Formulario de Consentimiento 3436-A
Puntuación: +2+x

Fui una de esas esposas que nunca supieron a qué se dedicaban sus esposos. Él trabajaba para el gobierno de los Estados Unidos, creo, en asuntos muy confidenciales, seguramente. Me preocupaba, pero él nunca se molestaba cuando le preguntaba sobre su trabajo, así que yo tampoco me molestaba cuando no tenía muchas respuestas. Simplemente hablaba cada vez menos, hasta que todo lo que quedaba de su respuesta era un ceño fruncido y una mirada en sus ojos que bien podría haber sido la de un cachorro asustado.

"Lo siento", decía, con pesadez en su suspiro. "De verdad lo siento. No digo nada porque te quiero a salvo. Porque envidio tu forma de ver el mundo."

La gente me ha humillado. Me han dicho: "Ella obtuvo lo que siempre quiso” ¿Pero acaso un buen entendimiento sobre la manera de ser de su esposo no es lo más importante para una mujer? Preferiría saber bien qué clase de persona era mi marido y no saber nada de lo que hacía, que saber bien de su trabajo pero preguntarme qué defectos en su carácter pasé por alto por ello. Demasiadas mujeres hacen compromisos con los salarios de sus esposos… esas son por las que en verdad siento vergüenza.

Los hombres de traje llegaron justo después de que pusiera el agua para hacer té y el perro ladró cuando oyó que llamaban a la puerta. Le agradecí por permanecer alerta y lo tranquilicé ahí mismo, diciéndole que todo estaba bien. Abrí la puerta y casi podría haberla cerrado en ese momento, sabiendo perfectamente por qué estaban allí. No pudieron decirme lo que yo quería saber. Solo pudieron decirme una sola cosa: que Jim era alguien de quien debía estar muy orgullosa.

El secreto de mi esposo sobrevivió a su muerte, y yo no dormía más de una hora seguida. ¿Cómo murió? ¿Hubo alguien responsable? ¿Qué era aquello tan importante que nunca se dignó en contarle nada a su esposa con quien estuvo 23 años? ¿Dónde están sus restos? ¿Podría estar todavía vivo en algún lugar, su muerte parte de un plan que terminará tan abruptamente como comenzó, su rostro sonriente siendo el siguiente detrás de un golpe en mi puerta? Si lo hubiera sabido, ¿podría haberlo salvado?

Ese golpe en la puerta nunca llegó. Han pasado doce años. Doce años. No puedes llenar un vacío como este con solo años pasando. Ni doce, ni cincuenta tampoco, espero. Vivo porque nadie cuidaría de su perro si no fuera por mí. Ese perro es lo único en este mundo, además de mí, que parece recordar a mí marido. Todavía va al lado de la cama de Jim cada mañana, buscándolo. No puedo dejar a ese perro solo. Ahora está viejo. Ambos estamos cansados. Cuando el buen Señor se lo lleve, pediré irme al día siguiente, y si alguna vez hubo una oración respondida, será esa.

Por favor. ¿Alguien recuerda a mi marido? ¿Dónde están sus restos? ¿Alguien sabe dónde trabajaba? ¿No hay nadie con quien pueda hablar?

¿Qué pasó con el amor de mi vida? ¿Dónde está James Cohen Abernathy?


Recursos Humanos: Registros
Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License