Matryoshka: Parte Uno

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—¿Tienes hijos, Ekaterina?

SCP-1041, vestida con ropa holgada de rayas negras y grises, sacó otra carpeta del gabinete y la hojeó, iluminándola con su linterna, evaluando su importancia relativa en relación con su peso y tamaño. "Experimentación en la extracción del compuesto H13-Blanco: Serie de Pruebas VII." Fue al maletín. Se movió deprisa al estante siguiente.

—No. Eso sería un grave error. —El francés de Nechayeva era impecable, su aptitud para los idiomas era una de las razones de su asignación inicial. Volvió a mirar el reloj montado encima de la puerta, desabrochando y abrochando el puño de su grueso abrigo de lana mientras esperaba que su compañera terminará. Estaba incómoda en el atuendo de civil.

SCP-1041 se detuvo brevemente. Un grave error. ¿Para ella o para todos? La distinción tácita era preocupante. Ella continuó llenando el maletín con los archivos más relevantes disponibles. Jamás cabría todo el proyecto en un maletín tan pequeño, pero suficientes puntos de referencia le permitirían a la gente de Petrov reconstruirlo, en su momento—. No sé si yo tenga hijos. Quiero decir, a veces he afirmado ser madre, pero nunca ha habido ninguna prueba. Espero por mi bien que lo sea. Espero por el bien de los demás que no lo sea.

—Eso no importa ahora.

—Hm. Supongo que tienes razón. —Era fácil olvidar lo joven que era esta mujer, a veces. El maletín estaba casi lleno. Sólo le quedaba espacio para meter el resumen del documento que detallaba los hallazgos finales. La mujer mayor sacó el informe de la carpeta y desató los broches que unían las páginas. —¿Dónde estaré mañana, me pregunto? No he tenido que pensar en eso durante bastante tiempo.

—No deberían estar aquí por otras dieciocho horas. Hemos reposicionado a la mayoría de nuestra gente en Novosibirsk. Una vez que asegure la ruta de salida, saldrá conmigo de aquí.

SCP-1041 se detuvo mientras consideraba el plan una vez más. —¿Has tenido alguna noticia del Dr. Geissler?

El rostro de la mujer más joven se endureció. Arrugó las líneas de alrededor de su boca—. Es mejor pensar que murió. —La linterna de SCP-1041 brilló brevemente sobre los dientes de acero de Nechayeva mientras hablaba. A pesar de sí misma, la mujer mayor sintió punzadas de pesar cuando pensó en el investigador de la Fundación. El Dr. Geissler siempre había tenido probabilidades de tener un final violento, considerando de dónde vino y lo que había iniciado. Pero todos habían formado parte, voluntariamente, permitiendo que tanto los científicos soviéticos como los de la Fundación comprendieran a grandes saltos el nuevo y aterrador campo que ayudaron a crear. La mujer mayor había registrado un total de cuatro días y dieciocho horas de trabajo en el proyecto del Dr. Geissler; sin embargo, se sentía íntimamente responsable de su resultado final. Y de Geissler.

En este momento, sin embargo, ella tenía razón, pensó. Mucho mejor pensar que el doctor murió. Otros pensamientos eran intolerables en este momento. La Nepheshologia había nacido en el Sitio-7; su trabajo ahora era asegurarse de que no muriera aquí. O peor.

—¿Tienes lo que se necesita? —preguntó Nechayeva, asintiendo con la cabeza hacia el maletín.

SCP-1041 se detuvo, metió la última documentación en el maletín y lo cerró—. Espero que sí. Tenemos quince minutos como máximo antes de que los guardias vuelvan a revisar mi bloque, tenemos que darnos prisa.

Las dos mujeres salieron de la sala de archivos, entrando en un pasillo oscuro. Todo el personal estaba ocupado en mantener el perímetro y mantener esas anomalías que eran una amenaza inmediata encerradas. Incluso la GRU-P no tenía el personal para poner guardias en el ala de investigación. Los agentes de la Fundación en el Sitio-7 lucharon fieramente para mantener el control del sitio, tan sorprendidos como estaban. Los nuevos amos del Sitio-7 todavía estaban esperando reemplazos de Moscú para los hombres que habían perdido en la operación.

