Entre Cenizas y Ruinas
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La madrugada de una noche de otoño. El muelle estaba vacío, con una oscuridad apenas interrumpida por las luces de los vehículos que pasaban por allí. Los vagabundos se habían reunido en torno al calor de un brasero en la osamenta de una fábrica abandonada mientras al otro lado un grupo de malvivientes se preparaba para un asalto nocturno a algún transeúnte solitario.

Los malvivientes se preparaban para su pillaje nocturno cuando las luces de un auto estacionado les puso al descubierto. Sorprendidos, en un principio tomaron unos cuantos ladrillos y se preparaban para atacar a sus descubridores, pero unos disparos al aire lanzados por una mano pálida que había salido por una ventanilla entreabierta los disuadió de intentarlo, escapando lejos hacia la oscuridad. Los vagabundos se habían ocultado al interior de la fábrica, temerosos de los extraños vigilantes que habían protegido pacientemente aquel viejo almacén derruido, sin dueño, y ellos seguían allí, sin ser policías ni propietarios, y eso los hacía sospechar de ellos y temerles.

Dentro el Agente Adlaen reía mientras sostenía su revólver aún humeante mientras el Agente Quinto meneaba la cabeza con un gesto de desaprobación.

-La verdad, no sé qué hago contigo- decía Quintos a su compañero-, sólo debemos vigilar este viejo almacén y listo, no hacen falta disparos ni llamar la atención.

-Veamos, - respondió a su vez Adlaen mientras guardaba su arma en su pistolera- dos tipos que están vigilando desde como hace dos días un almacén en ruinas, donde se sospecha que hubo una pelea de bandas, encerrados en un auto sin patente, con vidrios polarizados y a los que nadie, ni la policía, los molesta. Sí, muy normales, como para que llamen la atención por disparar a una pequeña banda de rufianes ¿no?

Quintos se quedó callado, limitándose a tomar unos cuantos sorbos de café tibio. Le dolía la cabeza y no le daban muchas ganas de hablar. Sin embargo, penso en algo: "¿Dos dias? Era demaciado tiempo."

-¿A qué hora vendrán los otros?-Continúo hablando Adlaen- Ya estoy cansado de mirar a un edificio en el que no pasa nada.

-Ya llegarán, pero no nos iremos hasta que completen su trabajo.-rijo Quintos terminando de vaciar su vaso de café, arrojando la basura al costado del auto.

-Bien. Dime si no te parece extraño esto.

-¿Qué?- dijo fastidiado Quintos, No quería nada más que silencio, estaba cansado, con dolor de cabeza y llevaba dos días haciendo guardia con un agente bastante excéntrico aún para los parámetros de la Fundación.

- En lo que llevamos aquí y desde que pasó el incidente no ha ocurrido nada. O sea, no vinieron a echarnos, no hicieron recuperación de materiales, ni siquiera se acercaron a la morgue a retirar a los suyos. Esto no es propio de la gente de Marshall, Carter y Dark.

-Tal vez mandaron gente para que lo silenciaran, los habíamos descubierto, los teníamos rodeados y simplemente ataron cabos sueltos y se desentendieron de lo demás.-Dijo Quintos, buscando terminar la conversación.

-Si, pero no tiene sentido, al menos no para mí. Suena muy propio de ellos, pero muy poco profesional de su parte. -Hablo Adlaen buscando mantener viva la conversación un rato más.

Quintos no respondió. Se sumieron en un incómodo silencio por algunos minutos. Adlaen se preparaba para seguir hablando, mientras su camarada se preparaba para ladrarle algunas verdades incomodas que de seguro lo harían callar su boca por un rato, pero la luz de un furgón los detuvo. Al fin los dos respiraban aliviados, y simultáneamente tuvieron el mismo pensamiento.

"Ya era hora de que se acabara esto"


Al otro lado de la calle se movía lentamente el pequeño camión escoltado por una furgoneta blanca, los dos llevaban etiquetas de una empresa de gas local. Ambos vehículos se habían detenido en frente de las ruinas. Del furgón bajaron cuatro hombres vestidos con trajes de seguridad azules, máscaras y tanques de oxigeno, mientras que desde el camión bajaron cuatro hombres que cortaron las calles. La coartada era plausible: sólo eran los empleados de una empresa de gas reparando una potencial fuga de gas, el plan era factible.

