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El infierno sería más dulce.


Sueños, visiones despiertas, no hay diferencia. Al final, ninguno de los dos importan un carajo.

Desde que llegue aquí, no me han faltado los buenos sueños. La mayoría sacado de mis recuerdos — estaba masticando… algo, no estoy seguro de lo que era, estaba en los brazos de mi madre, arrullándome hasta quedar dormido por el suave golpeteo de los diestros dedos de las manos y de los pies de mi padre mientras escribía otro de esos extraños documentos científicos de los que nunca nos comentaba. Recibía lecciones de mi padre sobre escribir mientras mi madre miraba, esa vieja mirada triste en los ojos de mi madre que luchaba por mantenerse y comprender sus historias con toda su fuerza; escribiendo mis primeras palabras mientras me miraban. El rostro orgulloso de mi padre y de mi madre…dulces recuerdos, que se iban cuando despertaba eran reemplazados por la misma sensación molesta que he tenido cada día desde que me trajeron aquí, el sentimiento invasor en una caja sin otra salida más que la muerte.

Ellos fueron reemplazados. Por supuesto que lo fueron, junto con todo lo demás que apreciaba en mi cajita. El sonido de la escritura de mi padre fue reemplazado por el insípido pero chirriante sonido de un viejo ventilador en la esquina, su maquina de escribir reemplazada por una colección de lapiceros y papeles finos; mi madre fue reemplazada por un hombre gordo, barbudo, de ojos pequeños, piel grasosa, y con la sonrisa de un pervertido depravado; y mis dulces recuerdos y sueños, las únicas cosas que me daban alivio y calma por un momento fueron reemplazados por una pesadilla constante e interminable.

Ya sea en sueños o vigilias, todo esta lleno con las mismas imágenes — disparos y vidrios rotos seguidos por hombres en trajes de negro, diferentes a los verdes que usaban mis cuidadores, nos rodearon en medio de la noche. Mi madre gritaba, mi padre era arrastrado del resto de los simios mientras miraban como si todo fuera un espectáculo o solo un juego. Me agarraron de la muñeca con fuerza y me tiraron hacia atrás con una gran fuerza invisible. El sonido de algo rompiéndose, el dolor, el pánico que tenia mientras gritaba con le energía que me quedaba por ayuda. Mi madre gritaba mientras hundía su puño en la visera de uno de los hombre, viendo como caía de rodillas y convulsionaba mientras el humo salía de un agujero. Otro disparo —

Al Diablo con lo que recuerdo. Al Diablo con todo. Ya no vale la pena recordarlo.



Memo 466
20/04/2014
Emisor Michael Kilger Receptor Duncan Ayers
Entonces. Ha pasado casi medio año y ese chimpancé sigue sin cooperar. Nuestro cliente se esta cansando de esperar (con toda honestidad, probablemente se ha cansado de esperar durante meses), pero esta dispuesto a pagar cada agujero de su cuerpo con tal de tener un chimpancé que pueda pagar sus impuestos.
Voy al grano — considera esto como una solicitud formal para mostrarle al maldito mono lo que es la lealtad antes de que nos cueste más.
Marshall, Carter and Dark, LLP

Memo 467
20/04/2014
Emisor Duncan Ayers Receptor Michael Kilger
Tienes mi permiso para hacer lo que quieras con ese chimpancé. Solo no dañes demasiado la mercancía.
Marshall, Carter and Dark, LLP

Tortura.

No tiene sentido endulzarlo o cepillarlo como algo más de lo que es.

Cuando mi padre me lo explico por primera vez, era demasiado joven para entender el concepto. Me conto de todas las formas en que los humanos solían lastimarse unos con otros, de aplastapulgares y doncellas de hierro, de untar a alguien con miel y dejarlo en el desierto para que las hormigas poco a poco despedacen su cuerpo, de ponerle ropa en su cara y hacerlo sentir que se estaba ahogando, de un hombre que fue clavado en una cruz que luego se convirtió en el símbolo de su movimiento — todo mientras estaba en el regazo de mi padre, era demasiado terrible para un niño saberlo pero también era demasiado terrible para mí ignorarlo.

