Posología
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…Dos (2) píldoras han sido usadas para el Experimento 217-█████-█████. Al momento de esta inscripción el número de píldoras es de cuarenta y siete (47).

La solicitud de investigar a SCP-500 por compulsión mental que conduce a fijación obsesiva se ha denegado por considerarse trivial.

Era difícil ser ahorrativos.

Las peticiones para la utilización de SCP-500 se apilaban diariamente, y cada día, el Consejo del O5 enviaba una ronda fresca de estampas de DENEGADO. Había docenas de casos de agentes de la Fundación que se acercaron demasiado a su objetivo, investigadores que se habían encontrado de la manera dura que sus prendas protectoras eran insuficientes, y Directores de Sitio que se habían expuesto demasiado, y todos estábamos sufriendo por ello.

Solo hay 47 píldoras. Supervisión dice que no.

Eventual e inevitablemente, cederían. Una triste historia demasiado desgarradora para negarla, y con ella, otra ronda de peticiones, de más gente desesperada con esperanza, esperando a ser asesinadas. Por la respuesta a todas sus oraciones. El Consejo de Supervisores oyó cada petición. Las máquinas de vigilancia registraron cada deseo moribundo por clemencia. A veces, era concedido.

Pronto, solo habían 40 píldoras. Supervisión se reprimió, y dijo que no.

Por supuesto, había que hacer más excepciones, como siempre las hubo. La Fundación aguantó por décadas, y siglos. Pasarían años entre momentos de debilidad, pero el tiempo era irrelevante en el gran esquema de las cosas. Mientras más fuerte presionara la Supervisión, más píldoras rojas se escurrían entre sus dedos.

La Fundación podría aguantar por mil años. Pero solo quedaba una única instancia de SCP-500.

Todos los registros habían sido borrados. Era más fácil, ahora que estaban pasado el papel. Las mentes de miles de agentes y doctores fueron barridas en un instante. Nadie podría volver a enviar peticiones. Guardada y asegurada muy lejos, el Consejo de Supervisores podría mantener a SCP-500 escondida por generaciones.

Se suponía que nadie debía saber de SCP-500. El Consejo sabía de SCP-500.

La reunión fue convocada por los consejeros para exponer su caso a los demás. Uno a uno fueron poniéndose de pie ante sus compañeros, y abogaron.

O5-1 estaba muerto. Había necesitado a SCP-500 por más tiempo que cualquiera de los demás, y había sufrido por ello.

O5-4 había estado entre los Foráneos por mucho tiempo. Él había sido nominado por su posición, y era su culpa.

O5-2, por cientos de años, había sido devastada por la enfermedad que se encontró era inherente a los viajes interdimensionales. Su forma parpadeante y disminuida solo dejaba ver una mano, rogando por piedad. ¿Cómo podía negársele eso?

O5-5 no había sido tan afortunado como los demás, con su equipo de longevidad. A diferencia de la mayoría de ellos, él había sido una vez un joven, y aunque pudiera vivir para siempre, ¿qué era vivir?

Y así, el resto del Consejo, uno a uno, expuso su caso. Cada miembro miró a los otros, una certeza en sus rostros que sus compañeros escucharían su petición, y que la última píldora les pertenecería. Los votos fueron contados. Un empate de 13.

O5-6 no supo a quién disparó primero. Pero era el único de los Supervisores con entrenamiento de agente. Incluso ahora, miles de años pasado su mejor momento, él sabía mejor que ellos cómo vivir y cómo hacer la muerte.

Tomó el frasco, y vació la última píldora en su mano. Por un segundo, el hedor de la muerte y pólvora negra ardió en sus fosas nasales. Entonces, tapó su nariz, y tragó. Mientras la píldora pasaba por su garganta, el agente que ellos solían llamar Vaquero sintió sus huesos reacomodarse en su lugar, los tumores retorcerse en la nada, y todas las úlceras y dolores desvanecerse. Entonces, oyó un sonido no muy diferente a una máquina de chicles volviéndose a llenar.

Miró al suelo. SCP-500 estaba lleno hasta el borde, con una nueva etiqueta. "AÚN TE QUEDAN [¡infinitos!] RELLENOS".

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