Cuando Nos Hicimos Con La Máquina
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Íbamos preparados para la guerra. Fue evidente que nuestra misión era importante desde el primer momento. A veces, un director o un vicepresidente enviaban sus parabienes antes de una misión, pero que vinieran a verte era un evento inusual. Oímos vuestras voces enunciando los avisos que surgen de los altavoces, recibimos vuestras firmas al final de una carta. Y enviar a un pelotón a asaltar una simple granja habitada también era bastante poco común (incluso un tanto exagerado al principio), pero cuando nos dijeron que íbamos a asomarnos a un templo de la Iglesia del Dios Roto, las cosas se aclararon bastante. El último encontronazo que habíamos tenido con esos malnacidos terminó en llamas, con el premio echado a perder.

Tenían algo que queríamos, por supuesto. Nuestro topo nos informó de que la Iglesia se había hecho con un objeto sumamente peculiar. Todo lo que se me dijo fue que podía mejorar o desarmar cualquier cosa que se pusiera en su interior. Sólo por esto ya sabíamos que no tendría precio. Y no es que quisiéramos saber qué planeaba hacer la Iglesia con algo así, pero por lo que sabíamos de ellos, preferimos, por el bien de todos, confiscar el objeto antes de que lo hicieran.

Esperábamos que ciertas cosas nos saliesen al paso antes de llegar; centinelas en patrullas por la zona, macabros autómatas gigantes, tiradores en los tejados, todo lo típico de la situación. Pero no podríamos haber estado más equivocados. En lugar de la fortaleza armada y guarecida que esperábamos, resultó que nadie patrullaba el perímetro, y que la hacienda parecía completamente vacía.

Sospechamos que podrían estar esperándonos. Quizá habrían descubierto a nuestro topo y habían previsto que trataríamos de hacernos con la máquina. Pero, de ser el caso, en el nombre del cielo, ¿por qué habrían dejado una de sus reliquias más sagradas completamente desprotegida? No queríamos apresurarnos ni llegar a conclusiones desafortunadas, así que trazamos un plan de acción.

Nos dimos cuenta de que aquel granero apestaba a muerte nada más traspasar su maldito umbral. Se había empleado como un centro de culto, pero en el momento de empezar nuestra exploración, parecía una ciudad fantasma. Había bancos apoyados contra las puertas o utilizados como barricadas y el suelo estaba cubierto de desechos. Distinguimos a un hombre en el extremo más alejado de la capilla. Una figura esbelta, cabello rubio y una túnica azul, probablemente parte del coro. El hombre estaba recostado sobre un podio, dándonos la espalda, como si el pobre desgraciado hubiera estado llorando. Le ordenamos que se pusiera de rodillas, pero no respondió. Fui a reducirle, pero… lo lamento, señor, no hay palabras con las que describir esto. En el momento en que le puse la mano encima, cayó al suelo. Toda la mitad anterior de su cuerpo estaba descarnada, con sus huesos y su carne completamente expuestos.

Nos sentimos consternados ante este panorama, pero ninguno de nosotros se movió. Tras un breve instante, continuamos nuestra búsqueda, que nos llevó a la puerta de una bodega enterrada bajo una pila de bancos. Dos de los miembros de la escuadra recibieron órdenes de retirar los bancos para dejar la puerta al descubierto. Los apoyamos contra la pared, y al abrirla encontramos a varios hombres y mujeres en el otro lado, orientados hacia nosotros, con sus espaldas desgarradas de forma similar a la del hombre del podio.

No se movían, pero todos parecían tratar de alejarse a rastras de aquel sótano, con miradas horrorizadas en lo que les quedaba de caras, como si estuviesen atrapados en el tiempo. Informamos de nuestros hallazgos al resto del pelotón por radio, y solicitamos refuerzos. No teníamos ni idea de si se trataba de una plaga anómala de algún tipo, y no estábamos equipados para algo así, de ser el caso.

Aguardamos a la caballería en la entrada de la capilla, si bien no tuvimos que esperar mucho. Otros cuatro buenos hombres y los trajes de protección biológica nos hicieron sentir más seguros, pero no sé si sirvieron de algo. Entramos los nueve en el recibidor, catalogando los cadáveres sobre la marcha. Baste decir, señor, que estaba más que ligeramente espantado por la cantidad de finados en la sala, pero no sentí ninguna preocupación real hasta que pisé un charco líquido de lo que habían sido, sin lugar a dudas, sesos. No nos habíamos percatado hasta entonces, pero aquellas partes que habían sido arrancadas de sus propietarios se orientaban también en la misma dirección, como el musgo en el lado norte de las piedras. Sentimos la corazonada de que sólo nos acercábamos al centro de aquel desastre.

