Propuesta de djkaktus III
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ANTES

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Las actas se llevaron a cabo en la trastienda de un almacén somalí abandonado.

Calvin se sentó en la esquina de una larga mesa plegable de plástico, recogiendo silenciosamente una uña. Al otro extremo de la mesa se encontraban acurrucados los siete miembros del Comando Delta, el alto consejo de La Insurgencia del Caos. Calvin casi mira con desdén a la habitación mientras entraba en ella - a pesar de toda su retórica en alza, todavía eran incapaces de encontrar algo más sustancial que solo edificios viejos y polvorientos llenos de muebles de plástico baratos para llevar a cabo sus negocios dentro.

El Comando Delta, sabía él, había sido formado por el Ingeniero para reunir a las siete reñidas ramas de lo que alguna vez llamó "La Insurgencia". Cada uno de los siete grupos envió a un representante a Delta, y juntos formaron la resistencia más grande. El nombre era una broma, por supuesto. De acuerdo a la leyenda, el Ingeniero había estado a punto de abandonar este intento de coordinar a las polemistas facciones, diciendo que "nunca en la historia había existido una insurgencia más caótica".

A ninguna de estas personas le agradaba la otra, y tampoco es que le tuviesen un especial cariño a Calvin. Él había hecho una carrera distinguida como agente de la IC, primero soportando y después liderando ataques a La Fundación. Él, como todos en La Insurgencia, sabía su lugar en el mundo; el propósito de La Insurgencia nunca había sido destruir a La Fundación, si no que para actuar como los controladores de esta. Ser una espina constante en el cuello de La Fundación, impidiéndole siempre ser demasiado complaciente. Si realmente estuviesen concentrados en una insurgencia, no hubiesen sido capaces de hacer tanto daño como habían podido. Sin embargo, esta estrategia tampoco es que hubiese dado tan buenos resultados.

Pero Calvin era excepcionalmente bueno en lo que hacía, y más que ser una espina en el cuello, era una sierra de arco en el intestino de La Fundación. Sus contribuciones a los objetivos de La Insurgencia lo habían llevado a elevarse rápidamente entre sus filas, y en un punto no muy lejano al presente, había sido considerado como el próximo miembro de su facción en unirse a Delta. Poco antes, sin embargo, fue acusado de malversar los recursos de La Insurgencia - por muy limitados que fueran - en una redada en un Sitio de La Fundación que contenía varios textos potencialmente mágicos.

A pesar de que las investigaciones hacia su persona no rescatan nada en su contra, el incidente no pudo llegar en un momento más inoportuno, pero fue pasado por alto para ascenderlo a Delta en lugar de descenderlo a un burócrata de nivel-medio que habría sido anteriormente un congresista junior en el estado de Nueva Jersey, Estados Unidos. Howard Kowalski.

Coincidencialmente, fue Howard Kowalski quién habló primero.

"Buenas tardes, eh, Calvin", dijo el hombre corpulento, balanceando sus delgados par de lentes hasta el final de su puntiaguda nariz. "Apreciamos que, eh, hayas venido hasta aquí. Como sabrás estamos en el medio de, eh, renovaciones de los Cuarteles del Comando Delta-"

Esto era, por supuesto, una broma. Delta se mantenía diciendo que su antiguo centro de comando, el construido por el mismísimo Ingeniero, estaba siendo renovado, necesitando entonces ocupar almacenes vacíos y edificios abandonados para las reuniones del grupo. Era un secreto público que el edificio había sido arrasado por la Coalición Oculta Global hace poco más de tres décadas, pero Delta se negaba a reconocer esto.

"-así que va a tener que ser aquí la reunión mientras. Si". Él asintió, y ordenó sus papeles contra el escritorio. "Supongo que lo que más nos interesa, Calvin, es ese documento que oímos recuperaste". Se inclinó hacia adelante, con el brillo de la lámpara pintando sus lentes de blanco mientras le miraba por encima de la pila de papeles. "El diario. ¿Lo tienes?".

Calvin asintió. "Si me permites un segundo de tu tiempo, te prometo hablaremos del diario".

Uno de los otros miembros de Delta, una mujer alta de pelo largo llamada Norris, hizo un sonido con la parte trasera de su garganta. "No pruebes nuestra paciencia, niño. Ya es lo suficientemente malo que hayamos tenido que hacer este viaje hasta aquí, pero te juro por dios que si todo esto fue por la mentira de un diario falso, me quedaré con tu trabajo".

