Sólo Otro Nadie
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Era esa suave hora crepuscular. El sol desaparecía bajo el mar, señalando a la juventud en la playa que era el momento adecuado. La hoguera estaba encendida y la música igual. Ellos reían y bailaban. Celebrando sus vidas, que vivían.

Había uno de ellos que no estaba del todo animado. Él se sentó en la playa, tomando alcohol barato. Y aunque participó, el seguía algo ensimismado. Algo distante.

La verdad era que Jeffrey Bright estaba molesto. Jeff había aprendido hace poco que su persona más importante no pensaba que su relación lo fuera ya. Jeff estaba enojado con ella. Se sentía traicionado. Una ligera autoreflexión y él se hubiera dado cuenta que esa distanciación era culpa suya. Aunque, era muy joven e idiota, nunca había sido mucho de hacer esa cosa.

Su motivo para ir tenía la intención de… bueno, tenía la intención de hacer algo. Jeff no lo había planeado muy bien. No estaba seguro si su presencia era por un intento de tenerla de vuelta, buscar a una nueva chica, o algo completamente diferente.

Y así fue, Jeff no tuvo mucho éxito ejecutando su plan (Si es que alguien llamase a esos pensamientos confusos “planes”). Esa “importante” persona había dejado hace bastante la fiesta, sin darse cuenta incluso de que el chico estaba presente. Y sólo se sentó, muy distraído por sus pensamientos de su antigua compañera como para meterse en todo el jolgorio.

No había pasado mucho desde que la luna se alzó cuando un extraño se le acercó. Como Jeff, ese extraño vestía una camiseta y traje de baño. Como Jeff, el extraño parecía ser otro universitario a mediados de los veinte. Como Jeff, él tomaba de una lata de cerveza barata.

—He, hermano, te ves como que necesitas tomar un poco. —El extraño sonriente le arrojó una lata cerrada a Jeff—. Tu eres Jeff ¿verdad?”

—Sí, ¿como sabes eso? —Jeff lo miró malhumorado, pero aceptó la lata

—lo creas o no, trabajé un tiempo con tu padre. —El extraño se sentó en el suelo y tomo un trago profundo de su cerveza—. Tenía una pasantía con los federales años atrás. Adiviné quien eras, te ves igual a él. ¿el mundo es pequeño, eh?

Seh, supongo —Jeff asintió.

—Éramos casi los únicos que iban a comer a la cafetería, así que llegamos a hablar mucho. Recuerdo que él iba siempre en ese auto viejo que él arregló. ¿Sabes como fue eso?

Con eso, se animó un poco. La nostalgia de los recuerdos de su infancia lo ayudó a limpiar los problemas sobre su relación. El alcohol ciertamente igual ayudó un poco.

—Seh, papá y yo trabajamos en ese auto por años. Creo que él lo hubiera acabado mucho antes. No sé, en verdad no he escuchado de él desde que me moví aquí y él consiguió un ascenso en algo secreto o como sea.

—Sé lo que quieres decir. Lo suficientemente duro como para mantenerse al día con la familia y toda esa mierda, además todo lo de los hombres de negro no ayuda, ¿no es así?

—Seh. Lo ultimo que oí es que está trabajando en algo en suiza. Ya sabes, no me dejarán verlo nunca más. Sólo tengo permitido hablar con él a través de emails. A sido así por años. Y lo peor es que él ni siquiera me dirá porqué. No puede decirme, supongo. SI esto sigue, en verdad no sabré como… —Jeff se perdió mirando a la distancia.

El extraño colocó su mano en el hombro de jeff como apoyo.

—Hombre, eso apesta. ¿Has pensado alguna vez en ir a verlo? ¿sorprenderlo y ya? Quiero decir, mandar al diablo a los federales. Ellos no deberían poder tirar mierda así.

—Sí, he pensado en eso. En verdad, no puedo. Principalmente, porque no tengo dinero. La ultima vez que revisé, los vuelos a Suiza costaban dos grandes. Y por encima de eso, podría tomar un tren o algo para llegar a Lausanne ya que no puedo volar allá. Pero aún así, aunque llegue allá no sabría por donde empezar a buscar.

