Pieza Número 3 - Condena

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Aquel día, las nubes estaban enrojecidas.

El sol que se ocultaba hacía que la luz de entre las nubes se tintara de un naranja rojizo, el cual chocaba en contra de los vidrios blindados y polarizados del vehículo militar que nos llevaba al inicio de nuestra misión.

El armazón del vehículo se sacudía violentamente debido al terreno dificultoso por el cual se desplazaba, lo que hacía que constantemente choque hombro a hombro contra mis compañeros de equipo.

Todos estaban callados, y sus expresiones eran bastante sérias.

Era de esperarse, viniendo de un grupo con una tarea tan asfixiante como la nuestra. Ya no era sorpresa que nos enviasen bajo suelo a investigar y reconocer áreas llenas de desgracias abandonadas por Dios y quién sabe qué puta mierda más. A ese punto, ya casi nada me sorprendía lo suficiente como para estar asustado.

Bueno, tal vez los circos. Putos lugares malditos.

Según el informe que nos habían dado en la base, Ebony era un pueblo donde habían ocurrido múltiples desapariciones repentinas sin ningún tipo de explicación. Además de eso, un par de cámaras espía por control remoto que se habían enviado al lugar lograron capturar imágenes de algunas figuras semi-humanoides de naturaleza desconocida sobre los tejados de ciertas casas del pueblo. El equipo de investigación remota solo había logrado encontrar la entrada a una cueva sospechosa en las cercanías del lugar, pero las cámaras perdían la comunicación siempre que lograban adentrarse demasiado. La ansiedad que producía el estar en una misión luego de tanto tiempo de reserva era algo incomparable, lo entendía. Uno de los nuevos jugueteaba ansiosamente con sus dedos. Le di un codazo para que se relajase, si no lo hacía probablemente iba a arruinar la misión en general.

“Tranquilo, chico.”

Finalmente, cuando el auto se detuvo, uno de los conductores golpeó la ventana que daba hacia la parte trasera para indicar que ya era momento de abandonar el camión.

Las puertas del vehículo se abrieron y todos salimos con nuestras mascaras de protección. Me la quité durante un momento para respirar, pero el novato me increpó obligándome a ponérmela de nuevo.

“Dios, ya está, mierda. ¿Acaso ya no puedo ni tomar aire fresco antes de ir a meter el culo en una cueva?”

Una de mis compañeras nos golpeó a ambos en la espalda a modo de llamado de atención, para luego seguir preparando el equipo mientras anochecía. Decidimos avanzar por el centro del pueblo en búsqueda de algo fuera de lugar, cosa que sin lugar a dudas se sentía en el ambiente. En un momento, nuestras radios sonaron al unísono, dejando escuchar la voz del intercomunicador de la base.

“CG al habla. Ha sido imposible acceder a la estructura geográfica de la cueva, por lo que estarán solos en cuanto entren.”

Me volteé con cierta confusión a ver como reaccionaba el resto del equipo. Claramente era algo fuera de lo normal, pero no iba a impedir que la misión se lleve a cabo. Al continuar, llegamos a una nueva zona bastante llamativa. Era una pequeña área arbolada, con no mucho más alrededor… Pero lo que hacía destacar el paisaje era un enorme acceso rocoso que se encontraba en un risco de gran altura que no parecía llegar a ningún sitio. El equipo se detuvo en seco al oír un grito gutural proveniente de lo profundo de la entrada a esta cueva. Uno de nuestros compañeros nos advirtió una lectura de humes baja en el área, lo que activó mis sentidos en un doscientos por ciento más. Sabiendo muy bien que entrar en este sitio era tirarse de lleno a la boca del lobo, decidimos continuar de igual forma. Estando dentro de la cueva, empecé a sentir un olor raro. Me volteé a ver la situación de los demás, y efectivamente, no era el único. Uno de nosotros empezó a tener arcadas, mientras el resto buscaba el origen del pútrido olor.

“¿Qué mierda? Se supone que la puta máscara tiene que funcio-“

Nuestra compañera gritó, poniéndonos en alerta ante un inminente derrumbe de una estructura inestable dentro del lugar. El terrible hedor a putrefacción causó que todos perdieran la compostura por un momento… Antes de ser inevitablemente sacudidos por el sonido ensordecedor de un derrumbe. Todos juntos volteamos hacia atrás, viendo como la entrada de la cueva se derrumbaba en seco. En pocos segundos, la poca luz que provenía de allí se desapareció, el piso tembló, y todos comenzamos a caer.

Lo único que podía ver era las linternas dando vueltas, junto con las luces de sus trajes. El sonido predominante era el de nuestros pesados trajes golpeándose contra rocas que ni siquiera podíamos ver. En poco tiempo, el ruido se detuvo y después de un poco de eco, todo quedó en completo silencio. Solamente una intensa niebla de polvo que bloqueaba completamente la visión. Cuando la niebla empezó a disiparse, intenté buscar a alguno de mis compañeros para verificar su estado, pero no había nadie allí. Como si hubiesen desaparecido completamente, como si la tierra se los hubiese tragado, literalmente.

Nervioso, caminé un poco intentando comprender mejor la situación. Moví algunas piedras que quedaron del derrumbe con la esperanza de encontrar a alguno de mis compañeros debajo de ellas, y con el miedo de que hayan sido lastimados con la caída. Pero nuevamente me encontré en un punto muerto, allí no había nadie. Ansioso, palpé los bolsillos de mi pantalón en búsqueda de la radio que teníamos en el equipo. La encendí y sintonicé la frecuencia que utilizábamos para comunicarnos.

"Romeo al habla. Necesito un informe de su posición ahora mismo. Cambio y fuera."

Nadie respondió a la radio.

"Romeo al habla. Necesito un informe actualizado de su posición ahora mismo. Cambio y fuera"

Otra vez, nadie respondió a la radio.

"Muchachos, necesito una respuesta urgente, estoy perdido."

El silencio absoluto de la radio me hizo dudar. Lo primero que se me vino a la mente fueron las baterías. La radio estaba haciendo ruido cada vez que la activaba así que eso no podría ser. Luego me fijé en la frecuencia de la radio, tal vez la había configurado de forma incorrecta, todos cometemos errores. Probé una vez más y, sin sorpresa alguna, nadie contestó al llamado. Guardé la radio de nuevo en su lugar y empecé a trazar un plan en mi mente. ¿Cuál era el siguiente paso que debía dar? Intentar volver por donde llegué, descartado, no encontraba forma de orientarme estando aquí dentro. Busqué a mis compañeros con el localizador que nos proveía La Fundación, pero no recibí señal alguna de ellos. Lo único que quedaba era seguir avanzando y rogar por encontrar al resto del equipo.

Encendí la linterna que traía en mi casco y empecé a caminar hacia adelante. El paso subterráneo por el que estaba transitando era bastante amplio, imaginé que era porqué me encontraba cerca de la entrada, y en cierta parte, a causa del derrumbe. Podría ser eso, o tal vez la cueva era bastante formidable. Avanzaba a paso lento pero seguro, viendo todos los detalles que pudiesen guiarme a algún sitio. Formaciones rocosas que puedan guiarme a algún sitio seguro tal vez. La atmosfera se sentía pesada. La temperatura y la luz disminuían de forma considerable con cada paso que daba para adentrarme, así que decidí apurar un poco el paso. Todo el equipo que cargaba encima no hacía más llevadero el viaje, sino todo lo contrario. La Fundación nos había proveído un equipo de supervivencia avanzado, un traje de ultima tecnología con la capacidad de monitorear al sujeto y "cuidar" de su salud mientras lo evalúa continuamente. Pensaba que era un poco contraproducente, ya que al entrar en una cueva probablemente necesitábamos más movilidad que cargar peso encima, pero… Por otro lado, tenía en cuenta que íbamos a investigar una posible anomalía espacial más que una simple cueva.

