Detenidos
Puntuación: +1+x

El Agente Green caminó por la calle, con un vaso de té de poliestireno extruido en una mano y un cigarro en la otra. Interminables multitudes fluían a su alrededor, chocando ocasionalmente contra sus brazos o piernas. Green se dirigió hacia su derecha, encaminándose por una callejuela apartada. Siguió recto, recto, a la izquierda, recto, a la derecha, a la derecha, a la izquierda, recto, a la izquierda…

El Agente Green se encontró frente al Piso Franco-53.

El Piso Franco-53, desde el exterior, parecía ser una sastrería abandonada. Las ventanas del escaparate mostraban una pequeña habitación, con pequeños maniquíes vistiendo prendas y trajes anticuados cubiertos en polvo. Green sorbeteó su té y caminó hacia la puerta de madera, golpeándola y oyendo su eco de impacto. Oyó un grito desde dentro, pasos gradualmente más fuertes, y entonces el Agente Tangerine abrió la puerta desde dentro. Tangerine estaba parado dos escalones debajo, vistiendo una camisa hawaiiana azul y naranja; la puerta, de hecho, no llevaba a una sastrería abandonada, sino a un sótano debajo.

"Tienes que renunciar a los cigarrillos, Green."

"Nada te mantiene más caliente. Y hay que aceptarlo, algo más me matarán antes que estos."

Tangerine se encogió de hombros, medio desentusiasta, bajando por el pozo de escaleras; Green se bebió el resto de su té, tiró su vaso al piso afuera, apretó el cigarrillo en su mandíbula, y bajó detrás de él.

"¿Cuánto llevas aquí?"

"Como diez minutos. ¿Te 'limpiaron' también?"

"Seh. Ya no tengo nada después del ruido ese."

"Lo mismo aquí. Lo malo, nadie tiene idea de lo que pasó la noche anterior. Lo bueno, sea como fuere, agarramos algunos Artistas con los cuales hablar."

"¿Cuántos?"

"Ocho en total, pero conozco a tres de ellos; puedes tomar los otros cinco."

"Suena bien. ¿Sueros de veracidad estándar?"

"Desafortunadamente no. Se nos acabaron los hipnóticos de Clase B; pedí algunos más esta mañana."

"Ah. ¿De vuelta a los clásicos hasta entonces?"

"Sep. Como los viejos tiempos."

Tangerine alcanzó el fin de las escaleras, guiando a Green a una pequeña habitación forrada en acero y levemente iluminada. Un ordenador y una impresora ubicadas en un rincón, un gabinete de armas pequeñas situado a la izquierda, y una puerta a la derecha que conducía a una fila de celdas de detención. Tangerine se sentó frente al ordenador, presionó algunas teclas, y comenzó a imprimir el primer archivo.

"El primero, El Constructor. Parte del grupo de El Crítico. Fue él quien hizo esa cosa gigante de mármol blanco."

"¿Sabemos por qué?"

Tangerine metió los papeles en una carpeta, se la entregó a Green, quien hojeó el contenido brevemente.

"Pregúntaselo, está en la Celda 3."

"¿Está retenido?"

Tangerine golpeó su cabeza con la palma de su mano de forma burlesca.

"No, olvidé hacerlo por completo. Claro que está retenido, ve por él."

Green sacudió la cabeza con desdén, y entró en el pasillo de las celdas. Uno, dos… tres. Green sacó su tarjeta de identificación de su bolsillo, la expuso al lector, y oyó el zumbido y el chasquido de la cerradura electrónica abriéndose. Abrió la puerta y entró. Un hombre bajo, de pelo castaño estaba sentado con cada miembro encadenado al asiento de acero debajo de él. Él roncaba suavemente, con la cabeza colgando flácidamente contra su pecho. Green cerró la puerta tan fuerte como pudo, despertando a El Constructor con un susto.

"¡AH!"

"¡TU NOMBRE! ¡AHORA!"

"¡BOB! ¡Bob Utzon! ¿Quién mierda eres?… diablos. Oh, maldición, se supone que no deberías saber eso."

Agent Green tomó un bolígrafo y escribió 'BOB UTZON' en la portada de la carpeta, y se sento al lado opuesto a El Constructor. Green dejó la carpeta en el escritorio, arrancó el cigarro de su boca y exhaló profundamente sobre el rostro de El Constructor, quien farfulló ante la inesperada onda de humo. Green sonrió; era un cliché, pero respirarle humo a la cara de alguien hacía efecto. Había dominado absolutamente al pequeño artista.

"Un gusto conocerte, Bob."

