Propuesta de djkaktus III
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ANTES

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"Esto", dijo el hombre en el frente de la habitación, revelando una diapositiva cubierta de muchos puntos de colores, "es el Universo". Todo lo que ha sido o será alcanzado por nosotros está en esta diapositiva. Por lo que sabemos, esto es el todo; la suma total de la existencia"

Apagó el proyector y, por un momento, la habitación quedó a oscuras. Cuando la luz volvió a encenderse, había una imagen de la Tierra, como si hubiera sido tomada desde arriba y muy lejos.

"Estos somos nosotros, obviamente", dijo el hombre, acercando la diapositiva. "Casi todos los seres vivos que conocemos han nacido y muerto en esta roca". Se detuvo por un momento. "No es tan mal inmueble, la verdad"

Volvió a ajustar la diapositiva mientras el público intentaba reírse un poco.

"Y esto… esto es un átomo. O, al menos, la representación de uno. La tecnología aún no ha llegado al punto en el que podamos ver a estos pequeñines, pero tenemos una idea bastante clara de cómo podrían ser. Bueno, el átomo es un bloque de construcción, la partícula más básica del Universo. O mejor dicho, podría serlo. Puede ser posible que hayan partículas aún más pequeñas que esta que la compongan. Es difícil decir en donde termina esto, pero en el fondo debe haber algo fundamental… ¿cierto? Algo que no solo es lo que compone a los otros bloques de construcción, si no que también es lo que hace a todo ser algo. Eso es lo que estamos buscando".

Las luces volvieron a encenderse y el hombre se dio la vuelta. Su chaqueta blanca llevaba el nombre "Felix Carter Ph.D." en letras azules. Sus gafas redondas estaban posadas sobre una nariz roja, y su pelo gris estaba bien peinado a un lado.

"Cuando nos acercamos a la, eh, la Academia Internacional de Ciencias Existenciales, vinimos con un solo objetivo: descubrir la razón. No se nos pidió que diéramos una explicación, n-ni que dedujéramos, eh, la razón del por qué; nuestra tarea era encontrar la parte del universo que determina por qué somos lo que somos. Hoy estoy feliz de anunciar que lo hemos logrado".

Extendió el brazo y otro hombre apareció a la vista. Este hombre era alto, con el pelo castaño cortado y llevaba una chaqueta negra puesta. Sonrió y saludó educadamente a los entusiastas aplausos del público mientras se ponía de pie con las manos entrelazadas frente a él a la vez que lo presentaban.

"Este es el Dr. Frederick Williams, del Real Conservatorio Científico. Fue con su ayuda y apoyo financiero que, eh, hicimos este descubrimiento revolucionario".

Los dos se detuvieron cuando las luces se oscurecieron de nuevo, y el proyector de arriba produjo una imagen. La imagen era tenue, y llena de estática, pero su punto focal era claro: una sola línea blanca que se extendía a través de la imagen, desvaneciéndose en ambos extremos.

"Lo que están viendo aquí es un hilo conductor", continuó el Dr. Carter. "Acabamos de empezar a llamarlos así; no teníamos ni idea de cómo serían cuando empezamos. Pudimos conseguir que este hilo se manifestara usando una serie de pulsos de alta energía dirigidos a un pequeño trozo de película de Ozymandium. Este método fue tomado del Dr. Adam Bright y su equipo en los Estados Unidos, quienes han estado trabajando en un proyecto similar con la esperanza de obtener lo que ellos llaman taquiones, el, eh, el componente fundamental del tiempo, por así decirlo. Descubrimos que, al afinar nuestro equipo, fuimos capaces de hacer que algo que no debería pasar…. pasara".

La imagen cambió. En la siguiente diapositiva, se ve una estructura cercana siendo arrastrada dramáticamente hacia el centro del hilo. En la siguiente diapositiva, el hilo ya no está, y el edificio está arrugado y deformado.

"Esto fue lo que presenciamos. Al hacer que uno de estos hilos aparezca por sólo un instante, uno de estos elementos de la fundación del universo, y luego manipularlo ligeramente, aumentamos la gravedad en la región en casi siete mil por ciento en un instante. Lo diré de nuevo: hemos manipulado las leyes físicas del universo usando una luz brillante y una roca".