Los cuatro hombres uniformados se abrieron paso sobre las ruinas del almacén. Las puertas originales estaban bloqueadas por fragmentos de madera carbonizada. Dentro se veían algunos muebles de maderas nobles terriblemente maltratados; la exposición al calor abrasador y a los chorros a presión de las auto bombas los habían dañado bastante, junto con cualquier otro elemento que hubiese dentro. Sin embargo, algo podría haber sobrevivido al fuego y el agua. Sólo había que encontrarlo.

Unos cuantos golpes de hacha bastaron para abrirse paso entre las ruinas y moverse más fácilmente. Dentro no había más que escombros y oscuridad. Parte del techo había colapsado, sepultando cualquier cosa que hubiese estado expuesta al fuego en ese momento, tal vez alguna pista de lo que pudiera haber dentro. Al retirar parte de los escombros notaron oculta una pequeña puerta a la que el agua, el fuego y el peso de los restos habían dañado significativamente, pero aún se mantenía ocultando sus secretos. Debían actuar con cautela, era raro encontrar una entrada tan fácilmente y más aún libre de trampas o trucos, que por lo general eran letales.

Habían perdido algunos minutos verificando la existencia de cualquier dispositivo oculto. Habían detectado varios, pero el calor de las llamas, el agua y la falta de electricidad los dejaron inocuos, lo que hizo posible la exploración. Sólo uno de los hombres, el más experimentado, bajó por unas escaleras de metal viejas y oxidadas llegando a una pequeña sala inundada. Dentro no había nada más que una puerta de metal entreabierta, sobre el nivel del agua, dejando escapar desde su interior un débil fulgor amarillento. Desenfundó su arma. Caminó lentamente, calculando cada paso. Escuchaba el goteo continuo de las paredes mientras se preparaba para lo que estuviera detrás. Llegó hasta ella, la empujó levemente y dentro sólo había más desolación.

La habitación que estaba tras esa puerta tenía el aspecto de un almacén y oficina, un lugar donde seguro la gente de Marshall, Carter and Dark tenían guardada su más preciada mercancía, junto con los datos más valiosos de su almacén. Dentro no habían llegado ni fuego ni agua, pero aún así alguien había llegado. Había cajas de madera destrozadas, muchos fragmentos de cristal repartidos por todos lados y tres cuerpos, dos hombres y una mujer. No se detuvo a registrar demasiado el lugar. Su trabajo era asegurarse que un lugar no era peligroso, las pesquisas estaban a cargo de los investigadores. Registró el lugar, revisándolo palmo a palmo y cuando vio que no había nada más extraño, o al menos peligroso, supo que su trabajo había terminado.

-El lugar está despejado, tenemos tres cuerpos.- dijo con su voz ronca a través de la radio- Que venga el investigador, así terminamos esto.


Desde la parte de atrás del camión había bajado un hombre más. También llevaba un uniforme de seguridad, pero este era azul. Era Castillo con su uniforme reglamentario de peligro biológico. En su mano tenía un pequeño maletín con algunos elementos para el "trabajo de campo", mientras los otros hombres le seguían y se desperdigaban por la zona, tratando de encontrar cualquier pista que indicase qué otras cosas había dentro. Bajó por la escalera topándose abajo con el hombre de traje azul que había llegado primero.

-Al fin a llegado, Doctor Castillo.- dijo el hombre mientras le iluminaba el rostro con su linterna- ¿Desea que me quede con usted?

-En realidad, preferiría que se vaya de la sala, me gusta trabajar solo, agente LeMarc. Pero dado que no sabemos quién o qué mato a estas personas, le ruego que se quede junto a la puerta. Odiaría quedarme atrapado bajo tierra.

El agente LeMarc se limitó a colocarse al lado de la puerta, alumbrando con la linterna los alrededores, alerta ante cualquier eventualidad. Castillo a su vez, observó primero los cuerpos que yacían en la sala.

