La Trinidad de Carencias
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    Los movimientos de las hojas retiemblan dentro mi alma a pesar de haber pasado ya por esto, aquellas manos me recuerdan a quien alguna vez llamé hermano. Y por ello no quiero olvidarte, incluso si eso conlleva pasar por el dolor de mis manos una vez más, ya que tocar, leer y recitar las palabras de este libro son el único recuerdo que me queda de ti.

    No, las lágrimas derramadas por mis mejillas no denotan tristeza. Son en honor a ti, mientras mis dedos se llenan de sangre y mis palmas de heridas. Esta es mi ofrenda hacia ti, mi pequeño hermanito.

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      Mis pensamientos se tambalean entre todas las decisiones que he tomado para seguir sobreviviendo sin ti, de un momento a otro todo parece sumergirse en oscuridad para perecer en la eternidad del olvido junto las esperanzas de volvernos a ver. Mi llanto genera un dolor incomprensible en mis mejillas mientras sigo derramando lágrimas, ¿si dejara de llorar estaría rompiendo mi promesa?

      Portada de cuero y vista de infante, mirándome con tanta vida y muerte al mismo tiempo en esta dualidad de horrores. Tú, mi segundo hermano que me mantuvo cuerda en los momentos donde menos deseaba continuar, fuiste esa ancla para mi hasta hundirte en las profundidades del abismo creadas por mi madre.

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        Para finalizar mi rito, dejo los dos primeros libros sobre las mesa, limpio la sangre carmesí mezclada con sudor y dolor. Cualquiera otro ya hubiera perecido en esta tarea, pero solo yo soy capaz de volver a vivir esos momentos cuando estábamos juntos, mirábamos el cielo estrellado y jugábamos en los pastizales.

        Porque leer sus libros es la única manera de recrear esos escenarios en mi mente, traerlos de vuelta a mi tan solo unos instantes, sin importarme los castigos que deba pasar o las heridas que se generarán.

        Así, pongo el tercer libro sobre la mesa. Me miro a mi misma en su portada oscura, burlándose de mis sentimientos, aceptando lo fútil de mis intentos, despedazando cada segundo lo poco que me queda de felicidad. Me hace recordar mi futuro, donde no hay descanso para mi alma maldita ni para mis movimientos egoístas.

        Y un día de estos las paginas develarán todos sus sentimientos reprimidos junto los míos. La luna se resquebrajará en pedazos sobre la oscura noche maldecida, todos los infantes gritarán hasta desgarrar sus gargantas y después cantarán una oda en nuestro honor.

        Pero hoy no será el día y jamás sabré cuando, sin importar mis precauciones ni conocimientos, porque seré sorprendida en el Día de la Caída.

        Tres libros de tres hermanos maldecidos por una madre incomprendida, dejan solo viva a su primera hija, siendo yo quien carga con una pena inmortal e imperecedera.

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