Ambrose Tlaneyanco: Un Tour de Recuerdos Sabor y Radioactividades

Un Tour

de Recuerdos

Sabor y

Radioactividades - Parte 1

Un viaje para reconectar con el Hogar.
Por Atzin Ramírez.
Lectura de 20 minutos.
⭐⭐⭐⭐★

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Puntuación: +8+x

Un par de meses atrás, cenando con mi amigo y compañero de trabajo, Sebastián LaCroix, hablábamos del destino de una de las más crecientes y dinámicas compañías en la cocina de lo desconocido: Restaurantes Ambrose. Me contó de su más reciente reseña de una de sus sucursales en Transylvania, dedicadas exclusivamente a su gente. Me quedé pasmada por los múltiples avances que ha conseguido la marca para reinventarse, ser dinámica, no quedarse quieta y conseguirse un hueco en una industria cada vez más agresiva.

Investigando, descubrí una intrépida propuesta de la marca londinense escondida en el corazón de mi querido México: Ambrose Tlaneyanco, ubicada en el Reino homónimo, anclada de forma extradimensional a la Sierra Madre Oriental.

Que el nombre no engañe a nadie, Ambrose Tlaneyanco dista de las otras sucursales de la marca por ser, nada más y nada menos, que una ruta gastronómica por la tierra mágica y milenaria de los dragones Tonatiuh. Los distintos puntos de la ruta son financiados parcialmente por Radiosol, importante empresa del Reino que ha influenciado mucho su avance económico reciente, así como por la cámara del Parlamento. Su rostro principal de asuntos externo, Tlapaltic, se está dedicando a pulir los vínculos creados gracias a Ambrose Tlaneyanco.

Cuando me enteré de la existencia de esta peculiar propuesta no pude si no pedir reservación en el próximo tour y tomar un vuelo de vuelta a mi bella tierra.


En la Tierra del Tlanex

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La vista desde abajo del Sótano de las Golondrinas.

El punto de reunión acordado fue en San Luis Potosí, más específicamente en el Sótano de las Golondrinas. Nos encontramos un grupo de gente, no más de 8 personas, y al frente un guía cuya camisa detallaba un claro logo de Ambrose. Juan, como así se llamaba, nos indicó cómo tendríamos que descender de forma meticulosa mediante una serie de escaleras ocultas para el público general.

Mientras descendíamos, me escabullí para llegar al frente y charlar con Juan, me contó que el también venía de Tlaneyanco. Fue contratado por Radiosol como guía turístico gracias a sus investigaciones sobre la historia de relaciones internacionales del reinado. También nos contó como el descenso del Sótano de las Golondrinas había sido usado como vía de escape por los Tlaneyancanos durante las eras previas a los Acuerdos Tonatiuh, pero se mantuvo como vía de entrada luego del desplazamiento de la población.

Nos contó como ya debíamos saber que el Viaje se dividiría por múltiples demarcaciones del territorio, durante 4 días, disfrutando algo especial de cada una de ellas.

Sin embargo, las demarcaciones van cambiando dependiendo del viaje, para hacer cada experiencia única. Yo quise ahondar más en el lugar donde veríamos nuestra primera parada, Juan solo me sonrío “Todo a su debido momento, señorita Atzin.”

No pude pensar mucho en su respuesta, cuando llegamos al final de la escalera dos guardias nos abrieron paso por una cueva donde el aire se sentía diferente y cuyas paredes estaban decoradas con piedras y decoraciones de los dragones que daban la impresión de ser más antiguas que el tiempo mismo. Al salir, observé los enormes edificios industriales y empresariales, decorados con sinuosas formas, cuyas cristaleras llegaban hasta arriba.

Habíamos llegado a nuestro primer destino.


Día 1 - En Tonatiuman

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Uno de los imponentes edificios de Huecatlacati.

Estábamos en Huecatlacati, capital de la industria del Reino. Solo había estado allí una vez: la última vez que estuve en Tlaneyanco. El lugar de los edificios de vidrio altos y la alta alcurnia. Mis compañeros de viaje que nunca habían visto la tierra del Tlanex comenzaban a tomarse fotos y apreciar la belleza del lugar.

Juan nos dijo que pasáramos a uno de los vehículos que tenían dispuestos para nosotros, una especie de automóviles que, en palabras de Juan: “Se crean y mejoran gracias a nuestra energía, el Tlanextlitel. Las flamas de los dragones impulsan nuestra industria”. Fue gracioso ver a una pareja de franceses intentar pronunciar Tlanextlitetl.

