Matryoshka: Parte Cuatro

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Un salpicón de barro congelado empapó la ropa de Spinella mientras se retorcía en el suelo, jadeando por aire, escupiendo sangre. Desde su espalda, observó cómo la sombra del anciano en el suelo a su lado se alargaba y se oscurecía. No. Este no era el plan en absoluto.

Los dos guardias del puesto de control no notaron la oscuridad solidificada proyectándose en el suelo mientras ladraban preguntas a su radio. Si hubieran mirado junto de la figura tirada en el suelo de Spinella, habrían visto que el contorno negro de la sombra del anciano se volvía cada vez más grueso, solidificándose hasta que parecía corroer el suelo debajo suya. La nieve que tocaba se evaporaba instantáneamente en vapor espeso. Se elevaron inexplicablemente desde el suelo unas finas líneas negras donde la sombra ahora había formado un gran agujero, sus profundidades imposibles de ver.

Spinella protestaba débilmente a gorgoteos, jadeando e intentando alejarse de la oscuridad que se formaba. Yuri se volvió hacia él rápidamente cuando vio movimiento por el rabillo del ojo, luego se detuvo en seco al ver lo que se elevaba de la sombra del anciano.

Se había formado el contorno de una puerta, translúcida y negra, fija en el aire como humo congelado y flotando sobre el vacío sombra del anciano. La risa del anciano desecado en silla de ruedas ahora era maníaca y aguda, con un tinte obsceno. Dentro de la puerta estaba la misma oscuridad infinita que se proyectaba en el suelo. El marco aproximadamente rectangular de la puerta se fue definiendo cada vez más, sus ángulos perfilándose. Cuando Yuri se giró para alertar a su compañero, tres hombres fueron lanzados repentinamente con gran fuerza a través del portal de otro mundo, estrellándose contra él mientras todos se amontonaban en el suelo.

Por un segundo, nadie en el montón en el suelo se movió. Los ojos del guardia delgado se abrieron con incredulidad, pasando de su compañero a los hombres que de repente se habían materializado. El primero en recuperar sus cabales fue Juhasz, encima de la pila. Rápidamente encontró apalancamiento y se empujó hacia adelante, cargando con el hombro al estómago del guardia delgado y tirándolo al suelo.

Entonces se produjo una loca lucha, Yuri pateaba y movía los puños en todas direcciones mientras trataba de liberarse de la pila. Le dió a Stillwell directamente en el pecho, sacándole el aire y dejándolo jadeando cuando el corpulento soldado ruso recuperó el equilibrio. Coogan se posicionó para enfrentarlo.

Detrás de Yuri, Juhasz se las había arreglado para mantener al guardia delgado en el suelo, dejándole una mano libre para alcanzar el bolsillo interno de su abrigo. Sacó un chato y firme cuchillo de servicio. El guardia tomó el medio segundo de oportunidad; una de sus manos se disparó en un cerrar y abrir de ojos al cuello de Juhasz, la otra tratando de alcanzar frenéticamente la cuchilla.

En la confusión, el arma de Yuri salió disparada de sus manos a un metro él. Miro de lado hacía ella brevemente, tentando a Coogan a ir hacia él. Yuri lo tropezó mientras se movía hacia delante tirandolo en el suelo y rápidamente golpeando la garganta de Coogan con la rodilla. Antes de que pudiera aplastar la laringe del operativo caído, Yuri vió a Stillwell ir por el rifle en el suelo. Se puso de pie casi instantáneamente, sus extremidades fornidas traicionando la rapidez y precisión de sus movimientos, moviéndose como si estuviese hecho de resortes en lugar de músculo. Un gran puño fue golpeando en dirección de la cara de Stillwell. Stillwell agarró el arma y con la culata del AK-47 empujó hábilmente el brazo del ruso en mitad del golpe, esquivándolo y dejando que la fuerza quiebra huesos del soldado siguiera su inercia hacia delante. Stillwell se opuso a esta inercia, golpeando su rodilla tan fuerte como pudo hacia el medio del hombre. Pudo sentir el característico crujido de una costilla rompiéndose mientras pegaba. Su oponente se dobló incapacitado momentáneamente, Stillwell miró sobre su hombro.

Vió Juhasz y al guardia delgado, los dos combatientes cubiertos de sangre mientras forcejeaban en el suelo, la nieve a su alrededor ahora era una mezcla de café, rojo y blanco. Juhasz se las había arreglado para volver a ponerse encima, con ambas manos sobre el mango del cuchillo mientras lo presionaba hacia el pecho del primer guardia. El soldado estaba respirando fuerte, casi hiperventilándose, mientras trataba con todas sus fuerzas alejar el cuchillo, sus manos sobre las de su atacante, tratando desesperadamente de alejar la cuchilla. Se acercó a su corazón. Juhasz estaba temblando del esfuerzo, inclinándose al pomo de su cuchillo con todo su peso.

La adrenalina aceleró sus pensamientos y Stillwell actuó girándose hacia delante una vez más. Tomó las solapas del traje de Yuri y las cruzó sobre su garganta, apretandolas en sus puños, jalando el cuello como un nudo. Los ojos del guardia saltaron mientras le cortaba el aire, su cara deformandose por el dolor, odio y miedo. Alcanzó las muñecas de Stillwelll apretando violentamente tratando de liberarse del agarre. Stillwell podía sentir los tendones y ligamentos empezar a soltarse en sus brazos mientras el ruso gigante jalaba y apretaba, el dolor deteniendo el tiempo a un pestañeo. Quince segundos y entonces podría ayudar a Juhasz. Resiste por quince segundos.

