró para sí mismo, y se giró para ver si alguien más estaba a punto de acercársele para darle órdenes.

Por suerte, solo era Logan.

—Lo siento, me estaban dando la cháchara. —Logan extendió una mano—. Márquez.

—Logan.

Logan puso los ojos en blanco.

—Tony, entonces. Me alegro de volver a verte. Estaré al otro lado de la línea, dándote indicaciones.

—Genial, —respondió Tony—, me gustan las caras conocidas. Además, los novatos se cansan de mí con rapidez.

Ambos compartieron una risa ligera y profesional. Una risa que podría compartirse junto al dispensador de agua durante el descanso, excepto que estaban justo al lado del agujero de gusano nacido de los restos de una cosa fétida y vengativa. Así es la vida, pensaron ambos, a su manera.

—¿Me dan algún preámbulo? ¿Un prólogo? ¿O vamos a empezar in media res?

Logan arqueó las cejas.

—¿De dónde sacaste ese vocabulario?

—Hablé con un tal Place, sabía algunas cosas. Pensé que te sorprendería.

—Misión cumplida.

—Hablando de misiones, —Tony se giró de nuevo hacia el cadáver previamente mencionado—, ¿me van a mandar ahí?

Hubo una pausa mientras ambos miraban el acantilado. No un acantilado literal, sino un acantilado en el sentido de que, al mirarlo, podían sentir la caída como si ya estuvieran cayendo, precipitándose hacia el fondo, incluso cuando solo estaban de pie en su borde. Y con esa sensación de gravedad venía la incómoda presencia del planeta, de modo que si uno pensaba en ello lo suficiente, podía imaginar que podía sentir el propio movimiento de la Tierra, tentada como siempre a detenerse de repente y mandarlos volando, para caer más allá de la pulcra pared de roca y hacia un final incierto.

Cada uno de ellos sacudió la cabeza y se volvió hacia la escena, comparativamente digerible, de hombres y mujeres, unos y otros caminando a toda velocidad de un lugar a otro, volviendo a comprobar los datos, probando todos sus instrumentos, escribiendo algo frenéticamente en sus libretas, mirando aquí y allá, hablando con esta persona y con la otra… Se parecen mucho, pensó Tony, a unas avispas averiguando dónde poner un nido.

—Sí, —Logan finalizó el pensamiento olvidado—. Te vamos a enviar allí. Y no tenemos mucho tiempo para preámbulos o prólogos, te iré informando por el auricular a medida que vayas avanzando. ¿Te parece bien?

—Suena bien, excepto que, ¿a cuál auricular te refieres?

—¿Nadie te lo ha dado todavía? —Tony negó con la cabeza—. Muy bien, se lo indicaré a alguien por ti.

Y se perdió, mezclándose rápidamente con el resto de los investigadores y especialistas que lo rodeaban. Tony suspiró. De nuevo solo, se le acercaron rápidamente varios tramoyistas más, haciéndole casi todo menos besarle en la mejilla, darle una lonchera y desearle un buen día en la escuela. ¿Mochila? Listo. ¿Raciones? Listo. ¿Auricular? ¡Oh, lo sentimos por habernos olvidado de eso antes! Listo. ¿Navaja? Listo. ¿Pistola? No estamos seguros de que funcione donde vas, pero listo de todos modos.

—Muy bien, es hora de ponerte el traje espacial, —dijo uno.

—Puedo respirar en el espacio, —respondió Tony.

—¿Qué?

—¿Desde lo de la, uh, estatua que orbitaba la Tierra? O tal vez fue ese tipo soviético. Demasiadas cosas orbitando otras cosas en el espacio, la cuestión es que el tanque de oxígeno es pesado y no lo necesito, así que olvídenlo.

Algunas personas consultaron con otras, se aseguraron de que todo estaba realmente bien, y luego le ataron un tanque de todos modos, porque por supuesto. Lentamente, pero con seguridad, todo el mundo comenzó a salir de la cámara, la más mínima preocupación de ser picado se evaporó a medida que la última avispa se abría paso a través de las puertas, de modo que finalmente, finalmente, Tony estaba solo, con casi el doble de su propio peso en la espalda, encarando ese Templo.

Encarando ese frío abrumador, unos grados más frío ahora que iba acompañado de un correspondiente silencio abrumador.

La voz de Logan llegó por desde el auricular:

—Muy bien, D-11424… —Usó la designación oficial de Tony ahora que los altos mandos estaban escuchando—. … Ya sabes lo que hay que hacer.

—Sí, sí, lo tengo.

Hubo una pausa.

—¿Y bien…?

—Lo siento, —respondió Logan—, es incluso un poco intimidante desde donde estoy sentado, si puedes creerlo.

Allí estaba la familiaridad que Tony quería. Esbozó una sonrisa. No solían hablarle así. Incluso en el frío y clínico mundo de la Fundación, de alguna manera había logrado una conexión.

—Te creo. —Tony miró el agujero y una vez más sintió aquel acantilado. En un tono más bajo—: Por el amor de Dios, te creo.

—Bien. Bueno, entra cuando estés listo.

—¿Tan simple como eso? ¿Una caminata espacial hasta la cosa?

—Sí. Ya lo has hecho antes, debería ser bastante sencillo.

Tony respiró profundamente.

—Debería serlo.

Se acercó al precipicio, con la cara a escasos centímetros del vacío cósmico, sin saber cuáles eran los mecanismos exactos que impedían que él y el aire que le rodeaba - y todo lo que le rodeaba - fuesen absorbidos como en una fisura en un submarino.

Pero los años de experiencia le decían que las preguntas como esa no tendrían respuesta.

—Solo atraviésalo, —murmuró para sí mismo, olvidando que estaba trasmitiendo.

—Solo atraviésalo, —repitió Logan.

Así que lo hizo.

La gravedad se desvaneció por debajo de él, y Tony flotó en la familiaridad deformada que era el espacio. Tony saludó, a su manera, el infinito cielo nocturno que le rodeaba. Bueno, cielo "nocturno". Cielo estrellado. Eterno y en todas las direcciones. Nebulosas y planetas y estrellitas brillantes, bailando en el visor de su traje espacial (que insistía en que no necesitaba).

Se dio la vuelta y vio el otro lado del Anciano. Era extraño que incluso pudiera caber a través de él. La cosa no era más alta que él, y llevaba un traje completo. ¿No debería haber sido eso un problema?

Sacudió la cabeza. Cierto, cierto, cosas anómalas. Si cabe, cabe. Siguiente pregunta.

—¿Qué tan lejos está?, —preguntó.

—¿Tal vez a veinte minutos de caminata espacial? Solo tienes que empezar a pulsar los botones y llegarás eventualmente.

Bueno, esa fue una respuesta honesta. Tony pulsó el botón "avanzar" de la MMU (unidad de maniobra tripulada, por sus siglas en inglés) que estaba en lo que parecía ser el reposabrazos de un sillón que se extendía desde su mochila. Las versiones que utilizaba la NASA eran enormes, pero la Fundación, obviamente, iba por delante; la cosa era esencialmente un complemento desechable de su mochila. No es que él quisiera desecharlo nunca jamás.

De su mochila empezó a salir un chorro de lo que fuera que era, que sólo pudo oír en el vacío del espacio debido a su conexión con su cuerpo. Comenzó a moverse hacia delante, lo que tuvo que ajustar girando su cuerpo para asegurarse de que "hacia delante" era hacia el Templo y no hacia el medio de la nada (y realmente, no había ningún lugar en el que se pudiera estar más en el medio de la nada que en el espacio).

—Bueno, esto nos da algo de tiempo.

—Sin duda que sí, —Logan aceptó.

—En ese caso, tengo algunas preguntas.

—Tengo algunas respuestas, pero solo algunas.

—Como era de esperar. Muy bien, en primer lugar, ¿qué mató al Ancianito?

—Es clasificado.

—Muy bien, sí, lo vi venir. Bueno, huh. ¿Simplemente se convirtió en eso, o…?

El extremo de Logan permaneció en silencio.

—Genial, —dijo Tony—. Muy bien, entonces. ¿Es este lugar lo que creo que es?

—¿Qué crees que es?

—Donde la gente fue enviada. Ya sabes, cuando el vejestorio los atrapó.

—Tienes un amplio vocabulario para los ancianos.

—Tengo un amplio vocabulario de insultos.

Hubo una pausa.

—¡Oye! ¡Yo soy un anciano!

—Lo siento Arceo. Así son las cosas.

Los dos hombres se rieron.

—Me alegra ver que no te sientes demasiado intimidado. En resumen, no lo sabemos. También en resumen, probablemente. Está hecho de piedra, presumiblemente. Es de ladrillos, creemos. Se parece a lo que nos describieron.

—Entonces, ¿estoy en una dimensión de bolsillo ahora mismo, o estamos realmente en el espacio localizable?

—Espacio localizable.

—Maldición. ¿Dónde?

—¿De verdad conoces el cosmos tan bien?

Tony lo pensó.

—No, realmente no.

—Bien. Entonces no tengo que ir a preguntarle a alguien, porque no significará nada para ti.

—Es justo. Muy bien, la siguiente pregunta más pertinente. ¿Qué mierda se supone que estoy haciendo?

Logan soltó una carcajada, que sonó entrecortada a través de los altavoces baratos (¿seguro que tenían fondos para que no todos los altavoces fueran baratos?) que estaban junto a los oídos de Tony.

—Es lo más básico que puedas conseguir, Tony. Reconocimiento.

—Oh, ¿no saben lo que hay ahí?

—No realmente.

Tony inclinó la cabeza hacia arriba para volver a mirar el Templo. Parecía un corazón. Bueno no, no lo parecía, no realmente. Pero se sentía como uno. A través de algún medio invisible e intangible, Tony podía decir simplemente que había algo que lo arraigaba al lugar - que en lugar de solo flotar en el espacio, estaba de alguna manera inmovilizado, tensado por tendones y musculatura cósmicos. Y también pudo sentir, de alguna manera indefinible, que había sangre. Sangre vieja, seca y marrón, que manchaba el vacío a su alrededor, como una estratosfera de muerte antigua, como los restos momificados de un rey asesinado.

—Jodidamente fantástico, —murmuró. Esta vez, Logan no respondió—. Así que por eso no me enviaste con una transmisión en vivo, ¿eh? ¿Le tienen miedo a los memes y a lo demás?

—Esencialmente. Podemos recuperar imágenes más claras de tus recuerdos una vez que salgas. Por eso tomaste mnésticos esta mañana.

—Sí, sí. Oye, esa palabra.