"Jódete, no he dicho una mierda."

"Oh, creo que lo hiciste. Sólo te respiro hipnóticos en la cara."

El Constructor se puso pálido; había comprado la mentira.

"¡Jódete, colega! ¡Tengo derechos!"

"¡Ha! No, Bob, no es cierto. No tienes derechos, no has recibido una llamada, no tienes un abogado, ni nada de eso. Si quisiera, podría dejar que te pudras aquí hasta el día que mueras, y nadie vendrá a salvarte. No existes. ¿Me sigues?"

El Constructor se quedó en silencio.

"Ahora, Bob, lo último que recuerdas es un sonido fuerte, ¿cierto?"

El Constructor se quedó en silencio, la comisura de sus labios traicionaba su miedo.

"Bob. Escucha. Puedes decírmelo ahora, o podemos esperar hasta que el relajante muscular haga efecto. Pero si esperamos a eso, quizás tu cuerpo se duerma, o tu mandíbula tiemble, o te muerdas la lengua. Y entonces tendría que oírte hablar mientras derramas sangre por la boca, podría escuchar mal y eso sería vergonzoso. Voy a sacártelo tarde o temprano, así que mejor no te busques problemas, y quizás, muestra algo de dignidad, si sólo respondes a mis preguntas. ¿Entendido?"

El Constructor se quedó en silencio, inmóvil por algunos segundos, y asintió sin palabras. Green celebró internamente su triunfo; las ondas de bravuconería y porquerías habían trabajado más rápido de lo que esperaba.

"Excelente. Pregunta uno: construcción de mármol blanco anoche. ¿Por qué?"

"Dominación artística. Contiene las obras de otros artistas dentro de un museo improvisado de diseño propio."

"Hemos destruido tu obra. ¿Es anómala de alguna otra manera?"

El Constructor se burló ante la demolición de su trabajo, pero contuvo su ira.

"No debería, no. Es inofensivo."

"Fantástico. Siguiente: ubicación actual de El Crítico."

"Ni idea. Nos envía mensajes cuando hay reunión; si me das mi teléfono, podría…"

El Agente Green frunció el ceño a El Constructor.

"No juegues conmigo, Bob."

El Constructor se quedó en silencio.

"Siguiente pregunta: ¿Quién es El Chaqueador?"

"Oh, ese desquiciado. No sé cual es su nombre, trajo un horror fetiche de cuerpos o algo así. No hizo mucho por mí, pero diablos, quienquiera que vaya tras él, es cosa suya."

"¿Dónde está?"

"Ni puta idea. No iba a estar dando vueltas hasta anoche."

"Muy bien. La última pregunta por ahora: ¿Qué sabes sobre Ruiz Duchamp?"

El Constructor hizo una mofa.

"Es un jodido mercenario. Nos envió mierdas a un montón de nosotros. Molestaba mucho a Tim - 'El Escultor', Digo."

"¿Ubicación?"

"Si lo supiéramos, estaría muerto."

Green se levantó y caminó hacia la puerta.

"Así que, eh, agente, ¿cuándo voy a salir de aquí?"

Green deslizó su tarjeta de identificación por la ranura, con un pitido soltando el bloqueo.

"Eh. ¡HEY! AGENTE, LE ESTOY HABLANDO-"

Green cerró la puerta tras de sí, bloqueando todo sonido detrás.


Joey Tamlin despertó para encontrar que estaba encadenado a una silla de metal.

"Mierda."

Intentó moverse; la silla estaba clavada al piso.

"Mieeeeeeeerda."

Intentó aflojar las cadenas. Cada vez que pensaba que sería libre, tiraban de su carne más y más.

"Mieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer-"

Joey se detuvo y miró hacia la puerta que se abría, dándose cuenta de una camisa hawaiiana que le era familiar. El Agente Tangerine se sentó al lado opuesto de Joey, su rostro completamente neutral.

"Eh Tan."

El Agente Tangerine permaneció en silencio.

"¿Viniste a ayudarme a salir?"

El Agente Tangerine permaneció en silencio.

"Vamos, colega, no seas idiota. Eres un hombre de negro, está bien. No me lo esperaba, pero está bien. Sé cómo funciona esto, me haces algunas preguntas, te doy algunas respuestas, luego un pequeño alfilerazo y nos olvidamos que esto pasó. No estoy en posición de hacer nada al respecto. Haz tus preguntas, y ambos podremos salir de aquí, y tú y yo podremos volver a hacer arte de porquería. Estás con ellos, y lo entiendo, está bien, de acuerdo. Pero Tan, estás con nosotros también. Haces buenas cosas, haces objetos que se ven bien, haces cosas que hacen a otros pensar. Eres cool. Eres uno de nosotros, Tan, eres parte de nuestra familia sin importar lo que pase, ¿cierto? ¡Somos hermanos, colega!"