Kowalski rió nerviosamente mientras Calvin levantaba una ceja ante tales palabras. "Tranquila, tranquila, Priscila", dijo Kowalski cautelosamente, "escuchemos lo que nos tenga que decir. Calvin ha, eh, hecho un montón por la organización, creo que todos podríamos coincidir en que-" - asentimientos a regañadientes alrededor - "-y creo que se merece el, eh, beneficio de la duda". Hizo un gesto a Calvin para que continuara.

Calvin tomó su propio fajo de papeles y sacó algunos. "Bien, lo que están mirando delante suyo es algo en lo que he estado trabajando con unas otras pocas personas por los últimos meses - llámenlo una declaración de propósitos. Hemos estado trabajando en conjunto con el laboratorio del Dr Vernon Alderman en Sydney, y los resultados del trabajo de su equipo ha sido… preocupante. Las continuas pruebas de La Fundación sobre entidades y fenómenos antinaturales han exacerbado el problema causado por estas mismas entidades - están rascando la herida. Si a eso le sumamos el conocimiento que obtuvimos del equipo del Teniente Horver sobre los cambios en la calibración del Ancla de Scranton en los últimos años, la evidencia es clara". Se detuvo y pasó a la siguiente página. "Estamos llegando rápidamente a un punto de no-retorno."

Navegó con la mirada más abajo en la página. "Ahora bien, nuestros modelos actuales estiman que tal vez no llegaríamos más lejos de la década del 2020 sin un acontecimiento importante, público y de naturaleza sobrenatural, para que luego, ni siquiera unos cinco años después, comencemos a ver cosas demasiado grandes, tanto como para que incluso La Fundación no sea capaz de ocuparse de ellas. Eso no es bueno, y es la razón por la que tenemos que abordar este tema inmediatamente - si esperamos más, puede que no seamos capaces de hacer nada de valor".

Sulvester Sloan, el miembro más viejo de Delta, dejó salir una extraña carcajada. "Nuestro valor reside en inhibir los esfuerzos de La Fundación. Lo que dices suena a que quieres intentar interrumpirlos completamente".

Calvin respondió rápidamente. "Más que eso, tengo la intención de arrancar a La Fundación de raíz, hoja y tallo".

Un espeso silencio cubrió al grupo entero, como si alguien hubiese tirado un huevo podrido en un elevador. Herman Van Gandry, otro de los veteranos en Delta, fue el primero en echarse a reír. El resto lo siguió rápidamente.

Kowalski intentó mantener una cara seria, pero incluso él quería reír. "Calvin, mira, sé que tienes buenas intenciones, y tienes el respeto de varios de nosotros, pero, por dios. Esa es una tontería sacada de la mente más necia".

Priscilla se mofó de él. "Cuando llegues aquí con dinero, hombres, y el equipo suficiente como para desestabilizar a la agencia con más influencia, secretismo y poderío del mundo, dinos para que te podamos coronar como el Rey de una Montaña de Mierda. ¿Qué te parece?".

Calvin levantó ambas cejas esta vez y tomó un profundo respiro mientras excavaba más profundo entres sus papeles.

"Para este fin", continuó, "me gustaría citar los procedimientos establecidos en el Summa Modus Operandi".

Delta guardó silencio, con algunos de ellos mirándose los unos a los otros, confundidos. Los ojos de Sylvester Sloan repentinamente se volvieron filosos. "¿Con que se eso se trata?"

"Esperen un momento", dijo Dane Blank, hojeando apresuradamente sus propios papeles, "¿qué es eso? Nunca oí de algo así. Suena importante, ¿es importante?".

Desdemona Vance, la miembro más joven del grupo, sacó una gruesa y sucia carpeta de un bolso que se sentaba a su lado. Abriéndolo, hojeó las instrucciones rápidamente y pasó varias páginas hasta que comenzó a leer en voz alta. "Sostenemos lo siguiente son verdades inexorables…".

Calvin levantó su mano. "Resolveré sus dudas. Este documento fue escrito por el primer Comando Delta a instancias del mismísimo Ingeniero. Si tomamos este documento como base, entonces sabremos que no necesitamos destruir a La Fundación para destruir a La Fundación. Solo necesitamos destruir a los Supervisores".