—¿Hm?

—Recuerdos.

—Ah, —Logan respiró profundamente—. Clásicamente evocador. ¿Está evocando algo?

—Sí.

—Me encanta esta parte, —dijo Logan, con la voz más baja, como si hubiera apuntado su micrófono hacia abajo y hubiera hablado con alguien en la habitación con él—. Continúa, —alto y claro de nuevo.

—Tú… Zoquete.

—Ja, ja, ja. ¿Otra vez, dónde estaba ese amplio vocabulario de insultos?

—No fue un insulto.

Se hizo un silencio. Tony lo rompió primero:

—Como sea. Aquí arriba es todo cielo nocturno, ¿no?

—Bueno, no sé si lo llamaría cielo, pero-

—Cállate. Así que está todo estrellado y eso. —Tony suspiró—. Bueno, no recuerdo mucho de mi vida antes de la Fundación. No estoy seguro de si lo hicieron intencionalmente o si es uno de esos efectos secundarios de entrar en contacto con tantas… cosas. O tal vez es solo el hecho general de que mi mente haya sido borrada - siempre me interesó cómo ustedes eran supuestamente tan específicos con esa mierda. Pero, no recuerdo mucho, ese es el punto. Esto, sin embargo…

Tony señaló las estrellas, aunque Logan no lo podía ver.

—Te he contado que siempre quise ser buzo, ¿verdad?

—Lo has mencionado.

—Sí. Bueno, hubo un momento, cuando era joven, en el que siempre pienso cuando digo eso. Y supongo que tenemos tiempo, así que…

—He oído la historia antes.

—¿Qué? ¿En serio?

—Sí. Cuando estabas explorando la torre de los cangrejos.

—¡Bien! —A Tony no se le ocurría nada que decir—. ¡Maldito aguafiestas, bien! Pasaré a la parte relevante.

—Gracias.

—Era de noche, y era el cielo más lleno de estrellas que he visto nunca. Se veía así. ¿Feliz? Te has cargado todo el preámbulo.

—Muy feliz.

Tony murmuró groserías para sí mismo, lo suficientemente bajo como para estar seguro de que el micrófono no las captaría. Cuando estuvo listo:

—Bueno, cuando me pusieron por primera vez en el espacio, pensé, "hey, tal vez será como nadar", porque eso es lo que siempre escuché, que era como nadar. Bueno, ahora que estoy aquí arriba, no. No es como nadar en absoluto. La gente llama a la natación "ingrávida", pero todavía tienes peso, y definitivamente hay cosas a tu alrededor. En el espacio, eres realmente ingrávido, y cuando agito mi brazo, no hay nada en absoluto. Es completamente diferente.

—Huh, —es todo lo que dijo Logan.

—Huh, —repitió Tony.

—Lo siento. No estoy seguro de cómo responder a eso.

—Bien.

El Templo se encontraba ya más cerca, pero cada vez que Tony levantaba la vista, sentía mucho peso en el pecho y tenía que apartar la mirada.

—Parece que voy a llegar pronto. ¿Hay un plan de ataque?

—No. Solo entra y explora, te sacaremos cuando sintamos que tenemos suficiente.

—Entonces, cuando muera.

—No morirás.

—Voy a morir.

Tony no tenía miedo. Ya había muerto antes. Era aterrador en el momento, a menudo muy doloroso, pero no existe ninguna cosa parecida a una Clase-D de profesión que no haya muerto antes. Aunque no podía conocer los detalles, Tony supuso que era uno de los primeros Clase-D en recibir ese tratamiento - ser revivido, de modo que el ser desechable (la D de Clase-D) no era tan necesariamente condenatorio. Tony sintió un gran orgullo por ello. Era D-11424, claro, pero también era Tony Márquez, Especialista en Exploración. Era un honor, a su manera retorcida, donde el honor de todo ello dependía tan intrínsecamente de ser un prisionero infrahumano en primer lugar.

Pero Tony se consideraba una especie de prisionero infrahumano estrella, y estaba bastante seguro de que Logan pensaba en él de la misma manera.

—¡Oh, mierda! —Tony casi chocó de lleno con la pared antes de desviarse hacia arriba, fuera de su imaginación y volver a la realidad. O, tan cerca de la realidad como lo que estaba viendo.

—¿Estás bien?

—Sí, falsa alarma.

De cerca, a unos 30 metros de la pared de ladrillos, Tony podía distinguir un tono orgánico. A lo largo de la pared, unas enredaderas del mismo color rojo remolacha que el resto se enroscaban por todas las grietas y hendiduras de los ladrillos; algunas de las enredaderas más largas y gruesas incluso colgaban de ellos, recordando a Tony las viejas películas de Tarzán.

La arquitectura en sí misma era austera. Los ladrillos de piedra roja, sin una pizca de adorno o arte, creaban kilómetros de paredes planas y sin detalles. Solo de vez en cuando Tony veía una ventana, o tal vez un balcón, o algún otro saliente que parecía puramente utilitario. Sin embargo, sabiendo que el propio Anciano acechaba estos pasillos, la única utilidad que Tony podía imaginar para ellos era la de convertirse en un laberinto.

Se le ocurrió una idea.

—Oye, ¿el Anciano era un minotauro?

—¿Huh? No, lo has visto. Era un humano. Er, humanoide.

—Cierto. Pero, él cazaba gente a través de un laberinto siempre cambiante. Eso es muy de minotauro, ¿no?

—Supongo que sí. Si tú has tenido ese pensamiento, el equipo de investigación también lo ha tenido.

—Bueno, en el caso de que no lo tuvieran, comunícaselo.

—Todo este registro se les presentará una vez que nos vayamos de aquí, así que se abrirá paso en el sistema.

—Perfecto. Bueno, ¿por dónde debo entrar? Estoy justo encima.

—No tenemos ni siquiera un mapa tentativo de esa cosa, así que entra por cualquier lugar a tu disposición.

—Perfecto de nuevo. Te avisaré cuando encuentre un buen lugar.

Tony rodeó la estructura hasta que encontró varios arcos (probablemente la arquitectura más elegante con la que se había topado hasta el momento) que hacían las veces de ventanas hacia un pasillo largo y alto.

—Encontré un buen lugar, tocando tierra.

Tony pasó entre los pilares, tan anchos y altos como las secoyas.

—Muy bien, ahora es cuando empiezo a narrar todo lo que veo, ¿verdad?

—Como de costumbre.

—Muy bien. Es enorme.

—Correcto.

—Sí, sabes que es enorme, pero quiero decir, estoy en un salón ahora mismo, y es como… ¿Has estado alguna vez en una de esas viejas catedrales europeas? ¿Las que tienen ladrillos que parecen más antiguos que la historia? Es así. No soy un tipo religioso, pero, esos lugares… —Tony apuntó su linterna hacia el techo, donde aquellas enredaderas rojas colgaban, haciendo casi un dosel de rojo y a veces un marrón decadente—. Estos lugares. Entiendo por qué se hicieron así. Es como… cuando estás en un lugar tan masivo, tan antiguo y tan silencioso, realmente se siente como si tuviese que haber algo más grande. No sé, ¿entiendes lo que digo? Como, cuando estoy aquí, es como si pudiera sentir a Dios.

Hubo una pausa. En un tono de voz sincero:

—¿Sientes que podría ser un efecto memético?

Tony negó con la cabeza a pesar de que Logan no lo podía ver.

—No. Quiero decir, averiguar eso es trabajo de ustedes, pero yo me siento así cada vez que estoy en una catedral. Solo me lo ha recordado. Siguiendo adelante.

Su MMU volvió a sisear cuando empezó a impulsarse por el pasillo. En medio del espacio, la estructura era completamente negra, excepto donde él alumbraba, e incluso entonces parecía tenue, como si la oscuridad no fuera simplemente la ausencia de luz, sino una fuerza contra la que luchaba constantemente.

El pasillo era largo, así que se puso a conversar:

—Por cierto, este lugar, todo de ladrillos rojos y eso, está cubierto de algo. Parecen enredaderas rojas.

—¿Los dulces o solo enredaderas de color rojo?1

—Lo segundo.

—Entendido.

—¿Debería tocarlas?

—Un segundo. —Se oyó el sonido de Logan apartando el micrófono, y un rumor ininteligible. Luego—: Probablemente no. Todo lo que está vivo, especialmente en un lugar con un historial como este, es potencialmente peligroso. Preferimos que te limites a explorar.

—Copiado.

Tony llegó a un gran arco que conducía a una sala sin ventanas, en lo más profundo del Templo. Al pasar, se encontró con que el suelo desaparecía bajo él, y su luz no parecía alcanzar nada.

—Muy bien, ahora estoy flotando en una oscuridad casi total, así que, hablando de "un historial como este", ¿qué armamento tengo a mi disposición?

—Pistola, navaja, lo de siempre.

—Ah, sí. Armas de la variedad "no podría herir a una mosca anómala". Fantástico.

La MMU de Tony le hizo avanzar, mientras su linterna se encontraba aquí y allá con algún afloramiento de ladrillos rojos, en los que a veces ponía una mano y los utilizaba para impulsarse hacia delante. Finalmente dio con otra pared, y otro arco, que conducía a un estrecho pasillo. Entró sin pensarlo dos veces.

Utilizó sus extremidades en lugar de la MMU para atravesar el pasillo, y el ladrillo se sintió… suave.

—Oye, solo para que sepan, creo que todo esto puede ser algo orgánico.

—¿Cómo?

—Los ladrillos tienen holgura, y los ladrillos no deberían tener holgura. Eso combinado con las enredaderas me hace creerlo, ya sabes. Podría ser una opción.

—Anotado.

Mientras Tony "caminaba" por el pasillo, se dio cuenta de que éste empezaba a dar un giro brusco hacia arriba a la izquierda, perdiendo algunas de sus duras esquinas y convirtiéndose en una forma más parecida a un tubo.

—Hm.

—¿Qué ha pasado?

—Bueno, —Tony metió los dedos entre dos ladrillos que casi se separaban de la pared y se impulsó hacia arriba(?) dentro del tubo—, ¿este lugar no tenía gravedad o algo así? Ya sabes. En la época en que el vejestorio enviaba a la gente aquí".

—Sí.

—¿A dónde ha ido a parar?

—No estamos seguros, pero es posible que el esecepé uno-cero-seis tuviera poderes para alterar la realidad que solo podía ejercer aquí. Sabemos que le gustaba jugar con sus víctimas, así que tal vez una persecución era más divertida si realmente podían correr.

—Jodido.

—Como era de esperar.