Joey no pudo evitar derramar algunas lágrimas. Se sentía un poco traicionado, pero eso no importaba. Sólo necesitaba soltarse de sus ataduras un poco más, progresar sobre el lado bueno de Tangerine, simplemente buscar la manera de-

"Esta es la decimoctava vez que me has dado esa perorata."

Joey levantó la vista, confundido. Tangerine miró al frente, carente de toda emoción.

"Siempre me dices lo mismo. La primera vez, ¿quieres saber qué hice? ¿Aquel joven, ingenuo y estúpido yo? Te desaté, hablamos, y luego intentaste golpearme. No funcionó, claro; soy un agente entrenado, tú solo eres un artista. Te sometí esa vez, y entonces te limpiaron la cabeza, volviste y todo volvió a la normalidad. Luego, encontraste un mensaje en mi teléfono que no debías haber visto. Te trajimos aquí, me diste el mismo discurso, pero esa vez no te solté. Discutimos, pero entonces te soltaste de las cadenas, y cuando me estaba yendo, intentaste agarrarme por detrás. Ya habíamos peleado una vez, y tú no lo recordabas, así que estaba en ventaja. Esa fue la segunda vez. Luego apretamos más las cadenas, y no te volviste a escapar. La tercera vez fue cuando tú y Overgang lanzaron algunos fuegos artificiales info-peligrosos. La cuarta fue cuando comenzaste a organizar una redada en un Sitio de la Fundación, así que te detuvimos. La quinta fue…. diablos, no lo recuerdo. Has entrado y salido de aquí tantas veces, que hemos pensado en instalar una puerta giratoria."

Joey luchaba contra sus ataduras.

"JODIDO ESTÚPIDO-"

"La decimoséptima vez fue cuanto tu hermana murió."

Joey se detuvo.

"Pero yo no tengo… hermana."

Tangerine bajó la mirada a sus piernas, ya no era capaz de mantener contacto visual con Joey.

"Jessie Tamlin. Tres años más joven que tú, niña de tus ojos, la amabas más de lo que te amabas a ti mismo. Hermosa, divertida, resplandecía el día de todo aquel con que se encontrara. Iba a exhibiciones, se sentaba con ustedes y compartía; vivía contigo, antes que Molly se mudara a tu casa. Y entonces ella hizo algo tremendamente estúpido. Estaba trabajando en algo para ti, algo para darte las gracias por estar allí siempre, y entonces ella lo estropeó. No podía hace exploits como tú, Joey, no pudo concentrarse bien. Perdió el control de sus cosas, y sea como fuera, hizo un infierno de una explosión. Supongo que ella estaba haciendo fuegos artificiales."

Tangerine derramó lágrimas en su regazo.

"Murió, Joey. Jessie murió, y tú ya no fuiste el mismo. Comenzaste a beber todo el tiempo, le hacías al LSD con cada comida, te enterraste en el más profundo escapismo que podías. Y luego intentaste suicidarte, y te diste cuenta que eso no mejoraría las cosas. Pero estás bien, Joey. Estoy con los hombres de negro, pero no importa nada más, somos una familia. Somos como hermanos. Somos amigos. Te pregunté, aturdido y drogado así como estabas, por qué habías hecho todo eso. Dijiste que lo hacías para olvidar. Que necesitabas olvidar."

Tangerine levantó la mirada, con el rostro tan neutral como pudo, aún derramando lágrimas por sus mejillas. Joey notó que las suyas ya estaban cayendo.

"Así que te ayudé."


El Agente Green esperó fuera de la celda mientras Tangerine salía, aún limpiando las lágrimas de sus ojos. Green dio unas palmaditas en la espalda a su viejo amigo.

"No te preocupes. Cuando terminemos, no va a recordar nada."

"Ha dicho que me perdona."

"Está bien, Tan, está bien. Diablos, te vi traerlo hasta acá la última vez. Estaría muerto si no lo hubieras hecho. Hiciste lo correcto."

"Sin embargo, estoy fraternizando con el enemigo."

"Fraternizaste el tiempo suficiente, ya no son tus enemigos. ¿Nada de Duchamp, o este tipo, El Chaqueador?"

"Nah, él…. sabe tanto como yo."

"Está bien. Tenemos que asegurarnos de todas formas. Vamos, Tan, voy por este par, ya tengo sus archivos."

