Nada Dice "Ascenso" Como una Bolsa en Tu Cabeza

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Un saco cubría la cabeza de Daniel Navarro. No era exactamente la forma más elaborada de mantener a alguien retenido, pero ciertamente no era la primera vez que su jefe había utilizado la táctica. Al menos, suponía que era la Fundación la que estaba detrás de esto. La silla era realmente incómoda, lo suficientemente como para insinuar esa posibilidad.

Podía recordar haber estado sentado en el hall del Sitio-19. Sin duda, eso había ocurrido. Se había convertido en un hábito permanecer en la sala de estar durante tanto tiempo que los trabajadores del cambio de turno empezaban a entrar. La sala estaba vacía, era lo último que recordaba. En estos momentos se encontraba en un asiento, que definitivamente no era el sillón que había estado ocupando anteriormente, con una bolsa sobre la cabeza. Sentía la cabeza ligeramente mareada, pero por lo que podía notar, estaba ileso.

“Los expedientes no bromeaban,” dijo una voz neutra y distante.

Navarro se animó. “Algunos de ellos lo hacen, sólo que no son especialmente graciosos.”

“Aquí dice que fue reasignado al Sitio-19 por acciones no autorizadas en el campo a principios de este año. Por… recuperar una serie de objetos del departamento de objetos anómalos en 2011, también sin autorización. Esto, además de practicar magia delante de personal no autorizado de la Fundación unos años antes… Parece que no puede mantener un perfil bajo, ¿verdad?”

“Ou, chaval, tienes buena gradación si sabes todo eso.” No hay respuesta. “Todavía no todo, pero bueno, has hecho lo que has podido. Aunque no recuerdo haber hecho nada últimamente, así que tengo que preguntar. ¿Por qué tengo una bolsa en la cabeza?”

“También está esposado a la silla.”

Navarro levantó las manos y por fin sintió el tirón del metal, junto con el sonido del chasquido de las cadenas. Quizás se estaba acostumbrando demasiado a esto.

“Sí. Bueno. Me temo que me tienes en desventaja…”

Hubo una ligera pausa. “Directora Tilda Moose.”

Esto significaba que probablemente todavía estaba en el Sitio-19. Era de esperar. ¿Los directores realmente se quedaban en el Sitio que controlaban? “Je. ¿De verdad? ¿Os tomáis la molestia de darle a alguien el nombre en clave de ‘Moose’ y ni siquiera se lo dais a alguien con acento canadiense?”

Se oyó un ligero golpe en el otro extremo de la mesa. “‘Moose’ es mi verdadero apellido.”

“…Sí, claro. Escucha, ¿podríais quitarme esta bolsa de la cabeza?”

Esta vez era un golpeteo más ligero. Navarro escuchó a Moose tamborilear sus dedos durante unos segundos antes de que la habitación se llenara con el crujido del parqué del suelo. Un grupo de chasquido indicó que sus manos estaban libres, luego los pasos se retiraron. Navarro luchó con el nudo que le rodeaba el cuello durante unos segundos, consiguiendo a duras penas quitarse la bolsa mientras Moose se sentaba.

La directora era alta y sus movimientos eran lentos y metódicos. Navarro nunca había sido particularmente bueno para juzgar las edades, y era aún más difícil por los rasgos algo andróginos, pero parecía estar cerca de los 40 años.

Navarro la miró un momento más antes de sonreír. “Sabes, es bastante raro que hable con un director. ¿Eso hace que esta sea una reunión muy buena o muy mala?”

“¿Inherentemente? Ninguna de las dos. Estoy aquí para hacerle una oferta.”

“Oh. Una de esas reuniones. Esas siempre son divertidas. Bien, escuchémoslo. ¿Cómo vais a arruinar mi vida esta vez?”

“Ha sido candidato a un Destacamento Móvil—”

“Nop.”

Su rostro estaba completamente inmóvil, salvo su boca cuando dijo: “No he terminado.”

Navarro cogió la bolsa y se la volvió a poner sobre la cabeza. “Y eso que ya he oído bastante. Gracias, pero no gracias.”

Su voz siguió siendo plana. “¿Qué parte de su situación implica que rechazar sea una opción?”

“La parte en la que lo llamaste oferta.”

“¿Y si cambio esa formulación?”

“Eh, he salido de situaciones peores.”

“Está en una instalación de la Fundación bajo quién sabe cuántas toneladas de tierra, rodeado de algunos de sus miembros más capacitados. Con una bolsa en la cabeza.”