—Bien. Bueno, la arquitectura aquí es una tontería. Actualmente estoy subiendo por un tubo y… bueno, mierda.

—¿Qué pasa?

Tony se acercó a lo que parecía una pared hecha de esas mismas enredaderas rojas de antes, enmarañadas unas con otras, excepto que a esta proximidad, podía ver hojas en ellas. Hojas viejas, marrones y marchitas, excepto que parecían…

—Mi camino está obstruido con lianas. ¿Permiso para cortarlas?

—Permiso denegado. Vuelve por donde has venido.

Tony puso los ojos en blanco y se acercó de todos modos. De acuerdo, no hay que hacer cortes, pero ¿qué eres tú?

Vio las hojas y puso su linterna sobre ellas. Parecían abultadas, moteadas con manchas más brillantes y rojas, y más gruesas que cualquier hoja que hubiera visto, con bordes redondeados en lugar de llegar a una punta. Haciendo caso omiso de los consejos, alargó la mano y tocó una.

Su ritmo cardíaco aumentó, pero no ocurrió nada. Bueno, nada le ocurrió a él. La hoja era áspera, y parecía separarse en las junturas cuando presionaba su pulgar contra ella, revelando un rojo más brillante y vibrante debajo, que comenzó a rezumar cuando presionó más fuerte.

—Oye, tengo una teoría, dame un segundo…

—¿Un segundo para qué? ¿Qué estás haciendo?

Con un rápido tirón, Tony arrancó la hoja de la enredadera. Donde estaba el tallo, se acumulaba un líquido marrón aceitoso que se adhería a la enredadera debido a la tensión superficial, asemejándose a una herida sangrante.

Probablemente, pensó Tony, porque eso es lo que era.

—Yo solo… —El pensamiento de Tony fue interrumpido cuando se desorientó repentinamente. Había dado por sentada la cantidad de sentidos que se utilizan para recibir estímulos del entorno, así que cuando las paredes empezaron a temblar en el espacio, no pudo distinguir por un momento si era él el que se movía o ellas.

—¿Qué pasa?

—Las paredes están temblando. Espera un momento…

Tony apoyó una mano en la pared y, a través del traje, el brazo y los huesos, las vibraciones llegaron a su cóclea. Sonaba como…

—Tos. Suena como si algo masivo estuviera tosiendo.

—¿Qué? ¿Qué hiciste?

—Arranqué una hoja de las enredaderas.

—¡Maldita sea, once, te dijimos que no los tocaras!

—Eran lo único interesante en este lugar, ¿esperan que no interactúe con ello? Deben estar-

La cabeza de Tony fue empujada contra una pared, lo que hizo que su cráneo chocara contra el lado de su casco.

—¡Ow, mierda!

—Ponnos al día, once.

Tony ignoró a Logan, y en su lugar levantó la cabeza y agitó la linterna salvajemente hacia el tubo. Lo primero que pensó fue que las enredaderas se habían animado y se habían lanzado contra él, pero estaban tan enmarañadas como cuando las había visto por primera vez. Al girar la linterna hacia el otro extremo del pasillo, solo había oscuridad una vez que los ladrillos se alejaban del alcance de la luz.

—No lo sé, en realidad no lo sé, algo me empujó contra la pared pero no veo nada.

Tony se levantó e hizo una pausa.

—Acabo de levantarme.

—Bien, ¿y?

—No, quiero decir que me puse de pie. La gravedad acaba de ponerse en marcha.

Tony sumó dos y dos.

—Mierda.

—Mantén la calma, ¿puedes volver por donde has venido?

—No, en realidad no. El tubo se curva hacia arriba, tendría que empezar a subir. Así que, oye, ¿permiso para empezar a cortar las lianas ahora mismo?

Tony escuchó un murmullo apagado mientras Logan discutía con los demás en su habitación. Tony, por su parte, no perdió el tiempo, sacando su mochila y buscando una especie de navaja suiza. Una vez la hubo recuperado:

—Concedido, —se oyó la voz de Logan.

—Bien, porque iba a hacerlo de todos modos.

Tony clavó su cuchillo en la primera enredadera y tiró hacia abajo tan fuerte como pudo. Aquella sustancia aceitosa salió a borbotones, cubriendo el cuchillo y sus manos enguantadas, y las paredes comenzaron a temblar de nuevo, esta vez haciendo que Tony perdiera el equilibrio. Hizo otros cortes violentos, maldiciendo la idea de tener que usar una navaja como machete, y cortó las primeras lianas. Sus bordes cortados derramaron en el suelo lo que Tony concluyó que debía ser una especie de sangre, haciendo que sus pesados pasos resbalaran. Eso, combinado con el temblor, combinado con el pánico, empezó a afectar a Tony.

—Puedo oír tu respiración. ¿Estás bien?

—Me resulta difícil mantener la calma.

—Respira. No tienes motivos para creer que algo te persigue. Tienes tiempo. Uno-cero-seis está muerto, ¿recuerdas?

—Desperté algo, Arceo, y no me gusta estar en un callejón sin salida cuando algo está aturdido e irritable.

Tony se apoyó en una pared para no resbalarse y comenzó a cortar más metódicamente las lianas para atravesarlas. A través de sus pies y de su espalda, las vibraciones llevaban el mismo ruido de la tos - húmeda y fuerte y enferma.

Pero entonces terminó. Se limpió la sangre del casco para ver, y descubrió que las manchas de la vieja materia marrón eran tan espesas que no podía ver más que un pie delante de él.

—Oye, oye, tengo un problema.

—¿Cuál sería?

—La sangre está cubriendo mi visión.

—¿Sangre?

—Oh, sí, creo que esas lianas son venas. Sangran cuando las corto. Bueno, acabo de cortar muchos de ellos, y ahora realmente no puedo ver. Aunque la tos ha parado. ¿Hay alguna forma de limpiar esto?

Más murmullos apagados.

—Seré sincero, once, esto era una posibilidad imprevista.

—Maldita sea. ¿No hay un trapo o algo en mi mochila?

—Puede que tengas una lona de plástico enrollada, podrías ver si eso hace algo.

Tony se quitó una vez más la mochila y la colocó en el suelo, pero con su visión disminuida y sus gruesos guantes sin capacidad de tacto, encontrar algo era casi imposible.

—Bien, no puedo ver y no puedo sentir, esto es estúpido. Tengo una idea diferente. —Tony sonrió.

—Muy bien, ¿cuál es?

—Bueno, no tengo que respirar. ¿Lo recuerdas?

—Sí, en realidad.

—Ahí tienes tu respuesta.

—Espera, once-

Tony estrelló su casco contra la pared, rompiendo el cristal en un millón de pedazos. El cristal le salpicó la cara, dejándole más que unos incómodos cortes superficiales, pero se había resignado a lidiar con ello. Se sacudió el cristal del pelo y luego se inclinó para sacudirlo del traje, esparciendo por el suelo fragmentos de cristal manchados de sangre. Sonrió.

—¡Ya está! Ahora puedo ver.

Pero no le salió nada cuando intentó hablar. Se llevó una mano a la garganta y frunció el ceño.

—¡¿Once?! Qué fue eso, escuché el golpe.

—Estoy bien, —dijo Tony—. ¡Estoy bien, estoy bien, estoy bien!

Nada. Los ojos de Tony se abrieron de par en par.

—¿Once? ¿Tony?

Tony se dio cuenta de la situación cuando notó la clara falta de aire entrando en sus pulmones. Sus manos se cerraron repentinamente en puños y todo su cuerpo se tensó. Putas por supuesto. Sabía que podía sobrevivir sin aire, y sabía que era inmune a la descompresión, pero se olvidó por completo de que no podía producir palabras sin un medio a través del cual se esparciera.

Se devanó los sesos buscando otra forma de comunicarse.

—Um, uhhh, —dijo sin decir nada. Se golpeó la mano hinchada y enguantada contra la frente varias veces, antes de darse cuenta de que podía tocar el micrófono directamente con la mano ahora que el visor había desaparecido.

Tap, tap.

—¿Once?

Tap, tap.

—¿Eres tú el que hace ese ruido? Umm, toca… shave and a haircut.2

Tap, tap, ta-tap, tap. Tap, tap.

—Bien, fantástico. ¿Qué hiciste?

Tap.

—Cierto. ¿Sabes morse?

Tony ensanchó los ojos y se encogió de hombros en el pasillo. Tap.

—Voy a tomar eso como un no. Bien, no sé lo que hiciste, pero da dos golpes para decir sí, y un golpe para decir no. ¿Estás bien?

—Tres golpes para decir tal vez.

Tap, tap, tap.

—Bien, de acuerdo. Voy a consultar con el equipo, dame un minuto.

Y Logan se había ido. Jodidamente… genial. Tony continuó por el pasillo, ahora sin obstáculos. También había subestimado lo frío que sería. Era, de hecho, lo más frío que podía imaginar. Casi insoportable. Los movimientos de su cara se volvieron rígidos, pero siguió adelante, mirando a veces por encima del hombro para asegurarse de que seguía sin ser perseguido.

Nunca estaba muy seguro.

Muy pronto, llegó a un pozo.

Oh Dios mío. Era un callejón sin salida, pero con el pánico y una intensa falta de previsión, ¡había sido capaz de llegar a un pozo a costa de su capacidad de comunicación!

Tony se golpeó la cabeza contra la pared varias veces.

Bien, bien. He cavado mi tumba, supongo que será mejor que me salte dentro.

Pero, él no quería saltar. Quería escalar. Y con las manos enguantadas, bajar escalando no iba a ser una opción muy viable. Lo consideró… y luego comenzó a deshacerse de las cosas pesadas. Sacó los brazos, desenganchó varios aparatos, desenganchó los ganchos y, finalmente, las cosas empezaron a desprenderse de él.

Una vez que se hubo desprendido del traje, cogió el transmisor y-

—¿… Estás ahí? Once, ¿me recibes? ¿Qué es ese ruido? No es que puedas responder, pero, ¿estás bien?

Tap, tap.

—Bien. Vale. Sigue adelante.

Tap, tap.

Tony cogió su navaja y cortó el cable del traje espacial, de modo que podía tener el transmisor en el bolsillo y el micrófono y el altavoz colgando holgadamente de su cuello. Mientras el altavoz estuviera en contacto con él, podría escuchar lo que le decían.

Con eso, sacó algunas barras de comida de la mochila, las metió en los bolsillos de su pantalón y empezó a convencerse de que bajar era una buena idea. Se estremeció al pensar que no tendría visibilidad: Tendría que mantener la linterna en la boca, y al no haber aire aquí, la luz de la linterna no se difundía en absoluto, pareciendo chocar con una pared y detenerse allí. Estaría ciego, por la mayor parte.