Tangerine levantó la mirada a Green, frunciendo el ceño.

"Espera, no vas a…"

"Eh, no podemos permitirnos esperar hasta que traigan esas drogas. Lo que estos chicos sabes podría ser inútil en unas horas. Puede ser que también vaya dos por uno; puestas en la misma habitación. Mantén un ojo en las cámaras por mí, ¿bueno?"

"De acuerdo."

El Agente Green caminó por el pasillo mientras Tangerine regresaba a la habitación principal. Seis, siete… ocho. Green sacó su tarjeta de su bolsillo, la expuso al lector, y oyó el zumbido y el cliqueo de la cerradura electrónica abriéndose. Abrió la puerta y entró. Las dos chicas en la habitación estaban atadas a sus asientos mirando a la puerta. Green dejó que se acercaran un poco detrás de él. Ambas lo miraban duramente.

"Señoritas."

Green tomó el asiento de madera del otro lado de ellas, dejando sus archivos en la mesa.

"Primera pregunta. ¿Cuáles son sus nombres?"

Las chicas continuaron mirando, con sus labios completamente cerrados.

"Realmente, lo preguntaba sólo por cortesía. Sus nombres son, como ya todos sabemos, Annie Cline y Candice Brahms. Ustedes tocan en la banda… 'Futanari Titwhore Fiasco'. No estoy seguro aún si pronuncié la primera palabra bien, no sé qué significa. Sólo otra referencia que no pillo, supongo."

Ellas permanecieron en silencio.

"Siguiente pregunta: ¿ustedes hicieron esos duplicados suyos?"

"¡Déjenlas ir!"

Candice miró a Annie, frunciendo el ceño ante el arrebato. Sus labios permanecieron cerrados.

"No podemos dejarlas ir."

"¡Debes hacerlo!"

"Permítanme esclarecer; no podemos dejarlas ir porque no las tenemos detenidas. No sabemos con certeza dónde están."

"¡Oh. Bien!"

Annie miró a Candice mientras sonreía, entonces se dio cuenta de lo que había hecho. Annie cerró la boca mientras su cara se puso de un rojo brillante.

"Señoritas, queremos dejar un montón de cosas fuera. Honestamente, que hayan copias raras de ustedes dando vueltas por ahí es lo que menos nos preocupa. Tan solo no hagan muchas de ellas, pretendan hacer creer que son gemelas o algo, y no tendremos problemas. Ahora, ¿fueron ustedes quienes las hicieron?"

Permanecieron en silencio. Green masajeó su sien, fingiendo exaseración. Las tenía exactamente donde las quería. El estallido había demostrado que tenían compasión. La compasión puede ser utilizada. Se puede razonar con personas compasivas. Green tuvo su plan de batalla.

"Escuchen, señoritas, tenemos que dejar algo en claro. Seguramente han oído un montón de historias sobre 'El Hombre' y sobre lo que les harían si las atrapan. Muchas de ellas no tienen sentido, creadas para que los Artistas como ustedes nos odien mucho más. Vamos a dejarlas ir, señoritas; pues aunque son parte de un problema, ninguna de ustedes ha hecho algo que vaya específicamente contra nuestra agenda. Son razonablemente 'underground', para usar su jerga, son tranquilas haciendo lo que hacen. Mantienen cierto semblante de normalidad, y realmente apreciamos eso. Diablos, si todos los Artistas fueran como ustedes, no tendríamos problemas. Pero no lo son. Quizás no recuerden qué pasó, pero mucha gente murió anoche por culpa de las acciones de algunos autodenominados 'Artistas'. Ahora, no me atacan como monstruos indiferentes. Algunas de las personas que murieron podrían haber sido sus amigos, su familia, no lo sé. La familia de alguien, los amigos de alguien."

Green pausó por efecto. La expresión de Annie se suavizó considerablemente; el rostro de Candice, aunque aún estoico, ya no tenía el ceño fruncido. Green sintió un aire de triunfo. Eran plastilina en sus manos.

"Ahora, estamos en posición de frenar a esta gente de que haga daño a otros. Tenemos personas que pueden hacerse cargo de ello. Pero necesitamos saber dónde están, y qué hacen. Todo lo que nos digan puede ser útil. ¿De acuerdo?"

"De acuerdo."

Ambas hablaron al unísono. Green había ganado.

"Bien. A cortar por lo sano, tengo dos preguntas realmente importantes para ustedes, ¿De acuerdo? Primera pregunta: ¿Conocen a un tipo llamado El Chaqueador?"

Candice miró a Annie, quien tiraba un rostro de confusión, y respondieron.