Cerca de la puerta estaba el cuerpo de un hombre joven; llevaba un traje de vestir color negro, con pantalones y zapatos del mismo color. Estaba boca abajo, con uno de sus brazos extendidos hacia la entrada, como si hubiese querido huir. Con más detenimiento, observó una serie de heridas punzantes en su talón izquierdo, el muslo derecho, la cintura y lo que probablemente había sido el golpe de gracia en su nuca. El impacto había tenido la suficiente fuerza para atravesarle el cuello, rompiendo su mandíbula. En su otra mano tenía apretando una bola de papel arrugado que lo retiró delicadamente guardándolo en una bolsa sellada al vacío.

Tras un escritorio estaba el cuerpo de una mujer vestida con un traje de oficina, con la espalda apoyada sobre la pared. Su mentón había caído sobre su hombro izquierdo, cubriéndole su rostro un mechón de cabello castaño bien cuidado. Una gran herida cortante en su vientre además de un pequeño orificio sobre su pecho le habían desangrado hasta morir. El Dr. Castillo se inclinó, corrió el cabello a un lado para observar si no había más heridas en ella. Notó que tenía sus ojos entreabiertos. Eran de un color avellana. Al observar de cerca notó una herida perforarte en su cabeza, especificamente en la región parietal. Tal vez está había sido la herida fatal. Registró un momento más el cuerpo tomando su identificación, además de un pequeño cuaderno de notas que estaba a su lado. Se llamaba Johanna Schimpf. En sus manos habia indicios de que habia rastros de polvora, pero no había ningún arma cerca de ella.

Al otro extremo de la habitación estaba el último cuerpo. En vida debió ser un atleta o un soldado. Sus manos ásperas indicaban que no era un simple comerciante sino que había tenido una vida dura y por el traje de marca que llevaba que había encontrado su gran oportunidad, o al menos eso creyó en su momento. Varias cajas habían caído sobre él, dejándolo semi-enterrado por una montaña de piedra y madera. La ausencia de pólvora en sus manos también le decía a Castillo que fue el primero en caer y que ni siquiera tuvo oportunidad de defenderse. No había mucha más información relevante sobre ese cuerpo, al menos no estando sepultado.

Examinó la habitación un momento más. Sobre una mesa había una fortuna en dólares, libras, euros y otras divisas en billetes y cheques al portador. también notó la gran cantidad de fragmentos de vidrios repartidos por todo el lugar. Llamaba la atención la ausencia de impactos de bala en las paredes a pesar de que los indicios en los cuerpos mostraban lo contrario. Las computadoras habían sido dañadas y sus discos duros, extraídos; una pila de cenizas y restos de papel indicaban que quien sea que llegó, destruyó todo registro que se encontrase. Después buscó otras entradas aparte de la que tenía, pero no había ninguna. Su labor, por ahora, había terminado.

- Ya he terminado, agente LeMarc- dijo Castillo, guardando en su maletín las muestras junto con su cámara- necesito que sus hombres bajen aquí, nos llevamos todo lo que hay dentro, prioritariamente esos tres cuerpos.


Horas más tarde, el Doctor Castillo estaba en su gabinete, rodeado de carpetas, fotografías, registros y un pequeño frasco con algunas astillas de un material oscuro y cristalino. Trataba de reconstruir lo que había pasado abajo en base a las evidencias. Quien o quiénes eran los responsables del hecho y más importante, ¿por qué? Su concentración se había cortado con la llegada del Doctor Reach que llegaba a ver los adelantos de su camarada ya que tenía que llevarlo para presentarselo a los altos mandos.

-Buenos días, Doctor Castillo -dijo mientras avanzaba con una sonrisa- ¿qué tal estuvo la salida de campo? ¿Algo interesante o novedoso sobre el sitio de recuperación de 019?

-Respecto a lo primero estuvo bastante bien, aunque es la última vez que viajo con LeMarc y su gente. No es que tenga algo en contra de los Clase-E, pero a veces son muy arrogantes, tuve que escuchar horas y horas de anécdotas sobre sus "heroicas misiones". En cuanto a lo segundo, pues te aviso que tenemos tantas respuestas como enigmas aún sin resolver.

-Explícate- Dijo Reach mientras observaba las fotografías del lugar y más detenidamente el pequeño frasco con las esquirlas de color negro.

-Para empezar, después de lo que ocurrió en el "incidente" dejamos a algunos agentes esperando que alguien fuese a registrar algo, a recuperar datos, dinero, incluso algún objeto oculto que tuvieran. Pero no apareció nadie. Ni nuestro contactos de la COG ni las gentes de los mercaderes.