El público reunido volvió a aplaudir. Después de un momento, el Dr. Carter levantó una mano para hacer silencio.

"El manifiesto completo de nuestra investigación estará disponible en breve, tan pronto como nuestros proyectos hermanos hayan terminado sus estudios. Dentro de tres meses, presentaremos nuestras conclusiones en su totalidad a esta asamblea, y… ¡y daremos nuestro primer paso hacia un futuro con más conocimiento!"

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En el vestíbulo del auditorio, el Dr. Williams se paró a hablar con un grupo de investigadores junto con el Dr. Carter y su equipo. Dos hombres se les acercaron, y uno de ellos le extendió la mano.

"Dr. Williams," dijo el hombre, "es un placer conocerlo. Vincent Arians, Oxford. Me ha fascinado su trabajo, de verdad".

El hombre más alto sonrió. "El Sr. Arians, por supuesto. Siempre es un placer conocer a un compañero ex-alumno". Miró hacia el segundo de los dos. "¿Y tu amigo?"

"Aaron Siegel", dijo el hombre, siguiendo el apretón de manos de Arians con uno de los suyos. "Cornell".

Los ojos del Dr. Williams se abrieron un poco más. "El renombrado físico. Me atrevo a decir que esperaba que hiciera este descubrimiento antes que nosotros, Dr. Siegel".

Aaron sonrió. "Desafortunadamente, nuestro trabajo últimamente ha tomado un giro diferente. Si íbamos a resolver la atómica, deberíamos haber hecho lo que tú hiciste y haber descubierto la geometría primero. Tus resultados han sido impresionantes".

Los ojos del Dr. Williams estaban pensativos. "Sí, el Dr. Carter ha hecho un trabajo excepcional. Es una pena que vaya a ser desacreditado, realmente ha invertido mucho en este proyecto".

Arians hizo una segunda toma. "Espera, él… ¿qué?"

Antes de que ninguno de ellos pudiera decir nada más, se les acercó una mujer de ojos oscuros, delgada, con el pelo negro corto y un vestido azul con largos guantes negros. Ella se acercó por detrás del Dr. Williams, le puso una mano en el hombro y le susurró al oído. Él asintió con la cabeza.

"Caballeros, me temo que me están llamando". Se detuvo a mitad del giro. "Oh, por favor, perdónenme. Sr. Arians, Dr. Siegel, ella es la Dra. Sophia Light. Ha estado trabajando codo a codo con el Dr. Carter y el resto de nuestro equipo aquí en Londres".

La mujer sonrió suavemente y asintió. "Es un placer conocerlos, estoy segura".

Aaron asintió mientras Arians continuaba procesando lo que acababa de escuchar. Williams jugueteó con su bolsillo por un momento, y luego sacó una tarjeta blanca con un emblema de tres flechas en ella.

"Esta es mi tarjeta, Dr. Siegel", dijo. "Haga que su oficina llame a este número mientras esté en la ciudad y concretaremos una reunión. Sr. Arians, usted también es bienvenido. Nuestra organización está en el pináculo de un trabajo verdaderamente inspirador, y estamos buscando que las mentes más brillantes sean quienes nos guíen". Se encogió de hombros. "Algo en lo que deberían pensar. Hasta luego, caballeros".

El Dr. Williams se puso su gorra, su abrigo, y siguió a la Dra. Light fuera de la sala.


AHORA

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“Érase una vez, un hombre que se despertó y se dio cuenta de que no recordaba quién era ni cómo había llegado hasta allí”.


Olivia se escabulló al balcón del estudio y sacó un cigarrillo pálido y delgado de detrás de su oreja. Estaba sacando un encendedor de su bolsillo cuando oyó que la puerta detrás de ella se abría.

"Sabes que esas cosas terminarán matándote, ¿no?" Anthony Wright no lucía como el tipo de hombre que acostumbraba a vestir traje y corbata. Las llevaba como si fueran su prisión. "Yo lo sé bien", agregó, mostrándole un paquete de chicles medio vacío.

"¡Anthony!" La delgada figura de Olivia se resbaló contra él con la gracia de un cuchillo pequeño y elegante. Ella lo envolvió con sus brazos y lo abrazó con fuerza. A pesar de haber dejado el hábito hace cinco años, el anciano seguía logrando oler a tabaco.