No hace falta decir que dejo mi joven mente tambaleándose. Más tarde supe que no era el caso, como un joven chimpancé protegido, la tortura era algo que mi especie no participaba, y el dolor se reservaba a breves experiencias de incomodidad (picaduras de abeja y ser mordido en una pelea, por ejemplo). El concepto del dolor interminable y pánico constante infringido por el simple hecho de hacerlo fue la cosa más aterradora que he oído, y el hecho de que pensara que solo los humanos participaban en eso fue suficiente para temer y desconfiar de mis cuidadores. Siempre que hombres y mujeres en traje verde venían a cuidarme yo me aferraba y lloraba en los brazos de mi madre, arremetiendo si se acercaban demasiado. Después de eso, mi madre no habló con mi padre durante semanas — se quedaba conmigo todo el tiempo cada vez que estaba despierto. Intento calmar mi mente, diciéndome que confiara en mis cuidadores y asegurándome que estaba seguro, que nadie iba a lastimarme y que nunca seria torturado mientras ella estuviera aquí.

No la culpo por no saberlo.

Simplemente no esperaba que fuera //tan horrible.//



Memo 475
01/05/2014
Sender Michael Kilger Recipient Duncan Ayers
Siendo honestos, creo que deberíamos haber empezado con molestar al chimpancé desde el principio.

Incluso después de entrar a su habitación y torturarlo por 2 semanas, parece que no lo estamos logrando. Nos estamos quedando sin tiempo, nuestro cliente esta echando espuma por la boca, y el mono cada vez se esta retrayendo más en su interior. ¿Qué piensas?
Marshall, Carter and Dark, LLP

Memo 477
01/05/2014
Emisor Duncan Ayers Receptor Michael Kilger
Si soy honesto, creo que es hora de reducir las perdidas, deshazte del chimpancé e ir por otro trato. Perder un cliente de tantos no importa.

Fue divertido, pero ese simio se esta convirtiendo en una piedra en nuestro zapato.
Marshall, Carter and Dark, LLP

Memo 478
01/05/2014
Emisor Michael Kilger Receptor Duncan Ayers
Es una buena idea. Ya sabes, seria una buena idea deshacernos de ese pequeño bastardo de mierda.

Esta bien, dile a nuestro cliente que puede irse al demonio. Prepararé la inyección letal lo antes posible.
Marshall, Carter and Dark, LLP

Vi esto venir desde una milla de distancia.

Y en cualquier otra circunstancia, lo aceptaría. Durante mucho tiempo, quería morir. Y en cierto punto, sigue siendo así.

Pero fue cuando no tenia esperanzas.

La tortura del gordo estaba destinada a degradarme. A sacar el alma de mi cuerpo, a aplastarme contra el suelo y matar mi espíritu. Para hacerme servil, para conquistarme, y para quitarme algo. Pero no lograran su propósito.

Odio — otro concepto que no conocía de niño. El odio y la venganza, considerados primitivos por mi padre intelectual y considerados innecesarios por mi primitiva madre, son ahora los que me mantienen a flote. Que me mantendría vivo. Que me liberaría.

Puedo sentir el amor de mi madre mientras escribo incluso ahora — su último regalo de su tumba. Su calidez me sostiene y se precipita en mis escritos como un torrente que brota. Agua para mí, lava para //ellos.

Mi padre me conto de un gran desastre que asolo a la humanidad, un desastre concebido por su inteligencia y nacido de su ignorancia. El subproducto de este desastre fue un objeto conocido como "Pie de Elefante" — una cosa con un poder inconmensurable, capaz de matar a todos los que se acercaban y causar estragos sin tener que moverse una pulgada. Estaba aterrorizado por eso, como lo estaba por muchas otras cosas que mi padre me enseño.

Pero ahora es cuando necesito un Pie de Elefante. Un Pie de Elefante lo suficientemente fuerte como para aplastar a mis enemigos y liberarme de esta prisión.



Memo 479
02/05/2014
Emisor Michael Kilger Receptor Tricia Black
Hoy voy a estar fuera de mi oficina por un tiempo — debo poner a dormir a ese chimpancé. Si alguien pasa por mi oficina, dígale que se largue.