Movió los dedos. “Pero mis manos no están esposadas.”

Ella contestó con una especie de media risa… un cuarto de risa, en realidad, pero él la aceptó igualmente. “No tiene salida, Navarro. Al menos, no por hoy. Debería al menos escuchar el resto de la proposición.”

Navarro se encogió de hombros y se quitó la bolsa. “Si te hace sentir mejor.”

“Ha sido seleccionado para unirse a Sigma-3. Toda su carrera ha sido básicamente una prueba para este.”

“Y… a pesar de ese gran expediente que tienes delante… He… ¿pasado?”

Moose puso una expresión que no era del todo una sonrisa. “¿Por qué cree que tiene un expediente disciplinario tan largo?”

“¿Es una pregunta con trampa?” preguntó Navarro. Como Moose no reaccionó, se aventuró a decir: “¿Porque a veces me salgo de las normas?”

“Una forma interesante de decirlo. Pero no, no es por eso. Si ese fuera el único factor en juego, su historial sería bastante corto. Y su empleo habría finalizado.”

Apoyó el codo en la mesa. “¿Con drogas o balas?”

“¿Importa?” Ella continuó antes de que él pudiera responder. “La razón por la que se le ha permitido seguir trabajando con la Fundación es que alguien ha estado moviendo los hilos."

Navarro apoyó su mejilla en la palma de la mano. “Y esa serías tú, supongo.”

“No. No me dan esos hilos para tirar.”

Navarro no la creyó, pero lo dejó pasar. “Entonces, ¿quién?”

“No estoy autorizada para decirle eso.”

“Por supuesto que no. ¿Y ahora se supone que debo preguntar por qué?”

“Usted tiene una obvia oposición a lo que tradicionalmente se ha considerado como los principios básicos de la Fundación. Sin embargo…” Hizo una pausa. “Simplemente, esos principios básicos ya no son importantes.”

Navarro sintió que una ceja se levantaba.

“Las cosas están cambiando dentro de la Fundación. Estamos aprendiendo demasiado rápido que el mundo anómalo es demasiado grande para que sigamos como hasta ahora. Cada vez se aprueban más proyectos secretos a pesar de la cantidad de fracasos. No me gusta, pero no puedo luchar contra ello. Ya me tienen cogido el brazo por la espalda. Así que necesito gente como usted para engrasar las ruedas y facilitar la transición.”

Navarro cerró un ojo. “Quieres que…”

“Continúe con lo que ya está haciendo. Pero en un entorno más encubierto, y más aceptado. Necesito que trabaje con las comunidades anómalas, y necesito que enseñe a nuestra gente a hacerlo también. Esto incluye el dominio de las prácticas ocultas y taumatológicas antes consideradas prohibidas por la Fundación, así como—”

“Quieres que convierta a un grupo de chicos de la Fundación en magos.”

Una mirada extraña cruzó su rostro, algo así como un susto momentáneo. “Sí, en cierto modo.”

“¿Voy a tener que disparar a alguien?”

“Mientras tengamos miembros paramilitares, no es nuestro objetivo.”

Navarro se quedó mirando la pared durante algún tiempo.

“No es que no simpatice con su posición,” dijo Moose. "pero sepa que sus lealtades han sido… puestas en duda. En más de una ocasión. Personalmente, no voy a asumir que es desleal si se niega a cooperar. Incluso si estamos de acuerdo en devolverle a donde estaba y borrar su memoria de lo ocurrido… lo entenderé. Pero no soy yo quien le trajo aquí con una bolsa en la cabeza. ¿Qué cree que pensarán de esto? ¿Qué pensaría usted, si fuera ellos?”

“'¡Maldito sea ese jodido malote cañón y su actitud de rebelde! Vamos a ponerle una bolsa en la cabeza'”. Como Moose no reaccionó, Navarro se encorvó en su silla. “En serio, soy menos que popular en ciertos círculos. Las amenazas vagas ya no significan mucho.”

“Permítame contextualizar esas amenazas. Puede entrar en la Biblioteca de los Errantes,” dijo Moose.

Navarro tuvo que hacer una pausa ante eso. “Sí, ¿y?”

“Sin ser redirigido a… a algún agujero infernal. O ser convertido en un Bibliotecario. Sin ningún esfuerzo especial. ¿Realmente no tiene ni idea del valor que esto tiene?”

“¿Qué, no hay nadie más en la Fundación que pueda hacer eso?"

“¿Qué no sea ya miembro de Sigma-3? Hay tres, incluido usted, que hemos identificado específicamente.”