Anthony respondió con un enorme brazo y le dio una palmadita reconfortante en la espalda. Terminaron apoyándose en la barandilla, uno al lado del otro. Aún no era de día; debajo de ellos, las calles iluminadas por un resplandor color mandarina. Una fresca y letárgica brisa pasaba junto a ellos, portando el aroma del océano.

"Me alegra que hayas venido", le dijo Olivia. Finalmente sacó su encendedor. Era un trozo barato de plástico verde neón que había recogido de camino a la exposición. Después de unos cuantos golpes con el dedo pulgar, sólo pudo escupir chispas.

"Dámelo". Anthony le quitó el encendedor de la mano como si se estuviera llevando un juguete peligroso. Sacó uno propio de su bolsillo; era una cosa vieja, empañada y hecha de latón. Tenía más abolladuras que él. "No me perdería esto por nada del mundo, señorita. Incluso habiendo sido hecho en Seattle".

Olivia puso los ojos en blanco. El encendedor de Anthony produjo una llama al primer golpe; ella bajó la cabeza para llevar su cigarrillo a la punta del fuego. "Ahórramelo. Sé que piensas que todo esto es una mierda pedorra artística".

"Bueno, está bien, no puedo decir que la Madonna esté hecha de queso cottage".

Olivia le echó un vistazo. "¿No te gusta?"

Anthony hizo una segunda toma. "Espera, esa es — ¿tuya? Quiero decir, eh…"

Ella sonrió. "No. Estoy bromeando. Esa es una mierda; el tipo que la hizo es un tramposo". Se volvió hacia la ciudad, dando un largo paseo. Cuando exhaló, briznas de humo se arremolinaron desde sus fosas nasales y chocaron contra la parte inferior del balcón que tenía encima. "¿Cómo está Calvin?"

"Está bien. Me dijo que te dijera que lamenta no haber podido venir, pero está—"

"Ocupado. Lo sé. Mierda, lo sé muy bien". Olivia cerró los ojos. "Es solo que están pasando tantas cosas".

"Sí. No creo que ninguno de nosotros esperara…" La voz de Anthony se detuvo. "Necesitaban al Contador más de lo que creíamos. Una vez que lo perdieron, perdieron todos sus fondos — todo empezó a desarmarse. El personal empezó a entrar en pánico, los Sitios empezaron a colapsar…. joder, dos supervisores terminaron muertos esa noche.

Algo se le metió en la cabeza a Olivia; algo que ella olvidaba. "¿Cuántos Sitios quedan?"

"Aún con todo, unos doscientos. Desmantelamos el Sitio-173 la semana pasada. No hay nada más que cadáveres y cucarachas". Agitó la cabeza lentamente. "Sólo cucarachas comunes y corrientes".

Olivia se volvió hacia él. Por primera vez en mucho tiempo, parecía viejo, viejo y cansado. Las arrugas de su cara estaban grabadas profundamente en su piel; sus ojos estaban rodeados de círculos oscuros e impenetrables.

Ella sintió ese tirón otra vez. "¿Cómo has estado tú?"

"Es gracioso", le dijo Anthony, aún observando la ciudad. "Te pasas la vida luchando contra demonios, apagando incendios — pensando que esa es la parte difícil. Que es el trabajo que debe hacerse. Que es el trabajo que te terminará matando. Pero no lo es". Sus ojos se encontraron con los de ella. "Barrer las cenizas — volver a armar todo. Esa es la parte difícil".

Ella frunció el ceño. El tirón era más fuerte ahora.

"No me malinterpretes. Las cosas están mejor ahora". Le dio una sonrisa cansada. "No tenemos que lastimar a la gente. No tenemos que matar gente. No tenemos que mutilar a los niños para detener las pesadillas". Sus ojos se dirigieron hacia la ciudad.

Olivia cerró los ojos. "Anthony…"

"No sé cómo diablos lo hicimos, pero ganamos. El mundo está…. todavía está jodido. Cuando me voy a dormir, todavía tengo pesadillas, ¿sabes? Pero cada noche, se pone un poco mejor. Las pesadillas están perdiendo".

Metió la mano en su bolsillo y buscó algo, soltándolo.