Mientras caminaba, podía oír las fuertes pisadas de mis botas, que eran acompañadas por el “beep-beep” constante de mi sistema de oxígeno. Mi reloj de logística marcaba 95 mmHg haciendo referencia al nivel de saturación en mi sangre, lo cual era una medida normal para alguien de mi edad y tamaño. La temperatura del ambiente rondaba los -2 °C y la luz que antes me acompañaba se desvaneció lentamente hasta convertirse casi en una penumbra total. Agradecía tener un equipo de calidad, la linterna que me acompañaba era bastante potente, lo suficiente como para iluminarme la gruta en casi toda su amplitud.
Continué con mi marcha. El polvo que se levantaba con cada pisada empezó a acumularse en el ambiente y eso hacía que se dificultara la vista, por lo cual mi visión se limitaba a unos pasos por delante de mí. Para mi fortuna, la caverna era bastante simple. Recuerdo haber explorado estructuras muy similares en operaciones pasadas, por lo tanto, no fue mucho problema deambular por el sitio. En su mayoría eran ramificaciones muy poco acentuadas donde tuve que escalar un par de veces en algunas secciones. Miré mi reloj, que destellaba una fluorescente luz color naranja, para ver cuánto tiempo había transcurrido desde que entré a la cueva. “20:00 / 8PM” dictaba el reloj, había pasado solo una hora y ya empezaba a desvanecerme por el cansancio.

Luego de un rato transitando una estructura que se asemejaba mucho a un corredor interminable logré llegar a una sección distinta a las que vi hasta ahora. Era un sitio enorme, como si se tratase de una estructura artificial. Lo primero que se me vino a la mente cuando vi el lugar fue una estación de trenes subterráneos. Claramente solo era mi imaginación, pero la extensión en horizontal del lugar hacía que mi imaginación jugase un poco, y más aún con la fatiga que cargaba para ese momento. Columnas se levantaban imponentemente en toda la extensión de la zona, los cuales descartaban que se tratase de un tubo volcánico, aunque el lugar tenía una fuerte esencia que me recordaba a eso. Podía ver cristales florecer de algunas formaciones rocosas, cristales de los que emanaba una tenue pero firme luz de color carmesí. Eso llamó bastante mi atención, recuerdo haber estudiado espeleología en unos cursos. La morfología del cristal era muy similar a la de una Turmalina roja, pero estaba casi seguro de que no lo era, tenía colores muy claros para serlo. Extrañado, descendí lentamente con cuidado de no caer. No era un lugar de mucha profundidad, pero no me gustaba la idea de romperme algún hueso estando solo en una cueva. Toqué el suelo y emprendí nuevamente mi marcha, esta vez en dirección a uno de los llamativos cristales que se encontraban en las paredes minerales del lugar. Caminé directo a donde estaba el cristal.

Caminé directo a donde estaba el cristal.

Caminé directo a donde estaba el cristal.

Caminé directo a donde estaba el cristal.

Pero no podía llegar.

Me detuve en seco por un momento. El cansancio ya empezaba a jugarme malas pasadas, o al menos eso creía. Moví los brazos de forma que quedaran por dentro del traje que traía y me froté la cara. Froté lentamente mis ojos mientras suspiraba empañando todo el cristal de mi casco. Me senté en el suelo un segundo, y me quité la mochila de encima, quedando solo con el tanque de oxígeno que traía el traje. Decidí que este lugar sería mi remanso temporal, así que dejé la mochila apoyada en forma horizontal y me recosté sobre ella, pero no sin antes probar suerte una vez más con la radio.

“Romeo al habla. Solicito… Solicito actualización de estado. Estoy… Perdido. Cambio y fuera.”

No hubo ninguna respuesta. Pero esta vez hubo algo diferente. Del otro lado podía oír una estática muy leve, algo como el ruido blanco. Me agarró desprevenido, no puedo mentir. Reacomodé las frecuencias, pero el sonidillo no cesaba con nada.

“La única jodida mierda que me faltaba, una radio defectuosa.”

Le di un par de golpes con la esperanza de que se arreglara, pero no fue así. El ruido seguía, y podría decir que hasta se intensificaba progresivamente, pero no estoy seguro de ello ya que la apagué para descansar.
Dejé la radio de lado y cerré los ojos. Pensé en casa, pensé en volver y compartir una cena con mi esposa. Ver un poco de televisión, jugar videojuegos y tal vez pagar los impuestos. Pensé en mi hija. En darle un fuerte abrazo, un beso. Darle un beso. Acariciarla…

Abrí los ojos y me encuentro en una habitación oscura de la cual no puedo distinguir su inicio ni su final. No estoy parado en ningún lado, no siento contacto bajo mis pies. Tampoco siento estar respirando. Es como si estuviese perdido en el medio de la nada. Me quedo inmóvil por un momento. Bueno, según mi percepción, ya que realmente no me estoy moviendo. ¿Qué hago ahora? Estoy dormido, ¿cierto? Este es de los sueños más raros que he tenido en mucho tiempo. Muevo levemente un dedo de la mano y… Entropía. Siento dolor en mi cuerpo. Siento un dolor tan masivo que no puedo describirlo. Siento mi dolor, y dolor ajeno. El dolor de lo que creo que es toda la existencia humana habida y por haber. Me quedo quieto. No quiero volver a sentirlo. Abro la boca para intentar gritar y… Entropía. Escucho mi propio grito. Escucho mis propias cuerdas vocales desgarrándose, pero también escucho los gritos de toda una existencia en sufrimiento. Los gritos de aquellos que no pueden gritar, de aquellos que lo merecen y de aquellos que no. Gritos de agonía, de placer, de tristeza y de felicidad. Gritos de adultos y gritos de infantes. Necesito despertarme de forma urgente. Esta pesadilla me está consumiendo. Muevo mi brazo con la intención de golpearme en la cara, intentando no prestar atención al dolor inimaginable que siento al hacerlo, hasta que finalmente logro tocarme la cara. Siento mi mano, gélida y punzante. Por todo mi cuerpo se desliza una sensación de incomodidad y nervios que harían temblar al más valiente de nosotros. Y puedo sentir como me tocan. Manos, manos enormes que tocan todo mi cuerpo. Manos pequeñas que me rasguñan hasta despellejarme. Garras que separan en pedazos mi carne. Empiezo a gritar, pero no puedo distinguir mis gritos. Intento correr, pero no estoy en ningún lado. Cuando siento que voy a dejar de existir, todo se detiene. Y ya no hay más entropía. ¿Se terminó todo esto? Escucho un sollozo de una niña venir desde lo más lejano de la existencia. Escucho un gimoteo y su llanto. Llanto que empieza a sonar gradualmente más fuerte hasta ocupar por completo mi mente. Solo quiero que pare. Quiero que pare, por favor, ya basta. Ya basta, por favor. Quiero que pare. Por favor quiero que pare por favor ya basta quiero que pare por favor ya basta quiero que pare ya basta por fav-

Abrí los ojos como si hubiese explotado algo al lado mío. Un intermitente “BEEP-BEEP-BEEP-BEEP” junto con un zumbido casi imperceptible sonaban marcando la falta de oxígeno en mi traje. Me apuré a abrir la válvula de emergencia antes de consumir el poco aire que me quedaba. Al abrirla, sentí como un aire fresco circulaba por todo el traje, devolviéndome la oxigenación al cerebro nuevamente, me estaba ahogando, al borde de la muerte, y no me di cuenta por haberme dormido. El reloj cesó el ruido, y la luz roja que brillaba volvió al fluorescente naranja de antes. Me senté en donde estaba y clavé mi vista en un punto de la cueva. Me había olvidado de donde me encontraba.

Cuando mi mente se aclaró un poco, me di cuenta de que el pequeño zumbido que había estado escuchando antes provenía de mi radio. La radio se encendió sola. La volví a agarrar y la acerqué a mis oídos por fuera de mi traje. La estática, el ruido blanco que había escuchado antes volvió a aparecer y esta vez había algo más. Sollozos, gimoteos y llantos. De una niña. De… ¿La niña del sueño? No podía ser. Intenté subirle el volumen a la radio para escuchar mejor, pero la perilla no cambiaba nada, ni aumentaba ni disminuía el volumen. Acerqué más la radio para intentar confirmar que realmente estaba oyendo lo que creía que oía, pero al pegar el oído al parlante, los ruidos cesaron. Todo, el ruido blanco, los llantos, todo. Ahora estaba sentado en una cueva enorme, desorientado, con pesadillas, hambre, y probablemente alucinando. Exploré un poco el sitio con la vista. Sentí que el ambiente era mucho más pesado que antes, pero supuse que era culpa de la pesadilla que tuve y la falta de oxígeno. Algo había cambiado en el ambiente, pero… No sabía que era. Estaba solo ahí, dentro de lo que sabía. Exploré un poco más con la vista, hasta que recordé al mineral carmesí que brillaba.