—Seh, eso es duro. —El extraño sonrió y se terminó su cerveza.— De todas formas, parece que voy a necesitar otra de estas cervezas desabridas. Odio las cosas que no funcionan para lo que deberían servir. Quiero decir, no me siento ni un poco mareado. ¿quieres una igual?

—Seh, supongo que sí. —Jeff le sonrió de vuelta.— Desearía que Steve hubiera gastado un poco más en algo bueno”

Los dos continuaron hablando sobre cerveza y la universidad y por un rato de la vida. Finalmente la fiesta llegaba a su fin, Jeff y el extraño se separaron. Ya por su cuenta, Jeff intentó recordar el nombre del extraño, pero no pudo hacerlo.

En realidad, toda la conversación lo dejó con un sentimiento extraño. Quizás si su mente estuviera más despejada, él podría entender porque se sentía así. El extraño era tan normal, tan promedio, por eso era difícil mantener su mente enfocada en él. Incluso pensándolo ahora, no mucho después, era difícil recordar lo que él dijo.

Al jeff tirarse en su cama, aclaró su mente de esos pensamientos. Después de todo, ¿porque se molestaría pensando sobre lo que un extraño dijo en la playa? Después de todo, él era sólo otro chico universitario. Sólo otro fiestero. Sólo otro nadie.


La pequeña tienda de café estaba bastante ocupada, a pesar de lo temprano que era. Muchas personas estaban ya allí, intentando conseguir ese maravilloso líquido que hacía sus tareas del día mucho más llevaderas.

En una pequeña mesa para ella, una mujer bien vestida tomaba lento de su vaso mientras veía a las personas moverse por la calle. Le resultaba confortable estar sola en la multitud. Hacía sus problemas mucho más pequeños. El peso que estaba forzada a soportar, la presión de su carrera, todo parecía un poco más soportable.

Fue sacada fuera de sus pensamientos cuando una extraña se le acercó. Ofreciéndole una ligera sonrisa, la recién llegada apuntó a una silla vacía en la mesa de la mujer.

—Discúlpeme señorita. ¿Esta la silla ocupada? ¿podría sentarme ahí?

La persona igual era una mujer bien vestida, con un traje de trabajo. La extraña parecía ser nativa de suiza y su postura relajada mostraba que se sentía cómoda y familiar con los alrededores. Sin embargo algo sobre la extraña parecía fuera de lugar. Como parte de su empleo, la mujer había sido entrenada para nota ese tipo de rarezas. Después de un rato, los ojos de la mujer se agrandaron y su postura se tensó. Ella tartamudeó —Oh, no. Es toda tuya… pero aún no termino mi café.

—Aún así la extraña se sentó.—Bien, entonces. Supondré que eso es un sí. Parece que no necesitamos mantener las apariencias, Directora Ottmar.”"

—Sí, así parece. —La directora asintió lentamente. No pudo evitar avergonzarse un poco. Intentó pensar en la mejor forma de abarcar la situación, pero sus pensamientos estaban en blanco. No ayudaba que no hubiera dormido bien recientemente. La extraña probó su bebida, sus ojos nunca dejaron los de la directora. Finalmente, la directora suspiró y se quedó inmóvil. —Supongo que debí llamar, pero no creí que tuviera sentido. Fallé en ver el efecto de todo esto. Para el momento que determine como responder, estoy segura que tu habrás cumplido con lo que viniste a hacer.

—Bien dicho. —La extraña sorbió de su café.— Sin embargo, suenas innecesariamente fatalista. No estoy aquí por ti, o incluso para ir en contra de la organización. Sólo busco información.
Ottmar asintió. Las palabras de la extraña no le daban mucho alivio.

—Entonces, ¿que es exactamente lo que andas buscando?

Después de una breve pausa para el café, la extraña respondió, —Estoy buscando al Dr. bright. Ya sé que está en esta ciudad, pero no quiero gastar tiempo buscando por todo Lausanne por mi misma. Y, como la directora regional, estoy segura de que puedes asistirme en esta materia.