La Ciudad del Progreso

Los sonidos de la movida localidad obligan a Juan a hablar a gritos sobre Tlaneyaco y específicamente de la demarcación donde nos encontrábamos, una de las 8 que conforman el reino. El logo de Radiosol brillando alto en uno de los edificios da a entender los avances que ha tenido la ciudad. Antes de llegar a nuestra posada, el tour realiza un pequeño giro por la ciudad, observando a trajeados hombres ir de un sitio a otro y trenes decorados con tonos naranjas y rojizos viajando por encima de nuestras cabezas como una golondrina al vuelo. Una urbe tecnológica, pero con un toque más clásico.

Juan nos comentó: “Huecatlacati fue uno de los primeros asentamientos fundados luego del éxodo bélico, que nos llevó a donde estamos ahora, aislados del resto. Su cercanía a la capital y la presencia Mekhanita había convertido el lugar en uno de los pilares para las innovaciones en Tlaneyanco."

La gigante tecnológica de Radiosol decidió tomarla como sitio para su sede principal, invirtiendo en múltiples campos donde el Tlanex (A veces llamado Radiomancia en algunas publicidades) pudiera tener grandes oportunidades comerciales. Y como nos decía el guía, el turismo y la comida era una de ellas.

Nuestro autobús se detuvo frente a un edificio ubicado relativamente cerca de Radiosol, a unos 200 metros de la misma. El edificio es bajito, pero tiene un decorado blanco con tonos naranjas que deleitan a la vista. Dos flamas rojas iluminan la entrada paralela una a la otra. En letras grandes se puede observar el nombre dorado escrito en cursivas:

“El Muro”

Mientras entrabamos me fijé que era un diseño de restaurante abierto, cuyas líneas de blanco y negro puro invitaban a sentarse en cualquier lugar mesa compartiendo en comunidad. Al fondo el fuego en ascuas que se elevaba me llamó la atención, la cocina tenía un diseño que dejaba observar los colores de las flamas, escuchar los gritos del Chef y oler esos aromas que te entrecierran los ojos y te activan la saliva.

Cuando volteo hacía donde Juan nos está dirigiendo, me quedo perpleja con el decorado en una de las paredes.

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El imponente muro, el Tzompantli.

Aquellos rostros observaban fijamente la dirección donde comíamos. Juan comentó como el restaurante se construyó alrededor de uno de los primeros muros que se alzaron cuando llegamos a este lugar. Nos sonríe despreocupado.

“No se preocupen, no los verá comer”, apunta en dirección a un ventanal que queda justo en frente del muro, “Está siempre viendo el templo de Tonatiuhtcipactli.”

“Es el muro que honra a los caídos.” susurro para mí. Por sorpresa, Juan me escucha y lo repite en voz alta.

“Nuestros sacrificios anteriormente se colgaban en muros como este”. Señalaba con una mano mientras ayudaba a un camarero a repartir la cartilla. “Esta réplica perfecta imita ese sentimiento, el original lo tenemos en un ala especial para su cuidado.”

Mientras mi mente divaga, recojo mi cartilla. Pienso en los rostros detrás, y si bien me calma saber que solo es una réplica, rio para mis adentros, una cosa excéntrica marca Ambrose. Sacudo la cabeza y me fijo de nuevo en mi cartilla.

El Muro

Entradas

Sopa de Papa y Chiles Aumentados - 1.60 Coz.

Cada cucharada nunca sabrá como la anterior.

Tostada con Escamoles - 4.20 Coz.

Escamoles que tocan lo más profundo de ti.

Principales

Tostadas con Chapulines Ahogados- 12.25 Coz.

Siente el saltar en tu ser.

Postre

Galletas de Pinole - 1.20 Coz.

Energía revitalizante en cada bocado.

Bebidas

Meoctli, curado de piña- 5.80 Coz.

Disfruta de un sabor conmovedor. Solo uno por persona.

Me sorprende los detalles de la cartilla, aunque me extraña la poca variedad, Juan nos cuenta que es una edición especial, reservada para los clientes del tour. Me decido rápidamente por los Escamoles y la Tostada con Chapulines. No creo tomar postre, al menos no esta vez. Por último, decido que el Curado de piña sería un buen acompañante para este almuerzo. La camarera me tomó la orden de forma amable, sonriéndome con delicadeza.

Juan nos deseó buen provecho y posteriormente se retiró, dejándonos para disfrutar nuestro almuerzo.

Sensaciones por todas partes

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Jugando con Fuego.

Las parejas y grupos de amigos creaban bullicio en el restaurante mientras a lo lejos veíamos los cocineros sazonar, remover y levantar las sartenes ante el intenso fogón. Apretaba mi mano mientras el olor me elevaba con suavidad de mi silla, mientras esperamos nuestro almuerzo, uno de los cocineros a lo lejos hacía movimientos con dos copas moviendo el líquido de un lado a otro. El líquido transparente ardía con intensidad en flamas suaves, un claro manejo del Tlanex.