Las porciones despellejadas señalaban al fondo de la sala, a una única puerta de madera. Había una mujer acostada en el suelo, con sus piernas en carne viva, señalando a la puerta. Había un largo desgarro en su tocado que dejaba al descubierto una herida particularmente desagradable (y sin duda letal) en su abdomen. Fuera cual fuese el mal que había arrasado aquel lugar, incluso aunque no la hubiera matado de inmediato, aquella mujer se habría desangrado con toda seguridad. Pero nos importaba más su gesto de absoluto terror, pues no apartaba su mirada de la puerta.

Estábamos casi seguros de que la puerta cedería de repente para dar el paso a una abominación que nos embestiría tan pronto nos acercásemos. Nuestro líder de escuadra nos ordenó acercarnos con nuestros rifles apuntando a la puerta, preparados para abrir fuego si las cosas se nos ponían difíciles mientras él la abría. Aquel cuarto de segundo que tardaron las puertas en abrirse por completo me pareció una eternidad, y aún hoy no sé qué es lo que vi allí.

Vimos la máquina. Ya nos esperábamos una gran máquina, pero no tan grande como la propia sala. Tenía tres segmentos, cada uno tan grande como el típico vestidor, conectados a una pieza central por una especie de tubos. Parecía pensado para ser de fácil uso, puesto que había un sencillo dial con cinco posibles ajustes que señalaba a "Tosco" en aquel momento, y una llave que probablemente activaba la máquina cuando la girabas.

Había tres hombres, vestidos con ropajes monásticos, con los brazos alzados para defenderse de aquello que les había matado. La puerta del compartimento izquierdo de la máquina estaba cerrada, pero la derecha estaba abierta, con un río rojo goteando desde su interior, que parecía, a falta de una analogía más acertada, la cámara frigorífica de un carnicero. Órganos, huesos, músculos… algo que tengo que suponer que eran terminaciones nerviosas, cabello y piel, todo separado con pulcritud y ordenado en montones junto con el suelo del compartimento de salida. A partir de ahí, lo recuerdo todo de manera confusa. Metimos la máquina en el camión, además de algunos objetos de interés, y nos retiramos al cuartel general.

Sr. Carter, tengo motivos para pensar que el artefacto es capaz de mucho más de lo que pensamos. Tengo la corazonada de que la Iglesia lo estaba empleando para exorcizar alguna criatura anómala. Si pudo separar las entrañas de un ser anómalo con escaso o ningún daño a los órganos, quizá también podría haber separado la anomalía. No pido que se destruya, desde luego, sino que se utilice con precaución, habiendo comprendido sus funciones antes de desprenderse de ella. No sé qué planea hacer con ella, pero si vamos a hacer lo habitual, poniéndola en la lista, deberíamos tomar las medidas pertinentes para proteger a nuestros compradores.



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LA MÁQUINA DE RELOJERÍA

Lote #: 50621-914

LA MÁQUINA DE RELOJERÍA

Oferta de Entrada: $368.000.000

El que muy probablemente sea el orgullo de esta subasta, este titán de la inventiva a resorte viene en tres partes, cada una unida a una pieza central mediante resistentes tubos de cobre. Equipado con una interfaz de simplísimo uso, accesible incluso para el lego más inexperto, las aplicaciones de este aparato maravilloso no conocen límites.

Cualidades Inusuales: Tras colocar un objeto cualquiera en la cabina de "Entrada" de la máquina, el propietario tendrá la opción de modificar ese objeto con cinco posibles ajustes de entre los que podrá escoger: "Brusco", "Tosco," 1:1, "Fino" y "Muy Fino."

  • Brusco: Reduce el objeto colocado en su interior a sus elementos componentes, separándolos en pilas individuales.
  • Tosco: Descompone con esmero el objeto, distribuyendo sus partes en categorías.
  • 1:1: Sustituye el objeto con un objeto aleatorio de función y valor equivalentes.
  • Fino: Concede al objeto una mejora aleatoria, así como extraordinaria, relacionada con su función.
  • Muy Fino: Altera un objeto de forma abstracta, aleatoria y fundamental que se relaciona de manera distante al propósito general del objeto.

Instrucciones de Mantenimiento: El exterior de la pieza debería limpiarse una vez a la semana, del mismo modo que cualquier otro aparato metálico. Las cabinas de entrada y salida también deberían limpiarse. Bajo ninguna circunstancia debería desmontarse el aparato propiamente dicho.

Aviso Legal: Marshall, Carter, & Dark no se hace responsable del manejo inadecuado, la pérdida de propiedades o los resultados de un intercambio cualquiera al usar este objeto. Especialmente cuando se ajusta a "Fino" o "Muy Fino", el producto final del "refinado" podría resultar peligroso para la salud del usuario; deberán tomarse las debidas precauciones para evitar la pérdida de vidas o la integridad física. Se recomienda encarecidamente no colocar objetos "especiales", seres vivos (incluyendo al usuario) y sus restos dentro de la máquina, ya que al hacerlo anulará la garantía.

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