La directora Ottmar frunció el ceño, las lineas profundas consumieron su expresión de severidad normal. Exhalaba sarcasmo en su voz —Bien, ¿Supongo que debería cooperar y hacerlo todo más fácil para mi? ¿contarte todo lo que quieras?

—Nuevamente, tan fatalista. la respuesta corta es sí. —La extraña miró dentro de los ojos de la directora.— Sólo deseo hablar con el estimado doctor. Sé lo que vale, puedo prometer que nadie saldrá herido por esto

La directora fue la primera en romper el contacto visual. Suspiró.

—Entonces, en esencia, puedo contarte como encontrarlo, o forzarte a buscarlo por ti misma. Me doy cuenta que ambas opciones derivan al mismo resultado. Entonces, ¿Porque no te molestaría? No debo razones por las que deba cooperar.

—Como dijiste, eventualmente lo encontraré. —La extraña se tomó una pausa, considerando cuidadosamente sus siguientes palabras antes de continuar. —Y desafortunadamente, mientras más esté aquí, más inconveniente será para ti. Has sido directora por mucho tiempo, ¿no es así? Y un excelente registro también. Odiaría ser quien te cause una angustia innecesaria, señorita Ottmar.

—Entonces, ¿Ahora intentas amenazarme?

No una amenaza, directora. No puedo abandonar el camino que me he propuesto. Por eso te pregunto si serás quien se haga a un lado. —La extraña tomo un largo sorbo de su bebida tibia.— Sólo estoy preguntándote para lavar tus manos de esto. Deja que tus superiores decidan el asunto, como fue tu procedimiento normal conmigo. Directora, debes tomar muchas decisiones morales difíciles como parte de su trabajo diario. Yo simplemente te estoy pidiendo que no tomes esta. No cargues con esta decisión cuando ya tienes muchas preocupaciones. Dime lo que quiero saber.

La directora vaciló, pero eventualmente cedió. Le contó a la extraña donde podría encontrar al Dr. Bright. Después de que la extraña se fue, la directora llamó y reportó el incidente a sus superiores. Lógicamente, ella se debía sentir molesta después de esto. En cierta manera, ella se había rendido cuando se prometió hace mucho tiempo que nunca lo haría. Se sentía devastada. Al contrario, la directora Ottmar se sintió aliviada, como si le hubieran quitado un peso que no debía cargar. Dejó que sus superiores se hicieran cargo. Ella debía terminar su café.


El sol del mediodía era radiante, reflejado relucientemente en las aguas del Lago Geneva. Los peatones circulaban por el lugar, disfrutando de la sensación del clima y las vistas de la gran ciudad.

Un hombre estaba sentado en el banquillo del parque, mirando al agua. Aunque se viera de la mediana edad, sus ojos eran de un hombre anciano. Ojos que habían visto mucho. Sufrido mucho. Este tiempo era el único donde él podía en verdad descansar, ya que la noche no era refugio para aquellos que no podían dormir. Este hombre ha usado muchos nombres, pero el único verdadero es Dr. Jack Bright.

Otro hombre se sentó en la banca al lado de Dr Bright. Como Bright, vestía de traje y corbata. Como Bright, él se veía más viejo que lo que su apariencia daba a entender. Como Bright, sus ojos eran ojos que habían visto mucho sufrimiento. Se sentaron en silencio por un momento.

Fue Bright quien rompió el silencio.

—Bien, ¿con quien tengo el placer?

El extraño sonrió y no pudo ocultar la risa sofocada en sus palabras.

—Oh vamos Jack. No necesitas ser un imbécil sarcástico. Estoy aquí sólo para hablar.

—Oh, ¿en serio? ¿Que podríamos tener nosotros que hablar?

—Demasiadas cosas en realidad. —El extraño se encogió de hombros.— Quiero decir, después de todo, estamos metidos en el mismo trabajo. ¿No piensas que comparar notas podría ser bueno?