Priscilla dejó salir otra risa, una que no fue compartida por el resto de sus compañeros. "Si, claro, eso sería mucho más fácil. Trece semidioses inmortales que, sin duda, hace mucho que se bañaron en pergaminos y pociones mágicas. Super fácil".

Pero Sylvester Sloan aún miraba a Calvin muy de cerca. "El Décimo Tercer supervisor ha asegurado la inmortalidad del resto desde que tiene un asiento en el Consejo. Hay que encontrarlo a él primero… bueno, tienes que encontrarlos a todos en algún punto, lo cual sería imposible a menos que tuvieras…" sus ojos se estrecharon "a menos que tuvieras el diario".

Calvin asintió y, buscando dentro de un bolsillo al interior de su chaqueta, sacó un pequeño libro azul de cuero particularmente envuelto en papel marrón.

"Santo dios", dijo Kowalski, "¿de dónde sacaste eso?".

Desdemona lo miró con curiosidad. "¿Qué es eso?".

"Hace años", Kowalski respondió, "recibimos un reporte de que uno de los más importantes agentes de La Coalición, un sujeto con un nombre código raro, estaba haciendo un informe sobre los Supervisores de La Fundación - donde viven, lugares que frecuentan, sus hábitos y actividades. En otras palabras, si buscas a los Supervisores, este informe te diría el lugar perfecto para comenzar".

"Aún no lo entiendo", declaró Priscilla, "¿no que vigilamos a los Supervisores? ¿No que sabemos donde viven? ¿no?"

Sylvester rió de forma burlona. "No. Le decimos a nuestros agentes que lo hacemos, y de vez en cuando recibimos un informe de uno de ellos que los vio pasar. Si realmente tuviéramos cómo hacerlo, probablemente podríamos tener las ubicaciones en tiempo real de, tal vez, la mitad de ellos. Unos cuantos más si tenemos suerte". Extendió un dedo torcido hacia el diario. "Pero esos Supervisores no son la razón por la que esto es importante. Es importante porque supuestamente contiene la ubicación de dos Supervisores -incluyendo al Decimotercero- que nunca han sido vistos antes, nunca. Hasta que este libro fue escrito, nadie estaba seguro de si realmente existían".

Kowalski frotaba furiosamente sus sienes. "Ok, ok. Cálmense, déjen- déjenme pensar". Volvió a mirar entre el fajo de papeles que tenía en sus manos. "Ok, digamos que puedes encontrarlos. Genial, es un buen comienzo. Pero hay más que eso. El contrato - tienen un contrato con la Muerte, y mientras tengan ese contrato no pueden morir. Eso no era cierto cuando se escribió el Summa Modus Operandi, por lo que siempre se ha considerado más como una guía que como un protocolo duro y rápido, porque no se puede matar a la Muerte".

Calvin asintió. "Es cierto, no se puede matar a la Muerte. Aunque no creo que tengamos que matar a la Muerte, la verdad, solo romper el contrato".

Sylvester se inclinó hacia adelante y dejó salir algunas palabras de su boca, "Si quieres romper el contrato, necesitarás algo que pueda robarle a alguien a la Muerte. Necesitarás… bueno, algo que no ha existido en cientos de años".

Calvin metió su mano de nuevo al bolsillo y sacó un un pequeño frasco de vidrio de líquido transparente. Lo colocó en la mesa provocando un fuerte sonido de thunk.

“Si pudieras romper el contrato, ¿entonces qué?"

Susurros rodearon a Calvin. De repente, se dio cuenta de la presencia de algo grande y terrible; algo cuya furiosa atención había ganado inmediatamente. En la quietud del almacén, detrás de lo recóndito y debajo del mundo arriba, la presencia pasó a través — y luego desapareció.

Y entonces, como lo habían hecho muchas veces antes, Delta se disolvió en caos.

"Mierda, Calvin, ¿cómo es qu-?"

"¿Qué es eso—?"

"La Fuente estaba seca, ellos la vaciaron—"

"-no importa, incluso si él-"

"Lo saben, lo saben, dijimos demasiado, tenemos que-"

"—sería podría volver posible destruir a los Trece Supervisores de La Fundación"

"Sería posible llevar a cabo el Summa Modus Operandi"

Kowalski interrumpió cualquier orden previo en su fajo de papeles y los colocó desordenadamente a su alrededor. "¿De dónde mierda sacaste eso?"