La No-Turmalina dejó de brillar. Y no solo eso, sino que se esparció por toda la cueva por delante de mí. Como si fuese un material orgánico. El color sangre carmesí era muy intenso, pero ya no brillaba. Era más similar al berilio rojo que a turmalina ahora. Me levanté agitado y volví a equiparme con mi mochila. Había encontrado a la anomalía por la cual habíamos venido en un inicio. Saqué el pico que tenía entre mis herramientas y me levanté con cierta fatiga, me dolía la cabeza y sentía que el sitio entero se sacudía lentamente bajo mis pies. Di los primeros pasos en dirección al conglomerado de minerales mientras recordaba lo que sucedió hace… No lo sé. Perdí la noción del tiempo. Levanté el brazo para ver la hora mientras caminaba lentamente a mi destino. “04:00 /̢̾͗ͬ 4̟̖̋ͨ̃͜Ả͔̩̦̦̹̼͘M̧̜͔̗̝̘̟̗ͣ͗ͩ” marcaba la pantalla.

“¿Acaso es el día o solamente tengo una suerte de la puta madre? Heh, heh.”

El reloj se había averiado en algún momento y no me di cuenta. Algunos datos en el reloj aparecían con la fuente un poco corrupta pero todavía se lograba entender lo que intentaba anunciar. Reí leve pero sinceramente, la desgracia estaba en racha conmigo. Dejé de prestarle atención y me enfoqué en los minerales. Apuré el paso para llegar más rápido, ya había perdido mucho tiempo y no estaba seguro de si debía haberme dormido. Simplemente sentí que mi cuerpo así lo quería. Cuando llegué a estas rocas, me quedé observándolas por unos segundos. Juraría, juraría por mi vida, que vi como algo se movía dentro de éstas. Por un momento me asombré, luego recordé cual era mi trabajo y con todas las cosas con las que había tratado en el pasado.

“Zeta guion nueve, lo mejor de lo mejor… ¿No?”

Por un momento olvidé que trabajaba conteniendo anomalías. Me quedé perplejo. ¿Algo de esa magnitud se podía olvidar?

El cansancio me estaba cobrando. Era la primera vez que un trabajo me hacía tanto daño físico y psicológico, y el operativo había empezado hace solamente unas horas. Antes de ponerme a tomar muestras de este mineral peculiar, decidí pasar la mano por encima de este. Quería asegurarme de que el contacto no me iba a hacer explotar o algo similar. Extendí la palma de mi mano y tanteé una muestra cruda, sin extraerla de la roca. Se sentía tibio y pulsante, era una sensación que me recordaba el latido de una persona, como cuando ponía la mano en el pecho de alguien más. Le di unos golpes leves, seguidos de unos más fuertes. Al estar seguro de que no sucedía nada, empecé a extraer un par de muestras del mineral. Piqué, piqué y piqué hasta lograr extraer un pedazo de este. Lo agarré con cuidado y lo examiné nuevamente. El mineral parecía tener gotas de sangre por dentro, en general poseía un color rojizo pero las manchas eran de un color carmesí muy intenso, tanto que se diferenciaban del resto de la composición. La muestra que logré recolectar tenía forma similar a la de una estrella con cuatro puntas. Me pareció llamativo, nunca había logrado sacar algo tan naturalmente impoluto. Cuando lo estaba a punto de guardar en mi bolso de muestras, una de las puntas se arrancó espontáneamente y levitó hasta en frente de mí. Había unos 20 centímetros entre el pedazo de piedra y mi cara. Instintivamente di un paso hacia atrás y saqué mi arma reglamentaria, con un gesto rápido apunté el arma hacia donde se encontraba la piedra y me quedé contemplándola confundido. La piedra empezó a brillar como si fuese un pequeño foco.
De repente, una corriente de aire salió de la nada, dejándome más anonadado de lo que ya me encontraba. La situación no tenía sentido alguno, y me sentía fuera de lugar. Presioné lentamente el gatillo hasta llegar a la pared que se encuentra antes de disparar. Esperé unos segundos, meditando mi decisión, y cuando decidí abrir fuego.

“CONFUSIÓN”

La palabra confusión llenó la habitación donde me encontraba. Como si el viento me estuviese susurrando, una voz femenina resonaba en mi cabeza con la misma palabra una y otra vez. El cristal que flotaba en frente mío, destelló intensamente y se partió en mil pedazos, dejando un polvo rojo como la sangre en el lugar donde explotó. Me quedé inmóvil, atónito y asustado. ¿Qué acababa de suceder? Todo pasó tan rápido qué-.

Toda la iluminación que había en el lugar desapareció repentinamente. Estaba en penumbra total. Enfundé el arma torpemente a causa de la falta de luz, y encendí la linterna de mi casco.

No sucedió nada.

Tal como si el ambiente se tragase toda la luz, ni un fotón salió de mi casco. Pensé que tal vez se había roto la linterna, como le estaba sucediendo al resto de mi equipamiento, así que intenté apagarlo y encenderlo un par de veces más. Nuevamente, no sucedió nada. Empecé a temblar ligeramente, la temperatura había descendido bruscamente y sentía escalofríos en la espalda. Sin saber qué hacer, di unos pasos al frente. Un paso. Dos pasos. Cuatro pasos. Ocho pasos. Dieciséis pasos. Veint-.

Ring. Ring. Ring. Ring.

Un timbre escolar sonó detrás de mí a la lejanía, y el eco del ruido llegó hasta donde estaba parado. Si antes estaba confundido, ahora lo estaba el doble. Me di la vuelta y pude divisar una tenue luz a una larga distancia de donde estaba ahora mismo. Caminé instintivamente en dirección a la luz, una marcha lenta que se convirtió en un constante trote. De la nada, la linterna de mi casco se encendió e iluminó todo mi camino por delante. Estaba en un túnel rocoso muy estrecho, y para seguir avanzando tenía que agacharme un poco. Empecé a correr con la cabeza gacha, tener una iluminación clara me relajó un poco la angustia, pero no me quitó el miedo que sentía. Corrí por lo que sentí que fueron un par de minutos hasta que finalmente pude ver de forma clara que es lo que era la luz que vi a lo lejos.

Un pasillo escolar.

Delante de mí, se encontraba un pasillo escolar. Dejé de correr para caminar cuidadosamente con la mirada fija en el pasillo. Los colores de los casilleros, el patrón de azulejos del suelo, la posición de las luces. Todo me recordaba a algo, pero no sabía exactamente a qué era. Luego de unos minutos, salí del túnel y di los primeros pasos hacia el pasillo. Entré y la misma corriente de aire que me golpeó hace unos minutos volvió a atacar. Pero esta vez se sentía diferente. Extendí la mano hacia mi bolsillo del pantalón para agarrar la radio e informar lo que estaba sucediendo, pero no tenía la radio en ese bolsillo. De hecho, ni siquiera tenía un bolsillo ahí. Bajé la vista y todo mi atuendo había cambiado completamente. Estaba tan perdido en la situación que no me di cuenta del cambio espontáneo de ropa. No traía mi mochila, no traía mi traje de protección, ni mi cinturón de utilidad. Lo único que todavía tenía conmigo era mi reloj inteligente. Lo miré y seguía fallando, así que le resté importancia. Mi nuevo atuendo era de guardia de seguridad, tenía una placa como la de los sheriffs y un gafete que rezaba mi nombre. Asustado, intenté darme la vuelta para volver por donde llegué, pero solamente había un pasillo igual de largo e interminable que el que tenía en frente mío. No había ninguna cueva, no había piedras, solamente casilleros y adornos de primavera. Pensé que tal vez podría estar en un sueño, me pellizqué, grité y respiré hasta aceptar que era la realidad, y que tenía que continuar con el trabajo. Volví a orientarme y emprendí la marcha. Mientras caminaba inspeccionaba cuidadosamente el corredor. Entre los carteles que había colgados pude leer:

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Algo en mi mente empezó a retorcerse frenéticamente. Mi respiración se tornó súbita y exasperante. No entendía que me estaba sucediendo. Contemplé el cartel durante unos segundos más, hasta que me di cuenta de lo que sucedía. Podía reconocer ese anuncio. Como si de una bofetada se tratase, mi mente comenzó a llenarse de antiguos recuerdos. Recordé la primaria. Recordé la feria de ciencias, y que ese fue mi último año antes de “abandonar” súbitamente el puesto de guardia de seguridad en la primaria a causa de razones íntimas. Respiré profundamente y continué caminando en el interminable corredor. Corredor que se extendía tanto que no podía ver el final ni el inicio.
Después de caminar lo que supuse que fue una hora sin ningún cambio aparente en el lugar, me senté en contra de unos casilleros para descansar. Levanté mis rodillas y apoyé mis brazos y cabeza encima de ellas, como si de un perro se tratase. Cerré los ojos para reflexionar un poco sobre lo que estaba sucediendo. ¿Estaba en algún tipo de sueño lúcido? Lo más probable es que no, ya había intentado despertarme. Tenía amigos que trabajaban en el departamento de oneiroi, y siempre me daban consejos sobre cómo actuar ante la sospecha de estar soñando.

