Capone
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"Estaba asustado cuando lo vi por primera vez. Sucedió del mismo modo que me dijiste: los mensajes, las fotos, viéndolo después en cada esquina. Era tan joven, ¿qué no habría perdido?” William suspiró. Para entonces, la criatura que lo seguía estaba sobre él. No parecía que eso iba a alejarse, no importaba cuanto rogaba, suplicaba o intentase negociar. Él sabía que la única y mejor solución sería acostumbrarse a la presencia de Capone. Al menos él tenía el consuelo que no iba a enloquecer.

“Créeme William; conozco a mucha gente que ha reaccionado de la misma manera. El Miedo sólo es una reacción común a lo desconocido.” La Dra. Laura Breynz lo consoló. Esos casos no fueron exactamente comunes, pero fueron comúnmente conocidos.

“No es eso, ya no le tengo miedo. Quiero decir, me da un susto cuando le veo en las mañanas, no creo que me vaya a acostumbrar a eso; son sólo las malas connotaciones.” Refutó William.

"Sé lo que hace, sucedió hace dos años. Sé que es difícil para ti, especialmente con tu sombra, pero tienes que seguir adelante.” Escribió la Dra. Breynz. William sólo suspiraba mientras ella continuaba. “Nuestra sesión casi acaba. Hemos hecho un verdadero progreso, William. Quiero que hagas algo por mí cuando regreses a casa. ¿Tienes trabajos escolares o algo más?"

"Hago todo en mi descanso."

"Bien. Cuando regreses a casa, quiero que recuerdes tu primera experiencia, y escribas tanto mientras te sientas cómodo al compartirlo. ¿De acuerdo? "

"Sí. Gracias por verme."


No tomaba mucho en conducir de la oficina de la doctora a casa. Cinco, posiblemente diez minutos si hubiese un tren. Él siempre veía la criatura a través del espejo retrovisor cuando conducía, sentado en la parte trasera. Se veía inocente, a su modo, modo alien, saludando a William cuando lo veía.

A pesar de todo, William se encontró a sí mismo hablándole, como uno le hablaría a un perro o a un gato acerca de su día mientras estaban solos. Parecía que escuchaba mientras él hablaba, y después de un poco, él podría jurar que podía entenderle. Es difícil de decir con una cara como esa, así que todo lo que obtenía eran inclinaciones y sacudidas de cabeza, e inclusive, tenía que enseñarle a cómo afirmar.

"Al menos sé que estás interesado."


Dejó su mochila cerca de la puerta, saludó a Capone desde el espejo, refrigerador, bebe, silla, estrépito. Las tardes de William eran más rutinarias de lo que deberían. Recordó su sesión con la Dra. Breynz. “Ella quiere que intente recordar la experiencia cuando lo vi por primera vez, ¿huh?” Mientras William mascullaba tomó unas cuantas hojas de papel y un bolígrafo. Poco a poco, juntó la secuencia de los eventos que lo dirigieron a este punto.

Tengo a Capone conmigo desde que tenía quince años. Recuerdo que mi hermana de veinte años, Sara, trajo una aplicación que descargó temprano durante la cena una noche. Ella no tenía idea de lo que hacía, pero se arriesgó a adivinar que la aplicación te rastrea a través del GPS de tu teléfono, y te envía imágenes de los lugares que has estado con un monstruo ‘realmente’ lindo colocado en la foto para hacerlo parecer que te está siguiendo.

No parecía tan raro. Recuerdo que puedes obtener una decente foto de fondo en Google maps, así que se podía modificar con Photoshop, y tendrás un “gimmick”1. Aparte, sabíamos que no era un virus. La ‘app store’ revisa cada aplicación por cosas como esa antes de subirla. La única cosa que encontré legítimamente sospechosa fue que era gratis y libre de publicidad.

Su explicación de la aplicación sonó genial para mí, así que le pedí a Sara ayuda para descargarlo en mi teléfono. Me dijo que si mi viejo móvil tuviera algo parecido a una ‘app store’, seguramente no tendría MalO. Aunque eso no le impidió buscar.

Sara era una buena hermana. Ella realmente podía haberme dicho que no la molestara, pero tomaba tiempo de su día para mí, empacaba mi almuerzo, jugaba conmigo, veíamos películas clasificación ‘R’ de las cuales yo era bastante joven para verlas. Era bastante suertudo de tenerla como guardiana mientras nuestros padres estaban fuera.