Calvin regresó el frasco a su bolsillo. "Cuando llegamos a un almacén de La Fundación en Bangladesh, "Cuando estábamos moviéndonos contra un almacén de La Fundación en Bangladesh, cuando decían que estaba malversando los recursos de La Insurgencia", miró a Kowalski por el rabillo del ojo, "esto es lo que estábamos buscando. No estaba allí exactamente, lo admito, pero esto-", sostuve el frasco a la altura de sus ojos, "Esto lo encontré con el mismo método con el que encontré el diario. Suerte".

Sylvester asintió lentamente. "Si eso es lo que todos aquí pensamos, entonces creo que tienes razón, Calvin. Con eso sería posible". Acarició un puñado de pelo en su barbilla. "¿Ellos saben que lo tienes?"

Calvin titubeó. "No".

Desdemona dio un paso adelante. "Entonces, ¿cuál es tu plan?"

Calvin deslizó el diario en la mesa y colocó el frasco junto a este. "Encontramos a todos y cada uno de esos pútridos bastardos, usando esto - apuntó con un dedo al diario - "empezando por el Decimotercero y continuando hacia adelante. Una vez que estén en el suelo, La Fundación estará sin gobierno y se desmoronará. Barreremos los pedazos, y con los Supervisores eliminados, este mundo podrá comenzar a sanar". Se inclinó hacia atrás. "Algún día, todos nos despertamos en un mundo que ya no esté bajo la amenaza de lo sobrenatural. Un mundo libre para elegir su propio destino".

Kowalski continuó hojeando los papeles que Calvin había apilado frente a él, más lentamente ahora. Se detuvo en un párrafo, y luego alzó la vista.

"Bien. Me convenciste. Nuestros recursos son limitados - si hubieses intentado esto, hace como veinte años atrás, hubiéramos estado en una mejor situación para ayudarte". Tamborileó con los dedos en la mesa. "Por supuesto, ese diario no lo teníamos antes, lo cual realmente cambia las reglas del juego".

Kowalski se giró hacia sus colegas. "¿Alguno que se oponga a esto? Si lo hacemos, debemos hacerlo - no hay nadie que se pueda quedar fuera. Seré el primero en admitir que la contienda es más que desigual en nuestra contra, pero si lo que dice Calvin es cierto, entonces tenemos el factor sorpresa de nuestro lado, lo cual nos da varios puntos". Él asintió. "¿Todos a favor?"

El grupo completo respondió al unísono. "Aye".

Kowalski se giró a Calvin.

"¿Qué necesitas?"


AHORA

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Él solicitó a tres individuos - cada uno de ellos agentes especializados y experimentados. La lógica era bastante sencilla: La Fundación era una máquina masiva e inexorable. Mover los medios de La Insurgencia contra ella sería un gran fracaso, como lo había sido antes. La Insurgencia nunca se había podido recuperar del todo tras haber sido destrozada por La Fundación todos esos años atrás, y las facciones en pugna y los cismas dentro de ese grupo apenas se mantuvieron unidos por Delta. Tratar de convertir ese desorden en acción sería desastroso.

Pero un grupo de cuatro, un grupo lo suficientemente pequeño como para moverse a hurtadillas fuera del ojo de La Fundación, quizá podría funcionar. La Insurgencia tenía recursos, los suficientes como para crear distracciones donde fuese necesario y proveer de refuerzos al equipo si se necesitaran. Pero Delta había dejado las cosas muy en claro: su alcance tiene límites. Si el grupo supera la capacidad de Delta para apoyarlos, estaban solos.

El primero de ellos era Anthony Wright, un agente británico bien experimentado de La Insurgencia de cincuenta años de edad con una lista de asesinatos casi tan grande como su lista de premios. Después de que Delta llegara al poder, La Insurgencia había sido poco más que un puñado de grupos de merodeadores e idealistas caóticos, pero a lo largo de su historia, Anthony había sido una voz de la razón y dirección. Había mantenido los objetivos originales de La Insurgencia y se le ha pedido guía desde que tiene memoria. Siempre que Delta tenía una vacante, se pensaba que se sentaría en la mesa, pero siempre rechazaba el puesto.

La segunda era una mujer, ligeramente más joven que Calvin, pero no tanto. Su nombre era Olivia Torres, y hace unos pocos años había ganado un título en la comunidad anómala como la afamada anartista "Ivory". Sus instalaciones eran bien conocidas, especialmente las que tenía en Tres Portlands, lugar que llamaba hogar. La Fundación, creyendo desde hace mucho que era una miembro activo en los círculos de AWCY? la había perseguido implacablemente. Cuando finalmente fueron cerradas, ella se unió a La Insurgencia y comenzó desde cero allí.