"Nunca hemos oído de él. Si tiene un 'El' al comienzo de su nombre, probablemente esté con el grupo de El Crítico."

"Muy bien. Confirma lo que ya sabíamos, pero todo es útil. Segunda pregunta: ¿Conocen a alguien llamado Ruiz Duchamp?"

Candice sacudió la cabeza, pero el rostro de Annie se iluminó con una chispa de reconocimiento.

"¡Oh! ¡Yo lo conozco! Vino a uno de nuestros conciertos una vez, es muy agradable. Me invitó a una exhibición que estaba dirigiendo."

"¿Puedes contarme algo sobre esa exhibición?"

"Eran solo dioramas móviles. Muy simple, él actuaba como si fueran lo mejor. Pero, la verdad, era bastante raro… estaban en una galería de arte."

"¿Tener arte en una galería de arte es raro?"

"Lo es para la mayoría de nosotros. El punto es, ya sabes, romper el molde, ¿sabes? No poner cosas en los muros para que la gente las vea. Fue muy extraño."

El Agente Green tomó nota en sus papeles: 'BUSCAR EN GALERÍAS DE ARTE'.

"Esto es muy útil. Muchas gracias, señoritas. Siento haberlas encadenado a sillas y todo eso."

Candice permaneció en silencio; Annie sonrió de vuelta.

"¡No, no, está bien! Después de todo… Estoy 'acostumbrándome' a esto."

Green se sonrojó ligeramente mientras se abría camino para salir de la habitación.


Overgang Dood despertó para encontrar que estaba encadenado a una silla de metal.

"Mierda."

Intentó moverse; la silla estaba clavada al piso.

"Mieeeeeeeerda."

Intentó aflojar las cadenas. Cada vez que pensaba que sería libre, tiraban de su carne más y más.

"Mieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer-"

Overgang se detuvo y miró hacia la puerta que se abría, dándose cuenta de una camisa hawaiiana que le era familiar. El Agente Tangerine se sentó al lado opuesto de Overgang, su rostro completamente neutral.

"…eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerda. No me veía venir eso."

"No lo viste venir la última vez, tampoco."

"Maldición, Tan, ¿cuántas veces he estado aquí?"

"Con esta hacen seis."

"Mierda, ¿qué hice las otras veces?"

"Oh, toda clase de cosas. Casi todo eran delitos menores."

"Y, recuérdame… ¿qué hice ahora?"

Tangerine suspiró.

"No lo tengo claro, de hecho, y fue borrado de nuestras mentes. Lo malo de trabajar para El hombre. Pero creo que ayudaste."

"Eso es bueno, al menos. Eh, ¿va a tomar mucho esto? Tengo que juntarme con una chica, sabes, hacer planes y eso."

"Saldrás tan pronto como tengamos amnésticos. Probablemente esta tarde."

"Muy bien, cool."

"Te lo tomas con mucha calma."

Overgang se encogió de hombros.

"Es como es. Sé que no es nada personal, es tu trabajo, lo que sea. Pero seguimos siendo amigos. Sé que estoy en buenas manos, Tan. Confío en ti."

El estómago de Tangerine se arrastró por la culpa.


El Agente Green estuvo esperando, otra vez, fuera de la puerta de Tangerine.

"¿Nada?"

"Nada, pero como te decía, no esperaba nada de todos modos. Sabe tanto como yo."

"Muy bien. De vuelta a las cámaras, sigue El Pintor."

"Ve por él."

El Agente Green caminó por el pasillo mientras Tangerine regresaba a la sala principal. Once, doce… trece. Green sacó su tarjeta de identificación de su bolsillo, la deslizó por el lector, y oyó el zumbido y el cliqueo del mecanismo electrónico de apertura. El Pintor estaba sentado, mirando a la puerta.

"Ya era hora, joder, llevo sentado aquí un puto año. Pregúntame y sácame de aquí, perra."

El Agente Green formuló un plan de inmediato, y ese plan consistía en darle puñetazos a El Pintor hasta que aprendiera algo de respeto. Tomó ese impulso y lo reprimió, entonces se preguntó por qué estaba reprimiéndolo. Su sujeto era un artista mimado, impaciente y malcriado. Probablemente sería muy receptivo al asalto físico.

Hora de causarle dolor a El Pintor.

Green retrajo su puño y lo dirigió rápidamente a un costado de la mandíbula de El Pintor. Él se sacudió en sus cadenas, incapaz de defenderse. Agitó la cabeza, y escupió un diente desalojado, su rostro contorsionado en furia incrédula.