Me quedé hipnotizada ante los movimientos coordinados, una elegancia suave que mezclaba magia de nuestra gente y las técnicas modernas de los bartenders, sin duda un espectáculo que vale la pena observar en vivo.

Antes de que me diera cuenta, me dejaron mi primer plato de comida en la mesa, el aperitivo que había ordenado ya que me llamó mucho el valor tan alto del platillo. Los tan apreciados y lujosos Escamoles.

El olor es algo amargo, pero está sofrito por encima y tocarlo me da un calor inesperado, me dejan un vaso de agua luego de tomarle una foto y procedo a sostener la tortilla en mi mano. Está en el punto perfecto de las tostadas al tocarlas, y propongo meter un gran mordisco para mezclar los sabores del escamol, la tortilla y las hierbas a su alrededor.

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Tostada con Escamoles.

El picante me rodea los labios mientras mastico, las texturas únicas del crujir tostado junto al suave crepitar de los escamoles en mi boca realzan más los sabores. Cierro los ojos y siento como mis piernas vibran sin poderlas controlar. El agua de mi mesa se mueve mientras intento detenerlas, un calor llena mi cuerpo, pero no es el picante de mi comida.

Uso mi mano libre para tocarme el pecho. Mi corazón latía a buen ritmo, pero sentía como si toda mi sangre comenzara a moverse de forma más veloz. Un hormigueo recorre todo mi cuerpo y de forma instintiva meto otro mordisco a la tortill. Con Ambrose siempre es mejor terminar el platillo rápido si no quieres sufrir efecto doble.

Mi respiración se pone pesada mientras mastico, la sensación en mi boca es fantástica, mezclando el picor mexicano con la delicadeza de la alta cuisine. Todo mi cuerpo sigue temblando, solo que, en menor intensidad, el hormigueo aumenta. Observo las venas de mi mano y parecieran que pequeñas cosas se movieran allí adentro, estoy segura que eso está causando el incesante hormigueo.

Termino de darle el último bocado y me maravillo por un plato de entrada tan arriesgado. Bebo el vaso de agua de un solo golpe y tomo notas en mi libreta. En esos momentos solo podía pensar en los leves pinchazos en el labio y el regusto que todavía podía sentir por mi garganta.

Un camarero me trae otro vaso de agua y me pregunta si estoy bien, le digo que fue una experiencia emocionante, me sonríe y avisa que mi platillo principal ya estará listo pronto, le sonrío de vuelta, acercando mi mano al vaso. Mientras bebo, se me acerca de nuevo Juan, me pregunta si me molesta que se siente en frente, yo le digo que no hay problema.

“¿Qué tal el lugar, señorita Atzin?” lanza Juan mientras le pide un vaso de agua a uno de los meseros.

“Está siendo único” levanto la vista de mis notas y le sonrío ampliamente. “Ambrose ya sea bueno o malo, siempre es único.”

Soltamos una carcajada y aprovecho la conversación para seguir indagando, tenía muchas dudas sin resolver.

“Tengo una pregunta, Juansito,” pulso con rapidez el botón de mi boli “¿Por qué expandirse en este lugar, y más incluso, porque ahora?”

“No sé si soy el indicado para darle esas respuestas.” Evade la pregunta mientras me sonríe.

“Vamos, Juansito. Todos conocemos las relaciones que llevan Ambrose y Radiosol desde hace unos años atrás.” Sigo insistiendo.

“Bueno, señorita” dice mientras juega con su vaso de agua ”, Radiosol ha puesto mucho de su parte para que Tlaneyanco se haga conocida. Muchos lo podrían hacer con guerra y capital ¿Pero sabe cómo lo está haciendo doña Teresa?”

“¿Cómo?”

“Con inteligencia.”

Mientras el mesonero deja mi otro plato en la mesa, Juan se levanta y se despide, deseándome un buen provecho. Me quedo atontada pensando en la respuesta del guía, distrayéndome del aroma del plato que recién se había preparado. Tomo todas las notas que puedo mientras preparo para comer el platillo que reposaba al frente. Lo que más asaltaba a la vista era un brillo característico que pocas veces se veía en un chapulín, incluso para aquellos que vivían en Tlaneyanco. La especie de alta nobleza de estos chapulines es parcialmente generada por la rama de la creación de los poderes del Tlanex, dándoles un tono brillante y flameante que los distingue de los demás.

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Chapulines Ahogados.

La preparación de este platillo fue desarrollada por los propios habitantes de Tlaneyanco como forma de honrar la fugaz forma de vivir de todas las criaturas. Los chapulines recolectados deben haber tenido descendencia en un plazo de dos a tres meses antes de la preparación del platillo, mientras se realiza la salsa los chapulines deben ser atraídos a la olla mediante cebos cuando todavía cuenten con vida. Mientras fallecen entre la salsa luego de haber dado a luz, se debe rendir tributo a Tonatiupipiyoli, dador de vida, al igual que cuando se va a comer.