El último era Adam Ivanov, quien tomó a Delta por sorpresa. Adamn era joven, inexperto, y no era un luchador. Era bueno con las computadores - un prodigio, incluso - pero era más que inútil con un arma. Calvin, sin embargo, fue inflexible en su decisión. Él sabía de Adamn desde antes que Adamn supiese de él, y había realizado una serie de acciones en los últimos años que llevaron a Adam lejos del grupo separatista ucraniano con el que había estado involucrado en los brazos de La Insurgencia.

Calvin tenía historia con Anthony y Olivia - había entrenado y luchado junto a Anthony durante la mayor parte de la última década, y Olivia había sido asignada a él en un puñado de redadas antes de su exilio. Ambos respondieron a su petición con entusiasmo. Adam, sin embargo, estaba indeciso. Le había costado convencerlo. Aún así, Calvin podía sentir un deseo en su corazón. Adam había pasado su juventud como un Clase-D de La Fundación asignado a SCP-610 en virtud de que sus padres eran prisioneros políticos ucranianos. Una redada en un campo de trabajo de La Fundación lo había liberado de los horrores de su cautiverio, y Anthony lo había sacado del peligro. Cuando el joven oyó que su salvador estaba entre aquellos a los que serviría, rápidamente se sometió a la petición.

Así fue como, tres meses después, su pequeño barco luchó contra las olas hacia una dentada lanza negra que atravesó las tormentosas aguas del Atlántico sur, amenazadas por una silenciosa malevolencia. Calvin se paró en la proa del barco mientras la torre salía a la luz. Podía sentir a los mnésicos ardiendo en su mente; podía ver el brillante resplandor de la anómala naturaleza de la torre. Una cicatriz, pensó.

"¿Qué es eso?", oyó a Olivia decir mientras tomaba lugar detrás de él. "Es magia, ¿verdad? ¿un cognitopeligroso tal vez?"

"No, no es un cognitopeligroso. Es un antimeme. La Fundación no construyó esto. Alguien más lo hizo, hace mucho tiempo. Sea la razón que sea por la que lo construyeron, ya no existe, así que La Fundación lo ha reutilizado", rió. "¿Cómo escapas de una prisión en la que ni sabes que estás? O, en nuestro caso, ¿cómo encuentras algo que no está en ningún mapa? ¿Algo que ni siquiera puede estar en un mapa?".

Olivia se encogió de hombros. "Me estaba preguntando lo mismo. ¿Cómo encontraste donde estaba esto?"

Calvin sacó el pequeño diario azul de su chaqueta. "Este fue el diario personal de alguien que estudió a los Supervisores y sus métodos por décadas". Lo volteó y dio vuelta. "Estuvo acostado en una caja por años hasta que alguien se dio cuenta de qué era. Cuando Skitter Marshall lo recogió, se dio cuenta de que encontró oro".

"¿Cuánto te costó?"

Calvin se encogió de hombros. "Nada. Lo robé".

Olivia asintió y volvió su mirada a la torre. "Es hermosa, en cierto modo. Como de otro mundo".

"Lo es".

Una onda chocó contra el lado del barco, provocando una manta blanca de agua y espuma salada. Calvin instintivamente hizo un movimiento rápido para protegerla. Olivia dio un paso atrás, pero le regaló una sonrisa.

El silenciado grito de la sirena de niebla se elevó tras ellos. Calvin se giró y se lanzó por las escaleras de la caseta del timón. Allí, Anthony Wright tiró bruscamente del volante, entre las largas y duras bocanadas del gordo cigarro que colgaba por el costado de su boca.

"Esto es estúpido, Clavin", dijo Anthony, furiosamente mordiendo el cigarro. "No hay ningún lado donde desembarcar. Ni siquiera he conducido un braco en sesenta años. ¿Este era tu plan?"

Calvin entrecerró los ojos ante la torre. Sus mnésicos no durarían mucho más; de ahora en pronto no serían capaces de percibir la torre. Esto debía ser hecho rápido — y las mareas no estaban ayudando.

"La entrada está arriba", apuntó Calvin a una abertura en la pared rocosa. "¿Crees que puedas llevarnos hasta allí?"

