Reuniones Turbias
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“Eres el nuevo Cortador, ¿verdad?”

“No, creo que el nombre que usaré será Chaqueador, Señorita La Directora. Mucho más chachi. Chiki Chaki.”

El Chaqueador guiñó, chasqueando sus dedos hacia la mujer que estaba en la puerta.

“¿Tenías que traer eso?”

“Querrás decir ‘traerlos’, y no, no tenía que hacerlo, pero estaban muy interesados en conocerles. Simplemente no podían soportar no poder verlos.”

La Directora tapó su nariz ante el asiento donde estaba el montón de carne podrida.

“¿Has visto a alguien más?”

“No había nadie cuando llegué.”

La Directora caminó alrededor de la mesa, y tomó asiento al lado opuesto al de El Chaqueador.

“Muy bien. Tengo que preguntarlo. ¿Cómo conseguiste entrar aquí sin que nadie se diera cuenta?”

El Chaqueador miró inexpresivamente a los dientes de La Directora. Había una mancha de lápiz labial en uno de ellos.

“¿Sin que nadie se diera cuenta?”

“¿…sabes qué? No quiero saberlo.”

Un incómodo silencio se formó entre ambos. La Directora se retiró a la comodidad de su teléfono, redactando mensajes a sus diversos actores, y luego jugando algunas rondas de solitario. Las pocas veces que se atrevió a levantar la mirada, El Chaqueador estaba desarmando cuidadosamente una mano humana. Él arrancaba la piel, entonces arrancaba el músculo con sus uñas ensangrentadas. Sonreía inocentemente, tirando de los tendones y viendo a su pequeña marioneta ósea bailar.

Puto niñato, La Directora pensó para sí.

“Hola chicos, tienen que… oh. Un nuevo Cortador, ¿verdad?”

El Compositor estaba en el umbral de la puerta, con aspecto incómodo.

“Chaqueador. Tú debes ser el Señor El Músico, ¿sí?”

“Uh, Señor El Compositor, en realidad. Es eso…, diablos, cómo huele. ¿Es humana?”

“Dirás ‘humanas’, y sí, lo son.”

“Ah. Cool. Es jodidamente heavy.”

“Nah, piel y huesos más que nada. Bastante ligeros.”

El Compositor se dirigió al asiento junto a La Directora.

“Da igual, Sandy, necesito que escuches esto. Sabes que estaba trabajando en una muestra que… ya sabes, '¿qué es más cool que ser cool?' Por fin he terminado de mezclarlo como hacía falta, mira. Ah, te harán falta los dos, toma.”

El Compositor le dio un iPod a La Directora, cuyos audífonos colgaban como péndulos. Ella los acomodó en sus oídos, y presionó el botón Play. Su rostro era de estoicismo, luego de expectación, luego desconcierto, y finalmente, risa contenida.

“¡Es genial!”

“Hey, Cortador, ¿quieres oír?”

El Chaqueador levantó la vista de sus cadáveres putrefactos.

“Chaqueador. Claro.”

Alargó el brazo, y El Compositor dejó caer el iPod en sus manos rojas y chorreantes. Cuidadosamente se acomodó un audífono, y luego el otro. El Compositor miró su rostro de forma expectante, esperando algún cambio de semblante. No hubo ninguno. La pista terminó, y El Chaqueador dejó el iPod de regreso a la mesa.

“No entiendo.”

“Bueno, sabes de dónde proviene la muestra, ¿si?”

“Sí.”

“Y entonces, oíste el grito, ¿correcto?”

“Sí.”

“Bueno, es… ¿no lo pillas?”

“No.”

El Compositor asintió, compartiendo el sentimiento con La Directora. Jodido ignorante, pensaron para sí mismos.

“No te preocupes. Es un trabajo algo complejo. Hay capas en él.”

El Compositor limpió las vísceras de la pantalla, cambió de pista y se acomodó en su silla de madera. La Directora seguía tecleando en su teléfono. El Chaqueador estaba despedazando otra mano. El Constructor y el Escultor caminaron por la puerta, sumidos en su conversación.

“Verás, es como cuando construiste ese pozo de escaleras, colega, va a ser… ah, sí, ya está aquí. Tápate la nariz, colega.”

“Demonios, qué peste.”

“¿Qué te dije?”