Y sin poder comunicarse, ya que sus manos estarían ocupadas.

Mierda, pensó. Mierda, mierda, mierda.

Se agachó y metió un pie en el interior. Su estómago bajó desde la altura de su cintura hasta la parte inferior de sus caderas. Cerró los ojos y respiró profundamente y de forma fingida. Se puso boca abajo y comenzó a descender para encontrar un punto de apoyo. Rápidamente, descubrió que su pie, al igual que antes con su mano, tenía la fuerza suficiente para deslizarse entre los ladrillos de la pared, como si se separaran sólo por su presencia. Al menos iba a ser fácil.

Siguió respirando profundamente de forma falsa, como si hubiera un número mágico de respiraciones que, una vez alcanzado, le hiciera estar completamente tranquilo y sereno. No había tal número mágico. O, al menos, no había un gradiente de calma antes de llegar a dicho número, y estaba cansado de esperarlo, así que decidió que empezaría a descender.

Adentrándose en la bestia, pensó, excepto que incluso con un sentido de la gravedad, todo se sentía relativo. Podría, por lo que sabía, estar dirigiéndose hacia el borde.

Un pie entre los ladrillos, el siguiente pie entre los ladrillos, y luego los dedos, y una vez que su mano derecha había puesto su linterna entre los dientes, ambas manos estaban siendo utilizadas para escalar.

Era lento. No era un escalador profesional. Era fuerte, claro. Había estado en tantas misiones de exploración, que era difícil no tener algo de fuerza en la parte superior del cuerpo por abrir puertas atascadas, subirse a las cornisas, dar puñetazos cuando era necesario… Se ejercitaba solo por hacer su "trabajo". Pero no tenía práctica. Le exigía toda su atención.

Afortunadamente, no había nada más a lo que prestar atención. No había ningún ruido, excepto el deslizamiento de los ladrillos cuando los tocaba. No había vista, salvo una mancha roja en su visión periférica procedente de la linterna.

Ese fue el mundo de Tony durante un minuto más o menos. Su corazón se aceleraba un poco más cada vez que intentaba poner el pie en algún sitio y no lo conseguía, pero era capaz de buscar en la oscuridad algo que funcionara.

Abajo y abajo y abajo.

¿Se estaba curvando hacia afuera?

—Tony, ¿me escuchas?

Tony se dio cuenta de que su cuerpo estaba algo inclinado. Los puntos de apoyo de sus pies estaban más dentro de la pared que los de sus manos. Si la pared seguía curvándose hacia fuera, pronto sería incapaz de aferrarse a ella. Con cuidado, retiró la mano izquierda de la pared y sintió que se balanceaba muy ligeramente, muy suavemente, hacia la derecha, lo que hizo que se le tensara el pecho.

—¿Tony? ¿Once?

Se tragó el miedo y dobló la mano izquierda hacia su micrófono, dándole dos golpecitos.

—De acuerdo. Puede que tengamos una forma de extraerte por la fuerza, ya que esta comunicación limitada es horrible. ¿Sí o no? Si estás encontrando cosas interesantes, podría ser mejor que te quedes en lugar de que tengamos que esperar una semana para volver a poner en marcha esta operación.

Tony abrió los ojos todo lo que pudo a pesar de que el frío le endurecía los músculos, y volvió a estirar la mano para golpearlo de nuevo, solo para descubrir que su rápido movimiento y el balanceo de su brazo le habían hecho caer el micrófono del hombro.

Todo se tensó mientras intentaba averiguar cómo solucionar el problema.

—¿Tony? Esos fueron un montón de golpes.

Logan debió de oír el sonido cuando el micrófono llegó al final del cable, colgando sobre el… ¿Piso? ¿El vacío? La mano libre de Tony se dedicó a otra tarea, sacando la linterna de su boca y apuntando hacia abajo.

Excepto que en esta posición, Tony no podía voltearse para ver qué tan lejos estaba el suelo de él. Podría no haber suelo. O podría estar a dos pies de distancia.

—¿Estás bien? ¿Estás ahí?

¡Mierda, mierda, mierda! Tony volvió a meterse la linterna en la boca y trató de estirar el brazo para agarrar el cable, pero no consiguió agarrarlo. Sintió que podría haberlo conseguido, cuando su mano derecha, cubierta de sudor, empezó a resbalar de su asidero. Sintió que el corazón le oprimía tanto las costillas que pensó que podría haber sufrido marcas de parrilla, así que instintivamente volvió a meter la mano izquierda en la hendidura anterior, y la dejó allí.

El sudor le caía por la cabeza. Un sudor frío que se sentía como una lluvia de invierno que venía de la nada.

—¿Once? ¿Tony? —Pronto el murmullo apagado de nuevo. Logan se estaba reportando. Tal vez estaban tratando de invocarlo de regreso. Eso tendría sentido. Pero eso llevaba tiempo, y Tony estaba a punto de caer ahora.

Sin embargo, eso le dio un buen recordatorio.

Si muero, simplemente me despierto de nuevo. La única variable real es cuán dolorosa es la muerte.

La caída hacia la muerte era a veces dolorosa, o era una caída tal que resultaba solo un instante, dependiendo de la altura y el ángulo. Pero a Tony se le escapaba el agarre, y no le importaba pensar en esas cosas.

Suéltate, suéltate, suéltate.

Se lo repitió varias veces a sí mismo antes de poder convencerse de hacerlo.

Y entonces estaba cayendo.

O al menos, supuso que lo estaba haciendo. Había gravedad pero no había aire, y todo lo que le rodeaba se convirtió en una negrura absoluta, de modo que no había ningún punto de referencia.

Con las manos libres, empezó a girar para intentar recuperar su micrófono, solo que ahora se daba cuenta de que al girar en el espacio estaba perdiendo el sentido de la orientación. Podría estar cayendo de cabeza por lo que sabía.

En cambio, cayó sobre su cadera y sintió que algo se rompía.

Hubiera habido un grito de dolor si hubiera tenido un medio para que el grito se escuchara.

En su lugar, escuchó:

—Eso sonó como algo malo, ¿estás ahí Tony?

Bueno, eso y más. Oyó, por debajo de él, una corriente. Una corriente gorjeante e inconsistente, y cuando por fin tuvo la presencia de ánimo para recuperar su linterna, la apuntó por debajo de él para averiguar qué era sobre lo que estaba.

Enredaderas.

Venas, en realidad.

Una enorme maraña de ellas, y cuando su linterna encontró las esquinas de otros objetos, se dio cuenta de que debía ser algo así como una bola de esas cosas, enredadas entre sí, con extensiones tensas y largas que mantenían la cosa suspendida en cualquier vasta cámara en la que debía estar.

Y él estaba encima.

Con una cadera rota.

Oh, Dios mío. Soy un idiota.

La realización fue casi reconfortante, y soltó una risita insonora.

Cuando salga de aquí, esto va a ser una historia divertidísima. Lo hice todo mal, me hice mucho daño, no aprendí una mierda, y perdí tiempo y recursos. Este es definitivamente uno de mis peores momentos, y va a ser jodidamente divertido.

Asintió para sí mismo, con una media sonrisa y un medio gesto de dolor.

—Tony, creo que vamos a terminar con esto, parece que las cosas salieron muy mal y no estamos cómodos con que la misión continúe mientras no tengamos idea de lo que está pasando. Quédate ahí durante treinta minutos.

Bueno, puedo hacer eso, pensó.

Sentía la espalda fría y húmeda. Debió de hacer estallar algunas venas al caer de lleno en ellas. Pero, ¿frío? Tony sacó la mano derecha del líquido y apuntó la linterna con la izquierda. La sustancia, lo que supuso que era sangre, estaba fría. Fría, marrón y diluida: Una consistencia más parecida a la del agua lodosa que a la de la sangre.

Volvió a bajar las manos. No tenía sentido moverse. Además, al moverse le dolía mucho la cadera, así que se iba a quedar quieto. Dios, estaba frío. Tony había subestimado lo frío que era el espacio. Tenía sentido en retrospectiva. ¿No debería haberlo recordado? Parecía que había tantas cosas que se suponía que debía recordar, como bucear en la bahía, o su primera exploración como Clase-D. Los años le habían quitado eso poco a poco. No sabía por qué mecanismo. Recordaba que era capaz de sobrevivir en el espacio, pero por alguna razón no había recordado lo frío que era.

Sacudió la cabeza. Había aprendido a-

Hey, espera un segundo.

Movió la cabeza una vez más, para probar. No. Sí. Era cierto. Como una rana en agua hirviendo, no se había dado cuenta de que el líquido se estaba arrastrando sobre él. Tal vez el mismo adormecimiento que había ocurrido alrededor de su cadera lo había convertido por completo en un tipo especial de adormecimiento, pero definitivamente se estaba hundiendo.

Bueno, pensó, eso no puede ser bueno.

Intentó apoyarse en los codos para sacar al menos la parte superior de su cuerpo de la charca, pero cuando hizo presión, su brazo simplemente se deslizó entre dos venas reventadas, y sintió que se apretaban a su alrededor. ¡Por supuesto que pueden moverse! ¡Dios, joder, maldita sea!

El líquido se tragó la linterna, que ahora solo era un tenue resplandor marrón en el charco, y luego empezó a subir hasta su pecho, que utilizaba toda su fuerza interior para mantenerlo desesperadamente por encima de la sustancia. Intentó sacar el brazo de debajo de las venas, pero al hacer el movimiento su cadera fue atravesada por un dolor tan fuerte que volvió a tumbarse de golpe para intentar calmarlo, colocando su ojo izquierdo a medio camino bajo la porquería.

No necesitaba respirar, pero lo hacía instintivamente, y en seguida inhaló una bocanada de sangre marrón y turbia, que le hacía toser, carraspear, resoplar, luchando sólo cuando podía razonar más allá del increíble dolor de su cadera, volviendo poco después al charco, que le iba ganando, subiendo sobre él, subiendo y quemando su nariz, haciéndole jadear por un aire que no existía, agitándose como un pez, salpicando el líquido, y entonces, finalmente, se sumergió.

Irónicamente, vio más de lo que había visto antes. La linterna rebotaba entre el líquido, y no estaba rodeado de negrura, sino de un marrón fecal y putrefacto, que sabía a hierro y que no se parecía a nada que hubiera sentido antes. A pesar de que parecía tener la misma consistencia en todo momento, al moverse sintió como si algunas partes fueran más densas que otras, como si el líquido se plegara sobre sí mismo, si es que tal cosa fuera posible.

