El Gato Está en la Cuna
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El Doctor Jack Bright miraba tristemente el sencillo cuenco frente a él, lleno con una cremosa sopa de cebolla francesa, cuyo olor era lo suficientemente seductor como para hacer que su asistente olfatease el aire y se lamiera los labios. Sin embargo, no hizo nada más que esto, ya que podía percibir que el doctor estaba de mal humor. Lo último que necesitaba era convertirse en el objeto de ira de uno de los Miembros Administrativos de mayor antigüedad más infames.

El viejo doctor se frotó las sienes y reprimió un gemido, esperando que su dolor de cabeza desapareciera por completo. Ya había sido bastante duro cuando supo por primera vez que iba a probar esto y, por cualquier razón olvidada por Dios, no pudo optar por no hacerlo, a pesar de todo su poder e influencia. Si había algo que el Doctor Bright no podía soportar, era que le dijeran lo que podía y no podía hacer. Si había dos cosas que no podía soportar, entonces la segunda eran los dolores de cabeza. Y si había tres cosas que el Doctor Bright no podía soportar, entonces la tercera cosa sería el hecho de que el cuenco estaba lleno de sopa de cebolla francesa. Él ya sabía cómo iba a salir esta prueba, y no iba a disfrutarla en lo más mínimo.

"¿Está todo bien, doctor?". El asistente negó con la cabeza e ignoró el delicioso aroma por un momento para mostrar preocupación por el hombre de complexión alta y aspecto juvenil.

Bright se volvió para mirarlo, mientras el dolor comenzaba a remitir. "No es nada. Estoy bien, Héctor. Solo una pequeña migraña".

Escribió algo en un bloc de notas a la derecha del cuenco, antes de tomar una grabadora que estaba a la izquierda. Volvió a mirar a Héctor y, suponiendo que sabía que debía guardar silencio, presionó 'grabar'.

"Este es el Doctor Jack Bright, grabando el registro de pruebas SCP-348-3278-1. El objetivo principal de esta prueba es descubrir si los efectos de SCP-348 se modificarán en consecuencia si la conciencia de un cuerpo proviene de alguien cuyo padre biológico es diferente. Por qué alguien sintió la necesidad de saber esto, es una pregunta que tendrá que responderse otro día". Se preguntó si debería eliminar esa parte, antes de decidir "al diablo con ello". Nadie tenía las agallas, o incluso un deseo particular de tratar de disciplinarlo por un comentario improvisado, especialmente porque todos sabían que eso no le impediría hacer más en el futuro.

"Como referencia, el cuerpo en el que me encuentro actualmente, el D-7251, fue el de un tal Thiago Branco. Los registros muestran que el Sr. Branco tenía una relación muy cercana con su padre. Si esto es correcto, y si la sopa está destinada efectivamente para D-7251, entonces debería sentir como si 'faltara algo'. En el improbable caso de que haya un mensaje en la parte inferior, será en portugués".

Terminó la grabación sin mencionar la pregunta obvia de qué pasaría si la sopa estuviera destinada efectivamente para él. Aquellos con la autorización de seguridad adecuada y la necesidad de saberlo podrían adivinarlo. Todos los demás podrían ocuparse de sus propios malditos asuntos.

Levantó el cuenco con cuidado, y lentamente lo llevó a sus labios. Se preguntó si tal vez la sopa favorita del señor Branco era cebolla francesa. Tal vez él y su padre hubieran estrechado lazos compartiendo cuencos de esta sopa durante su infancia. Tal vez esta prueba resulte diferente de lo que Bright esperaba.

Tomó un poco de sopa en la boca.

Nop. Él nunca podría tener tanta suerte.

Héctor vio que el doctor hacía una mueca ante el sabor, antes de dejar el tazón, recoger su grabadora, su bloc y su lápiz; ponerse de pie y caminar rápidamente fuera de la habitación.

"Sabía horrible. Me alegro de que haya terminado. Puedes quedarte con el resto, Héctor, me importa un comino”. Antes de que su asistente pudiera siquiera hacer un sonido, el Doctor Bright había salido de la sala de pruebas.

Héctor procesó lo que acababa de suceder, antes de encogerse de hombros y decidir guardarse las preguntas hasta después de haberse terminado la sopa. Volvió a llevar el cuenco a su oficina, dejando que la guardia de turno supiera que lo traería de vuelta en una hora, y se sentó con él en su escritorio. (Ser el asistente del Doctor Jack Bright le dio a Hector ciertos privilegios que serían impensables para la mayoría del resto del personal).