"De todos modos, mierda — lo siento, sólo estoy vociferando. Escucha, Olivia. Hay algo que he querido preguntarte…"

Olivia golpeó el corazón de Anthony Wright con las 4 pulgadas del elegante y afilado cuchillo de artesanía. Por un instante, los ojos del anciano se llenaron de cruda confusión y conmoción. Luego, trastabillando hacia atrás, aferrándose a la empuñadura, sus ojos se llenaron de la nada absoluta.

"Lo siento", susurró Olivia. Lo empujó por el borde de la barandilla.

Y el mundo se acabó.



AHORA

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“De repente, una voz le habló al hombre: `Tu segundo deseo ha sido concedido. Ahora, para tu tercer — y último — deseo.’”


“-mos. Vamos, dale, despierta de una puta vez-”

Finas tajadas de luz atravesaron los párpados de Olivia. Sintió un zumbido constante en sus oídos.

Alguien estaba tirando de sus brazos.

"Despierta, despierta—"

Abrió los ojos y se arrepintió de inmediato. Agudos y dentados rayos de sol se precipitaron sobre sus pupilas, forzándola a entrecerrar los ojos. Olivia apretó un puño en su zócalo izquierdo y empezó a frotarse. "¿Qué….? ¿Dónde estoy?"

Olivia se frotaba el ojo, dejando que su visión se ajustara. Estaba acostada en una cama dentro de una habitación de motel barata. El sobrecargado aire acondicionado retumbaba a su izquierda; sobre ella, la luz del sol fluía entre las cortinas. La habitación tenía un ligero aroma a aceite de coco.

Adam estaba sentado junto a la cama. Parecía como si no hubiera dormido en días. Su portátil se encontraba en la mesita de noche, con una pistola al lado.

Olivia parpadeaba mientras movía su cabeza mareada. "¿Adam? ¿Qué es—"

"¿Cuánto recuerdas?"

Olivia apretó sus cejas juntas; las molió como las licuadoras a la fruta. Intentó pensar en los acontecimientos que la habían llevado hasta aquí. Lo último que recordaba era…

"Estaba teniendo una especie de sueño. Anthony estaba allí — pero fue años en el futuro. Todo estaba mal. No es real. Se sintió real, pero…"

Adam asintió. "Algo andaba mal, ¿verdad?"

"Sí". Olivia cerró los ojos y sacó el sueño de su escondite en su subconsciente. "Él no fumaba, pero tenía un encendedor. Estábamos en Seattle, pero podíamos oler el océano. Y cuanto más pensaba en ello…"

"Más te dabas cuenta de que era mentira".

Ella asintió y abrió los ojos. Adam estaba concentrado en su portátil.

"No sé cómo, pero de alguna manera me di cuenta de que la única salida era…"

"Sí". Adam la interrumpió. Se estaba esforzando mucho para no hacer contacto visual con ella. "Lo sé".

Olivia frunció el ceño, sentada en la cama. "¿Adam? ¿Quieres…? Eh, ¿Quieres hablar de—?"

"Está bien. Estamos fuera ahora". Decía mientras sacaba un archivo de la computadora. "No recuerdas cómo llegamos aquí, ¿verdad?"

Olivia agitó la cabeza. "No".

"Lo mismo digo. Por suerte, creo que lo habíamos planeado". Hizo doble clic en algo. La pantalla del portátil estaba llena de una imagen fija de la cara de Calvin. Su estoica expresión les miraba fijamente; detrás de él, podían ver lo que parecía una oficina. "Calvin cargó un vídeo sobre Alexandra, junto con instrucciones para reproducirlo si llegaba a pasar que, eh… no recordáramos nada de cómo llegamos aquí".

Olivia se adelantó para sentarse en el borde de la cama junto a Adán. Hizo clic en 'Reproducir'.

Apareció una ventana sobre el vídeo, solicitando dos contraseñas. Sobre una casilla estaba el nombre de 'ADAM'; sobre la otra el nombre de 'OLIVIA'.

"¿Está encriptado?" preguntó Olivia. Frunció el ceño, mirando la pantalla.

"Supongo. No recuerdo… Quiero decir, hay una contraseña que yo podría haber utilizado", dijo Adam, escribiendo algo bajo su nombre. Tan pronto como presionó Enter, su nombre se volvió verde. Miró a su acompañante.

Olivia se mordió el labio inferior, pensando.

“¿Olivia?”

Algo le tiraba de la parte de atrás de su mente.