Anthony lo miró como si estuviera loco. "Puedo hacer que algo suba allí. Espero que no vayas más el barco".

Calvin le dio una palmada en la espalda y sonrió. "Siempre habrán más barcos".

Anthony rodó sus ojos y giró la rueda, haciendo girar el barco. "En la próxima ola, vamos a dispararlo. Diles a todos que se sostengan allí abajo porque la única manera en que podamos lograrlo es destruyendo el barco. Lo entiendes, ¿verdad? Esto va a hacer trizas el barco".

Calvin asintió.

"Bueno, que así sea entonces. Hagamos mierda este barco".

Calvin bajó corriendo las escaleras para encontrarse con los otros. Olivia y Adam estaban en el pasillo; Adam parecía listo para vomitar. Los agarró a ambos y los empujó hacia la cocina, hasta una columna. "¡Quédense aquí y aguanten!"

Se dio la vuelta para volver a subir — justo cuando el barco se estrelló contra una ola masiva con la fuerza de un trueno. Todo el barco se hundió, luego subió, y siguió hacia adelante. Por un instante, Calvin pudo sentir como se le salían las tripas por la garganta, presionando sus apretados dientes desde atrás. Cuando llegó hasta la cima de las escaleras, el casco del barco estaba chirriando. Hierro y madera moliéndose contra una piedra dura y despiadada.

El casco siguió haciendo varios crujidos y sonidos indignos, y luego se detuvo. Calvin se tropezó con la cubierta; el barco ya estaba completamente atracado en la entrada de la torre. Detrás de ellos, el océano seguía enfurecido.

Adam fue el primero en arrastrarse detrás de Calvin, pero sólo para depositar el contenido de su estómago sobre el suelo.

Anthony - quien, de milagro, quedó casi seco - pasó junto a Adam, desenganchó el ancla, y la arrojó por la borda. Hizo un metálico y fuerte sonido de thunk cuando se estrelló en la roca.

"Tierra firme, señores", anunció.

Adam se limpió la saliva de la boca con la parte el reverso de su manga. "Loco. Estás loco. Esto es una locura. Apenas puedo…. eructar… todo este lugar me marea". Intentó ponerse de pie, tropezando hacia atrás. "Ustedes, ustedes viejos, quieren suicidarse. Eso quieren. Vi toda mi vida por delante, y tú nos estrellaste contra la ladera de una montaña. Muy considerado." Se giró hacia la barandilla y volvió a jadear.

Calvin le dio una palmada en la espalda a Adam. "Paciencia, Adam. Te quedarás aquí con Olivia y Anthony. Iré solo". Volvió a mirar a Anthony. "Asegúrate de que nadie me siga".

Anthony asintió. "Recuerda lo que te dije. No confíes en ni una palabra. Dirán lo que sea — mentirán entre dientes. Ten cuidado".

Calvin tranquilizó al hombre mayor con una palmada en su hombro. "Lo tendré. Te necesitaré — y a todos ustedes — muy pronto. Pero ahora… puedo hacerlo solo".

Calvin saltó por sobre la barandilla y bajó hasta al terreno de roca debajo. La entrada era un estrecho túnel; avanzó hacia la oscuridad que había delante.

Terminaba en un ascensor de carga después de cuarenta metros. Podía escuchar el lejano rugido del océano resonando en las lisas paredes de piedra. Entre la tenue luz, Calvin apenas podía distinguir cortes profundos en la piedra, casi como laceraciones. Abrió la rejilla de hierro, entrando y apretando un botón. Justo antes de que comenzara a bajar, se le ocurrió que la entrada parecía haber sido aplastada contra la torre, en lugar de cortada.

No sabía decir cuánto tiempo duró el descenso. Después de unos minutos, el metal liso del pozo dio paso a la roca. El interior del ascensor se enfrió; podía oír el débil sonido de algo que golpeaba abajo. Calvin metió la mano en su bolsillo y tomó el frasco, asegurándose de que aún estuviera allí.

El elevador se detuvo. El carro se estremeció y — con un chirrido — las puertas se deslizaron a los lados, dándole paso a una masiva recámara iluminada por antorchas, cada una de ellas con una llama verde esmeralda que no generaba humo. La paredes tenían grabadas runas ancestrales que se enroscaban en una oscuridad bostezante debajo de sus pies. Nada se interponía en su camino — salvo un elevador y una pasarela de acero segmentada que se extendía e frente.