La fue saboreando a sorbos, de manera intermitente durante veinte minutos mientras trabajaba, sintiendo ocasionalmente algún trozo de cebolla a la boca. No sabía en qué andaba Bright, pero aquella sopa no estaba nada mal. Le sorprendió habérsela terminado tan rápido, y quedó aún más sorprendido cuando se dio cuenta de que tenía un mensaje en el fondo.

Se preguntó si debería contárselo a alguien, pero, al leerlo, decidió que lo mejor sería no mencionarlo. Inevitablemente, el doctor Bright se enteraría de lo que decía y de que Héctor había sido el primero en descubrirlo y en contárselo a alguien. No quería ni pensar en cuál podría ser la reacción del doctor.

Héctor llevó el cuenco a la guardia de turno y le dijo que estaba listo para llevarlo a su casillero. Los dos caminaron hacia las inmensas filas de casilleros de contención, pasando junto a unas docenas de ellos antes de llegar a uno que estaba etiquetado con cinta adhesiva que ponía "348" escrito con pulcritud con marcador negro. La guardia, (Katherine, según decía en su placa de identificación), hábilmente giró el dial, y lo abrió. Héctor deslizó el cuenco en el estante interior, y Katherine cerró la taquilla, dándole al dial una vuelta más por si acaso.

Cuando los dos se fueron para volver a sus respectivos deberes, el cuenco permanecía en la oscuridad del casillero, con el mensaje azul descolorido en su fondo aún visible. Quedaban muy pocas personas vivas que pudieran conocer su contexto, y una de ellas había dejado claro que no tenía intención alguna de darle más vueltas. No tenía que leerlo para saber lo que decía.

"Tienes todo el derecho a odiarme".


Ella se quedó mirando el cuenco que tenía delante. Trozos de apio, un par de patatas e incluso algunas almejas le devolvían la mirada mientras flotaban perezosamente. La investigadora, parada junto a la puerta arrugó la nariz con disgusto.

"Todo lo que tienes que hacer es tomar suficiente para decirnos cómo sabe", dijo la investigadora, Denise, con la intención de tranquilizar a la joven y hacerle saber que no tenía por qué acabarse lo que tenía delante.

La mujer miró el cuenco por un segundo más antes de responder. "¿Estaría bien si lo tomara todo?".

Denise levantó una ceja, pero asintió. ¿Por qué, en nombre de Dios, querría realmente querer tomarse todas esas cosas? El olor era tan insoportable que a Denise se le ponía la piel de gallina. La hacía sentir como si estuviera siendo observada. Como si ella estuviera siendo obligada a mirar. ¿Por qué diablos esa mujer podía soportar oler esas cosas, y mucho menos comérselo? Denise se encogió de hombros. Tal vez era solo un cambio bienvenido a su dieta habitual. Dios sabe que eso no podía ser mucho más agradable.

La joven se llevó el cuenco a los labios, sopló un poco para disipar el vapor y probó su contenido.

Era cálido e intenso, pero esas eran las únicas dos palabras específicas que podía usar para describirlo. Todo lo demás, no sabía cómo definirlo. No podía decir si el sabor real no era tan malo y era el regusto lo que dejaba algo que desear, o viceversa. La textura parecía más espesa en sus labios, pero más líquida tan pronto como pasaba por sus dientes. Las papas eran firmes y saladas, pero cuando terminó, ella juraba que eran casi dulces, de alguna manera.

Mientras transmitía toda esta información a Denise, la investigadora se esforzó por mantener la compostura tanto como pudo, ignorando el impulso de encogerse cada vez que la chica se detenía para tomar otro sorbo. Afortunadamente, la chica terminó lo suficientemente rápido, y Denise se acercó por detrás de ella, mirando el cuenco vacío por encima de su hombro.

Había un mensaje en el fondo del cuenco. Cuando Denise lo leyó, tuvo que reprimir un escalofrío, notando que había acertado más de lo que le hubiera gustado en su valoración sobre cómo el cuenco la hacía sentir. Sin embargo, si la joven sentada en la silla estaba igualmente inquieta, no lo demostró.

"Está bien", dijo Denise, haciendo todo lo posible por ignorar lo alterada que estaba, "ya terminaste aquí. Puedes retirarte y marcharte".

La chica salió de la habitación, haciendo un gesto con la cabeza al guardia al otro lado de la puerta. Juntos, los dos regresaron a su habitación.