- Eh oído algo de algunos especialistas, pero ¿Crees que pudieron causar ellos mismos el incidente? ¿que simplemente ataban cabos sueltos sacrificaron el almacén?

-Al principio así lo creía, pero después de lo que encontramos en la sala segura empezamos a tener sospechas de que alguien más hizo esto.

-¿Y qué habéis encontrado, exactamente? - Dijo Reach quíen empezó a mostrar interés en el incidente.

-Lo que encontramos, parecería la escena de un crimen.- dijo Castillo, mientras le extendía a su contacto una carpeta amarillenta- Dentro había tres cuerpos, dos hombres y una mujer. Los discos duros de las CPU que hallamos fueron destruidos junto con una gran cantidad de registros en papel, según la cantidad de cenizas que hayamos. También se habían llevado algunos objetos que estaban dentro de cajas de vidrio y uno más grande que estaba en una caja de madera. No se llevaron nada de dinero, a pesar de que había cientos de miles de dólares en la mesa. En varias divisas.

-¿Y quiénes eran las víctimas?

-El hombre que estaba bajo las cajas era un miembro del ejército británico, casi llegó a ser miembro de los SAS. Roger Lionhearth, supuestamente desaparecido en el 2003 en Iraq. El otro hombre era un abogado Michael Lutz, recibido de una de las más prestigiosas universidades de Inglaterra. Era una persona de interés, sospechado de ser intermediario comercial de Marshall, Carter and Dark. En cuanto a la mujer, era una doctora de nacionalidad alemana. Johanna Schimpf, especialista en hematología. Por las notas personales, que estaban en su cuaderno, buscaba desesperadamente una cura para la leucemia aguda, y creía que podía comprársela. En resumen, estaba en el momento y lugar equivocado.

- Un desperdicio. ¿Cómo les mataron?

-Al que estaba bajo las cajas, Lionhearth, se le había roto la columna en dos partes, en las vértebras L-4 y T-10, sin embargo las lesiones no fueron letales. Un objeto punzante como una aguja o un estilete perforó el corazón del sujeto, entrando por la espalda hasta llegar al ventrículo izquierdo. El sujeto falleció en el acto como producto de la hemorragia, no tuvo oportunidad de defenderse. La mujer recibió una herida cortante en el vientre que desgarro la pared abdominal causándole una grave hemorragia. También recibió un golpe en la cabeza con un objeto romo. Su corazón también fue perforado por una aguja o estilete, atravesando el esternón aunque dejo algunas esquirlas en el cuerpo. Ella fue la unica que tenia restos de polvora en sus manos, aunque no se encontro ningún arma. El tercer cuerpo, el de Lutz, recibió varias heridas en sus piernas que habían dañado tendones importantes como el de Aquiles siendo esta la primera herida que recibio, después en su pierna izquierda y el grupo de músculos del glúteo mayor de la pierna y de la región lumbar. Recibio una herida letal en su nuca que rompió su cuello y llegó a atravesarlo saliendo el proyectil por su mandibula inferior. También su corazón fue perforado en el ventrículo izquierdo. La causa de muerte de los tres fue la misma:hemorragia masiva por ruptura miocárdica traumática, seguida de shock y fallo cardíaco por perforación al corazón y posterior desangrado. El último sujeto tenía algo en su mano cuando lo encontré.

- ¿Que era?- Pregunto Reach intrigado.

- Era un papel, con coordenadas, en tres puntos diferentes. Dos en América, uno en Bolivia y el otro en Alaska. El tercero es en España. En breve saldrán los equipos a registrar de qué se tratan. Tal vez vaya con ellos.

- Castillo- dijo Reach con un tono más serio- sé que te gustó ir a la última misión con el equipo de LeMarc, salir de las cuatro paredes del Sitio-34 de vez en cuando no hace mal. Pero no te lo recomiendo. Eres un clase B de Nivel 2. La seguridad operativa de la Fundación depende enteramente de que gente como nosotros sea invisible para terceros. Si alguien ajeno nos encuentra, si nos capturan, la Fundación, lo que somos… -se detuvo un momento-. Se viene abajo. La Fundación existe porque actuamos en secreto. Si quieres hacerlo, es decisión tuya el presentar la solicitud que corresponda, pero… no te lo recomiendo.