Sin detenerse a pensar, le quitó la pistola a Adam de la mesita de noche y le enterró tres balas directamente en el cráneo.

Y entonces el mundo se acabó.



AHORA

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“El hombre consideró esto por un momento, y no viendo otra opción hizo su último deseo: ‘Permítanme recordar todo lo que he olvidado’.”


“¿Olivia?”

Olivia abrió los ojos. Estaba acostada en un catre dentro de una pequeña y cómoda oficina. Había una librería llena de volúmenes encuadernados en cuero; frente a ella había un amplio y pulido escritorio.

Calvin estaba de pie delante de ella. Parecía distante — ¿cuándo no lo parecía? — pero su expresión llevaba una pizca de preocupación.

Olivia inmediatamente golpeó su rodilla contra el plexo solar de Calvin.

Calvin se dobló, agachándose hacia adelante. Salió rodando del catre y y fue hacia el escritorio, buscando a tientas el cerrojo escondido bajo uno de los cajones. Olivia había estado en esta oficina cientos de veces antes; si la memoria servía, había un espacio oculto justo… aquí.

Para cuando Calvin logró recuperar el aliento, Olivia estaba apuntando la pistola directamente a su corazón.

Calvin levantó las manos y dio un paso atrás. "Olivia…"

"Cállate". Entrecerró los ojos. "Déjame pensar".

Calvin no dijo nada.

"Alguien está jodiendo con mi cabeza. He pasado por dos iteraciones. Una con Anthony, otra con Adam. Cada vez, ellos trataban de obtener información de mí", dijo, abriéndose camino entre sus pensamientos. "Cada vez más me di cuenta de que algo andaba mal. Cada vez encontraba otro detalle fuera de lugar. El encendedor de Anthony. El ordenador de Adam — él le dice 'Alexander', no 'Alexandra'. Y cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta…"

Calvin empezó a bajar las manos. "Olivia, escucha—"

"Dije que te calles", respondió ella. "Bien. Cada vez todo comienza a desentrañarse cuando me doy cuenta de que algo anda mal. Cada vez me doy cuenta de que la única forma de escapar es…" Su respiración se aceleró.

Calvin dio otro paso atrás.

"Tengo que matarte", susurró ella.

"Olivia. Sólo, mira, tómatelo con calma. Hablemos de esto, ¿de acuerdo?"

"Ya lo pensé bien. Anthony, Adam, ahora tú — sólo eres otro sueño. Otro…" Ella frunció los labios. "Mentira. El Mentiroso. Tú eres el maldito Mentiroso".

"Olivia". El tono de Calvin se volvía cada vez más urgente. "Por favor, escúchame. Puede que tengas razón. Alguien podría estar jugando con tu cabeza. Pero no soy yo. No soy el Mentiroso".

"Entonces, ¿cómo mierda…?" Su dedo se apretó más alrededor del gatillo.

"Escucha. Sólo escúchame, ¿ok? Me estabas ayudando con la investigación. Te quedaste dormida en mi oficina. Ahora te despiertas y me apuntas con un arma". Calvin mantuvo los brazos en alto. "Dijiste que estas cosas se desentrañaban cuando notabas que algo andaba mal. ¿Acaso has….?"

Olivia frunció el ceño. "Aún no. Pero…" Sus ojos trazaron su camino a través de la oficina. Todo parecía estar como se suponía que debía estar; a diferencia de los dos sueños anteriores, todo lucía familiar para ella. ¿Pero entonces eso significaba que…?

"Dijiste que todo empezó con un sueño sobre Anthony, luego Adam. Piénsalo: Si yo fuera el Mentiroso, ¿iría con Calvin después?"

La respiración de Olivia es lenta. Nada estaba fuera de lugar; nada se sentía fuera de lugar….

"Una vez es casualidad. Dos veces es una coincidencia. Tres veces es un patrón", le dijo Calvin. "Creo que el Mentiroso está tratando de engañarte para que me mates".

Su agarre del gatillo se aflojó.

"Dijiste que estaba tratando de obtener información de ti. ¿Qué clase de información?"

"Yo… con Anthony, no lo sé. Dijo que necesitaba preguntarme algo. Con Adam, era una contraseña, creo, pero…"

"¿Una contraseña?"