Denise se sentó en la silla, ahora libre, apartando el cuenco hasta el borde de la mesa, asegurándose de no mirar más el mensaje dentro de él. Sacó su libreta y el lápiz de los bolsillos de su abrigo, y comenzó a escribir sus observaciones sobre la prueba.

La joven se sentó con cautela en su mullida cama, reflexionando sobre lo que acababa de pasar. Desde luego no era lo mejor que había probado en su vida, pero sin duda era mejor de lo que solía comer desde hacía mucho tiempo.

Intentó recordar a qué sabía exactamente, pero fue difícil. Como recordar algo de hace años en lugar de hace unos minutos. Sin embargo, el mensaje le llegó claramente y se preguntó si tenía algo que ver con la carta que recibió en su último cumpleaños. A pesar de tener la oportunidad de leerla solo una vez antes de que se la quitaran, también la recordaba tan clara como el día.

Estaba segura de que el mensaje había sido de la misma persona que envió la carta. No sabía cómo lo había hecho, pero sabía que su padre, quienquiera que fuese, estaba cumpliendo su promesa.

Decidiendo que iba a guardar sus pensamientos para después de una siesta, la joven descansó su cabeza sobre su almohada, y se quedó dormida, soñando con la cara que, al despertar, nunca podía recordar del todo.

Cuando SCP-166 fue traído a su presencia, SCP-348 se llenó con lo que parecía ser sopa de almejas al estilo de Nueva Inglaterra. Este investigador observó un olor muy desagradable que emanaba de SCP-348, pero SCP-166 no mencionó ese hedor, si es que siquiera lo percibió.

SCP-166 describió el sabor de SCP-348 en términos vagos. El sabor, la textura y otras cualidades se notaron como aparentemente contradictorias, y los únicos términos definidos que SCP-166 usó para describir a SCP-348 fueron "cálido" y "intenso".

De particular interés es el mensaje que se manifestó en la parte interior del cuenco, como ya ha sucedido en algunas pruebas anteriores.

Este mensaje decía: "Todavía estoy echándote un ojo, cariño. Cada día".


AVISO DE ALERTA: VARA DORADA
El 16/06/2015, aproximadamente a las 08:30 horas, se encontró que SCP-348 había desaparecido de su casillero de contención. En su lugar había una nota escrita a mano, que decía: "Solo lo estoy tomando prestado. Lo devolveré pronto", firmada con una ilustración de una pieza de ajedrez, una reina negra. Suponiendo que la Reina Negra va a devolver el artículo, tal y como lo implica la nota, todo el personal de seguridad debe estar preparado para este evento. Se aplicarán los protocolos estándar para la captura de intrusos.
Directora Tilda D. Moose

La Reina Negra mantuvo el cuenco en un pequeño armario durante tres días, diciéndose a sí misma que esperaría hasta que se sintiera "lo suficientemente enferma" para usarlo. Había encontrado el archivo de este artículo en particular casi un año antes, pero le tomó varios meses y varias oportunidades perdidas antes de que finalmente resolviera solicitar que una de sus Hermanas Pequeñas se la trajera. No quería ir personalmente, por temor a que de alguna manera manifestara su contenido mientras lo sostenía. Eso podría haberla desviado de su juego. Se imaginó cómo se desarrollaría tal escenario, con los equipos de seguridad de la Fundación rodeándola, a la mismísima e infame Reina Negra, mientras permanecía de pie con los ojos muy abiertos mirando un cuenco de sopa.

Se rió con ironía ante la imagen mental.

Había estado sintiendo que se estaba resfriando desde poco antes de que le trajeran el cuenco, pero no dejaba de posponerlo una y otra vez, hasta que finalmente, sentía como si hubiera un sello hermético en sus fosas nasales y un papel de lija masajease su esófago; y ya no podía negar que efectivamente estaba "lo suficientemente enferma".

Al abrir su armario, sacó el cuenco y lo dejó sobre la mesa sencilla en el centro de la cocina. Se preguntó si también debería coger una cuchara, pero decidió no hacerlo. No sabía si tenía cucharas limpias en ese momento, y bastaría con algo tan simple como no querer tomar la sopa con una cuchara sucia para que se echara atrás durante la experiencia.

Sentada frente a la mesa, se quedó mirando lo que exactamente había llenado el cuenco frente a ella. Había algunos wontons, junto con trozos de carne de cerdo y cebolla. Lo miró por un largo, largo tiempo, antes de finalmente tomar una respiración profunda y levantar el cuenco hasta sus labios.