-Pero volví sano y salvo de esta última misión, no hubo altercados ni incidentes…-exclamó Castillo intentando defender su salida con el equipo. No le agradaba LeMarc pero al menos no pasaría sus horas a la luz de un monitor evaluando y reevaluando procedimientos de contención.

-Te enviaron porque era relativamente -le interrumpió Reach, poniendo énfasis en lo incierto de todo aquello- seguro. Y eso que ya habíamos perdido agentes en ese escenario. Mira, dicho de otra forma… esos cinco minutos en que trabajabas bajo tierra, teníamos a cincuenta tipos armados para asegurarnos de que no caías en malas manos. Eres valioso por lo que sabes, Castillo. De nosotros y de los escapes. Si nos sacan lo que vales o nos lo reducen a jalea de sesos, no valemos nada -suspiró-. Lo siento, pero recomendaré que vuelvas al Sitio-34 en mi informe -volvió a sonreír-. Pero siempre puedes presentar una solicitud para unirte a algún Destacamento. Siempre les vienen bien especialistas de tu talla.

Aunque no le gustaba aceptarlo, Castillo se dio cuenta que debía cumplir con su deber, después de todo no era nada seguro salir fuera con centenares de personas deseando el más minimo conocimiento acerca de la Fundación. Reach miró por encima las pruebas esparcidas por toda la estancia. Se detuvo en unos pequeños frascos con astillas de color negro.

- ¿Qué hay de los fragmentos que encontraron en los cuerpos? - dijo Reach señalando el pequeño frasco que estaba sobre la mesa.

- Los fragmentos encontrados en los cuerpos son de la obsidiana. Muy afilado por cierto.-Dijo Castillo de nuevo enfocado en su tarea.

- ¿Y qué sabemos del autor, al menos es humano?- preguntó Reach. Las pruebas no encajaba. Las muertes no encajaban. Se les estaba escapando algo.

- Por lo que encontramos en la escena, sí. O al menos no emplearon anomalías evidentes . Pero desconocemos de dónde salieron ya que los ataques empezaron por el sujeto que actuaba de seguridad y era el más alejado de la entrada. Luego siguieron con la mujer y finalmente acabaron con el que intentaba huir. Las huellas no están registradas en ninguna base de datos.

-¿Y por qué el de seguridad estaba alejado de la puerta, cuando debería estar cerca para protegerla?

-Eso también me pregunto yo.- dijo Castillo observando nuevamente las fotografias.

- Buen trabajo, Castillo -dijo Reach, pensando sobre el enigmático modo de acción del grupo. ¿Por qué matar a todos los presentes? Eran testigos. ¿Por qué no recoger el dinero? Podría ser dinero marcado, dinero sucio. O no lo necesitan. Tendría que informar a Finanzas de aquello. Maldijo por lo bajo mientras se dirigía a la puerta-. Necesitaré el informe tan pronto como sea posible.

- Reach-dijo Castillo a su camarada mientras él se retiraba de su gabinete.

-¿Sí?- dijo, dándose la vuelta mientras calzaba sus gafas en su rostro.

- ¿Cree que tratamos con un nuevo grupo?

- Es demasiado pronto para hablar de eso, necesitamos más pruebas antes de clasificarlo como un incidente de un grupo emergente. Por ahora, concéntrate en tu tarea -Reach se ajustó las gafas. Tenía en la mirada un deje inquieto. Y de verdad que necesitaré ese informe tan pronto como sea posible, penso- Por cierto, ¿no notó algo raro en el patrón de dispersión de sangre? Observe esas fotografias detenidamente y digame en el informe que descubre.- Dijo Reach antes de desaparecer tras la puerta electrónica dejando solo a su compañero rodeado de carpetas y fotografías, con más dudas que respuestas.

Castillo observó un detalle llamativo que había pasado por alto. Su análisis se habia centrado demaciado en los cuerpos y en lo que ya no había en la habitación, pero ignoró los pequeños detalles que podían marcar grandes diferencias.

El patrón de disperción de la sangre como también la escases de esta en la escena le indicaban que la sangre no se había perdido, sino que algo la había tomado…

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