“Bueno. ¿Ya están todos los papis de la división cuarto C?”

Lo más probable es que se trate de una anomalía espacio-temporal. En el informe del operativo no nos indicaba nada sobre esto, pero nos enviaron a nosotros por la complejidad del terreno donde había que maniobrar.

“Hoy estamos reunidos debido a unas quejas que se dieron recientemente con la dirección de la primaria. Me gustaría poder escucharlos primero a ustedes y luego hablaremos sobre lo que la dirección propone para solventar el problema.”

Pero si se trataba de una anomalía de tal envergadura, ¿no se supone que nos tendrían que haber enviado con más recursos? Solamente por ahorrarse unos putos dólares prefirieron marcar el operativo como “exploración”, que asco de gente. Al fin y al cabo, el que tiene dinero no sufre.

“Mi pequeña ya no quiere volver a la escuela. Tiene miedo. No. Tiene pánico. Cada vez que pasa por la entrada del colegio está este imbécil que se supone que los tenía que proteger. Nosotros ya no sabemos qué hacer en casa, y tampoco se anima a contarnos específicamente que es lo que le sucedió.”

Escuché la voz de una señora cerca de donde estaba. Me levanté cuidadosamente y vi que había aparecido una puerta a unos metros de mí. Caminé en puntillas y me situé al costado de la puerta, lo suficientemente cerca como para poder escuchar lo que hablaban en la habitación.

“Si… pero nosotros no podemos hacer nada al respecto si no tenemos ninguna prueba de lo que usted me acaba de contar. El colegio vela constantemente por la salud física y mental de los niños, pero no-“

“No es cierto, no sea tan mentirosa. El puto colegio y sus normas moralistas de mierda. ¿Qué carajos esperan que suceda?, ¿Qué le pase a otro niño lo que le sucedió a la pequeña? Por favor, no me jodas. Lo único que falta es que aparezca alguien muerto en el patio de la escuela, y aun así van a seguir defendiéndolo.”

“Señor, nosotros no tenemos certeza de absolutamente nada. No somos verdugos, solamente nos abstenemos a actuar de la forma correcta que el sistema determina. Expulsar a alguien de su trabajo y armar una campaña en contra de esa persona es condenar a alguien sin un motivo claro. Comprendo la angustia, y nos comprometemos a acompa-“

“Una mierda, ni una mierda. No es así, solo son unos putos mentirosos.”

“Amor, ya cálmate.”

“No puedo, Dios. James, parece que no te importara una mierda lo que le sucede a Rose. La pobrecilla está en estado catatónico desde hace dos semanas ya, y tú no haces una mierda.”

Una fuerte discusión se liberó en el aula de mi lado, intenté asomarme para ver pero tenía miedo de que me descubrieran husmeando. Repentinamente empezó a sonar el timbre del colegio. El volumen era tan fuerte que sentía que mis tímpanos sangraban. Cerré los ojos y me tapé los oídos con fuerza para evitar que me lastime más. Unos segundos más tarde, dejó de sonar. Cuando abrí los ojos, el pasillo estaba casi a oscuras. Podía ver un poco gracias a la una fuente de luz tenue que salía de la nada. La puerta que estaba husmeando ya no estaba más, solo había una pared con un cartel que decía “SONRIE”. Al fondo, a la izquierda, podía ver otra puerta. La puerta tenía una ventanilla en la parte central superior, y de esa ventanilla podía ver luz. Una luz similar a la de un foco bastante brillante. Empecé a caminar hacia la puerta sin pensarlo demasiado. El suelo del corredor estaba cubierto con un par de dibujos infantiles. Estaban esparcidos desde donde estaba parado, hasta justo por debajo de la puerta. Avancé con cautela, viendo los dibujos que había en el suelo. El primer dibujo que vi estaba hecho en una hoja blanca lisa, había un arcoíris y unas personas. No pude distinguir otras cosas. El segundo dibujo estaba hecho en una hoja tamaño A4, en él podía ver un retrato infantil de una niña sonriendo. El tercer dibujo, era idéntico al anterior, solo que esta vez tenía dos niños detrás, y la misma niña al frente. Nadie sonreía. El cuarto dibujo estaba hecho en una hoja de cuaderno cuadriculado. Era un dibujo similar al anterior, pero los bordes de la hoja estaban quemados y rotos. El quinto dibujo mostraba muchos más niños en un primer plano, casi tantos que llenaba la hoja. También estaba rota y chamuscada. El sexto y último dibujo antes de llegar a la puerta estaba hecho en una hoja grande, no recuerdo haber visto hojas así antes, no era exorbitantemente grande pero tampoco era de las que vendían en las librerías normales. El dibujo mostraba a todos los niños llorando. La hoja estaba rota y cubierta con manchas de sangre. La cara de la niña que estaba en primer plano ya no estaba más. Solo había una mancha de sangre enorme.
Me agaché y recogí el dibujo para verlo con más cuidado. Unos segundos después de haberla agarrado, la hoja empezó tintarse de un color marrón sepia, y el dibujo que estaba plasmado desapareció completamente. Fruncí el ceño sin dejar de mirar la hoja. De izquierda a derecha, una frase escrita en un tinte bordó oscuro empezó a deletrearse.

“Mira…”

“Mira la…”

“Mira la ventana.”

Levanté la vista para ver a través de la ventanilla de la puerta, justo por donde se filtraba la fuerte luz blanca. Justo en el momento en el que me acerco para ver lo que había detrás de la puerta, la luz que había tras de ella se vuelve mucho más fuerte y el estruendo de un foco rompiéndose suena a través de la ventana, acompañado de la desaparición de la luz. Ahora estaba en una oscuridad parcial. Podía distinguir el marco y la manija de la puerta, pero no podía ver nada por la ventanilla. Súbitamente, la puerta empieza a moverse de forma muy brusca. Como si estuviese con llave y alguien detrás estuviese golpeándola constantemente. Dentro de la habitación hay alguien gritando de forma desesperada. No, no es una persona, son varias. Suenan como niños, niños siendo torturados hasta más no poder. La puerta empieza a azotarse tan fuerte que siento que se va a romper, y lo que sea que está detrás va a venir por mí. Me desesperé, estaba extremadamente agitado y con mucho miedo. Sentía que quería llorar, pero tragué mis lágrimas e hice un paso atrás. Los gritos sonaban desgarradores, podía escuchar un “Ayuda” entre todos los gritos de desesperación y dolor. La puerta estaba por partirse, estaba seguro. Quise correr del pánico. Esperé un momento, y cuando decidí correr, la puerta se abrió de un golpe. Me quedé inmóvil del miedo. Solamente había una habitación oscura, tan oscura que no podía diferenciar formas por detrás del marco de la puerta. Un sollozo que se transformó en llanto sonaba desde adentro. No estaba seguro de si quería acercarme, pero algo en mi cuerpo me pedía que lo haga. Me acerqué lo más posible sin llegar a entrar, y me quedé esperando a que algo sucediera. No estaba seguro de qué, pero sabía que algo era. Los llantos cesaron, y sentí como algo me abrazaba la pierna. Solté un grito ahogado, no quería saber qué era lo que me estaba sosteniendo del pie. Quise bajar la mirada, pero un orbe de color rojo salió súbitamente de la nada, y se posicionó cerca de mi cara. Miré más atentamente y pude ver que era un pedazo de cristal, el mismo cristal que agarré hace rato. Otra vez, una de las puntas flotaba en frente mío. Un fuerte viento llenó la habitación y el pasillo que estaba en oscuridad total, y sentía como una niña me susurraba al oído.

“COMPRENSIÓN”

Igual que antes, la pieza puntiaguda de cristal empezó a brillar y explotó, desintegrándose en frente de mí.

Y nuevamente estaba en penumbras.