Yo era muy joven para procesarlo todo cuando pasó, pero mis padres murieron en un accidente de auto cuando un ebrio los golpeó. Sara me tomó bajo su cuidado como mi tutora legal hasta que fui al colegio. Dios sabe qué hubiera pasado si ella no estuviese. Después de unos cuantos movimientos, encontró la aplicación, el cual fue una sorpresa para ambos. Era obvio que mi teléfono no tenía ningún tipo de GPS, pero ninguno de nosotros tenía idea de ello hasta mucho, mucho después. Bastante pronto, recibí mi primera imagen.

Nunca entenderé la manera que Sara veía al mundo, si en verdad calificó a eso como 'lindo'. La foto fue tomada en el patio de mi escuela, con la criatura que yo llamaría Capone sentado en una de las bancas. Tú podrías apenas verlo, pero ahí estaba, cubierto en su oscuro y espeso pelaje, con sus garras largas como cuchillos, con su par de ojos blanco puro, y esa cara, que era meramente un cráneo que le pertenecía a un tipo de bestia inmensa, mirando fijamente a nosotros con ese gesto lobuno.

Le regresé el teléfono a Sara, diciéndole que era muy horripilante, y que ya no quería más mensajes. Ella golpeó mi hombro en broma diciendo "Oh no seas un bebé. ¡Es muy lindo! ¡Mira que tan feliz es de verte!" Miré de vuelta a su cara; a su gran sonrisa específicamente… tengo que admitirlo, me reí de eso. Pero fue el tono maligno que usó el cual hizo que prestara atención a lo siguiente.

"Estoy segura que se llevará bien contigo eventualmente… Te diré qué, si puedes aguantarlo por una semana entera, veremos esa película que tanto deseas ver. Si él te sigue dando pesadillas, lo eliminaremos. Si te acaba gustando, nos reiremos de eso después; ¿Trato?" Volví a ver la imagen. Parecía que solo iba a tener una foto cada vez que me fuera, así que en retrospectiva, probablemente hubiera seguido por mucho sólo si ella lo deseaba; así que acepté.

Sara estaba extática después de eso, y me aseguró que no me arrepentiría mientras me mostraba algunas de sus imágenes. Ella sólo tenía tres en ese entonces: una en su oficina, otra en el parque y la última en la calle en donde vivíamos, cada imagen conteniendo a su entidad claramente visible. Debí haberme visto nervioso o algo, porque me sugirió nombrar al mío así como ella nombró al suyo como 'Casandra'. Lo pensé muy poco.

Déjame aclarar algo, ya que suelen preguntar cada vez que le digo esto a la gente: no nombré a mi MalO 'Capone' por el incidente con mis padres; yo no sabía que su caso tenía que ver con el alcohol. Lo nombré así después de una clase de historia que encontré interesante en la escuela donde el miedo de la gente saca lo mejor de ellas, y como mi maestro lo expuso, terminó siendo más un daño que un bien. Tenía la intención de que fuera un recordatorio de que yo no debería hacer el mismo error.

Vi un poco de luz en toda esta cosa después de darle un apodo y pensé que no sería tan malo. Fui a la cama, y mi vida normal siguió un poco más.

Continué recibiendo imágenes de Capone por un tiempo, siguiéndome en la escuela, en la parada del autobús, en mi calle, a donde sea que fuera virtualmente. No fue hasta el tercer o cuarto día cuando me llamaron desde la clase. Pensaba que estaba en problemas por algo, incluso si no sabía por qué, pero tan pronto como vi que era Sara, ese sentimiento se fue. Se veía bastante agitada. En el instante que me vio, ella tiró de mi brazo rápidamente, y me llevó hacia al auto.

Sara no se veía bien del todo. Me preguntaba cosas acerca de Capone, cosas como, si lo vi, o si recibí alguna foto de él conmigo en la imagen. No había revisado nada de hoy, pero cuando lo hice, había dos. Recuerdo exactamente donde y cuando se tomaron esas fotos, porque durante ellas, hice una nota mental que tuve algunos mensajes de Capone. Debieron haber sido enviadas pronto así como fueron tomadas.

Sara sabía que estábamos siendo perseguidos por algo, ella probablemente no tenía idea de lo que eran, y supe que ella no tenía idea de quiénes lo hacían, pero ella sabía que ellos sabían donde vivíamos. Ella no sabía cómo eliminarlo. Ella dijo que intentó todo, pero no encontró una manera de quitarlo. Ella tampoco sabía a dónde había ido la aplicación.