Recojo la tortilla donde está, pienso un segundo en el dragón dador de la vida y la niñez y le agradezco por el alimento, un aura rojiza rodea suavemente mi almuerzo, y decido probarlo. El sabor era algo más húmedo de lo que esperaba, pero los chapulines crujían con gusto en mis labios, de repente siento algo brincar en mis mejillas.

Sonrío dándome cuenta que trucos había realizado esta vez. Mientras mi boca siente los saltos alegres de la esencia de los chapulines, veo como en la cocina una nube de humo rojiza y naranja asciende por el techo hasta llegar a los extractores, que junto al ambiente con luces verdes da un aspecto onírico e irreal a la cocina, a veces me pregunto si es una ilusión o verdaderamente es un lugar de ensueño.

La experiencia que les cuento me hizo recordar la fascinación de los extranjeros por los misterios de Tlaneyanco. Esta tierra ha llamado la atención de muchas poblaciones, desde españoles hasta mekhanitas. De estos hablaremos en un rato, pero no nos adelantemos. Mi madre solía decir que los extranjeros veían Tlaneyanco como la tierra prometida, donde el humano dominó el poder del sol y el aliento del dragón. Cuando veo las mezclas de la cocina entre cocineros tlaneyancanos con años de experiencia y cocineros de lejos de estas tierras trabajar uno al lado del otro recuerdo esas palabras de mi madre, sabia en su gloria, y pienso que hemos avanzado mucho.

Me levanto de la mesa y recorro un poco el restaurante, acercándome al bar, paso un momento junto al gran muro imponente que le da nombre al lugar. En retrospectiva, es una sensación de respeto más que de miedo, pero en el momento fue todo lo contrario. La intriga me llena y me acerco a Juan para preguntarle.

“Juan, disculpa que te moleste de nuevo”

“No hay problemas” sonríe mientras me acompaña en mi caminata.

“¿Por qué poner el Tzompantli?” Señalo al gran muro de piedra antigua.

Juan solo observa y me vuelve a sonreír, allí yo ya me preguntaba si me estaba sonriendo por cariño, por condescendencia o por contrato, o por cualquiera de los tres.

“Cuando Chaz puso su ojo en Radiosol y viceversa”, cuenta Juan mientras caminan frente al muro “El francés se enamoró de las muchas caras que tíene, pero siempre le llamó la atención la relación con la muerte de nuestra tierra.”

Juan intenta agarrar uno de los rostros, pero cierra su mano centímetros antes.

“El hombre ha estado en tantos lugares tanto mundanos como anómalos como te puedas esperar, ese mismo hombre quería saber de este lugar. Así que lo trajimos aquí.”

“¿Lo trajeron?” levanto una ceja.

“Si, una comisión de Radiosol nos encargamos que visitara el Reino por unas semanas, en conjunto con miembros del Parlamento le dimos un viaje por el lugar. Lo llevamos a museos, a templos e incluso a presentaciones de arte”. Juan se sentó en un banquillo frente al muro, con una mirada pensativa “Cuando llegó con nosotros, nos enteramos que su madre había fallecido hace poco, y pensó que un restaurante alrededor de un símbolo de los muertos sería un buen homenaje.”

Se me forma un nudo en el estómago mientras lo comenta, pero le dejo seguir.

“Claro, intentamos explicar que era el Tzompantli realmente”, río por lo bajo mientras observaba el muro, “nunca lo comprendió y creo que jamás lo quiso hacer.” Miró a los lados, asegurándose que no nos escucharan la pareja de franceses. “Ya sabes, europeos.”

Luego de aquella charla nos fuimos todo el grupo a un hotel en la cercanías, ahora mismo no recuerdo el nombre, y no pude anotarlo porque andaba muerta de cansancio. Nos dieron el resto del día libre para disfrutar los alrededores de la ciudad, yo apenas caminé un poco por unas plazas del lugar. Al llegar la hora de la cena, comimos una típica cena “americana”, ya saben, nada fuera de lo normal. Juan nos dijo donde iríamos el día de mañana temprano, yo no podía pensar muy bien, seguí particularmente cansada.

Al llegar a mi habitación me desplomé, pensando en lo que haríamos el día siguiente, pero, sobre todo, pensando en lo de la madre de Chaz, y quizás solo por reflejo, pensando en la mía. Pero la aventura debía de continuar, y así lo hizo el siguiente día.