“Sí. Jodidamente heavy.”

“Nah, piel y huesos más de nada. Bastante ligeros.”

Ambos se sentaron a cada lado de El Chaqueador. El Constructor inició la conversación.

“Así que, Cortador-“

“Chaqueador.”

“Chaqueador, claro. ¿Tuviste problemas en encontrar el lugar?”

“No.”

Una breve pausa derivó en una más larga.

“Así que…”

Otra pausa.

“Hey, Bob, Terminé esa cosa en la que estaba trabajando, ya sabes, esa ‘más cool que ser cool’, escúchala.”

El Constructor cogió el iPod ofrecido, aliviado por la distracción que ofrecía. Su rostro era de estoicismo, luego de expectación, luego desconcierto, y finalmente, risa contenida.

“¡Es genial! Mira, Tim, pruébalo.”

El Escultor tomó el iPod del costructor, pasándolo a través de El Chaqueador, aún jugueteando con sus manos. El Escultor acomodó los audífonos en sus oídos. Su rostro era de estoicismo, luego de expectación, luego desconcierto, y finalmente, risa contenida.

“Esto es espectacular. ¿Dónde vas a retransmitirlo?”

“Estaba pensando en que podría enviarlo por correo. Hablando del tema, hoy me ha llegado un paquete interesante. Una versión estropeada de ‘We Are The Champions’, un cover francés asqueroso. Descuartizaron la traducción, y cada maldito artículo estaba mal.”

El Chaqueador levantó la mirada, contemplando los párpados de El Compositor, con un súbito relámpago de comprensión convirtiendo su expresión en una mueca. El Escultor respondió.

“Si, y ya que estamos hablando de ello, no eres el único que ha recibido un paquete.”

“¿A qué te refieres?”

“Ya lo hablaremos cuando estén todos.”

El Pintor abrió la puerta de golpe, con un afiche en su mano.

“Algún caraculo me envió esta mierda por correo.”

Lo desenrolló y lo mostró al grupo. La mayor parte estaba cubierta de garabatos hechos con crayones, pero en el centro del afiche había un trasero humano intrincadamente detallado, con la frase ‘ELLA TENÍA UN GRAN CULO’ escrito debajo con tinta dorada.

“No te acerques tanto. Mirarlo demasiado hace que te cagues. Literalmente, que te cagues los pantalones. Recibí esto, lo miré, preguntándome, ¿qué hará esta cosa?, y entonces bam, había arruinado mi nueva ropa interior de marca.”

El Pintor enrolló el afiche de nuevo, sentándose entre El Compositor y El Escultor. El Chaqueador intensificó su mirada y frunció el ceño.

“¿Este es el nuevo Cortador?”

“Preferiría ser llamado Chaq-“

“Sí, es él.”

El Chaqueador desvió su mirada a La Directora. Seguía jugando al solitario en su teléfono.

“Bueno, ya era hora de deshacerse del viejo. Había perdido algo de genialidad.”

El Escultor se dirigió incómodamente en su asiento al comentario de La Directora.

“No estaba tan mal, ya sabes. Se le notaban los años, sí, pero lo hacía bien.”

“Como digas, pero los viejos no son cools.”

“Díselo a El Crítico. Ahora que lo pienso, ¿alguien lo ha visto?”

“No había nadie cuando llegué.”

“Que extraño. Normalmente es el primero en estar sentado en la mesa.”

El Chaqueador suspiró.

“¿Alguno de ustedes me oye?”

Todos le dirigieron sus miradas.

Como una puta cabra.


Felix Cori entró en la habitación acordonada. Ruiz levantó la mirada de la sierra de acero al carbono medio pintada de amarillo de su regazo.

“Cortador.”

“Duchamp.”

“¿Disfrutaste la pizza?”

“Estaba buena.”

“Bien.”

Ruiz bajó la mirada y siguió pintando la sierra.

“¿Qué haces?”

“Pinto una sierra de acero al carbono de color amarillo.”

“¿Y por qué pintas una sierra de color amarillo?”

“Porque no se venden amarillas en las tiendas.”

“Ah.”

Felix se sentó en una de las sillas de madera que estaban desperdigadas por el estudio. Estaba atestado de equipos electrónicos y de laboratorio. Una centrífuga emitía un suave zumbido desde su rincón.

