La Caída del Cóndor Blanco
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El cielo estaba despejado y el sol iluminaba dando vida al ambiente, todo esto haciendo contraste con el lúgubre cementerio del Sitio. Ahí mismo, el Capitán Robert caminaba despacio, observando las decenas de lápidas que se iban aglomerando. Se dirigió hacia el arroyo que pasaba por el lugar, para lanzar una maleta que portaba consigo. Luego continuó hacia 4 lápidas que a penas habían sido colocadas hace unos días.

—Mike, Jerry, Rick, Karl. Ya están descansando, ¿eh? —dijo colocando flores en las tumbas, mientras doblaba una rodilla en señal de respeto. —Ustedes han sido de los mejores hombres con los que he trabajado. Serán irrepetibles, se los aseguro.

Robert comenzó a sollozar, mientras observaba las lápidas.

—No sé como todo se fue a la mierda en la última misión. Lo siento, de verdad. —expresó para sí mismo, mientras recordaba esa noche.


—¡Venga, rápido, sigan mi ritmo! —exclamó Robert hacia sus colegas, que estaban subiendo las escaleras por el exterior del edificio. —¡Tenemos que darnos prisa!

Michael iba como Beta, Jeremy como Gamma, Rick como Delta, Karl como Épsilon y el mismo Robert como Alfa.

—Pudimos tomar el elevador, ¿sabes? —dijo Jeremy —Este rifle es muy pesado.

—No estaba en el plan. —respondió Michael —Además, debemos mantener el sigilo.

—¿Cuál era el plan? Fuiste muy ambiguo en la furgoneta. —añadió Rick.

—Dios santo… —expresó Michael mientras suspiraba. —Lo repetiré: subimos al edificio, nos posicionamos, observamos al Bellagio, Épsilon fotografía a los sujetos que participen en la transacción, Alfa da la señal al SNART para comenzar la redada, y nos retiramos.

—¿Y para qué vinimos nosotros? —preguntó Jeremy mientras señalaba a Rick.

—Necesitamos ayuda, por si las cosas se ponen feas. —contestó Michael, mientras levantaba los hombros.

El equipo subió a lo más alto del edificio, y observaron a la lejanía al Bellagio, donde en su helipuerto había varios sujetos armados. Estaban posiblemente esperando algo.

—Bien, todo va según el plan —susurró Robert, mientras posicionaba a sus hombres.

—Nos superan en número. ¿Seguro que las cosas no se pondrán feas? —preguntó Jeremy.

—No seas tan ingenuo. Serán más, pero nosotros somos más listos. Los superamos en estrategia. —respondió Michael. —Además, te tenemos a ti y a Rick como plan de contingencia.

—Hagan silencio, ahí vienen. Épsilon, prepárate. —dijo Robert.

Un helicóptero aterrizó en el Bellagio. Casi inmediatamente bajó un sujeto en traje, junto a otros hombres. Él se acercó a uno de los individuos que estaban armados.

—Un gusto conocerle en persona, Señor Williams. —expresó el sujeto armado.

—El gusto es mío, Becker. —respondió Williams. —Gracias por esperarnos, tuvimos un pequeño contratiempo en el camino.

—No se preocupen. Con que las armas lleguen, es suficiente. —expresó Becker.

—¿Tienen el dinero? —preguntó Williams. —Y esta vez que sea al contado, por favor. A nadie le gustan los intereses.

—Ochenta mil. En efectivo. —respondió, mientras entregaba una maleta.

Williams abrió el maletín.

—Todo está en orden. Muchachos, bajen las cajas. —exclamó Williams.

Del helicóptero, dos hombres bajaron varias cajas grandes dejándolas en el suelo. Becker abrió una, y sacó de su interior un arma.

—Un rifle semiautomático RWPC, lo mejor en armamento anómalo. —añadió Williams.

—Un placer hacer negocios con ustedes. —dijo Becker. —Saludos al Señor Carter de mi parte.

Williams asentó con la cabeza, le dio una señal a sus hombres y regresó al helicóptero.

—No escucho nada, pero me parece que terminaron. Tenemos que seguir con el plan. —susurró Michael, mientras se retiraba los binoculares.

—¿Cómo vas, Épsilon? —preguntó Rick a Karl —¡Santa mierda! ¡Cada vez me sorprendes más! —exclamó, al darse cuenta de que el joven había logrado fotografiar a casi todos los presentes.

—Alfa, deberías dar la señal de una vez. —expresó Jeremy.

—No seas impaciente. Todo a su tiempo, mucha… —respondió Robert, antes de ser interrumpido por una explosión.

Jeremy quedó segado y aturdido por el destello y el ruido. Con el peso de su armamento, no pudo mantener el equilibrio y cayó por el edificio.

Karl no fue afectado por la explosión en sí, sino por los fragmentos de escombros que atravesaron su abdomen, dejándolo en un charco de sangre.

Michael fue el más cercano a la explosión. Su pierna fue completamente quemada, y su pie fue destrozado. No pudo decir nada más que gritos.

Rick logró cubrirse, no tuvo mayor daño que unos pocos rasguños. Corrió a auxiliar a Michael.

Robert quedó aturdido, oyendo un pitido en su oído izquierdo. Una vez el sonido cesó, apreció lo terrible del panorama. Estaba a punto de pedir un rescate al SNART, hasta que un grupo armado llegó y los rodeo.

—¡De rodillas, todos! —gritó un sujeto. Robert lo conocía, era de la Insurgencia. Su nombre era Frank. —No intenten nada, están rodeados.

Los tres miembros del equipo restantes obedecieron, sin otra alternativa. Michael seguía gimiendo de dolor, y Frank se le acercó.

—Señor "Los Superamos en Estrategia", ¿qué intentaban hacer? —le preguntó. Michael no expresó nada por el dolor.