Dia 2 - En Chilpayatla

Nos levantamos temprano y tomamos el primer tren a la siguiente visita del viaje, la gran Chilpayatla, tierra de la educación, los filósofos y las familias. El viaje fue tranquilo, yo me sumí en mis pensamientos viendo a la ventana mientras Juan nos contaba como nos dirigíamos a la capital de las grandes mentes en el reinado, Iximatiapalli, cuna de hombres sabios.

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Camino al Comedor

Al bajar del tren ya comenzaba a asomar el sol del mediodía, ese que pica, pero los edificios y árboles de la zona nos ocultaban de su presencia. La pareja de franceses seguía caminando, juntos, agarrados de las manos, nunca dejaron esa actitud amorosa en todo el viaje. Yo iba junto a una familia británica, estoy segura que el sol tan fuerte les debía causar ardor solo con tocarlos, porque iban en fila por los bordecillos donde siempre da la sombra, eso o eran vampiros.

El guía nos cuenta que hoy iremos con unos profesores, levanto una ceja sorprendida.

“No se preocupen” exclama con una risilla “No hay mejor pupitre que una buena mesa de comedor.”

Para mi sorpresa, no mentía cuando decía que íbamos a un comedor literal, estaba gratamente asombrada cuando nos acercamos a la entrada y el logo de una mano robótica te recibía. Y junto a el nombre del local.

“Mano Amiga”

Las mesas de comedor eran enormes, el decorado era tosco pero agradable, tan acogedor e incongruente como solo un hogar podía serlo. Y es que de un hogar se trataba. Allí habitaban los Aitbaev, miembro de un linaje de antiguos Mekhanitas que le rinden culto a su dios en estos parajes. También son maestros, con profunda vocación por su labor.

Cuando llegamos un señor cuadrado y alto nos da la bienvenida, tiene un delantal de cocina y una barba frondosa y abundante de canas. Ofrece su mano para estrecharla con Juan y observo los diseños intrincados del metal que forma toda su extremidad. Caminaba a una de las mesas mientras llamaba a su mujer con una voz que casi hacía retumbar las paredes.

“Llegaron los de Ambrose, mi amor”, escucho decir a lo lejos. “¡Debemos preparar la clase y el almuerzo!”

El hombre grande es Yoltic Aitbaev, cocinero de vocación y maestro de profesión. Su familia ha pasado tantas generaciones en Tlaneyanco que ya son tan locales como el resto. Su comedor para todos estaba a solo unos metros de la entrada a la mítica Biblioteca de los Errantes, y por ende siempre venían viajeros de todas partes a disfrutar las comidas del bueno de Yoltic.

“Pasen, pasen” nos repetía mientras caminábamos por el recinto. Las decoraciones de aspecto rústico contrastaban con el brillo de las partes metálicas del cocinero. Todo su cuerpo se movía al ritmo de los mecanismos internos y su ser se sentía en cada movimiento por entre las apretadas pero largas mesas. Todavía me pregunto como se movía con agilidad por las mesas.

“Juan, Juansito” hablaba al guía con una confianza única “¿Me dejas a los chamacos a mí?”

“Con gusto, señor Yoltic.”

La dentadura a medias del viejo aparecía en su rostro esbozando una sonrisa paternal.

“Bueno, me llamo Yoltic Aitbaev, aunque todos me llaman Señor Yoltic.” El señor seguía caminando frente a nosotros camino a la cocina. “Mi apellido que no los distraigan, soy tan de aquí como el Tlanex. Mis ancestros vinieron huyendo de guerras lejanas y el Reino les acogió.”

Abrió la puerta de su cocina, un enjambre de puntos grises estaba estático frente a una gran olla y un metate, un silbido atrajo la marea voladora a él, bajó la manga de su camisa abotonada, revelando su complejo brazo mecánico por completo. El enjambre comenzó a entrar en múltiples orificios de su brazo, llenándolo por entero. Con un movimiento de muñeca, cerró los orificios por los que habían entrado. Yo estaba con los ojos brillantes, observando los ágiles movimientos del Mekhanita.

“Perdonen, estos pequeños se la pasan moviéndose por todas partes, todo el tiempo.”

Se acercó a la olla, dejó caer su mano en la mesa, dándonos una sorpresa a todos. Sonrió de nuevo a nosotros. Procedió a contarnos sobre el negocio de familia, la herencia cultural de ser bisnieto de viajeros de tierras lejanas. Llamó mi atención cuando comentó que haríamos aquel día.

“Hoy tendremos un almuerzo especial, junto a una clase sobre el lugar de los Mekhanitas en la sociedad Tlaneyancana.” Comenzó a mover distintos utensilios debajo de la mesa. Sacó una gran piedra pulida que levantó sin casi esfuerzo. “Estaremos preparando la comida durante unas dos o tres horas, así que pueden disfrutar del lugar mientras nosotros hacemos lo nuestro.”

