El Hombre
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-Así que dígame Señorita Palmer, desde el comienzo ¿Qué fue lo que vio? -Preguntó el oficial.

-Bueno, es un poco confuso… -Palmer, Alicia Palmer, era una mujer como cualquier otra. Casada con un hombre de negocios, tres hijos y una hermana. Había sido por ella que había caído en este lío-. Mi hermana, Emilia… era su cumpleaños ayer, y yo me había olvidado.

-De acuerdo, ¿Entonces que paso?

-Salí tarde, cuando el sol ya se había puesto, fui a la tienda de antigüedades, la que queda calle abajo del condominio en el que vivo. -Palmer tomo un momento para respirar-. Compre un reloj antiguo, uno de bolsillo, con detalles tallados en la parte trasera.

-Debo suponer que eso no le salió nada barato. -Dijo el oficial con una risa nerviosa

-Costo un ojo de la cara, pero mi hermana lo merecía, me había sacado de más problemas de los que podía contar.

El Oficial levanto una ceja. -¿Qué clase de problemas?

-¡Oh! No, no, no es nada ilegal… solo que en la línea de trabajo en la que solía estar algunos hombres se ponían… "violentos".

-¿Podría yo preguntar que trabajo era ese?

Alicia se sonrojo. -Yo… yo era una bailarina en un café, mi hermana también, ¡pero ese no es el punto!

-De acuerdo, no se desespere. Continúe con la historia. -Dijo el oficial.

-Caminaba yo de vuelta a casa, cuando oí un grito de dolor, uno de esos que solo un hombre moribundo haría.

-De acuerdo, ¿qué más?

-Fui, contra mi sentido común, hacia el callejón de donde venía… y ahí lo vi. -Alicia pauso por un momento, y contuvo un llanto-. Un hombre muriendo, partido en dos, su sangre en todos lados y sus viseras esparcidas por la calle.

-Oh dios. -Dijo sorprendido el Oficial-. Si necesita un momento…

-No… Eso no fue lo más raro. -Palmer miro a la ventana-. Oí otro sonido… era como un pitido ahogado, como un grito contra una almohada, y, casi como si estuviera en un trance, avance más por el callejón, y ahí esta él.

-¿Quién? -Pregunto el oficial perplejo.

-El Hombre.

-¿El Hombre? -Pregunto el policía.

-Sí. Y una cosa gigantesca, con grandes garras y escamas, lleno de heridas abiertas estaba a sus pies. -Palmer inhalo y exhalo-. Lo tapaba la oscuridad así que no vi su cara, pero pude ver su gabardina y sombrero negros. Varias personas estaban en el suelo, mientras que otras, arrodilladas, les ponían unas mascarillas conectadas a alguna especie de contenedor.

-Discúlpeme señorita, pero esto suena como un sueño. -Dijo el oficial, reclinándose en su silla al otro lado del escritorio.

-Yo también creí que lo era, pero se veía muy real, aterradoramente real. El hombre en la gabardina me miro, pude ver un brillo en su cara cuando mis ojos lo rozaron. Escape instantáneamente, corrí como si no hubiera un mañana y llegue a mi casa. Y ahí mi esposo me recibió.

-Hábleme de su esposo, ¿Sabe el de esto?

-Adam… oh Adam. Por supuesto que él sabe, pero no me creyó, ni siquiera cuando una carta en el correo llego y decía solo una cosa: NI UNA PALABRA.

El oficial tomo un sorbo de su taza de café -¿Le han dicho que usted haría una buena novela?

-¡SI NO ME TOMAN EN SERIO NO SE POR QUE ME MOLESTO EN VENIR AQUÍ! -Palmer se levantó.

-De acuerdo, puedes irte… pero no conseguirás más ayuda alla afuera que aquí. -Palmer se sintió algo mareada, y un terror se apodero de su mente. Era verdad, debía convencer al agente, porque nadie más podría ayudar. Se volvió a sentar.

-De acuerdo, ¿Qué paso después?

-A través de mi día a día, yo los veía. El Hombre. Muchos Hombres. Hombres en gabardinas negras. Observándome. Desde la calle, las ventanas de los edificios, esperando en el metro… era horrible.

-Y, ¿Por qué nunca le hablo a este “hombre”?

-Porque cada vez que me acercaba, algo pasaba, yo me distraía, y ya se había ido. Pasaron dos semanas así, y yo creí que solo fue coincidencia, tal vez estuve en medio del trabajo secreto de una compañía o algo y ahora me observaban para que no lo filtrara a otra compañía rival o algo…

-¿Qué la hizo cambiar de opinión y venir aquí?

-Vera… una noche cuando todas las luces estaban apagadas… oí algo en la cocina, desperté a Adam y el bajo a investigar. Paso un largo rato, así que me preocupe, cuando baje a verlo estaba en el suelo, uno de los hombres que había visto le había puesto una mascarilla en la boca… Y el Hombre de la gabardina estaba ahí… me observaba fijamente. Extendió sus manos hacia mí, como para ahorcarme, así que corrí y corrí… y vine aquí para pedir su ayuda.

El oficial se levantó, y rascándose la barbilla dijo -Pues eso aún suena como un montón de locuras.

-¡Por favor tiene que creerme!

-Creo que solo tuvo un exceso de alcohol en la fiesta de tu hermana e imagino todo eso.

-¿Qué?

-Creo que cuando despierte, todo se verá como un sueño, y usted volverá a su vida normal.

Alicia abrió la boca para decir algo, pero desde detrás de ella dos manos aparecieron, una la sujetó y la otra le cubrió la boca con una mascarilla. Lentamente todo se fue a negro.

Alicia despertó. Miro a su alrededor; estaba en su habitación, con su esposo sentado al lado de ella.

Adam la miro y dijo -¡Oh cariño! Me tenías preocupado.

-¿Qué paso?

-Después de la fiesta de Emilia quedaste inconsciente por un exceso de bebidas… no sé por qué te deje tomar tanto…

Alicia parpadeo confundida -Pero… yo recuerdo, aun…

-¿Recordar que?

-Nada… solo una pesadilla.

-¿Y de que trataba?

Alicia cerro los ojos -Del Hombre.

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