El camino llevaba hasta el centro de la recámara. Allí, una columna de piedra se levantaba desde un pozo. Cuando Calvin dio un paso hacia este, y botó un guijarro al costado de su bota dentro del agujero. Esperó a oírlo aterrizar.

Dos minutos más tarde, dejó de esperar.

Cruzó el abismo a través de la pasarela. Sus pisadas eran el único sonido que podía oír, habiendo una excepción - los suaves golpes que venían de abajo. Al acercarse al estrado, pudo ver a su único ocupante: sentado en una pequeña y sencilla silla plegable de metal — atado a ella por finas cadenas de oro — había un cadáver humano.

Calvin abrió su boca para hablar, pero fue interrumpido por un sonido. Sonaba como un sonajero pútrido — un horrible y vacío sonido. Llenó la habitación como un coro, resonando en las paredes. Eran risas. Burlonas risas.

Se aproximó al cuerpo, examinándolo. Cavidades huecas y podridas eran todo lo que quedaba de sus ojos. A pesar de ello, lo miraba con una intensidad feroz. Volvió a sentir un conocido escalofrío; de repente, el latido de abajo se detuvo.

"Un visitante". La boca del cadáver no se movió; sin embargo, una voz crujió desde dentro, como una corriente de aire desde el interior de unas catacumbas. "Qué peculiar sorpresa. No recibo visitas seguido".

Calvin titubeó. "Eres O5-13, ¿correcto?"

Esa miserable risa se derramó sobre el lugar nuevamente. "En cierto sentido. Este cuerpo fue alguna vez lo que se llamó Dr. Felix Carter; El Mediador. Él era el Decimotercero. Resido aquí, en ese lugar".

Calvin asintió. "Vale, entiendo. Bien - vas a hablar conmigo. Vengo a renegociar tu contrato".

Algo pasó a través de su visión. Vio campos interminables de cadáveres, fuego y sangre. Vio un desfile de horrores rojos, y una figura silenciosa mirando desde arriba. Calvin agitó la cabeza y miró hacia otro lado. Cuando volvió a verlo, casi parecía que el cadáver estaba sonriendo.

"No tienes autoridad aquí, Calvin Lucien". Calvin dio un paso atrás en shock. "Si, sé tu nombre. El tuyo no es uno de los trece nombres que figuran en el contrato. Tu mano no puede romperlo".

Calvin se puso nervioso. "Tienes razón. No puede. Pero hazme el favor y sígueme la corriente, si quieres. Tu contrato — ¿cuáles son sus términos? ¿qué prometiste?"

En algún lugar dentro del cadáver, algo gruñó. "Bien. No hay nada malo en seguirle la corriente a los que pronto morirán. El contrato ofrecía un escape de la mano del destino para los Trece. Vida eterna".

"Ya tenían la Fuente de la Juventud. ¿Por qué te necesitan?"

"La fuente se ha secado. Pero incluso en ese entonces ella no podía salvarlos de , sólo mantenerme a distancia. Cuando comenzaron a morir, el Primero vino a mí para regatear. Ofrecí mantener mi mano alejada — a cambio de un asiento en la mesa." La voz podrida volvió a reírse. "Fue un trato simple".

Calvin caminó detrás del cadáver. Sus ojos trazaron los sellos a lo largo de las paredes que los rodeaban. "¿Y como parte del contracto te dieron a este hombre? ¿Te dieron su vida?"

"No. Su vida está asegurada, como parte del contrato. Ellos me dieron este cuerpo. Permanecerá al borde de la muerte eternamente; a su mente se le dio el placer de residir en el sublime éxtasis de la experiencia cercana a la muerte".

Calvin ladeó su cabeza. "¿No está muerto?"

El cadáver se rió. "No".

Calvin sacó el frasco de su bolsillo y quitó el corcho con un dedo.

"Perfecto. Llegó la hora de la medicina, viejo pedazo de perra atropellada".

Alargó la mano por detrás del cadáver, agarrándolo por la barbilla; con un simple apretón, le abrió la boca. Con la otra mano, vació el contenido del frasco en la garganta del moribundo, asegurándose de que no se desperdiciara ni una gota. Cuando los contenidos se vaciaron, soltó su cara y se puso delante de este.

"¿Qué fue eso?", siseó su voz. "¿De dónde sacaste eso? ¿Cómo-".