Mike Kilger siempre ha amado su trabajo, y hoy no seria la excepción. Aparte del hecho de que hoy será el mejor día de trabajo que haya tenido.

Habiendo trabajado con muchos animales en el pasado, pensó que el chimpancé no sería diferente — solo darle comida y entrenarlo bien, y seguramente sería una dulce mascota exótica para algún cliente afortunado. De todos modos así siempre había funcionado. El cliente obtiene al animal, la Compañía obtiene el dinero, todos felices.

El chimpancé, sin embargo… tal vez por el hecho de que sea demasiado terco, o quizás por el hecho de que el hecho de que es demasiado inteligente para su bien — cualquiera que sea la causa, él es menos un Bubbles Jackson y más un Travis, y los viejos truco que Michael aprendió en el circo no parecen funcionar. La impaciencia del cliente no ha mejorado, haciendo pucheros como un maldito niño petulante cada vez que le decían que el simio no había sido amaestrado adecuadamente. Diablos, incluso con sus actitudes pudieron haber sido amigos.

Bueno, ya no importa ahora. El cliente se ha ido (la Señorita Iris seguramente va a sancionar a Michael por esto) y a su vez el dinero. Pero eso no significa que no puedo divertirse más con el mono. Mike se puso su fedora (no podía olvidar eso) y se mezcló con la multitud, presionando el botón del ascensor al piso 13. Ninguno de los asistentes del hotel parecía notar la presencia de Mike, y nadie iba con él — después de todo, nunca construyeron un piso 13 en el edificio.

Mike ahora parece estar en un mundo completamente diferente — un poco más oscuro que el resto del Plaza Hotel de Nueva York. El el orgullo y alegría de la Compañía, pero cuesta más mantenerlo que cualquier otro negocio detrás del velo en la ciudad de Nueva York (¿Quién diría que colocar un montón de antimemes en el piso de un hotel era tan malditamente caro?). Pero la señorita Iris y su séquito tienen suficiente dinero para mantener este lugar a flote, y eso es todo lo que importa. Mike respira profundamente, inhalando el olor del moho y de la oscuridad y saboreando el débil sonido de todos los gritos lo suficientemente alto como para romper las barreras de sonido de sus "suites." Gira a la izquierda en el pasillo — es tiempo de enviar a ese mono con su creador.

Mike había hecho esto muchas veces antes, pero esta vez sería especial. Esta vez, es personal. Llenar la jeringa con jugo para dormir se sentía como rascarse una picazón, y Mike no puede evitar silbar mientras la lleva por el pasillo del hotel hasta la jaula del chimpancé.

58673 — la puerta se abre con un clic, y Mike alegremente empuja la puerta para abrirla —

Al principio, Mike no ve al simio. Esta demasiado distraído con las paredes de la habitación, completamente cubierto de grietas como telarañas — De repente, Mike siente una extraña sensación seguido de una extraña calidez, y tiene que lidiar con el sentimiento infantil de darse la vuelta y marcharse. Preferiría follar con un cactus que huir del trabajo, especialmente este, y algo…escribiendo (¡Qué?) en el muro y eso no lo va a detener. Mike da otro paso desafiante, apuntando con la jeringa, solo para escuchar el sonido de una puerta cerrándose de golpe.

Mike se da la vuelta, apuntando la jeringa como una navaja y apenas se da cuenta del calor que lo pone de rodillas. La última cosa que Michael Kilger vio antes de que todo se pusiera negro era el chimpancé, colgado de la lampara del techo y sonriendo como un maldito idiota, y Mike solo podía gritar levemente y disparar de una jeringa ahora vacía y el simio cae sobre su rostro y siente todo el calor de Hiroshima, Nagasaki, y el Pie de Elefante todos combinados envolviendo e hirviendo su cuerpo blando como agua hirviente.

El chimpancé desciende y se inclina sobre el cadáver humeante de su captor, la sonrisa come-mierda reemplazada por la mirada analítica e inteligente con la que estaba familiarizado el hombre en el suelo. Después de acariciar su barbilla por un segundo, toma la fedora del cadáver, se lo pone, y huye.

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