La gente se desperdigaba mientras Yoltic llevaba la roca al patio de atrás. Vi como uno a uno se alejaban mientras yo me debatía. Al final decidí seguir a Yoltic para preguntarle más.

El jardín estaba decorado con un verdor potente. Las flores se alzaban altas y Yoltic abría un hueco en medio de la tierra, donde echaba algunas leñas y hojas secas. Me le quedo viendo por unos minutos mientras me acerco con sigilo.

“Bienvenida, compañera”

Me sorprendo cuando nota mi presencia, pero no pierdo la compostura y me presento formalmente, con mi papel de reseñadora y todo.

“Aaah, Atzin. Bello nombre, gota de agua.” Dice mientras me sonríe con su rostro arrugado y su gesto alegre.

“Muchas gracias, Señor Yoltic.” Mi mirada se dirige de forma furtiva a lo que está haciendo “¿Qué va a poner sobre el hueco, va a hacer un horno de tierra?”

“Antes de responderle” exclama mientras me observa con una mirada fuerte y una ceja canosa levantada “, ¿quién pregunta, la Atzin amigable o la Atzin reseñadora?”

Se me sube la sangre a los pómulos y le respondí como pude que estaba interesada en una reseña del Tour.

“Me alegra que sea honesta ” Gira sobre su propio eje de forma mecánica mientras recoge la piedra con una mano “. Cocinaremos sobre este bebé” da un golpe fuerte a la piedra “, para ello debo encender el fuego. Deme un momento.”

Con su mano libre y un ademan bien realizado, su palma metálica es encendida en un fuego rubí, el poder del Tlanex me maravilla mientras Yoltic recita palabras en Nahualt que podrían traducirse como ‘Guía el camino, nacimiento del sol’.

La llama de su mano se dirige directo a la fosa que había construido, incendiando potentemente la yesca que había dejado. Con sutileza deposita la roca en su lugar, sobre el hueco, tapándolo parcialmente, pero dejando que el humo salga por los costados.

“No solo el fuego puede tostar la comida.” Su rostro ahora no sonríe, pero se ve calmado y su gesto robusto se vuelve amable mientras sus labios pasan de ser una curva a una recta “, también lo hace el sol.”

“¿Qué va a cocinar, señor Yoltic?” pregunto mientras me acerco un poco más, puedo comenzar a sentir el humo en mi rostro.

“Deme un segundito y le respondo ” Con una agilidad extraña para un Goliat como lo era ese señor, se movió al otro lado del jardín y recogió una brocha y un envase “. La parte más importante es saber cómo y cuándo esparcir el aceite de la semilla de calabaza.”

Verlo con sus brazos mecánico, su rostro humano y su tamaño tan grande esparcir con tanta delicadeza el aceite era una delicia visual. Me fascinaba su forma de mover la brocha mientras silbaba una canción que vagamente me recordada a una tonada que mi mamá y mi papá cantaban por las noches antes de dormir.

“Ven conmigo. ” interrumpe mi ensoñación y me lleva a un pequeño corral con un techo de protección, observo adentro del mismo, fijo mi mirada en la maleza verde y algunos insectos volando por el lugar.

Antes de que me preguntara por lo que había en aquel lugar, una rana enorme saltando me tumbó de espaldas a la grama, la misma había chocado con el techo del corral y había seguido su rumbo sin darse cuenta que me había brindado un buen susto.

“¿En tu casa no criaban ranas?” pregunta entre risas el cocinero.

“No solíamos comer carne, Señor Yoltic. Donde vivía se comen más cosas cultivadas.” respondo entre apenada y molesta.

“Ya veo ” susurra mientras mete su mano con delicadeza en el corral y recoge una gran rana. Sus ojos denotaban una paz que es inexplicable para mí “¿Sabes algo, Atzin?” mi mirada se dirige a el de nuevo “Los Mekhanitas de este lugar hemos aprendido el arte de alimentarnos de la esencia de la carne.”

Puedo ver como su pulgar mecánico frota con ritmo y lentitud la cabeza de la rana.

“Nos ayuda a mantenernos fuerte para seguir con nuestras labores en este mundo ” musita con suavidad mientras, arrodillado frente a la roca, saca un cuchillo de sus bolsillos “. Respetamos la carne porque fueron los dragones de carne quienes forjaron a Nuestro Dios en la hora más oscura ” Acerca el cuchillo al pecho del animal, quien ni se inmuta “. Volverán a hacerlo cuando llegue la hora del Ensamblaje.”

La rana se fue en paz, pedí a los dragones que vigilen por su ser. Yoltic comenzó a sacar ciertas partes internas de la misma y yo miraba a otro lado, me revuelve el estómago pensar en ello.

“Bajo la luz de mi Sol ” comenzó a recitar en voz alta “y el ojo de mi Creador, el fuego de mi llama no se extinguirá.”