Solo que esta vez el silencio no reinaba. Podía oír pequeñas cigarras en mis alrededores. Me volteé para intentar dilucidar de dónde venían, pero fue en vano. Por simple reflejo tanteé mis bolsillos, topándome con una conveniente linterna. Tomé la misma y apunté en frente mío para intentar divisar algo más que el redundante oscuro, pero no encendió al primer intento. La golpeé un par de veces y volví a intentarlo. Milagrosamente encendió y lo primero que logré ver fue… Un árbol.

“¿Qué carajos?”

Alumbré las periferias con el potente halo de luz que la linterna emitía, y para mi sorpresa, me encontraba rodeado de árboles. Levanté la mirada en busca de alguna pista que me permita orientarme en donde estoy, y lo único que pude ver fue una brillante luna y un cielo repleto de estrellas. Bajé la mirada nuevamente y ahora todo estaba iluminado con la tenue luz que la luna me proveía. Estaba en un bosque, un denso y frondoso bosque. Bajo mis pies había un sendero de tierra que se perdía en la oscuridad a un par de metros de donde estaba. Instintivamente empecé a caminar por el sendero, sin saber a dónde me dirigía. Ya no me importaba mucho honestamente, solo quería que este calvario terminara. Estaba cansado, me dolían las piernas y extrañaba tomar una cerveza helada con mis compañeros. Tampoco tenía mucha idea de cuánto tiempo pasó desde que todo esto empezó.

Mientras caminaba por el bosque, mi mente empezó a hablarme. No soy una persona que suele perderse entre sus pensamientos, pero… esta vez el volumen de mis propios pensamientos era más fuerte que el de las cigarras aleteando en conjunto.

¿En dónde estaré?

¿Esto será una prueba más?

¿Acaso recibiré un premio si consigo salir de aquí?

Las preguntas me inundaron y lentamente me estaba ahogando en ellas. Aun así, no había alentado el paso de mi constante marcha. Se podía oír mis pisadas rompiendo las hojas secas que había en el suelo, y el crujir de pequeños palillos de madera caídos de los árboles que estaban regados por el sendero.

¿Cómo estará mi pequeña en casa?

¿Habrá ido al colegio?

Los árboles lentamente empezaban a torcerse formando un arco por encima de mi cabeza, como si de un pasillo se tratase. Tal vez solo era una ilusión óptica por la falta de luz, pero sin lugar a dudas me aterrorizó. Mientras avanzaba, podía ver que la copa de los árboles que había por delante estaba decorada con guirnaldas y banderas. Me llamó la atención, así que decidí apresurar un poco el paso para poder ver de qué se trataba realmente.

¿Estoy en una ilusión nuevamente?

¿Seguiré vivo?

No lo sé. Me siento deshidratado, y no tengo ganas de caminar.

El camino se volvía más dificultoso a medida que avanzaba, no estaba seguro si era algo sobre el terreno que cambiaba, o simplemente me volvía más débil a cada paso que daba. No sentía que me iba a desvanecer, pero tampoco me sentía la persona más vigorosa. Frené un momento para tomar un poco de aire, lo necesitaba urgentemente. Mi visión se había nublado un poco, pensé que iba a desmayarme. Cerré los ojos durante unos segundos y… Algo me tocó el hombro.

Espabilé, sacudiéndome fuertemente y moviéndome a un costado para intentar divisar a quien sea que me haya tocado. Miré a todos lados en búsqueda de mi sujeto, pero no pude encontrar nada. Lo único que encontré fue una soga colgante de las ramas de los árboles. Una soga que caía justo sobre donde estaba parado yo. Justo sobre donde estaba…

¿Justo ahí? No había ninguna soga cuando me frené. Estaba seguro de eso.

Me acerqué lentamente y la iluminé con la linterna. Era una soga bastante gruesa, no tan gruesa como para empujar vehículos, pero tampoco tan finas como para romperse facilidad. Estaba vieja, y parecía bastante desgastada y seca. Tenía unas motas de color marrón claro. O eso creía. Parecía sangre seca. En la parte inferior de la soga yacía un nudo. Por la forma que tenía, me recordaba a un nudo “As de guía esquimal”, lo recuerdo claramente porque casi me asfixio con uno similar cuando tuve mi primer despliegue. Las consecuencias de no hacer caso a tus instructores, supongo. Dejé de prestarle atención y la vi balancearse en el árbol un par de veces. Había perdido mucho tiempo observando una simple soga.

Al darme la vuelta para continuar, noté que algo había cambiado. Ahora todos los arboles estaban adornados con guirnaldas y banderas. Iluminé directamente a uno de los árboles para ver de qué se trataba y ahí me di cuenta.

No eran guirnaldas y banderas. Eran sogas, y prendas de vestir. Prendas pequeñas de tamaños varios. Prendas de niños, y prendas de niñas. Pantalones, ropa interior, vestidos y camisas.

Por un momento me faltó el aire. Como si me hubiese apuñalado directo en el estómago. Sentí una fuerte presión que me empujaba hacia el suelo, pero no dejé que me tire. Empecé a correr, algo estaba muy mal. Esto era un mensaje. Todo lo era. La escuela, las conversaciones, los dibujos, la ropa. Todo esto era un mensaje, y alguien quería que lo comprendiese al cien por ciento. Mientras corría, cientos de sogas se estiraban para intentar agarrarme. A los costados de los árboles, podía ver la ropa que anteriormente estaba colgada. Habían tomado vida, o algo similar. Es como si hubiese un niño vistiéndolas, pero no había nada ahí. Ni manos, ni cabeza, ni piernas. Solo eran prendas flotantes. Podía jurar que eran miles, y estaban en todos lados. Todos parecían intentar alcanzarme. Solté un alarido de pánico, y empecé a correr lo más rápido que mi condición física me permitiese. A lo lejos pude ver luces resplandecientes de color rojo y azul que brillaban intermitentemente. Dejé mi vida corriendo para lograr llegar. Mis piernas empezaban a fallar, pero las luces estaban cada vez más y más cerca. En un último aliento de fuerza recorrí el último tramo hasta acercarme a lo que eran las luces: Un auto de policía.

“P-Por fin… Puta madre. ¡HEY!, ¡AYUDA!”

Mi respiración estaba extremadamente agitada, podía sentir mi corazón latir vibrando por todo mi cuerpo. Ya no me importaba que me pillasen, si tenía que morir, ese era el momento. Me di la vuelta para intentar ver por última vez a la pesadillesca imagen, pero… Como si de una explosión de sensaciones se tratase, todo lo que anteriormente intentaba atraparme había dejado de seguirme. Ahora solamente había árboles. Arboles normales, con copas bajas y frondosas hojas de color verde oscuro. No había ramas que formasen un túnel, ni ropa colgando de ellas. Tomé un respiro, y caminé hacia el móvil de policía con la esperanza de encontrar otras personas, otro humano.

¿Cómo iba a pedirles ayuda?

Un teléfono, me perdí acampando con compañeros del trabajo. Eso es.

Al acercarme, vi a dos oficiales deteniendo a una persona. Me pareció muy extraño, un arresto en medio del bosque. Intenté levantar un poco la voz para llamar su atención, pero justo en ese momento alguien más habló a los oficiales desde un costado. Dirigí mi atención a ese lugar para ver de quien se trataba. Lo primero que logré ver es que estaba lleno de policías. Solo que estaban en camionetas blancas. Había agentes del FBI, podía verlo por sus camperas. Había médicos con trajes cubiertos, como si tratasen con cosas infecciosas, y, por último, el par de policías que vi en un inicio. Los policías sujetaban a un tipo muy fuertemente, y podía verlo forcejear. Un par de agentes del FBI se acercaron a el tipo y le hicieron un par de preguntas antes de llevárselo a una de sus camionetas y dejarlo encerrado.

De repente, una fuerte sensación de Deja Vú me golpeó. Todo este escenario… Siento haberlo visto hace un tiempo.

De una camioneta oscura, bajaron un par de tipos con trajes forenses de cuerpo completo y un par de cámaras de fotografía. Se acercaron a un agujero que había en el centro del espacio que ocupaban y empezaron a tomar fotografías desde diversos ángulos. Un tercer sujeto bajó una camilla, seguido de un par de agentes que llevaban tablas para transportar personas. Los hombres con trajes forenses dieron un paso hacia adentro del agujero y empezaron a levantar cuerpos. Cadáveres. Me acerqué un poco más para poder ver, con cuidado de no interrumpir a los agentes. Los agentes parecían no notar mi presencia, intenté hablar con algunos, pero era un caso perdido seguir haciéndolo. Es como si yo no estuviese ahí realmente.

