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Conocí a Marshall, Carter & Dark LTD. En una carta que encontré en mi escritorio un día cualquiera. Regrese de una junta bastante aburrida cuando vi un sobre negro con una leyenda que rezaba “Bienvenido al selecto grupo de accionistas y/o compradores de Marshall, Carter & Dark LTD. Los señores Marshall, Carter y Dark.”
Pensando que sería publicidad, pero aun así intrigado al ver que el sobre era aparentemente de alta calidad, decidí dejarlo de lado para verlo luego de revisar la correspondencia habitual. Me embebí en el trabajo que tenia de frente y no recordé el sobre sino hasta que fue hora ya de irme a casa, cuando guardaba mis pertenencias y vi el particular objeto. Lo guarde y me lo lleve conmigo, aún estaba interesado por lo que pudiera contener tal “invitación” y pensé que la tranquilidad de mi casa me permitiría leerlo. Sin embargo me equivocaba, estaba completamente en un error garrafal al pensar que iría a mi hogar a disfrutar de un café y la comodidad de mi cama.
En la puerta del edificio donde estaba la cede de mi empresa me esperaban un par de personas con trajes de apariencia bastante pulcra, mientras que uno sostenía abierta la puerta de una limusina impidiendo con la misma puerta que pudiese esquivarlos moviéndome a la derecha, el otro me bloqueaba el paso hacia la izquierda, solamente dejándome libertad para seguir hacia delante, es decir, para entrar en la limusina. Por más que les pregunte quienes eran, que deseaban o quien les mandaba, obtuve un sepulcral silencio como respuesta. Mi primer pensamiento, dada mi posición, fue que era un secuestro y me ofrecí a pagarles ahí mismo lo que desearan, la cantidad no sería problema pues podía darles unos cuantos cientos miles de dólares en efectivo si así lo deseaban o inclusive podía darles algo más substancial si así lo querían. Sin embargo seguían sin responder a mis palabras y resignadamente ingrese en el vehículo frente a mí, con la fatalidad en el rostro. Inmediatamente al entrar yo, cerraron tras de mi la puerta y en cuanto abordaron se puso en marcha la limusina.
Hubiese tratado de escapar, prefería un par de raspones y rasguños arrojándome del vehículo a exponerme a lo que fuese que estos desconocidos quisieran, pero no había una manija interna por lo que me encontraba atrapado. Tras un considerable tiempo, creo que media hora pues de los nervios jamás me dio por ver mi reloj de pulsera ya que mi celular estaba en el maletín que había dejado en el escritorio de mi oficina, la limusina por fin se detuvo y me abrieron la puerta para que saliera. Solo recuerdo estar frente a un edificio de un par de pisos, sin ningún letrero ni nombre reconocible pero con bastantes vehículos lujosos estacionados en las inmediaciones. No supe ni cómo llegamos ni donde estábamos, pues el automóvil en el cual me transportaron tenia polarizados los cristales por dentro y con la oscuridad de la noche me fue imposible llevar un seguimiento del camino.
Me encontraba en estas cavilaciones cuando escuche las primeras palabras desde que empezó toda esta locura –Por aquí, señor. Permítame su saco, por favor- a lo cual simplemente seguí hacia donde me señalaba mientras le decía que no había problema, que queria conservarlo. El siguiente punto luego de ingresar al edificio fue una revisión un poco fuera de lo normal, pues mientras hacían la típica rutina que siempre realizan para verificar que uno no porte armas consigo usaron un par de aparatos que jamás había visto, no solo detectores de metales sino que además distinguí un artilugio bastante curioso que asemejaba mucho a una cadena de ADN el cual rotaba todo el tiempo. Después de esto me dejaron proseguir, mientras me decían que debería apresurarme pues la subasta estaba por comenzar y que había sido el último en llegar.
Al no tener ninguna alternativa solo me quedo seguir una serie de luces parpadeantes que indicaban un camino. Al final de este camino solo había una puerta la cual abrí, un tanto reacio y temeroso para ser honesto, y encontré una silla, un micrófono y un botón el cual dilucide que sería para activar el micrófono. El “cuarto”, si se le puede llamar así al lugar, donde entre estaba bordeado por un cristal tintado y rodeado de otros cuartos que formaban un semi-circulo alrededor de lo que parecía una pasarela. A los lados había más figuras, todas en cuartos aparentemente similares al mío, hasta donde alcanzaba a ver pues no solo mis cristales estaban tintados, sino todos y cada uno de los demás también. A mis espaldas escuche como mi puerta se cerró magnéticamente por lo cual decidí tomar asiento y observar lo que fuera que sucedía en el lugar, pues no parecía hostil, sino más bien alguna especie de club o secta, probablemente vendieran personas o algo por el estilo pues el secretismo y las formas no eran las típicas.
-Señores, señoritas. Les damos la bienvenida de nuevo de parte de Marshall, Carter & Dark LTD a una nueva subasta, esta vez contamos con 2 invitados nuevos, esperemos los artefactos que aquí verán sean de su agrado. En cuanto a los ya conocidos miembros, les agradecemos su preferencia y les aseguramos que esta ocasión tampoco ninguno se irá con las manos vacías. Sin más palabras y no queriendo malgastar más su precioso y valioso tiempo, damos inicio a la subasta-
Por lo visto, estas sesiones eran regulares. Sin embargo la palabra “artefactos” me hizo preguntarme aún más que tipo de cosas subastarían, para tener que emplear tales métodos y secretismos. Mi pregunta no duro demasiado antes de ser respondida cabalmente -Presentamos ante ustedes un miembro más de la colección “Pequeños Señores” del reconocido juguetero el Doctor Wondertainment. En esta ocasión les presentamos al Señor Vida y Señor Muerte-
En ese momento, mi visión de las cosas cambio… y me gusto lo que vi en esa noche…

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