Se contuvo las lágrimas al sentir lo fría que estaba. Había estado esperando eso. La golpeó como un camión, pero ya lo había estado esperando. Inclinó aún más el cuenco,y se llevó a la boca unos wontons, un poco de cerdo y cebolla. Cada vez que masticaba, o algo rodaba sobre su lengua, intentaba averiguar cuál era exactamente el sabor, pero no era nada más que el mínimo de lo que esperaba de una sopa wonton. También había esperado eso, pero eso no le impedía que le invadiera algún tipo de sensación. Cualquier cosa, buena o mala, siempre y cuando no se lo esperara.

Pero la sopa se mantuvo fría, y el cerdo y las cebollas no parecían tener nada de especial. Quizá le doliera un poco menos la garganta y tuviera la nariz algo más despejada, pero no había nada en esa comida que no hubiera esperado.

Miró fijamente la pared de enfrente durante unos minutos, preguntándose qué haría ahora. Al fin y al cabo, tendría que devolver el cuenco tarde o temprano.Después de todo, había prometido hacerlo, ya que tenía una reputación y una imagen que mantener. Comenzó a pensar en lo que necesitaría para escabullirse más allá de la seguridad inevitablemente intensificada, y devolver el cuenco a su casillero. Nada que no pudiera manejar con tiempo suficiente para planearlo. Suspirando, se puso de pie, a punto de volver a su rutina normal tal como esperaba, pero mucho antes de lo que hubiera deseado.

Pero entonces volvió a mirar el cuenco. Y lo que vio en su interior no era algo que hubiera estado esperando en absoluto.

El archivo decía que los mensajes eran poco frecuentes en sujetos adultos y, teniendo en cuenta de quién procedía (o quizá, si había que dar crédito a algunas de las hipótesis que había leído, sobre a quién imitaba el cuenco), ciertamente no creía que el cuenco manifestaría uno para ella.

Pero allí estaba, claro como el día, en letras azules descoloridas. Estaba en inglés, lo cual tenía bastante sentido para ella. Él sabía mandarín, pero prefería su lengua materna cuando hablaba con ella, ya que tanto ella como su madre siempre se burlaban de sus frecuentes malapropismos chinos. Pensó que tal vez fuera incluso su propia letra, tan pulcra, la que estaba viendo, pero era difícil de decir debido a que su visión se estaba nublando rápidamente.

"No te he olvidado, Alison".

Alison Chao lloraba lágrimas en silencio, cada una de las cuales caía en el cuenco y se asentaba en el fondo. Esto era lo que ella había querido. Algo para sorprenderla. Algo que la tomase por sorpresa. No se habría arrepentido de haber sido algo que le dijera que él la había olvidado. Por muy devastador que hubiera sido, hubiera sido infinitamente mejor que no saberlo con certeza. Pero él la recordaba. Todavía pensaba en ella. Quizás incluso la siguiera amando.

Alison respiró hondo y se recompuso. Se dio cuenta de que sus labios temblorosos se habían convertido en una sonrisa. Se secó las lágrimas, se llevó el dedo medio y el índice a los labios, los besó suavemente y los presionó contra el mensaje.

Estaba volviendo a poner el cuenco en el armario, cuando se dio cuenta de algo más que no había esperado. A pesar de lo poco apetecible que había sido la sopa, todavía sentía que sería lo suficientemente agradable para cenar. Y tal vez el almuerzo de mañana también.

Solo había estado planeando quedarse con el cuenco durante un día o dos, pero estaba segura de que una semana más o una menos sin él, no llevaría a ninguna persona a la Fundación a tomar medidas drásticas. En cualquier caso, ninguna que no pudiera manejar. Podrían armar todo el alboroto que quisieran; ella iba a pasar el fin de semana del Día del Padre con su papá.

AVISO DE ALERTA: AMARILLO
El 22/06/2015, a las 13:30 horas, se comprobó que SCP-348 había sido devuelto a su casillero de contención. Pegada en la parte delantera del casillero había una carta escrita a mano dirigida a un miembro del Personal Directivo. El personal de seguridad está actualmente buscando pruebas que conduzcan a la aprehensión de la Reina Negra o cualquier colaborador de esta persona, aunque aún no se ha encontrado nada relevante.
El nivel de alerta se ha reducido a Condición Amarilla, y los protocolos de seguridad se han ajustado en consecuencia.
Directora Tilda D. Moose

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