Intentó aguantar la respiración todo lo que pudo. Se le ocurrió - oh, Dios, se le ocurrió - que aunque sobreviviría, cada respiración de esa cosa dulía. No necesitaba oxígeno, pero sus pulmones seguían rechazando el líquido como si se estuviera ahogando de verdad. Se retorcía, se retorcía - flotando en esa cosa, su cadera le dolía menos con sus espasmos. Flotando.

Las venas se desprendieron lentamente de su brazo derecho, y ahora era libre de nuevo. "Libre". Se agitó antes de encontrar un propósito, agarrando la linterna e inmediatamente nadando hacia arriba, usando solo sus brazos para que su cadera no arruinara sus intentos. No podía saber si estaba progresando. Todo parecía igual. Dejó de nadar solo un segundo para ver si se hundía… y lo hizo.

Con un sentido de la orientación, se esforzó por subir, luchando contra el instinto de respirar, recordándose continuamente que no lo necesitaba, que podía aguantar la respiración eternamente. Su progreso era lento (pensó, al no tener puntos de referencia), pero lo estaba logrando, hacia arriba y hacia arriba, la piscina parecía mucho más profunda de lo que era.

Entonces, chocó con algo.

Agitó la linterna y descubrió que su salida estaba bloqueada. Bloqueada por esas venas.

Intentó encontrar su navaja pero rápidamente se dio cuenta de que su mochila había desaparecido en algún momento. Debía de estar flotando en alguna parte, o se la había dejado arriba mientras le engullían.

Luchó por conseguir una idea, y antes de poder evaluar si era buena o no, decidió hundir el brazo en las venas. Movió la mano y el antebrazo, intentando atravesar la masa enmarañada, para averiguar cuán gruesa era - si podía o no cortarla en primer lugar, o, tal vez, para ver si podía simplemente empujarla hasta atravesarla.

Hizo algún progreso. Con movimientos que requerían tanto esfuerzo, sintió un profundo y primitivo deseo de respirar, al que, por supuesto, estuvo a punto de ceder antes de recordar que no debía hacerlo. En constante guerra con sus impulsos, su cuerpo no se acostumbraba a la idea de aguantar la respiración.

Entonces lo vio.

Su brazo, es decir.

Lo tenía hasta el codo dentro de las venas, y apenas sentía el frío impresionante del vacío del espacio al otro lado. Se miró el bíceps, y se estremeció.

Se estaba pudriendo.

La piel parecía papel húmedo y rasgado, a la deriva en el líquido marrón estancado, revelando un derrame turbio y algodonoso de grasa y pus y sangre por debajo.

Finalmente su cuerpo ganó, y jadeó involuntariamente, pero no le dolió, y en el mismo espasmo su mano izquierda perdió el agarre de la linterna, que se fue alejando suavemente, eliminando cualquier posibilidad de visión.

Sin la conmoción de tener que mirar su propia figura disecada, Tony pudo calmarse.

De acuerdo, pensó, me estoy muriendo.

Ya había muerto antes. Esto no era particularmente nuevo para él. Estoy siendo digerido por este fluido. Ahora tiene sentido, debe tener un agente adormecedor, por eso no sentí que se arrastrara sobre mí, y no sentí que me comiera el brazo, y ahora no me duelen los pulmones cuando lo respiro.

Fue, a los ojos de Tony, un alivio. Por fin no había incertidumbre, y la cosa que lo estaba matando tuvo la amabilidad de hacerlo… Si no rápido, al menos indoloro. Supuso que en cuanto llegara a su cerebro o a su corazón, habría terminado.

Con eso, se permitió respirar, aunque fuera este veneno.

Brazo hasta el codo en las venas.

Respirando sangre.

Siendo digerido.

//Esta es probablemente un forma típica de morir para un Clase-D, // pensó Tony.

Y así dejó de luchar. Simplemente flotó. Apenas sintió nada. La linterna continuó hundiéndose, y pronto, su luz desapareció por completo. De un marrón oscuro a la negrura total. En algún momento del proceso, lo único que quedó fue el sonido.

Tony podía oír el chapoteo de la sustancia, con sus músculos retumbando en sus propios oídos, los latidos de su propio corazón. Pero entonces, eso también desapareció de repente. Debe haber llegado a mis oídos, pensó. Sin sensibilidad, sin vista, sin sonido. Esto es lo más consciente que he estado nunca mientras he estado completa y totalmente muerto. Puede que hubiese sonreído, pero estaba demasiado entumecido para saberlo.

Solo oscuridad.

Y sus pensamientos.





























Y entonces no hubo nada.

Un mero pincelazo de nada.

Tan ancho como el universo, y el universo era pequeño.

Una sola dimensión. Un único punto, que contenía todo lo que ha sido y será, de la nada y de las posibilidades que hay en ella.

Que, a su vez, explotó.

En luz.

En materia, en una cascada, expandiéndose, luchando contra el punto, convirtiéndose en líneas y luego en formas y luego en prismas, en dimensiones sobre dimensiones, creando y naciendo y siendo, y de repente había estrellas, y había planetas, y había sólidos y líquidos y gases y plasmas, llenando el universo de punta a punta, y el universo era grande,.

era enorme,

era

gigantesco

y era

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oscuro. Tony flotaba en un vacío viscoso, algunas partes más densas que otras, como si el espacio se plegara sobre sí mismo, si tal cosa fuera posible. Intentó gritar, gritar, pero todo lo que salió de él fueron burbujas. Burbujas de cosmos que flotaban fuera de él y estallaban en nebulosas y escombros.

Todo lo que podía hacer era mirar.

Mirar cómo el algo creabaeó patrones. Patrones demasiado vastos para comprenderlos y demasiado pequeños para notarlos. Galaxias en espiral, arremolinadas, hechas de espirales, sistemas solares arremolinados, hechos de espirales, lunas arremolinadas, hechas de espirales, vida arremolinada.

La Tierra.

Tony dejó de gritar, cuando empezó a reconocer la bola de roca y agua - su conciencia, de todo el universo, enfocándose en algo familiar, este germen, esta mota de importancia que había identificado. Para sorber su caldo primordial.

El tiempo casi se detuvo para que pudiera contemplar su opulencia. La cosa joven. Ver cómo se creaba su luna. Ver cómo los asteroides picoteaban sus mejillas.

Pero no se detuvo.

Un torbellino de historia pasó por delante de Tony.

La vio toda.

Vio las eras de hielo. Vio a los dinosaurios llegar y desaparecer. Vio desarrollarse a las arañas por primera vez. Su cerebro disperso se sintió fuera de orden - porque en tal escala de tiempo, realmente, ¿no sucede todo a la vez? ¿Qué separa los martes de los domingos, los diciembres de los septiembres, los años de las décadas de los siglos de los milenios, un eclipse del siguiente? ¿Una especie de su vecina? ¿Narmer de Jesús de Sakamoto?

¿Los dioses de los mortales?

¿Tony de todo lo demás?

Y así, como una manzana, la Tierra se fue. De repente, desapareció. La humanidad, desvanecida.

Tony sintió que sus propios átomos perdían integridad.

Sintió que la propia materia oscura se descomponía.

De la nada a los ancestros a la progenie a la nada.

Las luces se apagaron.

El universo se encogió.

De vuelta a un pincelazo.

De algo a nada.

—El camino de todo.

—¿Tony? Nuestra conexión remota no funciona. ¿Sigues ahí?

Logan Arceo estaba sentado frente a un ordenador en el laboratorio. Un pequeño grupo de médicos, investigadores y supervisores estaban a su espalda, observando por encima de sus hombros una de las cámaras. Mostraba el ritual que había fracasado - velas y círculos y todo tipo de símbolos de los que Arceo no sabía nada.

Logan apartó el micrófono.

—Su transmisor aún está habilitado, pero no recibimos nada de él. Podría estar muerto.

—Podría estar vivo, —dijo alguien desde atrás—. El ritual también convoca cadáveres. Algo más debe estar interfiriendo.

—¿Así que estás diciendo que el ritual, qué, lo rechazó?

—Es una posibilidad.

Logan se pasó una mano por la frente.

—Bien, bueno. ¿Cuáles son nuestras opciones? ¿Enviar a alguien más?

—Creo que la excursión de D-11424 ha demostrado que el lugar es demasiado peligroso para enviar un DM. Necesitamos otra misión de reconocimiento.

—¡Considera que el lugar podría ser demasiado peligroso para una misión de reconocimiento! —Logan replicó.

—¿Recuerdas lo que le pasó a los drones?

Logan, por primera vez, se dio la vuelta por completo para ver a sus críticos, como él los consideraba.

—Sabemos que responde a la materia inorgánica. Tal vez lo que D-11424 nos mostró es que también responde a la materia orgánica. Solo que de forma diferente.

—Es una posibilidad.

Logan negó lentamente con la cabeza y preguntó:

—¿Por qué tenemos que mantenerlo en la oscuridad?

—No haga preguntas estúpidas, Dr. Arceo.

Se volvió a girar en su silla.

—Bien. Despierten a otro. Podemos enviarlo en otras tres horas.

—Bien.

Un poco de arrastre de pies, y la pequeña multitud se dispersó.

Logan dejó escapar un largo y exagerado suspiro. Lo hizo de nuevo justo después, también, solo para realmente sacar esa energía. Dios, pensó, solo… Dios. Volvió a acercar el micrófono a su cara, y en un momento de autocomplacencia:

—Sé que probablemente estés muerto, pero vamos, estar al otro lado de esta línea también apesta.

Tony miró fijamente el transmisor mientras sonaba.

—Es que tenemos poco tiempo, eso es todo, —se oyó la voz confusa de Logan—. Creímos que podríamos hacer al menos algún progreso hoy y parece que eso no va a suceder. En el caso de que estés vivo, bueno, eso también apesta en cierta manera.

Cogió el diminuto altavoz entre dos dedos y se quedó mirándolo.

—De todos modos, sayonara. Hablaremos más tarde, supongo.

Y entonces la transmisión se detuvo. Tony se encogió de hombros y esbozó una sonrisa. Una sonrisa atroz, sin mejillas - la primera que tuvo el placer de comprobar que le llegaba literalmente de oreja a oreja.

Deslizó el altavoz hacia la palma de su mano, cerró los dedos en descomposición sobre él y presionó. Abrió la palma de su mano, lo poco que quedaba de su piel húmeda y desprendida se pegó entre la mano y los dedos, estirándose en tendones fibrosos y luego rompiéndose.

