La Zona del (No) Silencio
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Las noches son duras en el desierto, fuertes corrientes de viento frío y cortante azotan la pequeña choza de madera y paja en la que nos metieron a los tres, aunque después de más de una década, esto ya no importa, lo que aún nos sigue perturbando a todos por igual, son esos gruñidos y alaridos de las criaturas que ellos guardan descaradamente al lado de nuestro alojamiento, que por alguna razón se han esforzado en ocultarlas ante nuestras insistentes preguntas.

-¿Y qué crees que sean?, ¿Un dinosaurio?, ¿Alguna especie de humanoide?-

La voz de Antenor rompió mi concentración, y misteriosamente, el incansable viento hizo una pausa, como si quisiera que escuchara a mi compañero.

-Además, ¿No se te hace raro que nos hayan dado el día libre? Bueno, tampoco fue como si hubiera pasado algo interesante-

-La verdad, espero que solo sean una alucinación por haber consumido tanto de ese peyote… en cuanto a lo del día libre, si mal no lo recuerdo, Arcadia tiene un calendario-

Como si ella hubiera estado espiando nuestra conversación, Arcadia emergió enérgicamente con un papel en su mano desde la cortina que separa la habitación, sorprendiéndonos tanto a nosotros como a nuestros coyotes con plumas que se encontraban cuidando la entrada a la choza.

-No puedo creer que hayas perdido la noción de los días, y me llamaban extremista por solicitar calendarios para los siguientes 15 años- dijo Arcadia con un tono burlesco.

-Entonces, chica calendario, ¿Qué día es hoy?- refunfuñó Antenor.

-24 de Diciembre, tonto- respondió la chica calendario.

No pude evitar soltar una carcajada, a lo que ella me respondió con una mirada de desprecio.
Cuando se tranquilizó un poco la conversación, tratando de evitar la incomodidad del silencio, Arcadia intervino:

-Chicos, no puedo creer que otra vez se les haya olvidado, incluso les había preparado algo a cada uno-

Antenor y yo nos miramos a los ojos con algo de culpa, y accedimos, sin decir palabra alguna, a ceder nuestra porción de 063-16 que habíamos cazado ayer.

-Vaya que son tacaños, pero no importa, la intención es lo que cuenta- respondió Arcadia a nuestro regalo.

-Pero bueno, yo no soy rencorosa, les daré los suyos-

Arcadia, rápidamente atravesó la cortina hacia su lado, regresando con 2 bolsas, una en cada mano. La bolsa en su mano izquierda fue entregada a Antenor, ésta contenía artículos de cuidado personal y un poco de sopa instantánea, alegando que “le compartió parte de su tesoro”.

-Y a ti Edilzar, como escuché tus recientes quejas, ten- Arcadia metió su mano en la otra bolsa y sacó un pequeño cactus con forma de bola –peyote de verdad, para que sepas lo que en verdad es alucinar-

Las bromas hacia mi persona no tardaron en aparecer, lo que convirtió el resto de la charla en chistes y risas.

Sin embargo, habíamos ignorado los gritos y alaridos de las entidades vecinas desde la cómica aparición de nuestra compañera, para cuando nos dimos cuenta, esos ruidos se transformaron en risas burlescas y monstruosas. Nadie se atrevió a hablar al respecto, rápidamente volvimos a nuestros vestigios de cama y tratamos de conciliar el sueño.

Al día siguiente, solicitamos al Tlatoani que nos cambiara de aposentos. Que la siguiente generación de agentes averigüe el origen de esos ruidos. No queremos darle una forma a esas cosas.

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