Siguiendo a mi curiosidad, seguí observando la situación. Del pozo levantaron un buen par de cadáveres. Por sus tamaños, la mayoría era de infantes. Una sensación de frío y escalofríos me invadió, sintiéndolo todo bajando por mi columna vertebral.

Ya había visto esto antes, y no quería continuar viendo.

Empecé a retroceder para abandonar el lugar. No tendría que entrometerme en primer lugar. Confiado en la situación, y en que todo era probablemente una alucinación, cerré los ojos con la esperanza de que todo desapareciera. Esperé unos segundos y volví a abrir mis parpados. Había funcionado. Efectivamente ya no había nadie cerca. Ni vehículos, ni cadáveres, ni oficiales. Estaba en el mismo lugar, pero solo me rodeaban los árboles que habían intentado “matarme” hace un momento. Desconcertado, me senté en el suelo, y me puse en posición fetal. Ya quería que todo acabase. Empecé a llorar, lloré a cantaros. Era la primera vez en años que lloraba, y no podía creer que alguien como yo estaba llorando.

Sin previo aviso, uno de mis bolsillos del pantalón empezó a vibrar, y una sensación cálida emanó de ahí.

Tanteé cuidadosamente para averiguar de qué se trataba, cuando una pequeña piedra salió bruscamente impulsada hasta posicionarse a unos metros de mí. Otra vez, era aquel mineral anómalo que me venía persiguiendo durante toda esta jodida pesadilla.

“Pfh. Heh, dios mío.”

Solté una ligera risa. Ver algo relativamente familiar después de tanto calvario era… Tranquilizante, en cierto aspecto. A la pequeña piedra le quedaban dos puntas bien definidas, las demás habían sido destruidas antes.
Decidí intentar agarrarla, ya no me interesaban los posibles riesgos, solo quería intentar entender de qué se trataba. Estiré mi mano, pero antes de alcanzar a tocarle, una de sus puntas explotó en mil pedazos y una voz gutural inundó mi cabeza, repitiendo constantemente la palabra “Condena”.

“Condena… Condena… ¿Condena?”

De a poco, mi cabeza iba comprendiendo de qué trataba toda esta situación. La ropa. Los dibujos. Mierda, la escuela también. No entiendo como no me di cuenta antes, siendo algo tan obvio.

Siendo algo tan obvio…

Un cambio de escena repentino. Justo en frente de mis ojos, todo había desaparecido y dado lugar a un lugar completamente nuevo. Estaba sentado entre una multitud de gente dentro de lo que parecía ser una corte. El juez gritaba a quien suponía que era el acusado.

“¡Usted comprende la gravedad de sus actos! ¿Es cierto o no es cierto?”

“Sí señor.”

“No puedo creerlo… Por los cargos de-.”

La gente abucheaba y gritaba. No me dejaba oír claramente lo que estaba sucediendo.

“La corte lo considera culpable, concediéndole la pena máxima posible decretada por las leyes-.”

La multitud empezó a descontrolarse, un grupo de adultos que estaban sentados a mi derecha empezó a gritar profanidades contra el acusado, para después romper en un llanto desconsolado. El juez, en un casi nulo intento de apaciguar la furia de la gente, empezó a golpear su mallete contra la base de este.

ORDEN. –Clack-. ORDEN EN LA SALA. –Clack-.










SILENCIO, POR FAVOR. –Cleeck-. POR FAVOR, ATENCIÓN. –Cleeck-.


















ATENCIÓN. –CLEEP-. ATENCIÓN, TODO EL MUNDO. –CLEEP-.

























YA BASTA. –BEEP-. YA BASTA. –BEEP-.

















































BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP. BEEP.


























ACTIVANDO PROTOCOLO DE EMERGENCIA.


























ABRIENDO VALVULA DE SEGURIDAD.















¿Uh?…











SUJETO ESTABILIZADO CON ÉXITO.















"Otra vez…"










Parpadeé. Estaba recostado sobre una superficie blanda que se movía hacia arriba y abajo lenta y gradualmente. Acerqué mis manos a mi cara para tocarme, pero algo me lo estaba impidiendo. Era un… ¿Plástico? Me reincorporé rápidamente y traté de dilucidar lo que estaba sucediendo. Estaba en un lugar oscuro, pero no en penumbras. Podía ver algunos colores de forma muy vaga. Sentía un peso enorme en todo mi cuerpo. Extendí mis brazos al frente para descontracturarme, y mientras hacía eso, lo vi. Había una pequeña pantalla en mi antebrazo. Era la pantalla de mi traje de seguridad, el que me proveyeron para esta misión en un inicio. Y si estaba pensando en lo correcto, entonces estaba de nuevo en la cueva. Tanteé mi sien en busca del interruptor que encendía la linterna que traía incorporada el traje, hasta que logré encenderla. Efectivamente, se trataba de una cueva, pero… No estaba seguro de si era la misma a la que entré. El lugar completo estaba hecho de… Estaba hecho de… ¿Carne?…

Las paredes parecían respirar, se movían lentamente, como un gusano moviéndose de un lado a otro. El suelo también lo hacía, pero era mucho más lento que las paredes. Era lo suficientemente estable como para poder pararme y caminar sin problemas. La linterna, iluminaba de forma extremadamente puntual. Como si la oscuridad se tragase toda la luz que sobrase del foco. Busqué entre mi equipo la radio que estaba averiada, en un intento desesperado de poder pedir ayuda.

Estaba aterrado.

Levanté la radio y empecé a gritar al micrófono de esta en un desesperado intento de pedir ayuda. Pero sin sorpresa alguna, nadie respondió del otro lado. Lo intenté durante unos minutos más, pero fue en vano. Yo lo sabía, pero no quería aceptarlo.
En ese momento tendría que haber empezado a caminar en búsqueda de una salida. Tendría que haber puesto en práctica todo el entrenamiento que durante años recibí para ser un “súper-soldado”. Tendría que haber hecho tantas cosas… Pero preferí sentarme a recibir lo que a todos les toca alguna vez en la vida.

Saqué el arma reglamentaria, y sin miedo ni asco, me apunté a la cara.

Ya me había cansado de todo esto.

En dirección diagonal desde debajo del mentón.

Y la poca cordura que me quedaba no me permitía pensar claramente.

Con un dedo, retiré el seguro que me alejaba de un descanso y sin mediar más palabra conmigo mismo, puse el dedo índice sobre el gatillo, empujándolo hasta la pared del mismo.

Buenas noches.




























































¡A comer!



Un buen almuerzo junto a la familia. ¿Qué más podría pedir? Habían sido semanas muy duras. El trabajo estaba más exigente de lo normal, tanto que habían dejado secuelas físicas en mi cuerpo, especialmente en mi columna. Tanto llevar equipamiento pesado me había dañado un poco. Cerré la laptop en donde estaba haciendo el papeleo y bajé las escaleras de mi hogar, dirigiéndome al comedor. El día estaba nublado y una fría ventisca llenaba el salón de la casa, uno de mis climas preferidos sin lugar a dudas. En la mesa me estaba esperando mi hija Jannie, una bella e inteligente niña de nueve años. La personita que me cautivó, responsable de mis suspiros y logros en la vida, mi motor de inspiración.

"Hola, mi amor. ¿Cómo te sientes hoy?"

Jan estaba ojeando un álbum de fotos familiares, algo que acostumbraba a hacer desde hace un buen tiempo. Siempre decía que le gustaba recordar los momentos bonitos de la familia.

"Hola papi. Hoy me siento bien, hace un poco de frío. ¿Te gustaría ver las fotos conmigo?"

"Después de almorzar, amor. ¿Qué dices?"

"Ouh. Está bien"

Su pequeña cara pasó de felicidad, a tristeza, a felicidad nuevamente en solo unos segundos. Me sorprendía la expresividad de algunos niños, y me causaba gracia en cierta forma. Miré los alrededores de el comedor. Un bello y acogedor comedor. Una de las paredes estaba adornada con muchas fotos de nosotros, Jannie y mi amada esposa. Al lado de ellas, yacía un antiguo reloj analógico que marcaba constantemente el paso del tiempo con su característico "tic-tac" de forma continua. Otra de las paredes estaba decorada con grandes retratos hechos por amigos de la familia, algunos siendo imitaciones de grandes obras, otros, simplemente pinturas con un concepto abstracto que deleitaban nuestro amor al arte. O al menos eso me gustaba creer. Todo era perfecto, demasiado perfecto.