El cambio fue inmediato. El color volvió al rostro del cadáver; la sangre volvió a fluir por sus venas. Tejidos rosas frescos llenaron los espacios negros y vacíos alrededor de todo su cuerpo. Pequeñas esferas blancas carnosas se generaron y crecieron rápidamente en sus cuencas oculares. El escuálido torso dio un espasmo, y luego se expandió; el cadáver se enderezó hacia arriba mientras respiraba ahogado y jadeante. Un violento y doloroso espasmo de tos forzó a los años de polvo acumulados a evacuar sus pulmones. Sus brazos se abalanzaron sobre su silla.

En lo que dura un pestañeo, el cuerpo se había convertido en un humano desnudo. Sus convulsiones comenzaron a calmarse. Sus ojos — de color avellana dorada y ahora llenos de miedo — corrían de un lado a otro.

"¿Qué hiciste?", chilló, con una voz ronca por su desuso. "¿¡Qué has hecho!?".

Algo oscuro y plateado comenzó a salir de los ojos, nariz y boca del hombre. Era como humo, pero más espeso. Brilló en el aire sobre él como una nube. Sus ojos se volvieron hacia la forma, y gritó como un animal en pánico.

"¡No! ¡No me dejes! ¡No me dejes! ¡No m-"

Calvin levantó su arma contra el hombre y jaló el gatillo. Le enterró una bala en la sien, y luego otra en el corazón.

El Dr. Felix Carter dejó salir un jadeo final. Su cuerpo se dejó caer sobre la silla; con su cabeza inclinándose hacia atrás. Mirando fijamente la oscuridad sobre este.

Calvin agarró el respaldo de la silla plegable de metal y la arrastró hasta el borde de la diáspora. Con un fuerte empujón de su pie, empujó la silla -junto con su ocupante- al pozo debajo. Hubo un breve estruendo de cadenas; luego, nada.

Calvin sintió la presencia de nuevo. Cuando se dio la vuelta, vio a una mujer de plata envuelta en oscuridad y parada a su lado. Ella se asomó al abismo. Sus ojos lucían triste.

"El cuerpo vivo del Decimotercero", dijo ella. "El contrato se ha invalidado. He sido liberada de mi obligación".

Calvin tragó saliva y asintió. "Si un peligro fatal les llega, los doce ya no estarán protegidos por tu mano, ¿verdad?".

"No lo estarán". Dijo sin dejar de mirar el abismo. "Son libres de morir".

Calvin suspiró. "Bien. Eso será suficiente". Se dio la vuelta hacia el elevador y dio un paso. Algo lo hizo detenerse. Se giró a ver la pálida figura, luchando contra la pregunta que quería hacer.

Y perdiendo.

"¿Por qué no me detuviste? Tenías el poder y autoridad para hacerlo. ¿Por qué te quedaste quieta y no hiciste nada?"

Finalmente, ella se dio la vuelta y lo miró. Calvin sintió una ola abrumadora de soledad — de melancolía — pasar por sobre él. "Algo se agita en el corazón del consejo. Algo que no morirá. Pensé que, tal vez, si tenía un asiento en su mesa, podría encontrarlo, hacer que muriera. Pero no pude. Hay cosas en este mundo que están fuera de mi alcance, Calvin Lucien".

Volvió a mirar el abismo. "Quizá tu tengas más suerte. Quizá no".

— - —

El Comando Delta envió otro barco a recuperarlos. Poco después de que abordaran, Calvin fue aproximado por Desdemona, quien le dio un informe.

"¿Tuvieron algún problema?", preguntó.

Calvin sacudió su cabeza. "Fue cosa de entrar y salir". Miró devuelta a la torre que solía estar en donde ya no. "Ya no puedo verla. Como si nunca hubiese estado allí…" Metió la mano en su bolsillo, sacando el diario. "Este tipo sabía de ella desde hace una década".

El joven río. "Sí. Bueno, estoy seguro de que tu agente misterioso tenía su propia manera de hacer las cosas. Igual que nosotros necesitamos que tú tengas la tuya. Todos nuestros planes están en marcha, Calvin. Todos ellos dependen de que cumplas con tu deber". Asintió en dirección a la torre ausente. "Con un poco de suerte, el resto de ellos serán tan simples como este".

Calvin rió y sacudió su cabeza. "Lo dudo mucho. Conseguimos darles un buen primer golpe mientras no miraban, pero ya no habrá ningún factor sorpresa la próxima vez".




- ATRÁS -


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