“¿Tres? Huh.”

“Tres personas en toda la Fundación, que no son miembros de Sigma-3.”

“Tiene que haber más que eso,” dijo Navarro.

“Probablemente los haya. No podemos probarlo con seguridad. Sin embargo, creo que estamos perdiendo el tema. ¿Ha pensado realmente en lo que está tratando de rechazar?"

Navarro suspiró. “La última vez que formé parte de un equipo, casi todo lo que implicaba se fue al traste. Todavía me cabreo cuando pienso en ello. No puedo dejar de asociar el hecho de formar parte de un destacamento con eso. Y ahora parece que crees que las amenazas van a funcionar.”

“Funcionaron la última vez.”

“Cuando la Fundación me trajo, sí tenías una vida que quitar,” replicó Navarro. “Este ultimátum es bonito, pero parece que te faltan algunos detalles clave. O esperas que lo haga. Puedo 'aceptar' esto, ir a la Biblioteca y luego irme a la mierda para siempre. Tienes dos tios—”

“Dos personas fuera de Sigma-3.”

“— Eres muy delicada con la elección de las palabras — que pueden seguirme. Y aunque puedan entrar en la Biblioteca después de mí, no pueden tocarme allí. Así que acabas de perder una valiosa baza por ser unos imbéciles prepotentes.”

“Ese es exactamente mi punto.”

Navarro cerró los ojos. Miró fijamente la mesa. Miró a Moose. “¿Qué?

“Es libre de pensar que le echaría la culpa a usted si rechazara esto, pero considere algo. Si lo declina, lo único que ha pretendido quien mueve los hilos es que no tenga ninguna razón para mantenerle. Este expediente disciplinario pasa de repente de ser un mal necesario a ser una diferencia irreconciliable. El hecho de que siga haciendo su trabajo actual carece de importancia. En ese momento sería una anomalía más. Y ambos sabemos que trato les da la Fundación.”

Navarro se palpó los bolsillos. Le vendría muy bien un cigarrillo ahora mismo. “Entenderás que aún no me termine de creer que no eres tú quién está detrás de esto.”

Se encogió de hombros. “Es libre de pensar lo que quiera. La cuestión es que la Fundación no está preparada para hacer frente a estas situaciones, carece de conocimientos y herramientas. Así que se abren paso a base de potencia de fuego y esperan lo mejor. Ahora están intentándolo con la magia, y ambos sabemos que eso no se puede forzar.”

Navarro dejó escapar una pequeña risa. “Sí, eso, eh. Je. Eso va a salir cojonudo. Bien. Mira. Voy a trabajar contigo, bien.”

“Yo no soy parte de Sigma-3.”

“Todavía no sé si me lo creo, pero claro, ellos. Sin embargo. No voy a disparar a nadie. No voy a ser responsable de la seguridad de las anomalías involuntarias. Actuaré como comunicador con los demás a través de la Biblioteca, pero no voy a ir a la caza de ninguna información sobre la propia Biblioteca — ni puntos fuertes, ni puntos débiles, ni puntos de entrada, ni recortes de uñas del Bibliotecario, ni nada. No voy a ‘recuperar’ ni un solo libro de la Biblioteca, y estoy seguro de cojones de que no voy a intentar llevar a nadie más a la Biblioteca. ¿De acuerdo?”

“De repente cree que es capaz de negociar.”

Navarro sonrió. “Tú me pones a prueba, yo te pongo a prueba. La ventaja de ser una mercancía valiosa. Además, cabrearte a ti es mucho más preferible que cabrear a la Biblioteca.”

“Sea como sea,” dijo Moose. “Aunque no puede negociar ninguno de estos términos, y esto no debe constituir ninguna forma de aquiescencia a las demandas, puedo asegurarle que no se le exigirá hacer… nada de lo que acaba de mencionar. Ni siquiera indirectamente. Si fuéramos a pedirle algo de eso, no habría sido seleccionado para Sigma-3. Y no, no va a recibir una explicación de eso todavía. ¿Tiene algo más que preguntar, o tiene una respuesta para mí?”

Navarro se encogió de hombros. “¿Qué es lo peor que puede pasar?”

Moose iba a empezar a hablar, pero Navarro levantó rápidamente la mano parándola. “No puedo creer que realmente tengas una respuesta preparada para eso. Sí, me uniré al maldito equipo.”

“En ese caso,” dijo Moose, “bienvenido a bordo del Destacamento Móvil Sigma-3.”

Continua en: Montando una Escena »

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