Un leve estruendo proveniente de las tapas de olla que estaban en la cocina me distrajo por un momento. Pregunté si todo estaba bien, pero no recibí respuesta alguna. Cuando estaba a punto de levantarme para ver si había sucedido algo, mi esposa salió de la cocina con una gran olla en sus manos, para dejarla en la mesa y empezar a servirnos en nuestros platos.

"Y aquí vamos. Buen provecho."

"Gracias, mi amor."

"Espero que lo disfrutes. Una sopa calentita en tiempos de frío."

Sonreí, y empecé a tomar la sopa que mi amada nos había servido amablemente. Esto era justo el momento de relajación necesario para que mi cabeza volviese a funcionar correctamente. Mi ultima misión había sido un infierno, trabajaba como miembro de un escuadrón de élite para una organización muy importante, y las misiones que nos asignaban hacían honor a nuestro estatus de "lo mejor de lo mejor" sin lugar a dudas. Tenía una vida excelente, con un sueldo fantástico y con todas las comodidades que deseaba tener, pero… Por un momento, pensé en cómo mi vida había estado llena de errores. Errores que fueron completamente mi culpa. Mis deseos, mi impulsividad, me ha llevado a hacer cosas malas durante el trecho de mi vida, sin embargo, tuve la suerte de tener… Contactos. Salí impune, lo único que tuve que hacer fue figurar en una audiencia pública solamente para crear una excusa jurídica. Desde ahí, todo el papeleo fue pan comido para mis amigos. ¿Era injusto? Sí, tal vez. Pero aprendí mi lección sin pagar el precio, me consideré extremadamente afortunado, y juré no volver a hacer cosas tan horribles como las que había hecho.

Mi esposa golpeó mi plato con su cuchara de aluminio para llamar mi atención. Había estado un par de minutos con la mirada perdida en la sopa y no me di cuenta. Me disculpé y le di un sorbido a la sopa que tenía servida.

"¿Te gusta, cariño?"

"Por supuesto que me gusta, la hiciste tú. No me arriesgaría a decir qué no, heheh."

Jannie rió conmigo por el ocasional chiste, y siguió tomando su sopa. Mientras le daba sorbidos al plato observaba el comedor con el movimientos de mis ojos. Siempre me gustaba contemplar y admirar el precioso salón que habíamos logrado construir con tanto esfuerzo. Paseé por unos minutos con mi vista a lo largo de las paredes llenas de retratos, hasta llegar al reloj. Lo miré por unos segundos y noté que el mismo ya no estaba avanzando. Su "tic-tac" ya no sonaba, y sus agujas se habían detenido a las 4̷̪̈́A̴͈͐Ḿ̷̠.

"Amor, ¿has notado que el reloj se detuvo a las cuatro de la madrugada?"

"Probablemente se quedó sin pililla, no te preocupes, le compraremos otras cuando vamos al supermercado."

"Uh, entiendo."

Intenté no prestarle mucha atención, sentía que algo estaba mal pero lo atribuí a mi fatiga por el trabajo. Muchas horas detrás del monitor pueden hacerle cosas raras a tu cabeza.

Pasaron unos minutos, cuando empecé a oír un constante "bip" proveniente de alguna de las habitaciones del segundo piso de la casa. Le pedí a Rossie que apagase su alarma del teléfono, pero insistió en que no había puesto ninguna alarma. Extrañado, pensé en algún posible origen del molesto sonidillo pero cuando mi mente lograba llegar a algo mi esposa me tomó del hombro.

"Otra vez, ¿estás bien?"

"Si, si. Lo siento"

Sentía un dolor de cabeza que me estaba matando, sentía un intenso palpitar en mi frente que se ramificaba hasta mis ojos.

"Ya vuelvo, espérenme un momento. Iré a buscar una aspirina para el dolor de cabeza."

"No. Iré yo."

Mi esposa se levantó de la mesa de forma brusca. Pensé que tal vez se había enojado por mis ausencias mentales, pero de igual forma me llamó la atención la forma brusca en la que lo hizo. Al cabo de un rato, volvió con una mano detrás de su espalda y con un vaso de agua en la otra. Jan tomaba su sopa lentamente mientras me sonreía, lo cual me dio un aura de calidez y felicidad enorme.

"Gracias, dulzura."

"De nada, es para termines con lo qué empezaste."

"¿Qué?"

Ella sonrió y me acercó el vaso de agua. La miré con el seño fruncido, intentando comprender a qué se refería.

"Aquí tienes, pedazo de mierda."

Sacó la mano que traía detrás de sus espaldas y me tiró un arma encima de mi plato. Era una Glock color negro con motas verdes. La observé con cuidado pero casi inmediatamente reconocí el arma de mi trabajo. Miré a mi esposa. Me sonreía de oreja a oreja, pero sus ojos… Sus ojos estaban completamente en negro. Asustado, intenté comprender que mierda estaba sucediendo. Ella seguía con su mirada pegada en mí, de pie justo a mi lado. Me dio unos golpes en la espalda con una fuerza inhumana, lo que me llevó a cerrar los ojos por reflejo. Súbitamente, escuché un jadeo espectral viniendo del costado de la mesa donde Jan estaba sentada. Venía de allí, pero no podía imaginar a la pequeña haciendo un ruido como ese. Lo había oído en el pasado, en mi trabajo. Era el sonido de la muerte. No quería ver, estaba seguro de lo que era pero mi voluntad no era lo suficientemente fuerte como para afrontarlo. Levanté la mirada y allí estaba. Jan, con la parte trasera del cráneo destrozada. Cómo si una bala de alto calibre hubiese atravesado su pequeña cabeza. Estaba anonadado, mi mente no daba fe de lo que mis ojos veían. Mi pecho se movía bruscamente a causa de mi respiración errática, y los poros de mi piel emanaban un sudor gélido.

Me sentía enfermo y asustado.

Mi esposa, la cual estaba a un lado hace un momento, ya no se encontraba cerca. La imagen de mi hija muerta fue lo único que permaneció en el lugar. El ambiente familiar "perfecto" que había hace un momento se había convertido en una habitación oscura donde solamente existía la grotesca presencia de un cadaver, una mesa, y mi presencia. Un hermoso y perfecto familiar convertido en esta dantesca escena, el punto culmine de toda la mierda.

Ya estoy divagando demasiado.

En este punto, mi cabeza ya no sabía que hacer. Ya había llorado, había estado asustado, lloré como un imbécil, pero todo se sentía irreal. Recordé que estaba en una pesadilla antes de volver a mi hogar. Aunque ni siquiera estoy seguro de haber vuelto en un inicio. Creo que nunca había vuelto en primer lugar.

Todo quedó en un silencio ensordecedor que duró durante un sólido minuto aproximadamente, no lo sé. Silencio ensordecedor que fue roto por el sonido de huesos crujir. El cadaver de mi pequeña… Se movía lenta y erráticamente. Reacomodó su pequeño cuerpo hasta quedar sentada frente a mí. La observé, paralizado y confundido, esperando alguna reacción brusca. Su cara, su inocente cara era algo que me iba a atormentar el resto de mi vida. Uno de sus ojos estaba inyectado en sangre, lo movía muy lentamente, como si buscase algo por el cuarto oscuro donde estábamos sentados. El otro, estaba completamente en un color blanquecino, similar al color de los huesos. El resto de su rostro era completamente normal, cubierta con manchones de sangre y con pequeños cortes. Viéndola de frente podía observar como en su parte anterior de la cabeza se elevaba un pedazo de carne producto de la enorme herida que tenía. En un contraste demoniaco, la inocencia de su cara era corrompida por la grotesca herida de su cabeza.

Jan, o lo que quedaba de ella, me acercó el álbum fotográfico que había estado ojeando antes de que el infierno se desatara. Era un libro de tamaño mediano de color azul oscuro. Unos listones adornaban la parte superior y tenía un par de manchas color bordó sobre la portada. Miré la mano de Jan, a la cual le faltaba un dedo, empujando el libro por encima de la mesa, acercándomelo cada vez más y más. Yo seguía inmóvil, no estaba seguro sobre que debía hacer en una situación así. Al tener el libro cerca mío, Jan jadeó por lo bajo. La observé a ella un momento y tomé el álbum, el cual se abrió inmediatamente. La primer página rezaba "Álbum de recuerdos" y tenía una pequeña carita feliz rodeada de corazones y estrellas por debajo de ella. La miré con recelo, y mientras la inspeccionaba saltó súbitamente a la siguiente página.