La cara del ruso estaba vaciándose de color mientras que se le cortaba el suministro de sangre. El pánico hizo sus movimientos menos y menos coordinados y entonces Stillwell pudo poner al hombre de rodillas. Tomó varios golpes en las costillas mientras su oponente se sacudía, aunque lo rozaran los golpes aún eran suficiente para hacerle hacer muecas de dolor y aflojar el agarre. Finalmente con lo que debieron ser sus últimas reservas de fuerzas, Yuri le dio directamente en la muñeca a Stillwell. El puño del ruso le dió en un ángulo crítico y Stillwell sintió un sonido similar a un descorche en su muñeca mientras se rompía. Su agarre en la solapa izquierda de Yuri se había esfumado y el soldado ahora estaba libre.

Yuri pareció requerir nada de tiempo para recuperarse. Se preparó para lanzarse al discapacitado Stillwell, cuando tres estallidos sonaron en sucesión rápida. El lado de la cabeza de Yuri colapso mientras pedazos de cráneo, cabello y cerebro salieron disparados en el hoyo abierto en donde antes había estado su oreja izquierda hace un instante. Cayó boca abajo en la nieve, con vapor levantándose del chorro de sangre saliendo de su cabeza

Le tomó varios segundos a Stillwell mirar de donde habían venido los disparos. Spinella se había levantado y tomado el rifle del guardia. Coogan estaba empezando a recuperar el equilibrio. Juhasz. Stillwell acurrucó su muñeca rota y se movió hacia la otra pelea.

Juhasz había enterrado con trabajo la punta de su cuchillo en el pecho del guardia delgado. Gruñidos sordos venían debajo suyo mientras el soldado luchaba contra la cuchilla con una ferocidad salvaje, la sangre comenzaba a acumularse en la herida. Spinella apuntó el rifle hacia los dos combatientes.

—¡Detente! —gritó Stillwell—. ¡Vas a darle a ambos!

Spinella lo ignoró, alineando las miras de hierro, apuntando con cuidado. Sus manos temblaban, ligeramente.

Los gritos parecieron pinchar las orejas de Juhasz. Con un espasmo de esfuerzo, golpeó el cuchillo hacia abajo, a través del agarre de muerte del ruso en la hoja, enterrándolo en su pecho. El guardia delgado gorgoteó, luego jadeó, sus manos repentinamente cayendo. Juhasz afianzó su agarre en el mango y con un gruñido de esfuerzo torció el cuchillo con ambas manos, soltando un chorro arterial desde el pecho del hombre, el sonido de carne rasgada y tendones desgarrados se podía oír a tres metros de distancia. El suelo estaba empapado en sangre y la escena se asemejaba al final de la caza de algún animal. El guardia delgado se estremeció, y luego se detuvo. Spinella bajó el rifle.

Los cuatro agentes de la Fundación se miraron. Nadie habló. Stillwell examinó la carnicería. El portal ya había desaparecido, el imposible abismo que había al lado del anciano desapareció, reemplazado por la sombra pálida que la naturaleza exigía. Juhasz se puso de pie, su traje empapado en sangre, su bigote pegajoso y goteando con ella. Su expresión estaba en blanco. Coogan parecía como si fuese a enfermar. El anciano volvió a reír desde su silla de ruedas, al margen de la escena que se había desarrollado a su alrededor.

—¿Por qué no le disparaste al hijo de puta mientras lo tenías? —le gritó Spinella a Stillwell.

—Sin disparos. Esas fueron las órdenes. —Stillwell miró su mano. El ángulo de su muñeca no era el correcto. Rota con certeza.

—¡A la mierda las órdenes! ¿Ahora mismo esto parece un misión?

—Tenemos que irnos. —Juhasz interrumpió mientras levantaba el rifle del guardia delgado, mirando más allá del punto de control—. Ahora.

Stillwell asintió. Su brazo comenzaba a palpitar.

—¿A dónde? Estamos expuestos, ¡van a enviar patrullas en cualquier momento! —dijo Coogan.

Juhasz se colgó el rifle por encima del hombro. Miró a los edificios circundantes, entrecerrando los ojos.

—Esa es la Lonja de los Paños al otro lado del arco. Conozco un lugar que debería bastar para esconderse de la policía militar por un tiempo. Vengan. —Juhasz comenzó a trotar, saltando sobre la puerta del punto de control y dirigiéndose a un edificio bajo y pálido en la distancia, rodeado por una pasarela arqueada.

Stillwell volteó hacia Coogan—. Trae al escape

Spinella tosió—. No puedes estar hablando en serio. Deja al cabron.

—No dejamos nada para los soviéticos, —respondió Stillwell. Le asintió con la cabeza a Coogan. Coogan asintió de vuelta y levantó al anciano de la silla, colocándolo cautelosamente sobre uno de sus hombros. La risa baja continuó sin cesar.

Los tres hombres siguieron a Juhasz. Detrás de ellos, yacían dos cuerpos rodeados por salpicaduras de nieve roja y una silla de ruedas vacía que se alzaba sobre la escena.

A medida que los agentes de la Fundación desaparecían en la distancia, las sirenas empezaron a sonar.

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