Poema encontrado en una tableta de bronce, 300 d.C.
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Salve, Santa Sofía, el mensajero divinamente designado
De bronce, brillando debajo del aceite virgen, Dios-ungido.
En la mano del Señor fuiste tomada como su lira,
Una herramienta sagrada para despertar en las naciones el santo deseo.

¡Laméntate, O Asia! porque has dado muerte a nuestra sibila!
El coro de una miríada de suspiros dibuja una sola respiración.
¡Pero no temas, O Asia! por la preciosa dote de la sibila
Rinde al reino de los cielos su agradable jardín.

El metalúrgico perfecciona su oficio, buscando la perfección,
Pero, ¿qué hay más perfecto que tu reflejo?
Atrapado en la reluciente plata en el pecho de Demetrius,
¿Sobre qué autoridad tu vida fue tan cruelmente arrebatada?

"Puta", está en boca de todos los patriarcas mekhanitas;
Encima de los púlpitos, los presbíteros te denuncian: "¡Heresiarca!"
Contra ti están todas las autoridades mundanas dispuestas
Con epístolas y esquemas para hacer que los corazones se inflamen.

¡Sin embargo, era irrompible tu fe en el Dios intacto!
Sin temor tú profetizaste a nuestra nación ahora elegida,
Perseguidos como somos por el vecino y por el magistrado,
Con incesante paciencia, esperamos nuestro destino.

Cuando somos testigos del artesano del cielo y la tierra
Romper el firmamento, para liberar la alegría ilimitada,
Habrá mucho llanto y crujir de dientes
Como todos los esclavos de la carne aúllan salvajemente debajo.

Ven, Cristo Jesús, tú que fuiste del Espíritu nacido,
¡Desciende con los Seis Ángeles a través de los cielos rasgados!
Apresura también a Ezequiel, que cabalga en la rueda del Señor
Hacia el este envuelto para el arquitecto de acero.

La habilidad del arquitecto, y la supervisión de los Seis Ángeles,
Unidos con la voluntad de Jesús y la precisión de Santa Sofía
Únete como uno para cumplir la profecía de Cristo Jesús para elevar
El tercer e infinito Templo del Señor en tres días.

Y allí en la casa del Señor seguramente habitaré
¡Contigo, Santa Sofía! ¡Con cuánta alegría se hinchará mi corazón!
Porque no hay nadie sobre la tierra cuyo amor sea dulce
Como el amor de la Sabiduría, la que extingue todo engaño.

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