La flama rubí volvía a su mano, esta vez haciendo aparecer una silueta de fuego que se asemejaba al aguijón que porta el gran Tonatiuhpipiyoli.

“¡Las nuevas vidas que brindó mientras su corazón latía!” gritaba mientras la llama crecía “¡Que su presencia en este plano sea regocijada por quienes seguimos en el!”

El aguijón de fuego pasó encima de la rana a alta velocidad, quitándole la piel y terminando de limpiar todo el cuerpo. Yoltic volvió a cerrar los ojos y volvió a hablar en Náhuatl, aunque esta vez no lo pude escuchar.

Dejó con cuidado la rana en la piedra, cada uno de sus movimientos parecía ensayado y respiraba tranquilo pero pesado. Cuando terminó se dirigió a mí con sus ojos pequeños y vidriosos por la edad.

“Debemos ponerle pausa a nuestra conversación por ahora, señora Atzin” Con un ademán me mostró la puerta de salida del patio “Estoy seguro que tendrá mucho que escribir por los momentos.”

Clase y Almuerzo

Las siguiente horas pasaron tranquilas, hablé un rato con Sofia, maestra del lugar y co-fundadora del comedor junto a su marido. Fue una persona agradable con la que charlar un rato sin pensar en el trabajo.

Observé como mis compañeros de viaje volvían de a poco esperando su almuerzo, algunos habían comprado comida en otros lugares y apenas estaban terminándosela, otros tenían ropas de la región que portan con orgullo, incluso con un toque exótico. Una parte de mí no sabía si sentirse alegre o extraña, pero no le di importancia.

También algo me sorprendió, niños pequeños venían en grupos y se sentaban frente a la gran pizarra del lugar, algunos parecían Tlaneyancanos, otros claramente no. Algunos incluso poseían libros que le pertenecían a la Biblioteca de los Errantes, lugar de encuentro y cuya vía más cercana del lugar se encontraba justamente a un par de metros del local.

Los niños se sentaban con las piernas cruzadas alrededor del pizarrón mientras Sofia se encargaba de saludar a algunos e incluso otros venía y la abrazaban. Al igual que con Yoltic se podía escuchar sus mecanismos y engranajes funcionar, solo que sus largos ropajes le tapaban la mayoría de sus prótesis.

Sofia nos pidió a todos hacer silencio, y comentó que iba a comenzar la clase. Su suave voz hablaba sobre el “Sacro Resarcimiento del Creador a manos de las Cuatro bocas Flamígeras” y otras cosas interesantes sobre la unión de las creencias Mekhanitas con las creencias de los Tlaneyancanos. Su voz se perdía en el eco de mi mente mientras pensaba en todas las cosas que mencionaba Yoltic. Ahora lo veo y tiene más sentido, pero en su momento estaba perdida en mis pensamiento.

“¿Disfrutando la clase?”

Por la espalda se acercaba sigilosamente el dueño del lugar, traía en sus manos una enorme bandeja. Hizo un gesto con la cabeza y yo le dije que no había problema, que podría sentarse.

“Gracias, me encanta escuchar a mi mujer” Las maderas crujían mientras él se sentaba “. Pero pronto será la hora del almuerzo y no me lo perderé por nada.”

“¿Quiénes van a servir?” Le pregunto.

“Mis hijos, trabajan aquí sus días libres.”

Unos tres niños salieron de la cocina con delantales, tenían menos implantes que sus padres, pero igualmente denotaban sus piernas y brazos metálicos por debajo de sus ropas. Sonreí mientras los veía pasar.

“Amo a mi familia” me dice Yoltic para luego soltar su risa de señor alegre y mayor.

“Se ven felices.”

“Quizás” suspira mientras deja en la mesa la bandeja “No siempre, pero hacemos el esfuerzo.”

En el plato se encontraba una rana con salsa y varias especias regadas por encima, el olor era embriagador y su apariencia me derretía los labios en deseos de probarlo. Junto a ello un buen vaso de jugo y envases con distintos tipos de salsa.

“Tú ya lo viste, lo preparamos con muchísimo cariño.”

Y tenía razón, los rostros ilusionados de los niños de la clase al ver la deliciosa comida llegar a su mesa era tan hermosos como la cara de ilusión de quienes la servían. Volteo a ver a Yoltic de nuevo, un poco boquiabierta.

“¿Cómo lo lograste?” le pregunto, incrédula.

“Tú eres de aquí” señala “, se te nota en el rostro y el nombre. Deberías saber las muchas ventajas del Tlanextlitel.”

Ladeo mi cabeza, no sabía a qué se refería en ese momento.