El altavoz había desaparecido. Nunca antes el metal se había oxidado y doblado tan rápidamente, abollado, arrugado y desmenuzado. Frotó sus restos con el dedo meñique antes de girar la mano y dejarlo caer al suelo. Pisó el micrófono, el transmisor y su correspondiente maraña de cables, y una vez que retiró el pie, un ácido los había erosionado por completo. El tiempo se había apoderado de ellos ante sus propios ojos.

Respiró la nada profundamente, con los ojos muy abiertos porque ya no tenía párpados para cerrarlos - ni nada sobre qué cerrarlos.

—Lo siento, —refunfuñó. No había aire en el espacio, pero aunque lo hubiera, su garganta, ahora abierta por delante, seguiría sin soportar una palabra que dijera. A pesar de esto, fue Escuchado—. Ahora volvamos a lo relevante. ¿Quién eres tú?

Tony dirigió la pregunta a la oscuridad. La oscuridad grotesca y pútrida que se presentaba ante él, no atravesada por ninguna linterna, pero que se Veía como ninguna otra. Rápidamente, en respuesta a su pregunta, comenzó a abrirse. Los ladrillos rojos junto a sus pies se separaron, se agrietaron y se desintegraron. Cuando el suelo desapareció, Tony flotó y, por una fuerza invisible, fue arrastrado.

Intrépido, Tony se enfrentó a la oscuridad, sin rastro de miedo en su rostro carcomido, sus fosas nasales llenas de costras, sus cuencas chorreantes. Y a medida que la oscuridad se abría, empezó a Ver, a Ver un ser, una entidad, primero una silueta, que surgía de la negrura como un nadador que se adentra en la superficie - arrastrándose de la negrura como un elefante atrapado que lucha por atravesar alquitrán.

Y una vez que esa sustancia pétrea se desprendió de su piel lo suficiente como para que Tony pudiera verle realmente, su horrendo semblante acaparó por completo su atención.

La coraza era casi humana. Casi. Inquietantemente cerca. Parecía un cráneo con capas de piel, pero sin la ayuda de los músculos - piel que a su vez parecía capas de bultos secos, irritados y tumorales, con pliegues claramente visibles, raspaduras, escamas y pequeños pinchazos por los que salía pus, sangre y ese repugnante líquido marrón fecal. Sus cuencas no estaban vacías, y sin embargo no estaban llenas de ojos. Parecían llorar estiércol, tierra - como tumbas excavadas que se derramaban, y detrás de esa tierra se extendía esa misma oscuridad pétrea. Tony pensó que podía distinguir algo allí, algo… desconectado, como si el universo conocido no penetrara más allá de ese negro, y que en su interior yacía una decadencia tan fuerte que convertía la materia no solo en suciedad, sino en nada.

—Yo soy la Putrefacción.

Su voz siseaba y borboteaba y estallaba como los gases de un cadáver que se abren paso a través de la carne hinchada.

—Eso responde sorprendentemente poco, —respondió Tony.

— Yo soy la Descomposición. Soy lo que se rompe, soy lo que se despedaza. Soy el lento retorno de todo a la nada. Soy la Podredumbre. Soy el Deterioro. Soy la Entropía. Soy la Muerte, y soy la Agonía.

Tony asintió lentamente, observando cómo su boca ni siquiera se movía - sus dientes eran tan grandes que Tony podía caber en los huecos entre ellos.

—Vale, eso tiene más sentido.

—¿Quién eres tú?

Tony levantó su única ceja funcional.

—¿Yo? Honestamente, solo un tipo. Entré aquí sin más. Mi nombre es Tony Márquez, encantado de conocerte.

—Tú no eres Tony Márquez.

—¿Qué?

El rostro se acercó, y con la distancia más corta, Tony vio que una sustancia grumosa de color marrón verdoso salía de las fosas nasales del ser y descendía hacia el labio superior.

—Solo crees que lo eres.

—Déjate de tonterías crípticas y explícate.

—El verdadero Tony Márquez murió en un accidente de buceo, en Jacob’s Well.

—¿Ese sumidero con agua dentro? Era un sueño imposible, nunca aprendí a bucear.

—Llevas sus genes, pero no eres él. Trabajé en su carne hace más de un siglo. Sus ojos alimentaron a los peces antes de que su cuerpo fuera recuperado. Lo que queda de él se ha difuminado en la tierra. Tú no eres Tony Márquez.

Las mejillas de Tony se agitaron allí donde había tendones que soportaban tal agitación.

—¿Por qué me dices esto?

—Veo un gran potencial en ti.

—¿Potencial? ¿Potencial para qué?

—Potencial para la Putrefacción.

Detrás de la Putrefacción surgieron figuras desde la oscuridad, como peces muertos que suben a la parte superior de un tanque, flotando silenciosamente hacia adelante. En cada una, Tony vio… el Templo.

Eran los restos del Anciano. Excepto que había muchos. Los Ancianos y sus formas humanas no eran más que meros portales, llenos de estrellas y de un frío impresionante, y en sus pechos había visiones de este lugar, este Templo de la Putrefacción, este corazón lacerado que bombeaba sangre hacia la nada.

—Mis acólitos están cumpliendo su propósito final; están decayendo más allá del punto de utilidad. En su más alto honor, han venido aquí a morir.

—¿Por qué? ¿Por qué están muriendo?

La Putrefacción solo tosió - una tos húmeda y enfermiza, acompañada de ese fondo siseante y efervescente de su voz, más fuerte que el propio pensamiento.

Con el tiempo, respondió:

—Todos estamos muriendo.

—¿Qué quieres decir? ¿Por qué me perdonaste?

—Una vez que conociste tu destino, te hiciste uno con él. No luchaste contra lo inevitable. Respetaste mi creación con tu propia destrucción. Por eso, te recompensé con la Verdad, y la aceptaste. El destino de todo. El regreso a la nada. Por eso, vi un gran potencial. Dentro de ti veo la Muerte. Veo un ciclo eterno de vida y decadencia. Veo que tus propios recuerdos te fallan, veo que tu alma se desgasta con el tiempo. Todo lo que sabes es morir y renacer y morir de nuevo. Por eso, te hago una oferta. Te doy la oportunidad de ocupar mi lugar.

—¿Qué? Mierda, ¿qué? No, ¿por qué?

—Estoy muriendo.

La oscuridad se dividió de inmediato - toda ella. Y de debajo, surgieron las venas.

Millas y millas de venas enmarañadas, con esas hojas costrosas salpicando su superficie, algunas reventadas y derramando líquido, otras sobresaliendo como cables vivos, algunas colapsadas, otras con coágulos, y todas ellas enrolladas en una masa humanoide que conformaba el cuerpo de este ser, de la Putrefacción, cuya cabeza podrida flotaba, desconectada del torso y los apéndices.

—Una vez creí que sobreviviría para ver el fin de todas las cosas, el regreso a la nada que tanto busco. Creí que yo mismo lo llevaría a cabo.

Una mano, del tamaño de una casa y hecha de esas mismas arterias retorcidas, se hundió en el enredo del pecho de la Putrefacción.

—Parece que no viviré para ver ese destino.

—¿Por qué? ¿Qué pasa?

—Esas cosas están más allá de mi conocimiento, pero veo un cambio en la realidad. Huelo una putrefacción que nunca imaginé que fuera tan rápida. La entropía se acelera a un ritmo que no había creído posible. Es hermoso. Yo y mis acólitos estamos orgullosos de ser víctimas de tal poder.

Las venas de la mano se desprendieron de su pecho, y con su contracción se produjo una efusión de aquel fluido marrón aceitoso, como si se tratara de una presa que se rompiera. Se derramó por el pecho de la Putrefacción y cubrió su cintura y sus piernas.

La mano se extendió hacia Tony, y al hacerlo, pareció encogerse, de modo que una vez que estuvo a su alcance, tenía la proporción que Tony podría esperar de otro ser humano. En su palma… había un corazón.

Las venas derramadas de la Putrefacción empezaron a perder su tono rojo brillante, oscureciéndose ante la falta de ojos de Tony.

—Tómalo.

Tony extendió sus propias amalgamas de grasa, músculo y hueso, y la Putrefacción colocó suavemente el corazón palpitante en su cuna, con tanto cuidado como el intercambio de un animal pequeño.

—¿Por qué? ¿Qué es esto?

—Con cada latido de mi corazón, el universo se acerca al umbral de su desaparición. Puedo morir, pero temo lo que pueda ocurrir en mi ausencia. Con mi esencia en manos de otro, no voy a desaparecer tan fácilmente.

—¿Cómo puedes morir? ¿Qué, qué puede matar a algo tan poderoso como tú?

Su cuerpo comenzó a colapsar, a arrugarse, sus venas se arrugaron y retorcieron como gusanos cocidos. La piel tumoral comenzó a derretirse de su cabeza, y a revelar el hueso blanco y limpio que había debajo.

—Yo soy la Descomposición. Soy lo que se rompe, soy lo que se despedaza. Soy el lento retorno de todo a la nada. Soy la Podredumbre. Soy el Deterioro. Soy la Entropía. Soy la Muerte, y soy la Agonía. Si yo no fuera mortal, sería falso.

—¿Pero qué se supone que debo hacer con esto? ¿Qué va a pasar?

Incluso su cráneo empezó a resquebrajarse y a convertirse en polvo y suciedad. Los contornos de sus discípulos desangraron el espacio y las estrellas en la oscuridad, llenando el vacío con un frío impresionante que mordía las entrañas expuestas de Tony. La Putrefacción cayó sobre sí misma, implosionando como un cadáver arrojado a una tumba de agujero de gusano, enterrado por un sepulturero invisible con montones de cosmos y materia oscura.

Y entonces Tony sintió un dolor punzante en el pecho. Miró hacia abajo y vio que las arterias extendidas del corazón se clavaban en su cavidad torácica abierta, extirpando su propio corazón mohoso como un apéndice roto.

Tony gritó mientras la Putrefacción se abría paso hacia el centro de su ser, pero ya no había nadie para Escucharlo.

—Mierda, murmuró Arceo en voz baja.

La cámara. Apuntando al cadáver del Anciano. La habitación donde SCP-106 residió una vez. La habitación que fue recientemente abandonada para dar paso a la excursión de D-11424. Allí, en medio de ella.

Arceo arrancó su radio de la mesa, sintonizó la frecuencia del Comando del Sitio y dijo:

—¡Protocolo Ekhi, ahora!