“¿Qué hay en la centrífuga?”

“Cáncer contagioso.”

“¿Por qué estás haciendo cáncer contagioso?”

Ruiz miró a Felix.

“¿Qué quieres, Cortador? Estoy ocupado.”

“Ya no soy más El Cortador. Estoy hasta el cuerno de eso.”

“¿Y? ¿Quieres una palmadita en la espalda? Lárgate.”

Felix se sentó en un silencio pasmado. Ruiz continuó cubriendo la sierra circular, remojando de vez en cuando su brocha en la cubeta con la viscosa pintura a un lado.

“Estaba esperando un ‘bien hecho’ al menos.”

“¿Por qué?”

“Bueno, les estoy dejando atrás a todos, ya no formo parte de eso.”

Ruiz se levantó, con la sierra tendida, goteando mientras señalaba.

“TÚ no eras el problema. No estabas haciendo nada, y sinceramente, me gustaba más de esa puta manera, tú eras la única persona en todo este maldito club al que a mí, francamente, no me importaba una mierda. Pero ahora te has ido, y el puto estúpido de mi hermano se les ha colado y va a joderlo todo..”

“¿Tu hermano?”

“EL PUTO. PICO. WILSON. Ese puto psicópata que que se ha sacado de la manga tu "amigo" para reemplazarte. Esto no era parte de mi maldito plan, lo va a echar todo a perder. Maldición. ¡MALDICIÓN!”

Ruiz arrojó la sierra mojada al muro opuesto como un frisby, cortando el yeso como mantequilla. Se puso de pie y miró al aturdido Felix, frunciendo el ceño como un niño mimado.

“Ruiz, mira, eso no es culpa MÍA, ya lo sabes, fue”

“Sé que no es tu culpa. Lo sé. Mierda. Maldita sea. Lo siento, Cortador.”

“Ya no soy más El Cortador. Llámame Felix.”

“Lo siento, Felix.”

Ruiz caminó al muro, y comenzó a extraer su sol amarillo.

“Era muy simple antes. He estado trabajando en esta mierda durante meses, se supone que todo estaba planeado, y entonces viene ese imbécil que resulta que está por la ciudad, y resulta que está enseñando la estupidez esa de los cadáveres. No es un maldito artista, es un jodido monstruo, y va a complicar las cosas muchísimo más.”

Ruiz arrancó la sierra de la pared.

“Se suponía que no ibas a marcharte. Se suponía que pensarías en marcharte, pero que no lo harías, maldita sea. Felix, ¿por qué diablos decidiste que éste sería el momento adecuado para ser impredecible?”

Felix no sabía que decir, así que se sentó y no dijo nada.

“Pico no sabe dónde se está metiendo, Pico está como unas putas maracas, no tienes ni idea de lo asquerosamente desquiciado que está este tipo. Va a hundirnos a todos en la mierda. Maldición.”

Ruiz se sentó y siguió pintando su sierra amarilla. Felix se repuso y preguntó lo que estaba pensando preguntar.

“¿Y qué estás intentando hacer, exactamente?”

“Fomentar un cambio de paradigmas. Eliminar el sistema de poder centralizado. Destronar a El Crítico.”

“¿Y… cómo?”

Ruiz levantó la sierra.

“¿Ves esto, Felix? He estado trabajando en esta sierra todo un mes. Es el trabajo más sutil que he diseñado. Mírala, y no sentirás nada. Podría ponerla en el estante, y no sentirías nada. Podría ponerla entre un millón de otras sierras, y nadie notaría la diferencia. Esta sierra hace que todo lo que he hecho anteriormente se veas como jodidos garabatos de primaria, porque tú ves esta sierra, y no sientes absolutamente nada.”

“¿Pero qué es lo que hace?”

“Nada. Felix, esta sierra no hace absolutamente nada, y es el trabajo más fino que he hecho en toda mi vida. Tengo porquerías suficientes aquí para acabar con las vidas de todo un país, y ninguna de ellas rompe la realidad, y eso es lo que voy a mostrarle a El Crítico, y eso será lo que lo volverá loco. Felix, voy a llenar una habitación con trampas mortales tan obvias, tan profundamente estúpidas, que Nadie va a caer en ellas.”


DEMASIADO PARA EL ACTO UNO
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