“Tonatiuhpipiyoli se alegra cuando cuidamos a aquellos que están bajo sus muchas alas” Con una mano arranca una de las partes de su rana, la carne se ve jugosa por dentro “Y Mekhane se alegra cuando enseñamos su palabra a los más jóvenes de una forma que nos pueden oír: Con comida.”

Yo recojo una parte de la rana también, huele exquisito y estoy a punto de echarle una salsa cuando Yoltic la toma primero sin darse cuenta que la iba a usar, y gracias a dios, un poco de la salsa cayó sobre la servilleta y en menos de unos segundos comenzó a derretirla. Me quedo atónita, Yoltic le hecha más de esa salsa a su pedazo de carne y le mete un enorme mordisco.

Un silbido aumenta progresivamente, cuando me doy cuenta vapor comienza a salir de sus partes mecánicas, con una fuerza y una densidad intensa. Se acomoda para que el humo caliente no me golpee. Sonríe y procede a darle otro mordisco, no sin antes decir.

“Uff, esta pica un poco.”

Obviamente devolví la salsa a donde estaba.

Muerdo la carne, el sabor era extrañamente parecido al pollo, pero un poco más chicloso en el buen sentido. Me recordaba a la estructura del bagre. Su sabor era intensificado gracias a las especias deliciosas que había esparcido el chef. Cuando termino de tragar, siento algo atorado en la garganta. Comienzo a toser y a disculparme, pero no lo pude aguantar, un eructo sale de mí, y puedo observar una especie de humo de tonos azules claros sale de mi boca. El humo se junta y se transforma en una bella mariposa monarca.

“No se asuste, Señorita Atzin” La mariposa se posa en el dedo mecánico de Yoltic, quien la ve fascinado “Es el alma de los muertos, la esposa del sol” exclamó mientras sonreía “, es el Yoliaxiuhuitl”

Yo estaba totalmente apenada en ese momento, y confundida. Pero el señor Yoltic me lo explicó con calma.

“Los de mi religión” dijo “, sacrificamos la esencia del alma por juntarnos más cerca de nuestro Señor” Sopló y la mariposa volvió a convertirse en humo “Pero para seguir de pie igual debemos alimentarnos con la esencia del alma hasta que nuestro Señor nos llame.”

“¿Usted cocina todas las comidas así?”

“Cada una de ellas. Es un proceso delicado y complejo, pero el Fuego del Dragón me ha forjado a mí y a mi familia como forjó a Nuestro Dios. Y ningún martillo doblará nuestra coraza.” Levanta su anca de rana y choca ambos dorsos de sus metálicas manos, creando un fuerte sonido “¡Latom!

Había convivido con suficientes Mekhanitas en mis viajes como para saber que sus hijos iban a responder con el mismo gesto y la misma frase, denotando protección para ellos y para sus iguales bajo la mirada de su dios.

“Es fascinante su labor en este lugar.”

“Gracias por el halago, pero no solo es mi labor, es la labor de todos en el hogar.”

Muestro una sonrisa y sigo comiendo con alegría, el resto de la tarde nos la pasamos hablando y escuchando las clases de Sofía. Cuando estaba poniéndose el sagrado sol, me detuve un momento antes de despedirme.

“¡Señor Yoltic!”

“Uh” voltea y me mira con una ceja levantada.

“Señor, quería preguntarle” saco mi cuaderno de notas y en ese momento me doy cuenta la enorme diferencia de tamaño entre los dos “¿Cómo hizo para que la preparación de las ranas fuera tan perfecta y tan rápida?”

Comienza a reírse mientras se golpeaba la panza y el metal contra el metal incrementaban el sonido de su risa. Nada me prepararía para su respuesta mientras volvía a dejar salir el enjambre gris que en la mañana había almacenado dentro de sí.

“¡Nanomáquinas, mija!”


De vuelta al Viaje

Nos dirigíamos al hotel, hoy de nuevo me encontraba exhausta. El cariño paternal que exhalaba Yoltic como el vapor de su cuerpo me había absorbido toda la energía que tenía. Respiré profundo y miré por la ventana del cuarto, los niños corrían y jugaban mientras los padres los miraban, algunas abejas grandes se paseaban junto a los infantes, vigilándolos.

De pequeña nunca fuimos a los rituales de Tonatiuhpipiyoli, pero una de mis amigas siempre venía con decoraciones de abejas en su vestidos y sonreía alegre siempre que venía del templo, contándome como era cabalgar sobre las abejitas.

Pero bueno, que me enredo. Todavía quedan muchos lugares por visitar, pero esta publicación se nos está quedando larga, y esto me da para publicarlo la próxima semana, aquí en la Columna de Viaje Gastronómico de los Estudios Waldon, donde conoceremos más de la cultura Tlaneyancana, veremos su ambicioso presente y excavaremos por su sinuoso pasado. ¡Hasta la siguiente semana!

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