Una breve pausa mientras comprobaban sus credenciales, y luego:

—10-4. —Sin embargo, antes de que lo confirmaran, Logan Arceo ya estaba corriendo desde su silla hacia la salida, el trasto con ruedas saliendo volando hacia el escritorio, los compañeros de trabajo y los investigadores sobresaltados por su alarma, sus ojos rastreando su camino de vuelta al escritorio, viendo la transmisión de la cámara, y entrando al instante en un estado similar de pánico sin límites.

El nido de las avispas había sido sacudido.

Las escaleras estaban inundadas de gente, pero los años de entrenamiento hacían que todo el mundo tomara el lado de su izquierda, para que el flujo ascendente y descendente no se interrumpiera. Estaban llegando a sus puestos, como siempre ocurría, cuando a través de los altavoces llegó la sirena.

Protocolo Ekhi, retírense y busquen refugio.

De repente, todo el mundo que no sabía lo que ocurría se puso en tensión y las direcciones cambiaron de golpe. Hubo un leve caos cuando la gente trató de empujarse unos a otros hacia lo que ahora era el lado izquierdo correcto, pero pronto el flujo volvió a su cauce, solo que con un tinte anaranjado cuando las luces comenzaron a brillar en los pasillos.

Logan, al bajar las escaleras, vio a los guardias armados de una de las puertas que se llevaban las manos a los oídos mientras recibían mensajes a través de sus auriculares. Pronto se marcharon, dirigiéndose por la izquierda hacia la armería más cercana, seguramente para armarse adecuadamente. Logan asintió para sí mismo. Bien. Le han visto en la cámara.

Mientras la mayoría de la gente se retiraba hacia las salidas o, para el personal que debía permanecer, hacia las habitaciones seguras, los búnkeres, los puntos de seguridad, etcétera, Arceo se dirigió directamente hacia la cámara de contención SCP-106.

Arceo siguió la corriente de la multitud. Por este pasillo, hacia esta sala, la multitud de gente disminuía a medida que se alejaba más y más de los lugares seguros - la gente que quedaba se componía mayoritariamente de hombres con armas. Pronto se vio muy fuera de lugar.

Uno de esos hombres armados se le acercó, portando una placa que demostraba que había hecho algunos disparos, tal vez un jefe de escuadrón:

—Declare su propósito.

—Es dudoso que la fuerza sea efectiva. Tengo razones para creer que puede escucharme. Soy el Dr. Arceo, estaba dirigiendo la exploración para-"

El líder levantó una mano.

—Solo muéstreme su autorización.

Arceo levantó su collar, y el hombre levantó su visera para mirarlo.

—Muy bien, puede seguirnos. No se meta en el camino y haga lo que le digamos.

Arceo asintió.

El líder le hizo un gesto a su grupo de unos seis agentes para que avanzaran por el pasillo, y Arceo se mantuvo cerca de ellos. Sirenas. Pasos. Luces naranjas. Y se dirigía hacia la cosa. Será mejor que me den un aumento por esto, pensó.

El pragmatismo era un consuelo probado y verdadero mientras caminaba directamente hacia algo así como un cincuenta por ciento de posibilidades de no despertar mañana.

Llegaron a la puerta. Ya estaba abierta. Parecía que este grupo era el primero en llegar, aunque Arceo podía oír el golpeteo de las botas pesadas que resonaba en los pasillos vacíos de los alrededores. El líder dijo algo en su radio, alertando sin duda al Comando del Sitio de su posición, antes de atravesar el umbral y descender las escaleras.

—Oye, —Arceo intentó meterse en medio de todo—. ¡Oye!

—¿Qué?

—Déjame entrar primero, cuando lleguemos.

—¿Por qué?

Era casi imposible comunicarse mientras todos bajaban disparados por las escaleras como balas por una cámara. El clamor de sus botas contra el metal llenaba el espacio entre Arceo y el líder.

—¡Quiero tratar de disuadirlo, y si ve armas no me hará caso!

—¡Entendido!

Ni siquiera trató de convencerle de que no entrara en su cámara desarmado y sin protección. Buen hombre.

Pronto bajaron a la verdadera cámara de contención. Un espacio enorme, como un hangar de avión, que albergaba una única sala cúbica en su centro, conectada al techo y al suelo mediante postes. La antigua celda de SCP-106, el Anciano. La mayoría de sus defensas estaban ahora inertes. Antes, habían sustituido la capa de agua y corriente eléctrica por símbolos arcanos: Runas, rituales, objetos de poder. Sin embargo, tras el comienzo del Impasse, tales medidas empezaron a resquebrajarse. Era un infierno mantenerlas. Varios perdieron la vida en el proceso.

Pero, afortunadamente, al mismo tiempo que se deterioraban, también lo hacía el skip.

El destacamento rodeó el cubo por las pasarelas, rodeándolo desde ambos lados hasta la entrada, y algunos permaneciendo estacionados en puntos regulares a lo largo del camino, apuntando con sus armas al cubo como si pudiera entrar en erupción en cualquier momento.

Sirenas. Pasos. Luces naranjas.

Arceo sintió que se le apretaba el pecho. Por fin llegaron a la entrada - unos pocos pasos hasta una puerta tipo esclusa, revestida con la magia más potente que se les ocurrió - que por supuesto ya no hacía una mierda.

—De acuerdo, —dijo Arceo—. Yo me encargo de esto. Quédense cerca.

—Oiga, yo soy el líder aquí. Voy a entrar si suena como si estuviera fracasando.

—Oiga, solo es mi cabeza la que está en juego. ¿No puede quedarse aquí afuera a menos que ataque o yo diga que entre?

El hombre miró a su alrededor, claramente molesto por el hecho de que se cuestionara su autoridad, pero incapaz de encontrar un contraargumento.

—Bien. Grite lo que sea y entraremos.

—Gracias, —dijo Arceo. No sintió del todo la gratitud. De hecho, habría sido un gran alivio si le hubieran agarrado por el cuello y le hubieran dicho que se fuera a casa. No hubo tanta suerte. Parecía que realmente tenía que hacer lo más sensato.

Se dirigió a las puertas e introdujo su código. Beep. La enorme cosa se deslizó fuera de su camino. Una más. Pasó entre hierbas quemadas, velas, hileras de cristales, una cabeza de caballo podrida en una estaca y más parafernalia ocultista, hacia la segunda puerta. Otro código. Respiró profundamente.

Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda.

Inhala, exhala. Inhala, exhala. Inhala, y luego exhala.

Bien.

Vamos.

Presionó "enter". Beep. La puerta se abrió.

Puso una sonrisa como si no pasara nada.

—¡Tony! Ya volviste. Espero que no hayas esperado mucho.

Miró fijamente a Logan. Pensó. Aunque no había ojos, lo que era y lo no era una cuenca ocular no estaba claro para Arceo.

Bajo la suposición de que algo parecido a D-11424 seguía allí, Logan continuó:

—Parece que no volviste inalterado, pero no es que no haya pasado antes. Estoy seguro de que podemos arreglarte de nuevo, ¿eh?

—No soy Tony.

El corazón de Arceo se desplomó.

—¿A quién debo el placer?

Se abrió. De bocas vistas y ocultas, se derramó un líquido marrón viscoso. Arceo evitó a duras penas hacer una mueca de dolor al ver que se topaba con su zapato.

Más de lo mismo salió por el agujero - los restos del Anciano, el agujero con forma humana. Parecía interminable. Su cuerpo y sus fluidos asociados ya habían llenado casi una cuarta parte de la cámara.

—Tú dímelo, Logan.

Era la voz de D-11424, pero no lo era. Tenía sus entonaciones, su humor seco, su ritmo de habla, pero borboteaba, siseaba, estallaba con cada sílaba durante un segundo después de que dejara de hablar, y acusaba.

—No sé a qué te refieres.

—Quiero decir, dímelo tú. ¿Quién soy yo? ¿D-11424? Tal vez, tal vez lo soy. ¿O hay una condición ahí, hm? Cuando todo esto se escriba, ¿quién soy? ¿D-11424… 2? ¿D-11424-3? No, eso es demasiado bajo. Llevamos mucho tiempo en esto, Logan. Déjame adivinar. ¿110? ¿133? Eso está más cerca de lo que recuerdo. ¿O acaso mi memoria importa?

La cosa se deslizó más cerca.

Dímelo, Logan.

—¿Esto es por lo de los clones?

Por lo que Arceo pudo percibir de la abominación, podría haber parecido sorprendida por la declaración. Intentó sacar provecho de ello.

—Tony, no estoy aquí para discutir de filosofía contigo. ¿Quieres la verdad? Tenemos muchas copias de seguridad de ti disponibles en todo momento. Cuando mueres, vuelves en una nueva en lugar de que te rehagamos y te teletransportemos de vuelta a través de la magia. Era una mentira porque hemos descubierto que eso te hace más permisivo. ¿Pero sabes qué no es una mentira? Tus recuerdos. Tenemos una manera de cosechar los recuerdos de los muertos, y colocarlos en un nuevo cuerpo, añadiendo a tu experiencia acumulada. Eso es lo que eres. Tus experiencias tienen continuidad, se apilan unas sobre otras, y en los informes, eres solo D-11424, Tony Márquez, como te conozco. Vamos, ¿es realmente tan difícil de aceptar?

La cosa retrocedió hacia sí misma, la masa se plegó sobre la masa, los bultos se volvieron más abultados, los granos reventados y las heridas abiertas se exprimieron por la presión de los fluidos en movimiento y derrames.

—¡Pero, no! ¡Te equivocas! ¡Tú has tomado cosas de mí! ¡Yo he muerto, Tony Márquez murió en un accidente de buceo!

¿Dónde mierda escuchaste eso? Arceo ocultó su sorpresa.

—Has muerto muchas veces, ¿a qué te refieres?

¡Me refiero a //mí! El yo original, Tony, el Tony que no era Clase-D, Tony Márquez, ¡el yo que tenía una puta oportunidad!. ¡Ese Tony! Tú, yo, yo pensé que estaba en la cárcel, pensé que había cometido un delito. Ni siquiera puedo recordar lo que hice, o lo que no hice, tú, ¡mierda! ¡Tú me lo quitaste! ¡Mi vida, me quitaste mi vida!

—¡Estabas muerto, Tony!

Arceo se sorprendió a sí mismo con el grito. Se llevó una mano a la garganta como para comprobar si realmente lo había hecho. Esperaba que los hombres de afuera no lo tomaran como una señal, pero se arriesgó a no mirar hacia atrás para no alertar a esa cosa.