Olivia bajó la pistola, pero mantuvo su firme agarre. "Sí". Se obligó a respirar lentamente. "De acuerdo. De acuerdo. Sólo…. dame un segundo, ¿está bien?"

Calvin bajó lentamente las manos, pero mantuvo la distancia. "Okay. Pero sí, esto no tiene sentido. No sabes ninguna contraseña que el Mentiroso quiera. ¿No te ha preguntado nada más?" Se detuvo y añadió: "No te preguntó por la copia de tu diario, ¿verdad? ¿Todavía la tienes?"

Olivia agitó la cabeza. "No, no lo hizo — sí. Todavía la tengo". Metió la mano libre para tocar la base de su muñeca; el tenue y familiar bulto aún estaba presente. "El diario está justo aquí".

El Mentiroso sonrió. "Así que así es".

Y entonces el mundo se acabó.



AHORA

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“‘'Curioso', dijo riendo, concediendo el último deseo del hombre. 'Esa fue la primera cosa que pediste'.”


La boca de Olivia se sentía como si estuviera cubierta por una fina capa de tiza disolvente. Dejaba un débil sabor a menta en su lengua.

Ella forzó sus ojos para que se abrieran, y luego los cerró inmediatamente. Luces brillantes y deslumbrantes se reflejaban directamente en su retina, la presión pulsátil detrás de su sien se intensificaba.

Estaba en una habitación de hospital en alguna parte. Olivia ni siquiera necesitaba mirar a su alrededor para saber eso; sólo podía sentirlo. Odiaba los hospitales. Contando hacia atrás desde diez, abrió los ojos y les dio tiempo para adaptarse.

Sep. Era una instalación médica — y ella estaba atada a la cama. Buenos tiempos. A su lado habían varias piezas de equipo estéril y complicado. La mayoría de ellas hacían ruidos de pitido. Levantó la cabeza hasta donde le permitieron las correas de nylon.

Había una enfermera y un médico tumbados boca abajo en el suelo. Piscinas de color carmesí salían de debajo de ellos. Una mujer mayor con un traje blanco inmaculado estaba sentada cerca; sosteniendo un arma. Su mirada estaba fijada en Olivia.

Olivia parpadeó. Estaba equivocada; era un joven con una cresta verde neón. Llevaba una chaqueta con tachuelas salpicadas de algo mojado. En su mano izquierda, llevaba una navaja empapada en sangre.

Parpadeó de nuevo. Era una persona de género indeterminado; su piel era de un profundo tono ocre, con la cara llena de piercings. Llevaba varias correas de cuero alrededor de lo que parecía una carpeta de carbón. En lugar de un cuchillo, sostenía un bate de béisbol de aluminio. Estaba cubierto con mechones de pelo y carne.

Parpadeó de nuevo. Un hombre con dientes como cuchillos de carne aserrados y garras que pueden cortar el acero. Parpadeó de nuevo. Era Anthony. Parpadeó de nuevo. Era Adam. Parpadeó de nuevo. Era Calvin.

Parpadeó de nuevo.

Era el Mentiroso.

"¿Cómo se siente ese corte?"

Olivia miró su muñeca. Una nueva serie de puntos de sutura se entrecruzaba sobre una herida recientemente abierta; se extendía desde la base de la palma de su mano hasta casi la parte interna del codo. Un recuerdo lejano tiraba de la parte trasera de su mente.

Se mojó los labios y mintió. "No… no duele tanto".

"No importa. Asegúrate de mantenerla cubierta. Y de que no te falten los antibióticos también". El lado izquierdo de la boca del Mentiroso se movió hacia arriba. "Te iban a recetar algo, pero me temo que los maté antes de que tuvieran la oportunidad".

"¿Quién…?" Los ojos de Olivia se fijaron en las figuras del suelo. "¿Qué está pasando? ¿Quiénes son ellos?"

"Trabajaban para mí, y te capturamos", le dijo el Mentiroso. "Te trajeron para que te procesara. Para descubrir lo que sabías; para determinar si tenías el diario. O, al menos, si sabías lo que contiene". Sus labios se fruncieron de risa. "¿Sabes? Después de todo este tiempo había olvidado que alguna vez existió. Cuando el agente que lo escribió desertó y nos dijo lo que contenía, habrías pensado que podríamos haber tomado medidas para hacer que su contenido fuera falso. Pero…. no somos más que criaturas de costumbres".