"¿POGQUE CONIO ME GODPEASHTE?"

"Cállate, o lo haré de nuevo."

"PUDTO-"

Green saboreó la sensación de sus nudillos contra la mandíbula de El Pintor. Escupió otro diente, y adoptó la apariencia de un cachorro regañado, si un cachorro hubiera sido golpeado en la cara dos veces y luciera como una persona.

"Cállate."

El Pintor lloriqueó. Green levantó su puño otra vez, disfrutando la respuesta de disconfort de su interlocutor.

"Dos preguntas. Pregunta número uno: ¿Qué sabes sobre El Chaqueador?"

"Esh un maddito lunu'tico. No se nada másh."

El Pintor escupió una bocanada de sangre.

"Dos: ¿Qué sabes sobre Ruiz Duchamp?"

"Un puh'to cabbhoncete. Meh'ece todo luh gue le hagan."

"¿Sabes donde están o podrían estar?"

"Nuh luh sé."

Green levantó su puño.

"¡GUE NO LUH SÉ, LO JGHURO!, ¡NUH SÉ UNA MIEURDA!"

El Pintor escupió sangre por toda la mesa. Green se dio la vuelta para irse.

"…seh, ahora te vas', pedha."

Green se volteó en un fluido movimiento, lanzó su puño contra el cráneo de El Pintor, y lo dejó ahí colgando de sus cadenas.


Melanoma-en-el-Orto-de-la-Existencia despertó para darse cuenta que estaba encadenada a una silla de metal.

"Mierda."

Intentó moverse; la silla estaba clavada al piso.

"¡MIERDA! ¡PERRA JODIDA REVIENTAPIJAS COÑOLÁSER MIERDAAAAAAAA!"

Intentó soltar las cadenas. Cada vez que pensaba sería libre, tiraban de su carne aún más.

"¡CHUPAVERGAS PERRATETAS PUTA FOLLACOÑOS GOLPEATRAVESITIS MIERDA PUTA ZORRATETONA DESFILACULOS IMBÉCILES!"

Orto se detuvo y miró a la puerta que se abría, notando una camiseta hawaiiana familiar.

"¡JODIDO PUTO! ¡PUTEACOÑOS ESNIFACRACK FORNICAPERROS PROSTITUTO! ¡FOLLASERPIENTES SARSAPARILLA HUSMEACRÁNEOS CHUPAESCARABAJOS HIJO-DE-UN-CABALLO-DE-MAR! ¡JÓDETE! ¡JÓDETE, APUÑALACOÑOS MICROPENE CISGÉNERO AUTOMÓVIL JODIDO LAMEPERRAS MASTICAMIERDA TRAGAORINA LAMECLOACAS-"

El Agente Tangerine cerró la puerta sin entrar.


"¡Ni siquiera entraste esta vez!"

"No obtendremos nada de ella hasta que sea sedada, créeme."

"Muy bien, debes saberlo mejor que yo. ¿La última entonces?"

"La última, toda tuya."

El Agente Green caminó por el pasillo mientras Tangerine volvía a la sala principal. Veintiuno, Veintidos… Veintitrés. Green sacó su tarjeta de identificación de su bolsillo, la deslizó por el lector, y oyó el zumbido y el cliqueo del mecanismo electrónico de apertura. Rita Summers estaba sentada, encadenada a una silla, su largo vestido negro colgaba sobre las cadenas. Estaba ávidamente mirando hacia su regazo. Green entró y se sentó frente a ella.

"Señorita Rita Summers."

"Soy yo."

"Voy a hacerle algunas preguntas."

"No voy a responderlas."

Rita continuaba mirando a su regazo. Green percutió la mesa impacientemente con sus dedos.

"Señorita Summers, he leído su archivo. Dos años hasta que salió de la escuela, calificación perfecta en cada examen. Es inteligente; diablos, bajo circunstancias diferentes le estaríamos ofreciendo un trabajo."

"No lo aceptaría."

"¿Por qué no?"

"Porque, Agente Green, no me interesa lo que ustedes hacen. No lo haría por obligación errada, y lo que podrían pagarme está por debajo de mi nivel salarial."

Green se dio cuenta que conocía su nombre. Podía quizá haber echado un vistazo a su tarjeta de identificación mientras se acercaba. Green sabía cómo lidiar con 'genios' sin todo eso de 'desencadenarlos'. Las amenazas físicas podrían ayudar, pero Green no iba a golpear a un colegiala. Fingió sorpresa.

"¿Cómo supiste mi nombre?"

Rita levantó la mirada de su vestido, burlándose condescendientemente.