La mujer mayor abrió el camino hacia el corredor de servicio en la parte posterior, donde se guardaba el equipo de calderas. En los años que había pasado como invitada obligatoria de la Fundación, la seguridad nunca se había relajado. No recordaba haber deseado escapar en ningún momento, especialmente cuando el Dr. Geissler le había pedido que participara en su trabajo. Pero el guardia que se quejaba en el cambio de turno sobre lo malditamente caliente que era en la sala de calderas, parecía algo útil para recordar en ese momento. La gente de Nechayeva en la KGB, ansiosa por contraatacar a sus rivales dentro del gobierno soviético, habían podido hacer un buen uso de esa información.

Rápidamente, se abrieron camino entre los pasillos de servicio, los conductos de vapor y el cableado que serpenteaba sobre sus cabezas, el zumbido de la maquinaria que impulsaba al Sitio-7 se hizo cada vez más fuerte a medida que se aventuraban en el corazón de la instalación. Llegando a lo que parecía un callejón sin salida detrás de tres tuberías grandes, SCP-1041 vio una puerta de acceso simple, al lado de donde las tuberías parecían atravesar la pared. Una fina capa de aire helado se filtraba alrededor del marco de la puerta, un pequeño viento que cortaba limpiamente el calor de su ropa, enfriándola de inmediato a pesar del calor opresivo de la sala de calderas.

Nechayeva sacó lo que parecía ser un destornillador pequeño y varios trozos finos de cable de un bolsillo interior en su abrigo. Se agachó al nivel del pomo de la puerta, insertando sus herramientas y presionando delicadamente dentro de la cerradura. En unos segundos, oyó un pequeño sonido metálico, y la puerta estaba abierta.

En su mente, SCP-1041 volvió sobre la ruta que habían tomado, repetidamente, esperando que no se perdiera en su camino mientras regresaba a su celda antes de la inspección. Nunca se había hecho ilusiones acerca de la Fundación, o cuáles eran sus capacidades si estaban amenazadas. Pero por lo que le habían dicho, la GRU-P era una cosa distinta. Si la descubrían, tendría que tomar la píldora que Nechayeva le había dado, inmediatamente y esperar que la matara lo suficientemente rápido. Incluso con el destino que seguramente le esperaba si la capturaban viva, se preguntaba si sería capaz de hacerlo.
Nechayeva le tocó el brazo, mirándola a los ojos—. No hemos olvidado tu servicio. —El rostro de la joven agente de la KGB era pedregoso—. Volveré por ti. Nos encontraremos de nuevo.

SCP-1041 apretó la mano de Nechayeva en respuesta, y luego le entregó el maletín que contenía el trabajo de años—. Por favor, sepa que, no importa quién soy cuando me vuelva a ver, lo que digo es que. Estoy agradecida por lo que ha hecho.

Nechayeva asintió. Abrió la puerta de acceso, el aire frío que ahora las golpeaba, empujado por el pasillo exterior de servicio por fuerzas desconocidas. Sacó su pistola de servicio de debajo de su abrigo, mirando hacia el camino poco iluminado por delante.

Se asintieron la una a la otra. Aunque el ceño fruncido permanente de Nechayeva permanecía en su cara, SCP-1041 notó ahora que los ojos de la mujer más joven no eran tan duros como el resto de ella. Le proporcionaron una pequeña visión. El futuro era menos seguro de lo que la joven operativo le presentaba.

Do zavtra, —dijo Nechayeva. Se movió hacia el corredor, desapareciendo en el sinuoso camino en solo unos segundos, con el maletín en una mano y la pistola en la otra. La puerta de servicio se cerró detrás de ella.

SCP-1041 comenzó a correr de vuelta a través de la sala de calderas. Las cosas estaban ahora fuera de sus manos.

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