—Otra vez. Responde: ¿qué intentaban hacer? —repitió.

—Pregúntame a mí, yo soy el líder. Deja al chaval en paz. —exclamó Robert, tratando de calmar la situación.

—¡¿Qué estaban tratando de hacer?! ¡Responde de una vez! —gritó furioso, haciendo caso omiso a las palabras de Robert.

—E-Era… Era un… una… —contestó débilmente Michael. —Misión… Opera… Era…

Frank se impacientó, y le dio una patada en la cara.

—¡Tienes que actuar más rápido! —expresó Frank, a priori de acercarse a Michael y comenzar a pisarle la cabeza. Solo se detuvo, ante la mirada horrorizada de Robert y Rick, hasta que su cabeza se volvió una plasta de sesos y fragmentos de cráneo.

—Lo siento, me alteré. —exclamó. —Ahora sí, respondes tú. ¿Qué estaban haciendo? —volteándose a Robert.

—Únicamente teníamos que observar y dar una señal. Nada más. —respondió.

—¿A la Fundación? —preguntó Frank.

—Sí, a nuestra nave nodriza. —contestó Rick, anticipándose a Robert.

—Interesante. Anótalo Foxer. —susurró Frank a uno de sus hombres.

Un silencio inundó la escena.

—Y… ¿nos van a matar? —preguntó Robert, mientras revisaba el estado de Rick.

—Solamente lo haremos si ya no nos son útiles. —exclamó Frank —Queríamos eliminar a todos con el explosivo. Pero como sobrevivieron, les sacaremos toda la información que podamos. Y cuando no puedan más, o ya no nos den nada relevante: fin de la línea.

—Deja de hacerte el malo, maldito. —contestó Rick. —Solo porque estamos en esta situación te aprovechas para decir cosas haciéndote el rudo. En otra situación, solamente te estarías orinando.

—Cuidado con lo que hablas, muchacho. —respondió Frank, mirando a los ojos a Rick.

—Dejémonos de rollos, y dispara de una vez si es que tiene pe… —declaró Rick, antes de ser silenciado por una 9 mm.

Robert trataba de mantener la calma. Él ya había estado en situación de rehén, sin embargo, esta vez era diferente. Mas que asustado, estaba horrorizado por dentro.

—Tú eres Alfa, ¿verdad? ¿Cuál es tu nombre? —le preguntó Frank.

—Robert. —respondió.

—Nombre completo, por favor. —exclamó Frank.

—Robert Müller. Capitán Robert Müller. —contestó, mirándolo fijamente.

El gesto de Frank cambió rápidamente a uno de sorpresa e incredulidad. Sin que pudiera expresar una palabra, la puerta que conducía al interior del edificio se abrió.

Era Sigma, el segundo al mando, junto a otros agentes. Sin que el enemigo pudiera reaccionar, comenzaron a disparar a quemarropa.

Robert corrió para ocultarse tras un ducto de ventilación. Frank reaccionó tarde, y tres tiros atravesaron su tórax.

La superioridad numérica de la Fundación, y el olor a pólvora, eran evidentes. Aun así, la Insurgencia no se rindió fácilmente y luchó hasta el final, cuando el último hombre sintió un disparo de ametralladora ligera atravesar su estómago.

Una vez el fuego cesó, Sigma corrió hacia el escondite de Robert.

—¿Cómo supieron que debían venir? —preguntó Robert.

—Karl nos envió un mensaje en morse. Trajimos las unidades planeadas para la redada, y las distribuimos acá y al Bellagio. —respondió. —Encontramos bastantes allá abajo, pero logramos tomarles por sorpresa.

—¡¿Karl?! ¡¿O sea qué él sigue vivo?! ¡Vayan a buscarlo, está por allá! — exclamó Robert.

Sigma asentó con la cabeza y envió a agentes a la zona. Posteriormente, regresaron.

—Solo encontramos su cadáver. Murió desangrado. —informó el Agente Ender a Sigma y Robert. —En sus manos encontramos esto. —dijo, mostrando una radio manchada con sangre.

Robert iba a mencionar algo, no obstante fue interrumpido por la radio de Sigma.

—Teniente, hemos terminado de revisar el Bellagio. Está vacío, no hay nada, ni siquiera señales de que hubo muchas personas. Los individuos posiblemente eran pocos, sin embargo, sabían a lo que iban, y lograron escapar. —expresó la voz que parecía ser la de la Agente Eiros.

Robert cubrió su cara con sus dos manos, mientras soltó un largo suspiro.

—Esto no debió ser así. Todo fue de mal a peor. —expresó.

—Tranquilo, Capi. No es tu culpa, nos tomaron por sorpresa. —mencionó Sigma, dándole una palmada en la espalda a Robert. —Venga, vamos. Ya contarás todo en el Sitio.


El sol seguía brillando, iluminando las lápidas y calentando la espalda de Robert.

—Lo siento muchachos. Ustedes no debieron morir ahí. Lo siento tanto. —susurró, mientras las lágrimas salían de sus ojos.

Lloró por varios minutos, acompañado del canto de los pájaros. Su duelo se detuvo cuando una mano tocó su hombro.

—¿Usted es el Capitán Robert Müller? —dijo el hombre, que iba acompañado de varios agentes.

—Sí, lo soy. —contestó.

—Queda detenido bajo sospecha de espionaje, sabotaje, difusión de información confidencial, complicidad en el asesinato de sus subordinados, entre otras cosas. Será aislado, interrogado y se realizarán más investigaciones. En caso de ser declarado culpable, será eliminado en un plazo de treinta días desde la sentencia. —expuso el hombre. —¿Es consciente de esto?

—Sí, lo estoy. —respondió Robert.

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