"Estaba en tu tarjeta, idiota."

Green, continuando la charada, moviéndose inconfortado en su asiento, rascando una picazón errante en su cuello.

"Ah. Bueno, muy observadora, Señorita Summers. Ahora, espero que pudiera reconsiderar responder estas preguntas. Podría haber mucha gente en peligro si no lo hace."

"¿Por qué debería importarme?"

"Debería, Señorita Summers, pues usted es un subconjunto de esas personas."

"Oh, estoy tan asustada. De acuerdo, tortúrame, haz lo que quieras."

"No, Señorita Summers, no hay necesidad de eso. ¿Cómo estaría si hubiera despertado habiendo olvidado cómo sumar? ¿O deletrear? ¿O atarse los zapatos?"

Rita cacareó.

"Oh, genial. Amenazas, claro. Eso funcionará. No, Agente Green, Creo que no está en ninguna posición para amenazarme."

"Está atada a una silla, Señorita Summers. Mis amenazas podrían respal… darse… con…"

El Agente Green sintió su garganta apretarse. Se rascó el cuello, sintiendo una protuberancia creciente.

"¿Qué… ha…"

"Agente Green, oficialmente ha perdido control de la situación. Lo mismo le está ocurriendo a su camarada el Agente Tangerine."

El Agent Green maldijo bajo su respiración. Alcanzó su arma, y entonces sus brazos dejaron de moverse. Intentó levantarse, pero sus músculos no hacían nada. Ella no era solo una artista, podría ser una manipuladora de la realidad, algo que había perdido de vista; su mente zumbaba con hipótesis y planes de escape. Rita se levantó, sus cadenas entrechocándose contra el suelo.

"Tres palabras, Agente Green: arañas invisibles entrenadas. Te han inyectado un paralizante. Deberías poder moverte en unas pocas horas, sin efectos a largo plazo; no soy un monstruo."

Rita buscó en el bolsillo de Green y sacó su tarjeta de identificación.

"Podría encerrarte junto con el Agente Tangerine aquí. Sin identificación, nadie sabrá qué pasó. Lentamente morirían de hambre. Pero no haré eso, porque diablos, ¿encerrar gente contra su voluntad? Sería un movimiento muy cobarde. ¿Qué clase de persona hace algo como eso?"

Rita caminó hacia la puerta, abriendo el mecanismo y dejando la puerta abierta.

"Creo que me iré ahora."

Rita caminó por el pasillo confidente, arrastrando su arrugado vestido negro. Deslizó la tarjeta en cada lector por el que pasaba, abriendo las puertas una a una, viendo lo que había dentro. La primera persona que vio fue

"MATAPANDAS PUTO CHUPA-"

"Oi, Voy a sacarte de aquí."

"Oh. Rita. Apresúrate entonces."

Arañas invisibles carcomieron las cadenas con veneno ácido.

"Muy bien, dónde mierda está Tan, voy a romperle la cara a ese traidor imbécil."

"No golpearás a nadie, Orto. Ellos se harán cargo."

La siguiente puerta tenía a El Pintor sentado tras ella, aún inconsciente y con la boca ensangrentada. Rita miró a Orto. Ellos sabían lo que habían planeado. Sabían que él era parte de ello. No estaban felices. Orto sonrió, Rita suspiró.

"Bueno, okay. Un puñetazo, nada más."

Orto corrió hacia El Pintor, dirigiendo su puño hacia su rostro y destrozando su mandíbula. Despertó gritando por el dolor. Orto salió rápidamente de ahí y cerró la puerta tras de sí.

La siguiente persona que encontraron fue a Overgang. Rita sonrió, Overgang inclinó la cabeza.

"Espera, ¿nos estamos arrancando? ¿Es eso lo que estamos haciendo?"

"¡Sep!"

"Bueno, no me quejo."

Las cadenas cayeron; Overgang frotó sus muñecas con sus manos. Se dirigieron como un grupo a la siguiente puerta; Annie y Candice estaban conversando detrás. Annie se volvió a la puerta mientras se abría.

"Oh. Eh chicos, ¿qué pasa?"

"Estoy soltando a todos. ¿Quieren venir?"

"Más vale, es un poco estrecho aquí de todos modos."

Sus cadenas cayeron, cruzaron la mesa y se unieron al grupo. Continuaron abriendo puertas hasta que encontraron la celda número cinco.

"¡Joey! ¿Qué pasó? ¿Qué te hicieron?"

Joey Tamlin levantó la mirada al grupo, sus lágrimas lentamente se secaban.

"¿Tuve una hermana?"