Olivia no podía recordar nada de lo sucedido tras matar al Contador. El Mentiroso debe haber notado su confusión: "Has sido amnésticada. Varias veces, en realidad. ¿Sabías que esa es mi función principal dentro de La Fundación? Para mantener el velo. Para asegurarnos de que nadie recuerde nada que se supone no debe recordar".

Golpeó el arma contra su muslo. "Y, por supuesto, para reemplazar esas lagunas con mentiras convincentes".

"¿Por qué sigo viva? ¿Por qué estamos teniendo esta conversación?"

"Porque tú y tus amigos se dieron cuenta de esto. Porque tienes el diario. O, al menos, un pequeño trozo. Una unidad flash subdérmica, ubicada debajo de tu muñeca".

"No lo entiendo".

El Mentiroso sonrió. Aunque Olivia ya no podía reconocer sus rasgos, todavía podía ver el cansancio en su cara. "No todos los cognitopeligrosos son anómalos".

La frase clave pasó por la mente de Olivia. Era como si acabara de encontrar la pieza de un rompecabezas que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba resolviendo. Una imagen surgió en sus recuerdos; ahora lo recordaba todo.

"Solías ser uno de nosotros", susurró ella. "Solías ser parte de La Insurgencia. Fuiste parte del tercer Delta - Oí a Anthony hablar de ti. Sam…. Sam Biel - siempre hablaban de cómo fuiste torturado por La Fundación durante semanas por tus secretos y nunca renunciaste a decir una palabra. Yo no… No lo entiendo".

El Mentiroso cerró los ojos y asintió. "Es verdad, pero no renuncié a mis recuerdos porque no habían recuerdos a los que renunciar".

Suspiró. "Me desplegaron para localizar una anomalía en el Mar de Bengala. Nuestro barco zozobró en una tormenta y fui arrastrado por el océano hasta que mi pierna quedó atrapada en una red. Vagué en la oscuridad donde los ojos están blancos y hundidos en el Vacío. Me encontraron, meses después, y La Fundación reconoció quién era yo - qué podía hacer. Me dieron una nueva identidad; una mentira en la que creer". Abrió los ojos y se puso de pie, acercándose a Olivia. "Tu amigo Calvin se enteró por el diario, sin duda, qué chico listo. Su copia sólo contenía esa entrada - la que contenía mi nombre. Verlo por primera vez en tantos años… fue como salir del agua después de tanto tiempo".

El Mentiroso comenzó a desatar a Olivia. "He despejado el camino a la entrada principal. Estará abierto por otros diez minutos; una vez que salgas, encontrarás una camioneta gris en el estacionamiento. Las puertas están abiertas; las llaves están en la guantera. Encontrarás instrucciones, un mapa y una memoria USB".

"¿Una memoria USB?" Olivia se sentó, sintiendo sus extremidades hormiguear con la repentina oleada de sangre fluyendo por ellas nuevamente. Su antebrazo latía de dolor.

"Contiene datos cruciales, incluyendo la ubicación de su próximo objetivo. La Archivista". El Mentiroso retrocedió. "De todos nosotros, puede que sea ella la que más lejos haya llegado. Dile a tus amigos que tengan cuidado".

Olivia asintió, moviendo las piernas. Para luego pausar. "¿…qué hay de ti?"

"¿Que qué hay de mi?" preguntó el Mentiroso, y luego se rió. "No estoy libre de culpas en esto. Puede que haya olvidado mi propósito, pero sigo siendo yo el que tomó las decisiones que tomó, el que hizo las cosas que hizo. No me espera nada ahí fuera - si La Fundación no me mata inmediatamente, pasaré el resto de mi vida huyendo de ellos, por lo que sé - y no voy a huir de la verdad. La verdad me ha liberado". Se hundió de nuevo en su silla, poniendo el arma sobre su regazo. "Muévete rápido. Tu ventana se está cerrando".

Olivia extendió la mano para tocar la mano del Mentiroso. No miró hacia arriba. Volviéndose para irse, le dio una última mirada; por un momento, pensó que podría haber reconocido un rostro. Luego, se dirigió hacia el pasillo y hasta la salida.

No fue hasta que llegó al hueco de la escalera que oyó ese disparo solitario.




- ATRÁS -


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