Ahí estaba la primer foto. Era una foto mía sonriendo frente a un ordenador. Me veía joven y radiante. Tenía el cabello largo, como se usaba en los 80', y estaba lleno de libros y cuadernos. Debajo de la foto había un texto que decía:

Hoy quiero contar una pequeña historia. Había una vez un señor lleno de amor y sabiduría. El señor era muy inteligente y sabía de muchas cosas.

El texto estaba escrito con una caligrafía similar a la de un preescolar, y estaba adornado con figurines de animalitos.

Salté a la siguiente hoja.

Nuevamente aparecía yo en la foto. Estaba en un callejón iluminado por una lampara, inyectándome algo en mi brazo. La foto parecía haber sido tomada desde lejos, como si alguien hubiese estado escondido para tomarla. Sabía que era yo porque podía ver mi rostro, pero no podía distinguir más detalles además de eso. Debajo de la imagen había otro texto.

Sin embargo, saber muchas cosas tiene un gran gran precio! Con el tiempo, el señor no supo que hacer con tantas cosas en su cabecita.

Sentí un leve respirar cerca mío. Levanté la vista un momento y encontré que Jan estaba más cerca de mí. Su silla se había acercado de alguna forma. Pero ella se mantenía inerte. Medité durante unos segundos y continué viendo el álbum.

En la siguiente hoja había muchas fotos de tamaño polaroid. En ellas mostraba una figura adulta en un pequeño parque. El adulto estaba rodeado de niños y parecía estar dándole cosas a los pequeños. Una foto específica se veía a el y a una niña sentada en sus piernas. El cuerpo de la niña cubría el rostro del adulto. El texto debajo de la foto decía:

Hasta que descubrió una forma de aliviar la presión que tanto molestaba en su cabecita: dando mucho amor. Repartió amor por todos lados, era un señor muy gentil y le gustaba darle más amor a los niños que a los adultos.

Empecé a oír lentamente crujidos. Sabía que era Jan, pero no iba a levantar la vista. No quería verlo.

La siguiente pagina también tenía varias fotos en tamaño polaroid. Y aparentemente seguían una secuencia. El resto de la pagina estaba cubierta de pedazos de fotos cortadas, las cuales no me hacían mucho sentido a simple vista. La primera era una selfie mía con varios niños. Recuerdo haberla tomado un día qué… Hacía mucho calor.

Me duele la cabeza.

La siguiente foto era de la espalda desnuda de una niña, o un niño. Estaba boca abajo en alguna superficie acolchonada. Uno de sus brazos estaba en su espalda y el otro se estiraba sobre el sillón. El papel de esta hoja era de color gris, a diferencia de las demás fotos. Me quedé observando más tiempo que las demás fotos antes de ver la siguiente foto de la pagina. Estaba un poco embobado. La siguiente foto era similar a la anterior pero al torso le faltaba un brazo. Me hiperventilé un poco al ver la imagen, pero decidí continuar rápidamente. La ultima foto era de un tipo… Una foto mía saliendo de un edificio con una bolsa de basura en mis manos. Estaba usando una gorra, lentes y un barbijo que cubría mi cara. Bajé la vista para leer lo que el texto en el pie de la pagina decía:

Pero el prefería mantener todo en secreto, siempre fue muy celoso y le gustaba guardar sus cosas en privado.

Me tomé un momento antes de continuar. Levanté mi vista al frente y observé la oscuridad que me rodeaba. Miré a mi izquierda, donde no había absolutamente nada. Miré con mucha cautela a la derecha, y allí seguía el cuerpo de Jan, más cerca de lo que lo recordaba. Había cambiado levemente, como si se hubiese empezado a descomponer de forma muy veloz. No desprendía hedor, y tenía una expresión neutra en su cara, la expresión que tiene la gente cuando el alma abandona su cuerpo. La contemplé unos segundos y volví a ver las ultimas paginas del álbum.

Pasé de pagina y solo habían dibujos. Caritas felices, animales mal dibujados, un sol en la parte superior de las hojas, y… algo que parecía ser una pelota con una punta.

Salté a la ultima hoja. Ésta termina una foto de gran tamaño. Una foto mía. Tenía un overol color naranja y caminaba cabizbajo, siendo escoltado por oficiales del FBI.

Un día, otros señores grandes descubrieron todo el amor que este señor daba, y decidieron llevarlo a unas vacaciones en recompensa de su esfuerzo.

Atrás de la ultima hoja había un texto más. Junto a un dibujo de una estrella de cuatro puntas.

Y así termina esta historia, una historia muy muy muy bonita y llena de amor.

La hoja esta manchada de sangre y parecía ser muy antigua. Estaba concentrado en los detalles de la hoja hasta que fui interrumpido por el crujir de Jan nuevamente. Miré hacia donde Jan se encontraba, solo para casi infartarme. Estaba casi pegada a mí. Su cara, ahora sonriente, solo estaba a unos centímetros de la mía. De su boca sobresalía un papel plegado, el cual agarré lentamente.

El pequeño papel leía:

Todo se paga. Todo se repite. Adiós.

Ni bien terminé de leer, mi silla empezó a caer. Caí hacia atrás con la silla, como si se hubiese abierto una trampilla debajo de mí. Grité con toda la fuerza que mis pulmones me permitieron, y cerré los ojos esperando el inevitable aterrizaje. La caída parecía ser enorme, sino eterna. Al cabo de unos segundos dejé de caer y me sostuve con fuerza a la silla. Empecé a llorar y a rezar.

"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre-"

Perdón. Lamento mucho todo lo que hice. Soy un cobarde de mierda.

"Venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo."

Ni siquiera soy católico. Es lo primero que se me viene a la mente, lo siento mucho. Me siento sobrepasado. Solo quiero que todo se termine.

"Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas-"

¿A donde van los sueños cuando dejamos de soñar? No lo sé. Mierda, de nuevo. Supongo que no puedo evitar pensar en estupideces cuando estoy nervioso.

"Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden."

Supongo que debería agradecerle a La Fundación por haberme sacado de la jaula y haberme dado una nueva oportunidad. Gracias chicos.

"No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal."

Heh. Muy tarde. Como siempre.

"Amén-"

Apreté mis puños por la anticipación del aterrizaje, el cual sentía que estaba más cerca qué nunca. Respiré profundo, volví a gritar, prefiero que mi ultimo aliento sea algo que valga la puta pena, no voy a dejar que la situación me sobrepase, no de nuevo. Fuerte, presiono fuerte el asiento. Grito hasta quedarme sin aliento, me duelen los parpados por la fuerza con la que cierro mis ojos, me despido de este mundo de mierda y ojalá que la próxima vez alguien menos basura ocupe mi lugar.

"JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE, JÓDETEEEEEEEEEE. AHHHHHGGGGGGGG."
























































































































"AAAAAAAAAAAAAHHHH-"

"¡OYE, CALMA CALMA!"

Abrí los ojos como plato. Estaba extremadamente exaltado y me faltaba el aire. Respiré profundamente durante un momento y miré bien mis alrededores.

"¿Qué pasó, bello durmiente? ¿Tuviste una pesadilla?"

No comprendía la situación. Inspeccioné mi cuerpo, tenía un traje pesado. En mi brazo había un reloj que marcaba la saturación en sangre y la temperatura de mi cuerpo. Ambos estaban en 0. La pantalla mostraba una fuente corrupta por completo, haciendo casi ilegible cualquier cosa que hubiese escrita allí.

"Yo…"

"Tranquilo. No hace falta, se ve que tuviste un mal sueño. Descanse un poco más, bello durmiente. Todavía falta para llegar. Apenas está amaneciendo."

"¿Qué hora es?"

"No lo sé. ¿Por qué no te acercas a la ventanilla del conductor y te fijas o le preguntas al conductor? Nuestros relojes no están funcionando."

Inhalé y exhalé lentamente por unos segundos. Con cierta dificultad, me levanté de mi asiento hasta acercarme a la ventanilla del conductor. Miré el cielo, y una sensación de tranquilidad invadió mi cabeza. Era uno de esos días que me gustaban.


Aquel día, las nubes estaban enrojecidas.

El sol que se ocultaba hacía que la luz de entre las nubes se tintara de un naranja rojizo, el cual chocaba en contra de los vidrios blindados y polarizados del vehículo militar que nos llevaba al inicio de nuestra misión.

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