—“Mira. —Bright frunció el ceño.— me considero lo suficientemente bueno como para mentirle a alguien, por lo tanto se cuando alguien se anda con rodeos. Así que dejémonos de tonterías ¿Okay?. Me quedan sólo 20 minutos de mi hora de almuerzo.

El extraño asintió sereno y relajado

—En verdad no estaba sólo jugando contigo. He notado un montón de similitudes entre nosotros. Tengo esperanza en que una cooperación entre ambos podría ayudar con nuestros… problemas.

—¿Tu yo similares? —Bright soltó una risa fuerte.— No veo como. ¿Que podría tener esto de similar?

La expresión del extraño se volvió taciturna. Se fue la alegría de sus palabras, susurró,

—Los dos estamos atrapados, Dr. Bright

Ante eso, el Dr. Bright miró fijamente al extraño. Sus manos se encontraban acariciando el amuleto que llevaba bajo su camisa.

Después de un momento, la expresión y comportamiento del extraño volvieron. Sonrió.

—Supongo que conseguí que me escuchases. Quiero decir, piensa en ello. Ambos tenemos identidades cambiantes. Ambos pasamos nuestras cualidades a nuestros sucesores. Y más importante, ambos estamos sufriendo condiciones anómalas que no podemos romper.

—Me suenan a muchas coincidencias. Pareciera que estuvieras exagerando un poco las cosas para para hacer esas conexiones.

—Quizás —El extraño suspiró— Admito que tengo mi parte de fallas lógicas y emocionales. No soy perfecto. Sin embargo, siento que hay una posible conexión. ¿No es algo que vale la pena explorar? Demonios, en el peor de los escenarios si no pillamos nada, quedaríamos donde estamos ahora.

—Okay. —El Dr. Bright frunció el ceño.— Tendrás que explicarte un poco mejor. Renuncia a todo eso del misterio y los enigmas. ¿A que te refieres con conexión? ¿Y que demonios esperas que haga?

El extraño se levantó y dio algunos pasos hacia el lago.

—Responderé tu segunda pregunta primero. No espero que hagas nada. Honestamente no esperaba que esa conversación tuviera un efecto en tu vida después de todo. Eso dice que hay esperanza en que lo haga y estaré contento si tiene impacto. Yo diría que el resultado que esperaba es que nos volviéramos aliados después de este encuentro.

—A tu primera pregunta. —El extraño continuó, hablando sobre las burlas del Dr, Bright.— Intentaré explicarlo de modo sencillo. Pienso que el origen de tu amuleto y mi origen podrían estar relacionados

"Entonces… —El Dr Bright sintió un vacío en el estomago— ¿estas diciendo que yo soy como tu? ¿un…?

El extraño lo interrumpió

—Uno artificial, quizás —El extraño extendió sus manos—. O al menos, un intento de eso. Es complicado decir con certeza. Después de todo, como puedes realmente medir el impacto que ha tenido en tu vida en comparación con el resultado de las cosas si no hubieras existido? Por supuesto, estos son todas teorías personales. Pero ahora, ¿no sientes como que podría valer la pena investigarlo?

Dicho eso, el extraño se alejó. El Dr. Bright rápidamente se paró.

—espera, —lo llamó— ¿Eso es todo? ¿Sólo te irás ahora?

—Ya dije lo que vine a decir. —El extraño miró sobre su hombro al doctor.— Sé que no puedo cambiar tus opiniones. Quiero decir, literalmente no puedo. Lo que sea que pase ahora, es algo que tu debes decidir. Así que, supongo que que deberé esperar para ver lo que harás. —El extraño sonrió— si necesitas ayuda, búscame. Debes conocer como encontrarme. Después de todo, somos almas gemelas, tu y yo.

Cuando el extraño se fue para siempre, Dr. Bright se sentó en la banca. No volvió al trabajo después de su hora de almuerzo. Continuó sentado por muchas horas, sus dedos trazaban lentamente las marcas del amuleto bajo su ropa. Bright miró al horizonte hasta mucho después de que el sol se escondió bajo el mar.

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