La Navidad Antártica de Gauss, Castillo y Cygnus
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25 de Diciembre de 20██

01:35 p.m.

En algún punto de la Antártida.

Mientras las familias de gran parte del mundo festejaban la Nochebuena, en el frio continente antártico, un puñado de hombres avanzaban contra la nieve, los vientos polares y el frio extremo. Cinco miembros del Destacamento Móvil Xi-11 (los "Osos Polares"), junto con Los Doctores Castillo, VanDerGauss y Cygnus se movían en un pequeño vehículo de nieve, hacia una vieja base abandonada.

El objetivo de su misión: capturar una entidad anómala que secuestraba niños y se los llevaba antes de escapar dejando un montón de carbón en el lugar del ataque. El vehículo se había detenido, habían llegado.

Frente a ellos se alzaba una vieja base de investigaciones, abandonada hacia décadas, medio enterrada por la nieve y el tiempo. Sin embargo, dentro se veía un pequeño fulgor rojizo desde una de las ventanas. Al fin habían localizado a su presa.

Cuatro de los hombres avanzaron armados con rifles de asalto, seguidos por los doctores Castillo y Gauss (para determinar su naturaleza biológica y dimensional) mientras el Dr. Cygnus y el capitán del equipo permanecían en el vehículo junto con el contenedor en el que iban a transportar al ser.

Los seis cruzaron la puerta, avanzaron por el pasillo oscuro, iluminados por los débiles rayos del sol polar que atravesaban las aberturas del oscuro recinto. Recorrieron palmo a palmo la base, encontrando diferentes rastros de su presa. Pequeños carbones, pisadas cojas, ropa de niños manchadas de sangre les hacían estremecerse, pensando como habrían sido sus últimas horas de vida.

Se habían separado en grupos de dos personas, quedando a solas Castillo y Gauss en el pasillo principal, mientras los hombres revisaban otros sectores del recinto. De improvisto se escucharon gritos y disparos desde una de las habitaciones, Gauss fue corriendo sacando una pistola desde su abrigo polar, mientras Castillo llamaba a la radio pidiendo asistencia. Al llegar, los hombres se toparon con una grotesca criatura humanoide, de dos metros de altura, de piel negra, con los brazos desproporcionadamente largos, con un vientre abultado, cubierto de una vestimenta negra y blanca, mientras estaba sobre una pila de pequeños huesos infantiles, estrangulando lentamente a dos de los miembros de Xi-11. Una sonrisa burlona se dibujó en su grotesco rostro mientras apretaba con más fuerza sus gargantas.

Desesperados, descargaron sus armas sobre el ser, dañándolo mínimamente pero lo suficiente para que soltara a los hombres. Con gran velocidad se lanzó hacia los hombres arrojándolo a uno varios metros haciendo que atraviese con su cuerpo una vieja pared, mientras al otro le dio un zarpazo que lo dejó tendido en el suelo, herido seriamente. Presa de un nerviosismo extremo, Gauss tomó uno de los rifles que habían quedado en el suelo, usándola como un arma contundente contra la cabeza del ser, mientras tanto Castillo llevaba al herido a resguardo.

No me vas a llevar fácilmente, schelmisch! gritaba Gauss mientras golpeaba al ser con el arma, dándole algún ocasional golpe con su “navaja suiza”.

De un momento a otro, aquella entidad levantó al infortunado Dr. Gauss, el cual fue arrojado a varios metros de distancia; Castillo sacó una FN Five-Seven, disparándole a las piernas de la criatura haciéndola caer. De rodillas empezó a avanzar hacia ellos arrastrándose lentamente, clavando sus garras sobre el suelo cubierto de sangre y escarcha. Estando ya a escasos centímetros de tomar a Gauss que yacía inconsciente en el suelo, apareciendo el Dr. Cygnus con un lanzallamas que lo descargó sobre el rostro del ser. Tres de los hombres del destacamento se recuperaron uniéndose a la batahola contra aquella monstruosidad, hasta que finalmente quedó inerte sobre el suelo helado.

Algunos minutos más tarde, con el Doctor VanDerGauss ya recuperado y los heridos a resguardo dentro del vehículo, se preparaban para tomar una muestra para determinar la naturaleza del ser, cuándo se dieron con una poca agradable sorpresa. Apenas el Doctor Castillo había clavado la aguja, este se despedazo en pequeños fragmentos de carbón negro. Como pudieron, tomaron los restos guardándolos en una bolsa y retomaron el camino de nuevo a base. Al comienzo, Gauss insultó a Castillo y Cygnus por haber echado a perder un espécimen interesante, sin embargo, al ver un pequeño libro de cuentos infantiles que yacía en el suelo junto con los restos, comprendió la naturaleza de aquella entidad.

Los ocho hombres volvían a casa, heridos, cansados, con más de 300 kg de carbón y una enseñanza que les hizo tomar en serio algunas cosas, como que era la última vez que se le leería un cuento navideño a SCP-239, en especial sobre Santa Claus y lo que hacía a los niños que se comportaban mal…

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