El grupo compartió miradas de confusión, y luego de aprehensión. Overgang caminó al frente.

"Sí, Joey. Sí, la tuviste. Tan te trajo a casa un día y nos pidió que no dijéramos nada. No hace falta ser un genio para darse cuenta de lo que pasó, ahora que sabemos quién es en realidad. Pero ahora no es el momento de discutir esto, nos vamos, y tú vendrás con nosotros."

Orto gritó desde atrás.

"¡No te preocupes, vamos a darle una paliza!"

"No la escuches, Joey. Dependerá de ti si quieres darle una paliza."

Joey sintió las cadenas debilitarse y caer.

"No. Tan me ayudó. No lo recuerdo, pero por como suena, es mejor así."

"¿Estarás bien, colega?"

"Sí. Estoy bien. Vámonos de aquí."

Joey salió por la puerta y se unió a la pequeña multitud; el pasillo se estaba volviendo un poco estrecho. Rita caminó a la puerta siguiente, abriéndola para hallar una habitación vacía, y la siguiente, encontrando a El Constructor retorciéndose en sus ataduras. Él los miró, esperanzado. El grupo se miró unos a otros, compartiendo ceños fruncidos. El Constructor gritó asustado.

"¡NO, ESPEREN!"

Rita cerró la puerta de golpe, sacudiendo su cabeza incrédula. El grupo llegó a la sala principal. Orto se dirigió al armario de armas, abriéndolo y llenando los bolsillos de sus jeans con cinco pistolas cada uno. Overgang se dirigió al ordenador; Tangerine seguía sentado inmóvil en el escritorio.

"Lo siento Tan, estás atravesándote."

Overgang dej´el cuerpo de Tan cuidadosamente en el suelo, se sentó e hizo tronar sus dedos.

"Vamos a ven con qué arrancamos… DOS estándar, aquí… ¡Ja! Eh, Joey, ¿recuerdas ese juego con el que estuve metido anoche?"

"¿Sí?"

"¡Lo tienen aquí también! Aún se pega con tu nombre, no sé por qué… sería divertido cuando se encuentren con el antipiratería. Como sea, vamos a borrar algunas cosas de su base de datos…"

Overgang continuó tecleando; Orto ya había subido por el pozo de escaleras con Rita, Candice y Annie. Joey se dirigió al cuerpo de Tangerine, lo sentó contra el muro. Sus ojos estaban abiertos, pero si todavía estaba consciente dentro de su cerebro, Joey no podía decirlo.

"Lo siento por esto, Tan. sé que lo hiciste con buenas razones, y… eres un buen amigo. ¡Pero sigues siendo un espía, colega! Nos has estado espiando a todos. Eso no es para nada cool, ¿lo sabías?"

Tangerine permaneció en silencio, no teniendo elección alguna.

"Vamos a tener que mudarnos, ahora, Molly y yo. Les diremos a todos sobre ti. Todos conocerán tu rostro, Tan, y cuando lo vean, mantendrán sus labios cerrados y se irán. Pensé que eras uno de nosotros, pero… no lo eres. No hay nada a medias. Mi hermana, colega, ni siquiera recuerdo su existencia. No recuerdo ni una sola maldita cosa."

Joey empujó el cuerpo de Tangerine al un lado, descuidadamente.

"No has jodido a todos, Tan, y me has jodido a mí."

Joey pateó a Tangerine en el estómago.

"¡PENSÉ QUE ERAS UNO DE NOSOTROS!"

Joey pateó otra vez.

"¡PENSÉ QUE ERAS UN ARTISTA!"

Joey pateó más fuerte, exhalando el aire de sus pulmones.

"¡PENSÉ QUE ERAS COOL!"

Joey iba a patear de nuevo, pero Overgang le agarró del brazo.

"Estamos listos, Joey. Todo lo que tienen de nosotros se ha ido. Todo ha sido borrado."

"Los registros, claro. Pero él lo recuerda."

Miraron el cuerpo inmóvil de Tangerine, camisa hawaiiana arrugada por los impactos.

"A la mierda, no importa. Vámonos de aquí, Joey. Debemos irnos."

Overgang llevó a Joey al pozo de escaleras, dejando el cuerpo tirado en la tenue habitación.

Tangerine lloró una lágrima antes de quedar inconsciente por el dolor.

lo segundo de lo primero comienza al final
Lo segundo de lo segundo se trifurca
El Cielo Se Divide En Siete
LAS PARTES SON MENOS QUE EL TODO
« Tumba Vacía sin Nombre | Hub | Desecho Y Discurso »

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License