Incluso no estaba seguro de lo que planeábamos hacer, pero antes que pudiéramos planificar algo, me llegó otro mensaje. Sara se congeló y me observaba, como si ella quisiera decir 'no lo mires'. Si no lo hubiera hecho, pudiera haber tenido una vida seminormal justo ahora. Habrían sido las noticias que pasaron dentro de la semana, y habríamos sabido…

Pero lo hice. Abrí el teléfono… Y ahí estábamos, sentados ahí, con el miedo asolando en nuestras caras. La foto fue tomada claramente desde el capó del auto en movimiento, dándonos una vista clara de lo que estaba justo detrás de nosotros. Él abarcaba todo el asiento trasero y se elevaba sobre mí. Ambos nos giramos, preparándonos para gritar a la monstruosidad que estaba atrás, pero cuando lo hicimos, el asiento estaba vacío. No sabíamos lo que estaba pasando, o lo que había qué hacer, pero sentimos que la única cosa que debíamos hacer era correr lejos, abandonando el auto.

Abandonamos el auto a toda prisa, corrimos el resto del camino hacia al apartamento, y cerramos la puerta tras nosotros. Nos encerramos en el baño, y esperamos. Nos quedamos ahí, incluso tuvimos un mensaje de Casandra o Capone, Sara les hubiera gritado, preguntándoles por qué nos seguían y les hubiera rogado que nos dejaran solos.

Nos sentimos indefensos contra ellos. Todo lo que sentíamos que teníamos que hacer era quedarnos en el baño, y esperar a que se fueran. La habitación era como nuestro refugio, solo seguro hasta… Estábamos expuestos a ellos por mucho tiempo. Sara empezó a entrar en pánico, diciendo que veía a uno de ellos detrás de ella. Yo no lo veía. Estaba más al pendiente de calmarla diciéndole que tal vez ellos no estaban realmente ahí, yo casi veía a Capone en el espejo.

Convencí a Sara de que necesitábamos dejar la habitación. No podíamos quedarnos en el apartamento para siempre, y si ellos quisieran atraparnos, ya lo habrían hecho. Llamamos a la policía y… Aquí estamos.

Ambos obtuvimos ayuda, pero yo fui el suertudo. Cada caso era diferente en términos de interacción, pero para mí, Capone siempre estaba en un espejo o en objeto reflector lo suficientemente grande para mostrarlo. Él era predecible, y yo encontraba maneras de bloquearlo cuando lo necesitaba.

Aprendí a cómo esperar a Capone, y después de un tiempo, él creció un poco en mí. Yo solía tener una cortina improvisada que tiraba sobre los espejos cuando yo no quería verlo, pero yo empecé a usar esa cortina cada vez menos con el paso del tiempo.

Capone parecía intentar e interactuar conmigo, incluso si no podía entender lo que intentaba decir la mayoría del tiempo. Empecé a saludar a Capone con un gesto casual mientras pasaba hacia la sala, y eventualmente, el saludaba de vuelta. Él se volvió en un tipo de compañía para mí, y yo me ajusté a Capone y él se ajustó a mí.

Mi caso no era tan severo como el de Sara. Ella veía a Casandra a donde ella miraba. Cerca de cada esquina, fuera de vista, y sobre ella cuando dormía. Sara se suicidó hace dos años. Quise culpar a los MalOs por ello, pero no pude. Siguiendo a las personas que miran sus mensajes es sólo… lo que ellos hacen. Ahora, cada vez que veo a Capone, recuerdo lo que hice en el auto ese día. Sabía que no debí abrir ese mensaje. Si no lo hubiera hecho, ella seguiría aquí.

Han pasado cuatro horas desde que William empezó a escribir, pero casi se sentía aliviado. Él nunca le había contado a nadie acerca de esto con tanto detalle antes; la mayoría de lo que pasaba se quedaba entre él y Capone. Miró a la criatura que estaba en el espejo cruzando la habitación, y le dio un viejo, saludo familiar.

William quedó en silencio por un minuto, mirando a Capone, y luego a sus papeles. Sentía que tenía que hacer un último punto.

Pero, de nuevo, ¿cómo podría haberlo sabido? No sé quién hizo a los MalOs, o por qué. Ni siquiera sé si alguien hizo la aplicación; muchas cosas como esta han sido creadas naturalmente, o se les ha dado algún tipo de anomalía por pura casualidad. Tendría mucho sentido si algo físico tuviera la culpa, pero no hay nada que pueda encontrar legítimamente: no en los MalOs, no en mí; sólo en el azar.

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