Noches Vacías
Puntuación: +2+x

Bajo el cielo pálido de un planeta próximo a morir, parado en una montaña, una forma rígida contra la llanura de los yermos que lo rodeaban. Sobre esa montaña había un anciano, Sentado en una roca blanqueada por el sol, observando como las nubes de polvo bailaban entre las rocas. Por primera vez lo que parecía ser una eternidad, el anciano no necesitaba ir a ninguna parte, ninguna compulsión lo llevaba a plagar al inocente con su presencia, ningún Hermano mortal destruyendo todo a su camino. Era un pequeño alivio, ya que no había ningún inocente que plagar. Nada de culpa tampoco. Nada del todo.

Después de algún tiempo, pensando exactamente qué tan imposible y en efecto inútil, el anciano diviso a una figura que comenzó a escalar la montaña con gran dificultad. Hasta que finalmente llego a la cima para colapsar en frente de la roca del anciano, el vio que era otro hombre. Uno de sus brazos desde el hombro estaba desaparecidos, así como sus dientes, su cabello, y la mayoría de sus dedos. Lentamente, el hombre roto se levantó y se sentó en la segunda roca, encarando al anciano. Después de algunos comienzos en falso que terminaron en ataques de tos, él dijo:

“Así que, fuiste tú. Asumo como mucho.”

“Si.”

“Sabes, algunos de nosotros cínicos teníamos una apuesta en que cual de ustedes Keters terminarían haciéndonos esto a todos nosotros. La mayoría le aposto a ese estúpido lagarto, pero yo sabía que no
Lo podría hacer. Hombre, debiste haber visto la miradas de sus caras.”

“¿Supongo que tu sabias que iba a ser yo?”

“No, mi dinero estaba en la niña. Nadie se imaginó que ibas a ser tú, ¿cómo podría serlo? Pensábamos que eras una anomalía estable, si una peligrosa. Nunca hubiese descifrado que tú ibas a ser el que realmente nos jodiera. ¿Qué demonios paso?”

“¿Por qué te interesa? Es como ya realmente no importe.”

El hombre roto considero esto por un momento, distraído saco de su cuello algo que estaba colgando con una cadena alrededor de su cuello. “Pienso que hacer preguntas es un hábito difícil de perder. Como vivir, en mí caso. Así que, déjame preguntar una vez más: ¿Qué demonios paso?”

“Las reglas cambiaron.”

“Eso fue lo que supuse. Tu anomalía toma tiempo en manifestarse. ¿Cómo se volvió instantánea? ¿Por qué?”

“No sé por qué los Hermanos decidieron terminar la humanidad, o por qué me escogieron como su instrumento, aparte para atormentarme. Nunca pensé que ellos llegarían estos extremos para hacerlo. Como mucho ellos me odiaban, su trabajo en el ciclo de la vida y de la muerte fue siempre importante para ellos. Y aun así, estamos aquí.”

“Si tú no puedes darme un por qué, ¿Qué tal un cómo?”

“Es trágicamente simple, realmente. Mediante la eternidad en mi búsqueda del Tercer Hermano, el Primero y el Segundo solo venían a atormentarme cuando me quedaba alrededor de la humanidad por mucho tiempo. Lo hacían para aislarme, para herirme, para fastidiarme. Yendo y viniendo, siempre burlándose de mí siempre levándose a alguien por mi estupidez, nunca me permitieron quedarme en un lugar. Hasta aquel día.”

El anciano volteo su mirada al horizonte, a pesar que el humo le hacía difícil ver más lejos.

“Ese día, ellos llegaron y nunca se fueron. Ellos no se burlaron de mí, o me provocaron, o dijeron algo del todo. Ninguna mención de mis fallas en el pasado, o las que vendrán. No, ellos simplemente me empujaron a una localización específica, con una fuerza que esperaba no poder resistir, como una polilla hacia el torbellino. Un bunker, construido encima de esta montaña.”

“Sector Armado-25. Se supone que nadie debería saber de él. Demonios, se supone que no debería saber de él.”

“No lo sabía. Los Hermanos sí. Los observe… haciéndoles cosas a los guardias de la facilidad mientras que me llevaban adentro. No estoy seguro de como describirlo. Destruir es una palabra débil. Los he visto cometer toda clase de incontables atrocidades a través de los años, pero nunca con tanto propósito he eficiencia, y aun así con poco apetito por su trabajo. Cuando ellos acabaron, y yo llegue a la cámara interna del bunker, Vi como como ellos me llevaban ahí.”