A falta de respuesta, más suave ahora:

—Estabas muerto. Así es como hacemos a los Clase-D ahora. Era un programa nuevo cuando te cogimos, eras un conejillo de indias. Yo estoy a la cabeza. Algunos de los otros conejillos de indias respondieron mal a la idea de que no eran completamente… ellos mismos. Por eso te lo hemos ocultado durante tanto tiempo, Tony. Sabíamos que esta respuesta ocurriría. Eso no significa que seas menos real para mí. Te conozco desde hace décadas. Haces un trabajo increíble. Quiero decir, lo sabes, te ponemos en las misiones más difíciles. Tú sabes de estas cosas.

No había una sola cara en la que leer una expresión, pero la cosa no se movió. Se retorcía, siseaba, pero no se movía. Al cabo de unos segundos empezó a toser.

—¿Qué, qué te ha pasado?

En ese momento, su parte delantera, comenzó a avanzar. Se deslizó hacia Arceo, cuyo corazón saltó a su garganta.

Es once, pensó para sí mismo, una y otra vez, es once, es once, es once.

Sintió que la suciedad le llegaba a los tobillos, pero se mantuvo firme. Sin embargo, no pudo evitar sudar.

—Lo siento. Supongo que soy un poco horroroso.

Arceo, a su pesar, dejó escapar una risa genuina.

—Un poco.

La cosa se rio(?). Arceo se rio con ella.

—Muy bien, supongo que tenemos que ponernos al día.

—Creo que sí. —Arceo dejó escapar un suspiro de alivio, y sintió que la presión en su pecho se disipaba, incluso cuando se encontró cara a cara, probablemente, con este ser de alquitrán y órganos diversos en continuo crecimiento—. Entonces, ajá, para reiterar, ¿qué te pasó? ¿Cómo has acabado así? ¿Cómo llega un Tony a ser tan grande y…? Ni siquiera tengo palabras para describir todo esto. ¿Cómo sucedió?

—¿Tony?

Arceo encontró lo que podrían ser las cuencas de los ojos, y trató de seguir su mirada… justo por donde había venido, hacia la creciente milicia que estaba en la pasarela, apuntando con sus rifles a la cámara.

—No quiero morir.

—No vas a morir, —mintió Arceo entre dientes.

La cosa se apartó como una cobra a punto de atacar, los gases siseantes de sus orificios aumentaron en intensidad, llenando la habitación con el hedor de la muerte.

—Perdón por-

Arceo se agazapó detrás de la puerta:

¡Fuego!

Una ráfaga de balas entró por las puertas abiertas y atravesó su carne mugrienta, forzándola hacia la pared opuesta antes de que se apartase del camino de la ráfaga. Gritó y tosió, con la boca escupiendo mezclas impías de fluidos corporales: heces, orina, pus, sangre, linfa, médula. Arceo se encogió contra una esquina de la celda. Gritó y unas gruesas venas rojas brotaron de su amontonamiento de intestinos como las patas de un ciempiés, levantándolo del suelo y aumentando su movilidad. Inmediatamente se abalanzó sobre Arceo, pero eso lo puso de nuevo al alcance de los cañones, y las balas se estrellaron contra su masa, rociando vísceras viejas y marrones en el aire y en las paredes.

Se vio obligado a retroceder, gritando de nuevo:

—¡Malditos! ¡Cabezudos, traidores de mierda

Por fin, estaba ese amplio vocabulario de insultos al que se había referido D-11424.

Decidió abandonar y atravesó la pared, con el hormigón que rodeaba su improvisada salida agrietándose, desmoronándose y derrumbándose ante los ojos de Arceo, al igual que como lo hacía el Anciano.

Arceo se levantó.

¡Se está abriendo paso hacia el otro lado! ¿Prepárense para ello!

Su advertencia pareció innecesaria una vez que escuchó los disparos, y el rugido de la cosa.

—¡Yo soy la Putrefacción! ¡Yo soy la descomposición! ¡Soy lo que se rompe, soy lo que se despedaza!

En cuanto Arceo oyó los gritos de los hombres, supo que tenía que salir corriendo. Sin temer ya a ser disparado desde la puerta, Arceo atravesó el umbral. Una vez fuera, miró hacia arriba y vio a la cosa unida al cubo como una sanguijuela que se retorcía. Las balas le salpicaban mientras gritaba, pero las venas se enroscaban a sus lados y se pegaban al cubo. Utilizando estos apéndices, se lanzó como una anguila hacia un grupo de soldados que se encontraban en la pasarela, y sus reacciones adiestradas no les permitieron apartarse a tiempo.

Desaparecieron dentro de la masa.

Uno de los líderes del equipo, con la visera levantada, se giró para lanzarle a Arceo una mirada agria de entre la masa de soldados. Arceo no quería verla.

Sabía que decirlo era una estupidez, pero:

¡Sigan disparando!

Estómagos, pulmones, vísceras y músculos salían disparados de la superficie de la cosa cada vez que las balas la perforaban. Había bilis derramándose de sus heridas abiertas, cayendo sobre las barandillas y las pasarelas y derritiéndolas en segundos. Sus venas, gruesas como brazos, salían disparadas de su cuerpo como cabezas de tortugas mordedoras, aferrándose a las víctimas más cercanas, a veces golpeándolas contra las paredes, a veces arrojándolas contra el suelo, y a veces tirando de ellas hacia el interior de la cosa, perdiéndolas entre los kilos de grasa y carne.

Pero gritaba. Seguía gritando. Y mientras se enfrentaba a un batallón de hombres armados, se ralentizaba, con fragmentos de hueso volando de sus heridas de bala, hasta que finalmente se volvió hacia la pared y escapó.

Las sirenas aumentaron su tono y las luces se volvieron rojas.

Protocolo Amida, todo el personal debe evacuar inmediatamente.

—¡Mierda, no! —Arceo se acercó al soldado más cercano—. Necesito tu radio.

—Señor-

—¡La necesito! ¡Ahora!

La fuerza se sobrepuso al protocolo en este caso, y pronto Arceo había sintonizado con el Comando del Sitio:

¡No preparen la ojiva nuclear, esa cosa tiene el Mouleur Foci!

—¿Con qué autoridad lo dice?

Arceo agitó los brazos inútilmente.

—¿Han putas visto esa cosa?

Una pausa.

—Entendido.

Arceo volvió a colocar la radio en el bolsillo del soldado, y luego siguió la corriente de personas fuera de la cámara de contención, hacia las rutas de evacuación. Dieron la vuelta, luego llegaron a las escaleras, y en cuanto empezaron a subirlas-

Al parecer, no había ido muy lejos. La pared se abrió de golpe y una masa de venas agitadas agarró a varios soldados. Uno de ellos se deformó de forma que su cara estaba del mismo lado que su culo, y su cadáver fue arrojado por la escalera para producir un efecto dominó, cayendo los soldados unos sobre otros.

Entonces, surgió por completo.

Ahora tenía una cara.

La cara de Tony, pero no del todo.

¡LOGAN!

Antes de que pudiera acortar la distancia, Logan se agachó y los soldados que estaban detrás de él le llenaron el cráneo de plomo, de modo que las cuencas de los ojos y la boca se convirtieron en una sola cavidad. Gritó y cayó de nuevo dentro de la pared.

—Me está buscando, —resopló Arceo.

—¡Lo sabemos, muévase!

Pasaron entre los muertos y los moribundos, subiendo los escalones hasta llegar a otro pasillo abierto. Todas las pantallas de la instalación mostraban ahora flechas que apuntaban a las salidas, y Arceo se encontró en un mar de soldados, avanzando hacia las escaleras.

Afortunadamente, como no lo detendrían, no había puertas de metal cerradas para mantener la cosa dentro. Era tan capaz de escapar como ellos. Ascendieron con un pánico ciego - tan ciego, de hecho, que casi pasó desapercibido que no tenían obstáculos.

Los gritos llegaron a través de los pasillos.

Los disparos estaban por todas partes.

A veces, pasaban por los agujeros negros y podridos de las paredes por donde debía haber pasado la cosa, y pisaban su mugre y su alquitrán, pero… lo estaban logrando.

A los elevadores.

Por razones de seguridad, las únicas salidas del sitio eran los elevadores.

Así que entraron, soldados y Arceo, y pulsaron el único botón: Arriba. Se puso en marcha, hizo ruido y vibró. Pero funcionó. Subió y subió y subió. Los gritos se desvanecieron. Los disparos se calmaron. El único sonido era el de la maquinaria y los corazones que latían.

Arriba, y arriba, y arriba.

Arriba.

Y arriba.

Inhala, exhala. Inhala, exhala. Inhala, y luego exhala. Arceo se acordó de respirar.

Y entonces se abrieron las puertas.

Y atravesaron el largo y frío pasillo de hormigón iluminado con luces rojas.

Y atravesaron el umbral abierto, y salieron hacia el sol.

Al exterior.

La realidad.

La realidad, donde, entre las rocas y la arena del desierto, se había reunido un pequeño ejército, con las armas apuntando a la entrada del Sitio. Había helicópteros sobrevolando, y armas incorporadas en la parte trasera de los vehículos. La cabeza de Arceo daba demasiadas vueltas para asimilarlo. Los soldados se acercaron a él y lo escoltaron detrás de las líneas, hacia el resto de los investigadores, médicos y personal, pero fueron interrumpidos.

Arceo no escuchó nada.

Los disparos eran demasiado fuertes. Sus oídos sangraban. Todo sonaba. Se dio la vuelta.

Ahí estaba.

Tratando de salir, tratando de escapar.

No podía hacerlo.

No tenía oportunidad.

Ya ni siquiera tenía forma. Se arrastraba hacia adelante como una masa de tentáculos y partes del cuerpo inconexas, con cada una de sus venas sufriendo tanto daño que las cosas se desprendían o colgaban de hilos.

Cerró los ojos, se llevó las manos a las orejas y se agachó.

En algún momento, finalmente, se detuvo. Su cuerpo dejó de vibrar.

El aire se quedó quieto.








Arceo abrió los ojos y todo lo que quedaba era su silueta.

Su contorno, lleno de estrellas. Logan Arceo sintió un frío impresionante al mirar a través de la ventana amorfa y hacia el negro aterciopelado del espacio, interrumpido en su centro por la inmensa estructura de piedra del Templo, flotando, o tal vez a la deriva, con su propia quietud impenetrable evocando un frío que iba más allá de la mera piel y encontraba un rincón lúgubre del corazón de Arceo para instalarse y arraigarse. Ningún escalofrío podía deshacerse de él.

Arceo se puso de pie. El aire se nubló con polvo, sudor y adrenalina. Los estertores de un mundo moribundo se silenciaron una vez más.

Y en su base había un corazón lacerado, latiendo sangre en la nada.




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