“Sector Armado-25 retenían el treinta y tres por-ciento de todos los dispositivos nucleares de la Fundación del hemisferio norte. Maldición.”

El anciano afirmo. “Y las ojivas necesarias para llevarlos.”

Seguido del ejemplo del anciano, el roto intento mirar al su alrededor, pero sus ojos estaban demasiado débiles para ver algo. El temblo, y el anciano removió su abrigo andrajoso y se lo otorgo, mirándolo pensativa mente como el cubrió con su marco demacrado.

“¿Cómo sobreviviste? Tan lejos como puedo llegar a saber, tu eres el único.”

Dándole al viejo una inexpresiva, mueca sin dientes, el hombre roto removió su amuleto ornamental del lugar alrededor de su cuello y lo colgó desde su mano de cuatro dedos.

“Digamos que no eres el único inmortal de los alrededores. No puedo morir mientras tenga esta cosa cerca de mí, no realmente. Cada vez que lo hago, alguien agarra esta cosa, y luego estoy aquí otra vez, como una especie de caja sorpresa.”

“Ya no queda nadie. Confía en eso.”

El hombre volteo su amuleto en una mano, y lo que dijo después, tenía un toque de miedo en su voz.

“No ahora, tal vez. Pero algún día, algo lo encontrada de nuevo. Nunca terminara. Solo quiero que termine.”

Ceñudo, el anciano observo entre sus propias posesiones, un pequeño saco colgando alrededor de su cinturón.

“Este saco se supone que iba a salvarme, un día. Se supone que lo iba a usar para atrapar al Tercer Hermano y ganar mi libertad. Un último uso, y no más.”

Amablemente, el tomo el amuleto de la mano ya temblorosa del hombre, abrió su saco, y coloco a dentro. La cuerda del saco se apretó alrededor, con un sentido de finalidad. El anciano sabía que no lo iba a poder abrir más.

“¿De qué sirve la libertad ahora?”

Estaba callado, por un tiempo. El hombre roto callo dormido, su aliento poco profundo paso por su pecho destruido. Después de un rato, su respiración se detuvo, y el anciano estaba solo.

Hasta que algo puso una mano gentil en su hombro, y una voz fría en su cabeza.

Es tiempo de irnos.

“Así que finalmente llegas, Tercer Hermano, Toda-Muerte. He buscado por ti desde hace tanto tiempo, y has venido cuando ya no tengo nada que darte. Todos los obsequios se han ido.”

Eso no es de ninguna importancia. Esta hecho.

“¿¡De ninguna importancia!? ¡Me has atormentado por eones porque me atreví a desafiarlos por ti, destruido la vida de millones otros en tu resentimiento contra mí, y ahora has traicionado tu deber y purgado la vida de este planeta solo para hacerlo de nuevo! ¡Cómo te atreves a decirme que no es de ninguna importancia!

Tu fallas en entender nuestro propósito. No reunimos a tu raza a los pasillos silencios para despreciarla. Lo hicimos para salvarlos. Todos ustedes.

A eso, el anciano comenzó a llorar, las lágrimas cayeron sobre la roca estéril a sus pies.

“¿Que queda para salvar? Todo se ha ido. Tú los mataste a todos.”

Una muerte física. La forma física es temporal, una noción fugaz. Otras cosas perduran. En los pasillos silenciosos, ellos estarán a salvo de lo que vendrá.

“¿Qué clase de seguridad es la muerte? ¿Qué podría ser peor?”

Curiosamente, había un toque de amabilidad en lo que dijo después.

Vida podría ser. Ven, y siéntete confortado. Nuestro resentimiento acaba de terminar.

La mano dejo el hombro del anciano, y ahora fue extendida hasta él. Él lo tomo.

Eres el último de los inmortales. El descanso ha sido ya tomado. Es hora de que todos ustedes finalmente descansen.

Algún tiempo después, un pequeño objeto plateado cayó del cielo, y se cavo en el suelo. Lo examino a él y al aire, y determino que, a pesar de las altos niveles de radiación y la lamentable carencia de vida inteligente, este planeta estaba perfectamente adecuado para la experimentación. Envió una señal.

Y en los cielos pálidos había un toque de metal.

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License